Situada en el centro histórico de la
ciudad eterna, esta pequeña y recoleta plaza, antesala a la gran iglesia de Sant’Ignazio, despertó desde el primer
momento tanto admiración como críticas despiadadas. El arquitecto y tratadista
Francesco Milizia, contemporáneo a su construcción, se refirió a los edificios
como “casas ridículas en forma de cómoda” y hubo otros que atacaron su
arquitectura “blanda, de mantequilla”.
En cualquier caso, la Piazza no deja indiferente. El juego de contrastes
con la imponente iglesia de Sant’Ignazio,
supone un primer impacto (con sus diferentes escalas, materiales, texturas
o colores). Pero profundizar en la riqueza de sus planteamientos geométricos,
sus proporciones o en la fuerte carga simbólica de todo ello, permite apreciar
con mayor intensidad un lugar que es una muestra de la integración entre diseño
urbano y arquitectura para conseguir un fin común, una plaza con mensaje.
Y además, … es un espacio
delicioso.


