5 jul. 2015

Un nuevo casco histórico para Madrid y Barcelona (en el siglo XIX)

Imágenes de las dos ciudades según Alfred Guesdon. A la izquierda, Madrid (1854). En primer plano la Puerta de Alcalá y la antigua Plaza de Toros contigua. A la derecha, Barcelona (1850). EN primer término la estación ferroviaria y el Pla del Palau, al fondo la línea arbolada de las Ramblas y tras ella las chimeneas de las fábricas del Raval.
Una buena parte de los actuales “cascos históricos” de Madrid y Barcelona fue producto de las transformaciones realizadas durante la primera mitad del siglo XIX, un periodo que resultaría trascendental para las dos ciudades, todavía encerradas por murallas.
Su inicio fue un tanto convulso debido a la Guerra de la Independencia, que estuvo asociada al fugaz reinado de José Bonaparte. Este monarca tuvo una cierta importancia en Madrid (no así en Barcelona), puesto que en la capital se anticiparon ideas y reformas que, aunque no se completarían por la brevedad de su gobierno, marcarían la tónica de intervenciones posteriores.
Las dos ciudades se enfrentaron a su necesaria y urgente modernización. Para conseguirla se abrieron nuevos espacios urbanos (muchos de ellos gracias a las desamortizaciones del patrimonio eclesiástico), se construyeron equipamientos públicos o nuevas tipologías residenciales y se mejoraron (y, en algún caso, se plantearon por primera vez) sus infraestructuras, tanto las de servicio (agua, iluminación, etc.) como las de transporte (en particular el ferrocarril que sería vital). En general, Madrid continuaría con la dinámica propia de una capital de estado, pero Barcelona comenzaría su reconversión hacia una ciudad industrial de primer orden.
Pero las numerosas modificaciones serían insuficientes ante la creciente presión demográfica y funcional, de manera que, a partir de la segunda mitad del siglo, Madrid y Barcelona se vieron obligadas a abordar sus Ensanches.