2 feb. 2013

Barcelona y Madrid se “comen” a sus vecinos: la anexión de los municipios del entorno (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 8)


Los límites municipales de Barcelona (izquierda) y Madrid (derecha) tras la anexión de los municipios contiguos. Se encuentran a la misma escala. El territorio de Madrid resultaría ocho veces más grande aproximadamente.
Antes de que naciera la concepción territorial y metropolitana de la ciudad, las grandes urbes solucionaron los problemas con sus vecinos de una manera particular.
Para evitar los problemas jurisdiccionales, las ciudades principales zanjaron el tema con la “eliminación” del rival, es decir, se anexionaron los municipios contiguos. Este hecho se produjo en ambas ciudades con una diferencia de unos cincuenta años, en Barcelona primero y luego en Madrid. Con ello ampliaron su extensión y aumentaron su población de forma significativa, configurando lo que se llamó la Gran Barcelona y el Gran Madrid.
Entre 1896 y 1921, Barcelona, se anexionó siete municipios contiguos a ella. Por su parte, Madrid realizó la misma operación sobre trece localidades limítrofes, entre 1948 y 1954.
Chamartín, Carabanchel, Vallecas, Gracia, Sarrià ó Sant Andreu, entre otros, perdieron su autonomía histórica y su capacidad de decisión independiente pasando, de la noche a la mañana, a ser barrios de la gran ciudad.
Pero estas operaciones eran solo una solución temporal ya que, con el tiempo, volverían a surgir los mismos problemas con los “nuevos vecinos”. Fue el momento de formular los planeamientos metropolitanos que deberían basarse en una visión unitaria del hecho urbano y en el recurso al consenso político. La planificación territorial tardaría todavía en llegar.

 El crecimiento de las grandes ciudades acaba por encontrarse con sus límites municipales. Además, hay cuestiones como el transporte o la ubicación de determinados usos generales, que trascienden esas fronteras administrativas al afectar al territorio en su conjunto.
Cuando había que tomar una decisión que afectara a varios municipios, solían surgir rivalidades y agrios enfrentamientos entre los responsables políticos de las localidades afectadas. En algunos casos, la falta de entendimiento derivaba en inacción y el problema se hacía mucho mayor.
Para superar esta situación de conflicto acabaría surgiendo la concepción metropolitana y territorial del urbanismo. Pero antes de que la planificación metropolitana y territorial existiera y de que los consensos se situaran en la base de los planteamientos políticos, las grandes ciudades resolvieron sus problemas por el camino del medio. Es decir, absorbieron los municipios contiguos convirtiéndolos en barrios-distritos de la ciudad central, que se transformaba así en una “gran metrópoli”.

Barcelona realiza la anexión entre los años 1896 y 1921, mientras que Madrid lo hace entre 1948 y 1954. Aunque la situación de principios del siglo XX es muy diferentes a la de los años cincuenta, podemos comparar las estrategias de absorción ya que están fundamentadas en motivos similares y buscan resolver problemas parecidos. Y, en ambos casos, los municipios incorporados, además de contribuir con nueva población y superficie, aportan una serie de estructuras urbanas creadas y evolucionadas de forma independiente que afectarán al crecimiento de la ciudad.
Barcelona, se anexionó siete municipios contiguos a ella, multiplicando por cinco su territorio, pasando de los 15,5 km2 hasta los 77,8 km2. Con este crecimiento “instantáneo”, la población de Barcelona, aumentó casi en un 50%, pasando de 383.908 habitantes a 559.589. (Con este “salto” Barcelona igualó la población de Madrid en esas fechas. Barcelona alcanzo el millón de habitantes en 1930)
Por su parte, Madrid realizó la misma operación sobre trece municipios limítrofes. Con ello, la superficie se amplió hasta los 605 km2 (multiplicando por 8 su territorio, aunque también incluiría el inmenso Monte del Pardo como zona verde protegida). La población se elevó hasta 1.618.435 habitantes. (Con el “salto”, Madrid superó a Barcelona que en esas fechas se acercaba a 1.400.000 habitantes. Madrid había alcanzado el millón de habitantes en 1940)

