7 nov. 2011

Nueva York. El plan de 1811 (II) Explicación de la trama: calles, avenidas y manzanas

El Plan presentado por los “commissioners” en 1811 ofrecía una retícula ortogonal orientada según la mejor adaptación a la longitudinalidad de la isla de Manhattan.
Esta disposición presenta una desviación sobre los puntos cardinales de 28,9 grados (circunstancia que origina uno de los espectáculos de la ciudad cuando el sol se alinea con las calles originando lo que se conoce como “Manhattanhenge”, fenómeno que acontece a finales de mayo y mediados de Julio).
La trama de calles y avenidas de Nueva York, la dimensión de sus manzanas o la conquista de la tercera dimensión, responde a una serie de criterios urbanísticos y edificatorios que acabaron conformando la idiosincrasia de la ciudad.

Un Plan insensible con el Territorio
La gigantesca cuadrícula (que se extendía a lo largo de los casi 20 kilómetros de longitud disponibles de la isla) no tenía en cuenta ninguna circunstancia topográfica. No era sensible a los accidentes geográficos que presentaba el relieve del terreno, ni se proponía una articulación especial al llegar a los límites de las orillas fluviales y, además, pasaba por encima de toda la red de caminos preexistentes que se habían ido formando a lo largo de la historia y que, hasta entonces, estructuraban los recorridos en la isla.
Una trama de Calles y Avenidas
Esta trama uniforme quedaba organizada a partir de “avenidas”, que discurrirían de norte a sur, de 200 pies (60 metros) de ancho y de “calles”, trazadas de este a oeste con 60 pies (18 metros) de anchura. Con estos ejes viarios, se definió el tamaño de manzana que se comenta más adelante.
Finalmente se escogieron una serie de calles a las que se les otorgó una anchura mayor, de 100 pies (30 metros), concretamente las 14, 23, 34, 42, 57, 72, 79, 86, 96, 106, 116, 125, 135, 145 y 155.
El resultado del ajuste de la malla a la forma de la isla proporcionaba 12 avenidas y 155 calles. Las avenidas serían denominadas por su número ordinal comenzando por el este (primera, segunda, etc.) aunque, finalmente, algunas avenidas acabaron por recibir un nombre propio (Park Avenue, Madison Avenue, etc.). Las calles seguirían la numeración cardinal iniciándose por el sur, en su contacto con la ciudad histórica (1, 2, 3, etc.).
Sobre esta trama, durante el proceso de ejecución, se realizaron varios ajustes relevantes, como la inserción de un gran parque central (Central Park es un rectángulo entre las calles 59 y 110 y entre las avenidas quinta y octava) o el mantenimiento del gran camino que discurría desde la ciudad histórica hacia el norte (Broadway) que se convirtió en la “diagonal” perturbadora de la rígida malla de base. De hecho, el discurrir de Broadway fue generando espacios irregulares que acabaron por convertirse en los lugares públicos de referencia en la ciudad (Times Square, etc.)
Proporción de la trama
Llama la atención, en el trazado de Manhattan, la proporción entre las direcciones ortogonales. Las dimensiones de los lados de las manzanas se encuentran muy desequilibradas, de forma que la longitud “paralela” a los cursos acuáticos es muy pequeña en comparación con su perpendicular. La proporción de 1 a 4 se justificó desde la necesidad de rápida conexión de toda la ciudad con los ríos, dada su esencia de ciudad portuaria. Por ello, la separación entre calles es relativamente pequeña frente a la separación entre avenidas, que cuadriplica la distancia.
Con el fin de proporcionar el acceso rápido a los muelles al mayor número de vecinos, los espacios de edificación se proyectaron muy estrechos. Nueva York era una ciudad portuaria, y como las demás ciudades marítimas, las embarcaciones formaban parte de la imagen de la ciudad. Toda la ciudad debía tener la posibilidad de acceder al puerto para disfrutar de las ventajas económicas de esa actividad.
Manhattan en el Atlas Bromley&Co de 1891 (wards 20 y 22)
La separación entre las avenidas es irregular. La distancia entre la Primera y Segunda Avenidas es de 650 pies (198 metros). Entre la Segunda y la Tercera se convierte en 610 pies (185 metros). En cambio, entre la Tercera y la Sexta la distancia es de 920 pies (280 metros) mientras que hay 800 pies (243 metros) entre la Sexta y la Duodécima.
Con posterioridad se incorporaron las avenidas intermedias del este (Lexington, Madison). Esto proporciona una gran variabilidad en lo que refiere a la longitud de las manzanas del Plan.
Las manzanas de Manhattan
La distancia entre calles y avenidas se hizo con el objetivo de procurar las manzanas más eficientes para su construcción, aunque la eficacia fuera fundamentalmente económica.
La parcelación típica presenta manzanas de 250 x 600 pies (240 x 60 metros, aproximadamente).
Esto permitía segregar las grandes manzanas en lotes menores que presentaban una profundidad de 30 metros y una anchura de 7,5 m (resultando 32 lotes por cada lado longitudinal).
No obstante la especulación modificó, en muchos casos, estos planteamientos generales. No fue extraño ver como aparecían 5 casas en el lugar que hubieran ocupado inicialmente 4 lotes, pasando la anchura de la fachada a 6 metros (manteniendo los 30 de profundidad). Incluso se dieron casos de 4 casas construidas en donde correspondían 3 lotes, de forma que los frentes de las viviendas se reducían hasta los 5,60 metros.
Esta disposición sería la base sobre la que surgirían las tipologías residenciales de la época y particularmente los Tenements.
En estas manzanas se irían incluyendo, según las necesidades que fueran surgiendo, los diferentes edificios no residenciales tanto públicos como privados: iglesias, almacenes, oficinas, hoteles o equipamientos institucionales.
La evolución de la trama y la tercera dimensión
La trama rígida se mantuvo en sus aspectos generales pero sufrió modificaciones en las décadas posteriores. Se extendió hacia el norte sobrepasando ese límite teórico de la calle 155 y se adaptó a alguno de los accidentes geográficos más exigentes.
Pero más que los cambios en la trama, en las dos dimensiones del plano, Nueva York asistió a una evolución espectacular en la tercera dimensión. La construcción en altura, apoyada en los descubrimientos tecnológicos, inició una carrera libre y aparentemente sin límite hacia el cielo. La construcción de los rascacielos cambió la ciudad.
Y finalmente, en 1916, se hizo necesario fijar una ordenanza para regularlos.

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