12 abr. 2013

Resiliencia urbana: el caso de Lima y sus renacimientos (Lima Cuadrada, Lima Virreinal, Lima Aristocrática y Lima Metropolitana).

Plaza Mayor de Lima (o Plaza de Armas)

Resiliencia es la capacidad de sobreponerse ante el infortunio. Hay ciudades que han padecido grandes adversidades, bien por catástrofes naturales, por devastadores incendios, por guerras o también por graves crisis económicas que las han hundido. La resiliencia urbana es la capacidad que muestran estas ciudades para recuperarse del contratiempo, reinventándose y saliendo fortalecidas hacia el futuro.
La historia nos muestra ciudades que no han logrado superar  las calamidades sobrevenidas, pero también hay muchos ejemplos de ciudades resilientes. Lima es una de ellas. Lima ha sufrido muchas adversidades pero siempre renace con un renovado ímpetu, como el ave Fénix.
Lima fue la ciudad principal del continente sudamericano como capital del Virreinato del Perú. Durante ese largo periodo tuvo una situación privilegiada derivada de la centralización del poder y de la actividad comercial y se convirtió en una ciudad esplendorosa. Pero tuvo que enfrentarse a duras pruebas, como cuando era permanentemente acosada por piratas (lo que la obligó a amurallarse), o cuando perdió su hegemonía y la emergencia de otras ciudades la llevó a la ruina económica, o cuando fue asolada por graves seísmos.
Pero Lima siempre se ha rehecho reinventándose a partir de cada conmoción. Su historia resiliente puede presentarse en cuatro renacimientos: Lima Cuadrada, Lima Virreinal, Lima Aristocrática y Lima Metropolitana. Cuatro momentos clave que, por otra parte, expresan las etapas más comunes de las grandes urbes sudamericanas: su fundación, su época colonial, la modernización de la ciudad entre finales del XIX y principios del XX y la aparición de las inmensas conurbaciones fuertemente pobladas a finales del siglo XX.


Lima Cuadrada
Puede resultar paradójico referirse a un renacimiento cuando se habla de la fundación de una ciudad. Pero es que Lima comenzó su andadura urbana sobre un territorio que ya tenía trazas anteriores. La Ciudad de los Reyes (como la bautizó Francisco Pizarro en su fundación en 1535) se impuso sobre un pequeño asentamiento preexistente. Esa “proto-Lima” incaica sufrió el trauma de su reformulación radical pero salió fortalecida con el trazado de la que llegaría a ser la gran capital del futuro Virreinato del Perú
Con la ejecución de Atahualpa y la ocupación de Cuzco, la capital del imperio Inca, comenzó el dominio español sobre las tierras peruanas. Pizarro buscaba un lugar desde el que dirigir la conquista definitiva. En la búsqueda de la localización ideal, inicialmente se optó por Jauja, que se había fundado en 1533 en un valle con recursos y una posición central sobre el territorio, pero que se encontraba alejada del mar (y por lo tanto de la metrópoli española) y con una altitud y temperatura complicadas, cuestiones que les llevaron a rechazarla y a buscar una nueva ubicación. Tras descartar una segunda opción (Sangallan) los exploradores descubrieron un punto idóneo en la costa, lo cual les supuso una sorpresa, ya que por lo general era muy árida e incluso desértica.
Debieron quedar impresionados al encontrar esas tierras en las que siglos de esfuerzo humano habían sacado provecho a una buena base natural. Tres ríos, el Chillón, el Rímac y el Lurín, nacidos en los glaciares de los Andes, al abandonar sus respectivos valles, conformaban un estuario conjunto al pie de las sierras. 
El territorio de Lima con indicación de los tres ríos, del punto fundacional a orillas del rio Rímac y de los ríos-acequias que partían de éste hacia el sur.
En especial destacaba la planicie fértil que acompañaba la salida del rio Rímac al mar, donde los indígenas habían incrementado su potencial con diversas acequias que irrigaban los campos de cultivo.
Allí se había asentado en tiempos remotos la cultura preincaica Lima (desde los años 100 a 650) de la que hoy quedan bastantes huacas (lugares sagrados con forma de pirámide truncada). Cuando llegaron los españoles, el lugar era un curacazgo gobernado por el curaca Taulichusco, que actuaba como delegado del Imperio Inca. Los curacazgos eran similares a los señoríos en los que un gobernante supeditado al Inca se hacía cargo de un territorio de labor agrícola que se apoyaba en un sistema de canales de riego. Las acequias que partían del Rímac fueron también llamadas ríos por su cauce regular, siendo los principales el Magdalena, el Huatica, el Surco y el Maranga.