La formación de la “Gran Barcelona” (anexión de los municipios del llano)
A finales del siglo XIX, Barcelona se enfrentaba a varios problemas urbanos. El Eixample de Cerdà sobrepasaba los límites de la ciudad, colisionando o superponiéndose a diferentes tramas urbanas de los municipios del entorno. A esta circunstancia se le sumaba que el crecimiento demográfico e industrial, se estaba produciendo por todo el llano, y mientras que en Barcelona se controlaba por medio del Eixample, esto no quedaba tan claro en el resto de municipios.
El conflicto era permanente. Y a todo esto, había que añadir el trasfondo político de una sociedad burguesa y nacionalista, que necesitaba un proyecto vertebrador y ambicioso para Barcelona, capaz de generar una idea de ciudad-capital (siguiendo el modelo centroeuropeo). El hecho de ampliar el ámbito de competencia de Barcelona sintonizaba totalmente con sus aspiraciones.
Los municipios absorbidos y las fechas fueron:
  • Sants (1896)
  • Les Corts (1896)
  • Gracia (1896)
  • Sant Gervasi (1896)
  • Sant Martí de Provençals (1896)
  • Sant Andreu del Palomar (1896)
  • Horta (1904)
  • Sarrià (1921)



El núcleo original de Barcelona y los límites municipales de las localidades contiguas con la delimitación final tras la anexión.
Sants
Sants, oficialmente Santa María de Sants, estaba organizado en dos núcleos principales. Sants, el principal y la Marina de Sants, en torno al antiguo barrio del puerto barcelonés. El primer asentamiento surgió apoyándose en el  Camino Real, que desde finales del siglo XVIII  fue la base para la construcción de la carretera que serviría de acceso a Barcelona desde la zona del río Llobregat. El asentamiento inicial fue prosperando, especialmente durante la primera mitad del siglo XIX, cuando fueron instalándose allí numerosos establecimientos comerciales que buscaban evitar los impuestos de la ciudad de Barcelona. Por la misma razón fue elegido como ubicación de industrias que acabaron por configurar un municipio de población mayoritariamente obrera.
Les Corts
Les Corts nació de una escisión del municipio de Sarrià realizada en 1836. Su independencia duraría solamente duraría sesenta años. En el momento de su anexión, Les Corts era un municipio agrícola con numerosas masías.
Gracia
La construcción, en 1626, del convento de Nuestra Señora de Gracia, por parte de los carmelitas descalzos (conocidos como los Josepets) originó un asentamiento en su entorno. En la zona ya se habían ubicado dos conventos más, el Convento de Jesús de los franciscanos y el de los Capuchinos viejos. Con el tiempo surgió el municipio que contaba con una base económica fundamentalmente agraria y artesanal.
A lo largo del siglo XVIII comenzaron a instalarse, en las faldas de la sierra, residencias de verano de la burguesía barcelonesa.
No obstante, Gracia también recibió alguna industria durante el siglo XIX, principalmente algodonera (destacando Vapor Vilaregut “vapor vell” y Vapor Puigmartí “vapor nou”). Gracia fue creciendo con nuevas industrias, convirtiéndose en una referencia textil y transformando la base social que pasó a ser principalmente obrera llegando a protagonizar momentos de intensa conflictividad.
Plano de Barcelona de 1891, previo a la anexión.
Sant Gervasi
En las faldas de la Sierra de Collserola fue proliferando la construcción de masías y casas solariegas, pero debido a la accidentada geografía causada por la presencia de numerosos torrentes, generaron un hábitat disperso sin llegar a constituir un núcleo urbano central. Inicialmente la zona estaba incluida en el municipio de Sarrià, pero en 1714 alcanzó el estatus de municipio independiente.
Durante el siglo XIX Sant Gervasi (denominado así por la pequeña iglesia rural allí existente) fue descubierto por la burguesía barcelonesa que comenzó a instalar allí sus torres de verano. El pequeño municipio rural fue transformándose hasta convertirse en una zona residencial para la alta burguesía. La parte baja del municipio (Galvany) comenzó a urbanizarse en 1866. El tren de Sarrià estructuraría la zona.
Sant Martí de Provençals
La intersección entre el perímetro de la zona de protección militar, en la que estaba prohibido construir, y el camino que salía desde Barcelona hacia Francia, fue el lugar donde se ubicó un asentamiento que, con el paso de los años, adquiriría relativa importancia (El Clot).
El término municipal de San Martí constaba de cinco núcleos de población. Cuatro de ellos estaban conectados por una vía paralela a la delimitación militar que recorría el llano desde las faldas de la montaña (Camp del Arp) pasando por el núcleo principal (El Clot) y dirigiéndose hacia el mar por La Llacuna hasta el Poble Nou. El quinto asentamiento era La Sagrera, próximo al Clot y en continuidad con la vía férrea, que se convirtió en el eje y razón de la zona.
En el momento de plantear el Eixample, San Martí era poco más que esos núcleos dentro de un vasto territorio casi vacío pero, con el tiempo, se convirtió en el lugar principal para la ubicación de las industrias barcelonesas. Por eso, San Martí llegó a ser conocido como el “Manchester español”.
Sant Andreu del Palomar
Se tiene noticia de la existencia de este municipio desde finales del siglo X. El asentamiento era un núcleo con una intensa agricultura de regadío que aprovechaba el agua de la acequia del Rec Comtal en el camino entre Montcada y Barcelona. También era una zona de molinos.
El eje principal, la antigua calzada romana, estructuró un municipio que fue creciendo a partir de ella. A finales del siglo XIX comenzó una intensa industrialización con la implantación de industrias que requerían importantes extensiones de superficie (por ejemplo Fabra i Coats o La Maquinista)
Horta
Horta cuenta con una historia antigua. Era un municipio extenso que ocupaba el valle situado entre las laderas del Collserola al norte y el conjunto conocido como la Montaña Pelada al sur. Tuvo dos núcleos de población Sant Genís dels Agudells y Sant Joan d'Horta. El valle (hoy conocido como Vall d’ Hebron) prosperó por la existencia del desaparecido Monasterio de San Jeroni de la Vall d’ Hebron y por su abundancia en agua (fueron conocidas sus lavanderías). Al margen de los núcleos tuvo un poblamiento disperso protagonizado por masías y zonas de cultivo.
Sarrià
El último de los municipios absorbidos por Barcelona tuvo una historia compleja. Sufrió la escisión de Les Corts (1836) pero a su vez también se anexionó el municipio de Vallvidrera (1890).
El núcleo de Sarrià comenzó a asentarse en los siglos XII y XIV siendo eminentemente rural. El municipio fue evolucionando hacia un carácter más urbano con la llegada de artesanos y menestrales. Entre los siglos XVI y XVII fueron construyéndose villas y torres de verano para la burguesía barcelonesa de una forma significativa.

