25 mar. 2017

Mannheim y Karlsruhe: dos joyas del urbanismo ilustrado germánico.

A la izquierda esquema de la mitad occidental de Karlsruhe (la “ciudad abanico”) y a la derecha, mitad oriental de Mannheim (la “ciudad cuadrada" o la "ciudad herradura”).
Mannheim y Karlsruhe son dos ciudades alemanas vecinas situadas junto al rio Rin. Les une, por tanto, la geografía y la historia. Ambas tuvieron el privilegio de liderar sus respectivos territorios. Incluso, actualmente, tienen tamaños parecidos (en torno a trescientos mil habitantes).
Es mucho lo que comparten, pero también presentan grandes diferencias. Primero porque Mannheim es una ciudad antigua que no prosperó hasta el principio de la Ilustración, cuando fue reestructurada; mientras que Karlsruhe sería una ciudad de nueva planta, creada en ese mismo tiempo. También divergen por su opuesta (y sorprendente) configuración geométrica, que va del cuadrado al círculo y viceversa. El centro histórico de Mannheim es una cuadrícula que adaptó parcialmente sus bordes a un límite circular, aportándole su característica planta de “herradura”. En cambio, Karlsruhe se concibió como un trazado radial, justificando la asociación visual de su casco urbano original con un “abanico”, aunque paradójicamente se extendería como una ciudad ortogonal.
Mannheim y Karlsruhe fueron dos pequeñas capitales de dos pequeños estados alemanes integrados en el Sacro Imperio Romano Germánico (Palatinado y Baden), y buscaron afanosamente representar su rango. El siglo XVIII les proporcionaría la oportunidad y entonces emergieron como dos de las joyas del urbanismo germánico.

11 mar. 2017

El reencuentro de Oslo con el mar: el proyecto “Ciudad Fiordo”.

La nueva arquitectura de Oslo es uno de los estandartes de la gran reforma de su frente arquitectónico (arriba, los rascacielos de Bjørvika Barcode y, debajo, la Ópera).
Oslo se encuentra en el final de un largo fiordo, de unos 100 kilómetros, que lleva su nombre y le ofrece un frente acuático que fue aprovechado históricamente para cuestiones de defensa o económicas. Pero, en el siglo XIX, la capital noruega comenzó a olvidar esa entrada de mar desde el punto de vista urbano, porque el puerto y otras industrias, el ferrocarril o, ya en el XX, las autopistas irían aislando la orilla del fiordo del resto de la ciudad. En consecuencia, el agua dejó de tener significación urbana para sus ciudadanos.
Pero a finales del siglo XX, Oslo decidió subvertir esa situación promoviendo una experiencia piloto de reencuentro con el mar en el sector Aker Brygge. El éxito de esta operación animó al municipio a poner en marcha, en el año 2000, un ambicioso proyecto urbano con el mismo fin denominado “Ciudad Fiordo” (Fjordbyen). El traslado del puerto y la modificación de infraestructuras de transporte están propiciando la aparición de nuevos espacios urbanos y edificios de viviendas, económicos o equipamientos (como son la nueva Ópera que se inauguró en 2008 o los rascacielos de Bjørvika Barcode). Se espera que el proyecto pueda completarse en el año 2030.