Lima y su entorno. La “Lima Cuadrada” (1535) con  indicación de la trama hipotética de 9x13 y ocupación real (en negro) de los primeros años.
Francisco Pizarro escogió el lugar que le pareció más adecuado basándose en las preexistencias que encontró y sobre él trazó el primer plano de la Ciudad de los Reyes que estaba destinada a ser la gran capital del Virreinato del Perú (que con el tiempo adoptaría el nombre de Lima).
Corría el año 1535 y la Ciudad de los Reyes se ordenó siguiendo los criterios de las ciudades coloniales españolas que entonces se estaba consolidando. Lima fue una de las primeras ciudades planificadas siguiendo las claves que finalmente configurarían el modelo de colonización español regulado por Felipe II en las Ordenanzas de 1573.
El trazado era una cuadrícula y por eso al casco antiguo de la ciudad, se la conoce como el “Damero de Pizarro” o “Lima Cuadrada”. Se trazaron manzanas cuadradas de 125,4 metros de lado que se dividían en cuatro partes iguales (62,7 metros de lado) de forma que cada colono recibía 3.931 metros cuadrados de superficie (cada manzana/cuadra tenían por lo tanto 1,57 hectáreas). Las calles se plantearon con 11,1 metros de anchura.
Esquema del probable núcleo fundacional de Lima (5 por 5 manzanas/cuadras)
No se conoce exactamente la extensión inicial (se conserva el acta pero no el plano) aunque parece que fue de 9 por 13 manzanas, es decir 177 unidades. No obstante, es probable que la célula fundacional inicial fuera solamente de 5 por 5 manzanas. Como era habitual en las ciudades de colonización española, una de las manzanas se dejaba libre para convertirla en el espacio público principal, la Plaza Mayor (sus dimensiones en Lima serían de 147,6 metros de lado con una superficie de 2,18 hectáreas). En el perímetro de la Plaza se situarían los principales edificios de la ciudad: la Iglesia Mayor, el Cabildo y el Palacio de Gobierno. Lo novedoso del programa urbano fue la reserva de tres manzanas completas para órdenes religiosas: los dominicos, los agustinos y los mercedarios, expresando así la importancia de la labor evangelizadora. El convento de Santo Domingo, el de San Agustín y el de la Merced se convertirán en referentes de la estructura urbana.
Superposición de la teórica trama original de 13 por 9 manzanas/cuadras sobre las preexistencias incaicas, con presencia de las acequias y los antiguos caminos incas.
La implantación aprovechó algunos de los puntos principales del asentamiento de Taulichusco. Por ejemplo, la plaza se situó sobre el espacio común preexistente, ya que era el lugar adecuado para controlar el flujo de los canales de regadío. La Iglesia Catedral se levantó sobre el lugar sagrado de los incas y el Palacio del Gobernador sobre la casa del jefe Taulichusco. El lugar religioso, el del poder político y el de reunión ciudadana, siguieron siendo los mismos que en la Lima prehispánica. Finalmente, las trazas incaicas acabaron condicionando el desarrollo de la Lima Cuadrada ya que, acequias y vías indígenas deformaron el crecimiento de la malla. Hoy todavía se pueden rastrear algunas de ellas, como el antiguo camino Inca (en parte del cual discurre el actual Jirón Quilca -jirón significa calle-), que no desaparecieron bajo la ortogonalidad hispana.


Lima Virreinal
Hay casos en los que los ritmos urbanos no están marcados por cambios políticos o socioeconómicos, ni por la irrupción de un estilo novedoso o de artistas específicos, sino que se ven determinados por catástrofes naturales que asolan la ciudad dejándola ante un futuro incierto. Esto fue lo que sufrió Lima al verse sacudida por gravísimos terremotos en diferentes ocasiones, destacando fechas como 1586, 1687 y sobre todo 1746. Pero la ciudad se rehízo. La gran Lima barroca que ahora admiramos se construyó en gran medida como una respuesta resiliente a esos seísmos que la habían asolado. Reconstrucciones, remodelaciones y nuevas arquitecturas conformaron la imagen que hoy tenemos de la Lima Virreinal.