La formación de “Gran Madrid” (anexión de los municipios limítrofes)
El crecimiento de la ciudad chocó con los municipios de su entorno. Estos a su vez presentaban igualmente expansiones que en algunos casos eran importantes. Era evidente la necesidad de un planeamiento conjunto y por ello se tomó la decisión de anexionar estos términos municipales a Madrid. La resistencia de estos municipios a perder su independencia dificultó la creación del “Gran Madrid”. Las ideas unificadoras tardaron mucho en poder ponerse en práctica, pero tras la Guerra Civil la operación se llevó a cabo.
Al margen de las consideraciones urbanas, la operación del “Gran Madrid” también tuvo que ver con las aspiraciones del nuevo régimen de potenciar la capital como un gran centro administrativo, financiero e industrial para lo cual necesitaba ampliar sus límites y propiciar la reestructuración que la convirtiera en la gran ciudad deseada.
Los problemas de estructura fueron importantes, puesto que la disparidad morfológica de los núcleos absorbidos (donde se encontraban municipios con historia, arrabales marginales y espontáneos, colonias residenciales, etc.), sumado al carácter discontinuo de todos ellos, dificultarían el “cosido” de tramas tan independientes. Todo ello llevará a Madrid a ofrecer una nueva fisonomía en la que su estructura urbana modificó su tradicional centralidad radial, evolucionando hacia un relativo carácter polinuclear.
Los municipios absorbidos y las fechas fueron:
  • Chamartín de la Rosa (orden 1947, anexión efectiva 1948)
  • Carabanchel Alto (1948, 1948)
  • Carabanchel Bajo (1948, 1948)
  • Canillas (1949, 1950)
  • Canillejas (1949, 1950)
  • Hortaleza (1949, 1950)
  • Barajas (1949, 1950)
  • Vallecas (1949, 1950)
  • El Pardo (1950, 1951)
  • Vicálvaro (1950, 1951)
  • Fuencarral (1950, 1951)
  • Aravaca (1949, 1951)
  • Villaverde (1954, 1954)