Cuando se creó el Virreinato del Perú en 1543, Lima fue sido seleccionada como su capital y gracias a ello se consolidó como la ciudad hegemónica del continente sudamericano. Grandes edificios públicos y religiosos, así como nobles mansiones fueron representando el esplendor colonial.
Lima y su entorno. Ocupación del territorio en 1750 con la “Lima Virreinal” y los municipios próximos del llano.
Pero antes de que la trama cuadriculada original estuviera consolidada, se levantaron, al margen de su directriz, dos núcleos externos que tendrían una gran importancia en la evolución de la ciudad. El primero fue el Pueblo de Indios del Cercado, un ghetto situado al este del centro, para los indios que servían a los encomenderos y que se delimitó con muros y puertas para ejercer el control sobre los mismos. El segundo fue el Arrabal de negros e indios de San Lázaro, situado al otro lado del rio Rímac, junto al hospital de leprosos que se fundó en 1563.
Los espacios intermedios entre el “Damero de Pizarro” y estos núcleos de concentración indígena y negra  fueron colmatándose de forma lenta, espontanea y desordenada, ajenos a la directriz ortogonal inicial. Uno de estos desarrollos fue creciendo entre el Centro y el Cercado,  por agregación de pequeños barrios que se organizaban alrededor de plazuelas o parroquias, y dado que era una zona con mayor cota altimétrica acabó siendo conocida como “Barrios Altos”.
Lima Virreinal con sus edificaciones monumentales según el plano en perspectiva que grabó el padre mercedario Pedro Nolasco en 1687.
La prosperidad de Lima le hizo sufrir un continuo acoso por parte de piratas y corsarios, obligando a levantar un sistema de defensa amurallado entre 1684 y 1687. El trazado de la muralla se realizó con holgura, dejando espacios libres interiores para uso agrícola, incluyendo también el Cercado, pero dejando fuera de su protección el núcleo de San Lázaro situado al otro lado del río. El muro presentaba 34 baluartes y se abrieron diez puertas en él.
Lima fue puesta a prueba trágicamente en varias ocasiones, con seísmos que la dejaron arrasada. Fue especialmente grave el de 1746, el peor terremoto de su historia (según las descripciones se calcula que pudo haber sido de 9,0 grados en la escala Richter). Muchos de sus edificios se derrumbaron y los que se mantuvieron en pié otros sufrieron desperfectos. Tras las catástrofes, Lima volvió a afrontar el futuro con esperanza, reconstruyéndose y levantando nuevas edificaciones según el nuevo estilo triunfante en aquella época, el barroco. El Barroco Virreinal importó el espíritu europeo pero  le añadió una impronta autóctona que hace de él un estilo personalísimo. Fue crítica la acción decidida de los virreyes, en particular José Antonio Manso de Velasco, conde de Superunda y Manuel Amat, que pusieron en marcha un extenso programa de reconstrucción.
La Lima amurallada de 1859.
Todos los grandes monumentos limeños se vieron afectados en mayor o menor medida siendo necesaria la intervención en ellos. Desde los grandes conjuntos monacales, como el Convento de Santo Domingo, el de San Agustín, el de La Merced, o el de San Francisco; así como los grandes edificios urbanos como la Iglesia Catedral o el Palacio de Gobierno (aunque el actual se proyectó en 1926 sustituyendo al anterior).
Se levantaron nuevos edificios como el Colegio de Santo Tomás (1663–1668, con su sorprendente claustro circular), la iglesia de Santa Rosa de las Monjas (1704-1708), la iglesia del Sagrado Corazón (de los Huérfanos, 1758-1766), o la iglesia de las Nazarenas (1766-1771).
También la arquitectura civil residencial dejó interesantes muestras como el Palacio de los Marqueses de Torre-Tagle (1735), o la casa de Cabero y Vázquez de Acuña, la de Osambela (Oquendo) o la de Rivera el Viejo.
No obstante, Lima creció moderadamente durante todo el periodo colonial. La población aproximada en 1574 era de unas 10.000 personas, alcanzando en 1812 la cifra de 63.900 habitantes.