El núcleo original de Madrid y los límites municipales de las localidades contiguas con la delimitación final tras la anexión.
Chamartín de la Rosa
Hasta mediados del XIX, el término de Chamartín de la Rosa presentaba algunas edificaciones aisladas que servían de base al aprovechamiento agrícola del mismo, y un núcleo principal que era prácticamente una villa agrícola dominada y presidida por el palacio y las posesiones del Duque de Pastrana.
La necesidad de suelo no resuelta con el Plan Castro va a provocar la aparición y consolidación de barrios obreros de rápido crecimiento apoyados en la red de caminos existente, como Prosperidad. También se instalaron quintas de recreo de la alta burguesía sobre el margen de la vaguada de la Castellana (Villa Rosa, Pinillos, Maudes, etc.), así como equipamientos que inician un cierto “carácter terciario” de la zona (el velódromo, el Museo de Ciencias Naturales o el Hipódromo). Por otra parte se ubican también instituciones benéficas y religiosas que se trasladan de posiciones centrales por medio de beneficiosas operaciones inmobiliarias. Y con la aprobación de la ley de Casas Baratas se van a ejecutar toda una serie de colonias de vivienda unifamiliar.
El crecimiento había carecido de planificación, creando un tejido urbano inconexo y con graves problemas de estructura. La anexión posibilitará actuaciones estructurantes de gran importancia para Madrid (prolongación de la Castellana, prolongación de Príncipe de Vergara, apertura de María de Molina) que van a suponer en algunos casos la destrucción de parte de esas tramas espontáneas surgidas en los años anteriores.
Carabanchel Alto y Carabanchel Bajo
La situación de ambos términos en los años de la anexión ofrecía la imagen típica del crecimiento tentacular, que partiendo de Madrid se apoyaba en las principales vías de comunicación que estructuraban el territorio. La evolución urbana de los Carabancheles antes de su anexión a Madrid había sido importante  y en la década de 1930 llegaron a su unión física.
Por otra parte, la carretera de Extremadura, que estructuraba la parte oeste del territorio presentará crecimientos autónomos muy significativos como el barrio de Colmenares (hoy Puerta del Angel).
La zona adquiere marcado carácter militar con la implantación de varios cuarteles a ambos lados de la vía. En 1875 aparece un campamento militar y a partir de 1916, un ferrocarril, el Aeródromo de Cuatro vientos (Escuela de aviación militar), La Escuela Central de Tiro, la Casa Cuartel de la Guardia Civil, una estación radiotelegráfica y el Hospital Militar. Estas instalaciones se van complementando con la aparición de colonias residenciales para estos colectivos.
Los Carabancheles tuvieron antiguamente un carácter de centro de vacaciones de la aristocracia y la burguesía del XIX pero se fue perdiendo poco a poco en favor de barrios obreros.
Canillas y Canillejas
Las repoblaciones cristianas que acompañaban a la reconquista del territorio se encuentran en el origen de estos pequeños municipios. Canillejas se situó en el camino que conectaba Madrid con Aragón y Cataluña, mientras que Canillas lo hacía en las proximidades.
Fueron municipios rurales en cuyo territorio se ubicaron varias fincas de recreo.
En Canillas y Canillejas se levantó una parte de la Ciudad Lineal de Arturo Soria (la que estaría más poblada inicialmente)
Hortaleza
La antigua villa de Hortaleza se encontraba encaramada en la divisoria entre las vertientes de los ríos Manzanares y Jarama. Esta situación hace sospechar a algunos historiadores la existencia de una antigua fortaleza, aunque otros derivan el nombre de las pequeñas huertas que se encontraban regadas por los arroyos Abroñigal y Valdebebas.
La zona comenzó a ser lugar para de fincas de verano de una parte de la sociedad madrileña. Algunas de esas quintas fueron construcciones relevantes (Huerta de La Salud, Palacio de Buenavista, La Quinta de Torrepilares, etc.)
El municipio mantendría su economía agraria prácticamente hasta la mitad del siglo XX.
Barajas
Barajas tiene su origen como núcleo de población en la repoblación castellana ordenada por Alfonso VI de Castilla en el siglo XI (con categoría de Señorío y Villa de Realengo, encargando de su administración a un Conde). El entorno de Barajas fue apreciado por la sociedad cortesana madrileña como lugar para el descanso veraniego (allí se construyeron los duques de Osuna el “Capricho” (de la Alameda de Osuna), espacio de gran reconocimiento por sus extraordinarios jardines).
El gran acontecimiento para esa zona del noreste madrileño fue la creación del aeropuerto, cuya primera terminal se inauguró en 1931. Este hecho condicionará definitivamente el desarrollo de todo el territorio de Barajas.