Lima Aristocrática
La descomposición del sistema colonial español hizo zozobrar de nuevo a Lima. Había perdido su peso político, el territorio que la abastecía y en consecuencia, gran parte de la actividad económica que la sustentaba. La ciudad permaneció como capital del naciente estado peruano, pero las dificultades de éste para asentarse hicieron que Lima quedara desatendida. Lima se “ruralizó” convirtiéndose en una ciudad pobre y decadente, muy alejada de aquellos tiempos virreinales de esplendor y riqueza.
Pero a mediados del siglo XIX, Lima vuelve a renacer e inicia un nuevo periodo de prosperidad. Esta vez fue de la mano del caucho y sobre todo del guano (excremento de aves que se utiliza como fertilizante). El ferrocarril que conectaba Lima con el interior del valle del Rímac volvió a potenciar la función portuaria de Lima-Callao y los nuevos mercados supusieron un relanzamiento económico que permitió a Lima derribar sus murallas y replantear la estructura de su entorno con un “toque” europeo, particularmente afrancesado. Lima quería volver a brillar.
Lima y su entorno. Ocupación del territorio en 1910, durante periodo de la “Lima Aristocrática”.
El impulso inicial se manifestó en la construcción de grandes edificios públicos para las modernas actividades urbanas y a partir del derribo de las murallas, demolidas en 1872  se abordó la gran reforma urbanística, con el paréntesis de la Guerra del Pacífico disputada entre 1879-1883. Entre 1895 y 1930 principalmente (los periodos políticos conocidos como “República Aristocrática” y “Oncenio de Leguía”) Lima modificó su estructura y la de su entorno radicalmente, preparando el soporte para los espectaculares crecimientos futuros.
Las grandes avenidas que estructurarían el territorio y las grandes plazas de la “Lima Aristocrática”.
Para esta nueva reinvención, Lima miraría a Europa, y particularmente a París buscando el glamour que emanaba de la capital francesa en esos años finales del siglo XIX. Los grandes bulevares haussmanianos y las espectaculares plazas radiales (como la Place de l' Étoile ó la Place de la Nation) se convirtieron en el modelo seguido para crear las avenidas y plazas que conformarían esa “Lima aristocrática”.
Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX se trazan varias avenidas fundamentales en la estructura limeña. Las tres primeras fueron el Paseo Colón (1898, inicialmente denominada 9 de Diciembre); la Avenida Nicolás de Piérola (1899 bautizada como La Colmena y que es el límite sur del “Damero de Pizarro”); y la Avenida de Brasil (1899, inicialmente Camino de la Magdalena, para conectar a lo largo de 5 kilómetros el centro urbano con el litoral en Magdalena del Mar). También se abrieron la Avenida 28 de Julio (1906) y otras dos avenidas que, como la de Brasil, conectarían el centro de la ciudad con otros núcleos periféricos. Así la Avenida Arequipa (1921, inicialmente Avda. Leguía) unía el centro con Miraflores (que se había convertido en el destino residencial de las clases altas) y la Avenida. Venezuela (1924, cuyo primer nombre fue Avda. Progreso) lo haría con el puerto del Callao. En 1928 se trazaría la Avenida Alfonso Ugarte completando el entramado geométrico que envolvería al casco antiguo.
Sobre el plano de Lima en 1908, las grandes avenidas de la “Lima Aristocrática” y la “Lima Cuadrada”, su núcleo fundacional.
En esa época se proyectaron también grandes plazas para Lima. Los cruces de las avenidas fueron conformándose como espacios de grandes dimensiones y significación. Así la Plaza Bolognesi se construyó en 1905 como un gran nodo radial desde el que partían, además de las mencionadas Avda. Brasil, Avda. Alfonso Ugarte y Paseo Colón, la Avda. Arica, Guzmán Blanco y Paraguay. También la Plaza 2 de Mayo, en la unión entre Avda. Alfonso Ugarte y Avda. Nicolás de Piérola y desde la que parte la Avda. Óscar R. Benavides (Avenida Diagonal) que se dirige al Callao. Otro gran espacio es la Plaza Grau, en el encuentro del Paseo Colón con el Paseo de la República y que se prolonga hacia el interior del casco antiguo con el gran Paseo de los Héroes Navales. Destaca igualmente la Plaza San Martín (1921) a mitad de recorrido de la Avda. Nicolás de Piérola.
La modernización de Lima durante estas décadas supuso la renovación de los servicios urbanos básicos, como agua, alcantarillado, alumbrado público o transporte (en 1906 se pone en marcha el primer tranvía eléctrico). Con todo, Lima comienza a crecer de forma importante. En 1897 contaba con 120.000 habitantes y en 1920 llegó a los 200.000, iniciándose una serie de trasvases demográficos (las clases altas se dirigían hacia el sur por la zona de Miraflores mientras que las clases bajas se iban reubicando en el centro que quedaba desocupado).

Lima Metropolitana
El 24 de Mayo de 1940, Lima volvió a sufrir un terremoto, esta vez de 8,2 grados en la escala Richter (el segundo más grave de su historia tras el de 1746). Las edificaciones antiguas del centro de la ciudad se vieron muy afectadas mientras que los edificios modernos resistieron mejor el envite. El municipio del Callao se llevó la peor parte por encontrarse más cercano al epicentro y recibir un tsunami.
Tras el fuerte golpe recibido, Lima renació de nuevo con una nueva fisonomía.  La mejora de la coyuntura económica derivada de las explotaciones mineras, la industria azucarera o la producción agrícola de los valles andinos impulsaron, más allá de la reconstrucción, un crecimiento urbano espectacular, sobre todo en la periferia de la ciudad. La impresionante inmigración que comenzó a recibir cambió definitivamente la ciudad. Lima se volvió a reinventar, esta vez creciendo e integrando a todos los municipios costeros, creando la conurbación (Lima-Callao) conocida como la “Gran Lima” o “Lima metropolitana”.
Lima y su entorno. 1940 y el inicio de la ocupación del territorio con la “Lima Metropolitana”.
Entre 1940 y 1960, Lima y los diferentes municipios del llano costero, que se encontraban distantes unos de otros, asistieron a una expansión urbana acelerada con dos polos de desarrollo principales: el eje Lima-Callao y desde Lima hacia los antiguos balnearios del sur (como Miraflores, Barrancos o Chorrillos) que fueron poco a poco integrándose en la gran mancha urbana continua. Durante estos años se produjo el fenómeno de movilidad interna ya comentado, consistente en que la población de mayores recursos económicos se fue desplazando a la periferia (principalmente hacia el sur, hacia Miraflores, San Isidro o San Antonio) mientras que los ciudadanos con menores recursos se instalaban en el centro que se iba desocupando. Esto dio lugar a la denominada “tugurización”, por la que el centro histórico, Rímac y los Barrios Altos se fueron degradando considerablemente (aunque el Centro mantuvo los principales servicios administrativos, bancarios y algunos polos comerciales). Como consecuencia de todo ello, el nuevo cuerpo urbano limeño se encontraba muy segregado socialmente, hecho que forzó la autonomía administrativa de los distritos dadas las grandes diferencias que existían entre las comunidades que habitaban cada uno de ellos.
Lima y su entorno. “Lima Metropolitana”, en 1995 continúa la saturación del territorio.
Durante las dos décadas siguientes, el aluvión poblacional hacia Lima siguió creciendo generando un importantísimo problema de vivienda. En esos años surgieron barriadas de chozas precarias y los “pueblos jóvenes” marginales. Cuando la inmigración comenzó a descender el aumento de población ya se sustentaba en gran medida por el crecimiento vegetativo de la gran población existente. El aluvión de población, esencialmente indígena procedente del interior andino llegó incluso a cambiar la composición étnica de la ciudad.
Las cifras demográficas son asombrosas.
1940          661.508
1961       1.901.927
1972       3.418.452
1981       4.835.793
1993       6.386.308     
2007       8.472.935
Hay que destacar que de los seiscientos mil habitantes de 1940, se pasó a los 6,3 millones en 1993 (multiplicándose por 10 en cincuenta años) para alcanzarlos 8,5 millones en 2007 (fecha del último censo).
La urbanización se ha extendido por la práctica totalidad del llano limeño e incluso está adentrándose por los valles (zonas denominadas los “conos” de Lima). Esta conurbación,  “Lima-Callao”, “Gran Lima” o “Lima metropolitana” abarca dos provincias organizadas en 49 distritos: la Provincia de Lima (43 distritos) y la Provincia Constitucional del Callao (6 distritos). Es gestionada desde una institución denominada Municipalidad Metropolitana de Lima que intenta solucionar los problemas de la Lima actual, como el de la vivienda, las afecciones medioambientales o las dificultades de movilidad y transporte, generados un crecimiento tan explosivo.
Lima Metropolitana reúne las provincias de Lima y El Callao sumando 49 distritos.

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