Plano de Madrid de 1944, previo a la anexión.
Vallecas
Vallecas fue un lugar poblado desde tiempos remotos (en el Cerro de la Gavia se han hallado restos paleolíticos) pero hasta la edad media no se consolidó como núcleo de población. Su ubicación en el camino hacia Valencia y el mar mediterráneo lo convirtió en un punto de referencia en el este madrileño. Sus extensos campos de trigo (y la posterior elaboración del pan) le otorgaron el sobrenombre del “granero” de Madrid.
La construcción del desaparecido Puente de Vallecas o puente de los tres ojos (aunque tuvo siete) en el siglo XVIII para salvar el arroyo Abroñigal, tendría una importante repercusión urbana. Con la llegada de la revolución industrial la zona comenzó a transformarse al ubicarse allí muchas familias obreras inmigrantes que encontraban un alojamiento más asequible que en la capital. Así comenzó a desarrollarse un núcleo muy importante, algo alejado de la villa original, que se conocería como Puente de Vallecas. La villa mantendría durante algún tiempo su carácter rural, pero finalmente se convertiría también en el lugar de residencia de una buena parte de la clase trabajadora madrileña. Desde su anexión la inmigración crecería exponencialmente, dando origen a extensiones muy importantes de infravivienda.
El Pardo
La anexión del término municipal de El Pardo no tuvo grandes consecuencias para la morfología urbana de Madrid, pero fue una decisión trascendente desde el punto de vista medioambiental. El Pardo, por proceder de propiedad real y al estar a cierta distancia de la capital, había mantenido su carácter de pequeño municipio rural dentro de un entorno de alto valor ecológico. Su anexión y la posterior catalogación del Monte del Pardo como espacio protegido han posibilitado la existencia de un gran “pulmón” verde para la capital.
Vicálvaro
El territorio de Vicálvaro, al este de Madrid, estuvo poblado desde tiempos muy antiguos (se han encontrado restos paleolíticos en el Cerro Almodóvar). Su origen como núcleo urbano se encuentra en la estrategia de repoblación impulsada por Alfonso VI de Castilla en el siglo XI. Fue un municipio rural, aunque recibió algunos equipamientos singulares vinculados a la proximidad de la Corte (Real Fabrica de Tejidos de San Fernando, o la primera sede de la Caballería de la Guardia Civil, incorporados hoy al Campus de Vicálvaro de la Universidad Rey Juan Carlos). Hasta el siglo XX, siguió siendo un típico núcleo rural castellano, con dedicación agrícola y ganadera, pero acabó recibiendo alguna industria importante como la fábrica de cemento "Portland Valderrivas". Su anexión a la capital transformaría radicalmente el entorno.
Fuencarral
Fuencarral fue una antigua villa situada al norte de Madrid, cuyo nombre, parece asociarse a la existencia de una fuente que era alto en el camino del transporte entre la capital y el norte.
Mantuvo su carácter rural prácticamente hasta el siglo XX, cuando empezaron a instalarse algunas industrias (destacando las jaboneras).
Aravaca
El término municipal de Aravaca era un territorio de carácter rural que había permanecido bastante ajeno a los problemas urbanos de la capital. Su ubicación, más allá de la barrera física del valle del Manzanares, lo alejó lo suficiente para mantener hasta la fecha de su anexión un estado similar a épocas anteriores. El territorio se encontraba estructurado por la carretera que unía Madrid con La Coruña y presentaba casi exclusivamente el núcleo rural de Aravaca.
Villaverde
Dentro de la política de repoblación decretada por el rey Alfonso VI de Castilla se crearon dos núcleos (Santiago el Verde y La Algarrada) que acabaron despoblados a favor de un tercero mejor ubicado, entre los arroyos Butarque y Malvecino. El pueblo agrícola fue prosperando, sobre todo a partir del otorgamiento de la capitalidad a Madrid, ya que se encontraba en el camino hacia Aranjuez, y se convirtió en punto de paso para los desplazamientos de la Corte al sitio real.
Otro aspecto que diferenció a Villaverde fue el terreno arcilloso en el que se encontraba y que fue la base para la implantación de diversas explotaciones cerámicas. La construcción del ferrocarril Madrid-Aranjuez fue el arranque de la instalación de más industrias en la zona.
La Guerra Civil lo dejó prácticamente devastado y tuvo que ser reconstruido durante la posguerra. Tras la anexión se convertiría en destino de una gran parte de la inmigración que recibió la capital.

La serie sobre los Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona cuenta con las siguientes entradas:

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