25 jun. 2016

El río que se convirtió en parque: los Jardines del Turia en Valencia.

Los Jardines del Turia, el gran parque lineal que se creó en el antiguo cauce del rio Turia a su paso por Valencia.
La relación de las ciudades con sus ríos es compleja, y en ella afloran tanto amores como odios. Los ríos han proporcionado múltiples recursos (agua, transporte, ocio, paisaje, etc.) y por eso, su presencia fue primordial para seleccionar la ubicación de los asentamientos.
Pero las fuerzas de la naturaleza también tienen su lado negativo y muchas ciudades han sufrido las consecuencias de crecidas e inundaciones con resultados catastróficos. Algunos ríos son especialmente proclives a estas desgracias debido a su acusada irregularidad, obligando a las ciudades que conviven con ellos a tomar medidas para contrarrestar sus efectos.
Es habitual ver muros de contención para encauzar las riadas periódicas, pero en alguna ocasión se han realizado operaciones más drásticas, como trasladar el cauce fluvial, alejándolo del casco urbano y dejando seco el lecho que atravesaba la ciudad.
Este es el caso de Valencia, la ciudad española que optó por desviar el recorrido de su río, el Turia, aprovechando el antiguo curso para crear un gran parque mediterráneo de carácter lineal. Los denominados Jardines del Turia son el nuevo “rio verde” que acompaña al centro de la ciudad desde que en 1987 se inauguraron sus primeros tramos (y que contiene, cerca de su “desembocadura”, la controvertida Ciudad de las Artes y de las Ciencias)

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Valencia y el río Turia, entre el amor y el odio.
Valencia nació junto al río Turia o, siendo más precisos, en el interior de dos brazos que se abrían para reunirse de nuevo poco después. En ese gran islote que dominaba una vega fértil surgió el primer asentamiento de la ciudad. No obstante, el brazo meridional acabaría siendo rellenado en fechas muy tempranas.
La Valencia romana, islámica, medieval e incluso la ciudad burguesa irían creciendo hacia el sur del cauce principal del río, que marcaría el límite septentrional de la ciudad durante siglos. Aunque hubo algún crecimiento extramuros en la orilla izquierda del Turia, la ciudad no daría el salto definitivo a esos terrenos hasta el siglo XX. Entonces, el río se convirtió en el eje central de la ciudad y en borde urbano de buena parte de sus áreas, desde el casco antiguo o los ensanches hasta los nuevos crecimientos producidos en sus dos márgenes.
Pero el río Turia, que había sido trascendental en la historia urbana y económica de Valencia, también contaba con una larga reseña de desastres ocasionados por sus frecuentes crecidas que, provocadas por las lluvias torrenciales estacionales, inundaban la ciudad. De hecho, la construcción de los pretiles, los muros de contención y los puentes de piedra estuvo motivada por la gran inundación que se produjo en 1589 y que obligó a la ciudad a buscar una urgente y sólida protección ante el irregular y tumultuoso Turia.
Mapa de la ciudad de Valencia expresando las áreas inundadas por la crecida de 1957. En azul claro la extensión de del desbordamiento del Turia, en azul oscuro las áreas urbanas anegadas y en negro la ciudad que no sufrieron la inundación. A la derecha imágenes de la catástrofe.
Pero las riadas continuaron y alguna puso en cuestión las salvaguardas existentes. Entre ellas destaca la del año 1957, que causó cuantiosos daños materiales y que, sobre todo, acabó con un centenar de vidas humanas. Con esa desgracia se agotó la paciencia de los valencianos, que reclamaron una respuesta urgente a las autoridades para evitar nuevas catástrofes.
La solución requería una reflexión en profundidad sobre la estructura urbana de Valencia. Hubo tres propuestas iniciales que fueron analizadas, denominadas Solución Norte, Solución Centro y Solución Sur. La Norte se desestimó rápidamente porque proponía el desvío del caudal por un barranco que transcurría por una zona que se encontraba igualmente muy poblada. La Centro, que abogaba por mantener el rio en su cauce original reforzando el encauzamiento, también sería rechazada. Y finalmente la Solución Sur, la escogida, que defendía la creación de un nuevo cauce, sugiriendo su trazado por la periferia meridional de la ciudad.
Así pues, los responsables de la ciudad tomaron una decisión radical: cambiarían el recorrido del río, diseñando un nuevo cauce alejado del centro de la ciudad y con la suficiente amplitud como para recoger los extraordinarios aumentos de caudal. Este nuevo cauce tendría un recorrido de unos doce kilómetros y unos doscientos metros de anchura y, además, serviría como apoyo para la creación de un nuevo anillo viario doble, con una calzada junto a cada orilla. Su capacidad se calculó para absorber hasta 5.000 m3/segundo (una cantidad de agua superior a la de la riada de 1957 que llegó a alcanzar los 3.700 m3/segundo). La creación del nuevo cauce meridional se acometió con rapidez y, en 1970, las obras ya se encontraban próximas a su fin. Fue entonces cuando se intensificó el debate sobre qué hacer con el viejo cauce cuando estuviera seco, terrenos, que en esos momentos, eran propiedad estatal a través del Ministerio de Obras Públicas.
Dado que la ciudad presentaba  algunos problemas relacionados con la red ferroviaria y las vías rodadas de acceso a la ciudad se pensó en el cauce vacante como solución a los mismos. El Plan General de Ordenación Urbana de Valencia de 1966, que recogió el trazado del desvío, propuso (en sintonía con el Ministerio) una gran autopista vertebral, que ejercería de enlace entre la Madrid-Valencia y la Autopista del Litoral, proporcionando además un acceso rápido al centro de la ciudad. Igualmente, el cauce sería aprovechado para la instalación de una nueva estación ferroviaria y la creación de varios complejos industriales.
Imágenes de las propuestas iniciales para el cauce vacío del Turia con autopistas y trazados ferroviarias. La maqueta de la derecha exploraba la convivencia de esas infraestructuras con un parque lineal.
Plano del Plan General de Ordenación Urbana de Valencia en el que se aprecia el trazado del nuevo cauce y el aprovechamiento infraestructural del antiguo.
Pero esa propuesta inicial de usos sobre el antiguo lecho del río encontró el rechazo frontal de la ciudadanía que reclamaba la creación de un parque. La reacción en contra fue muy intensa, manifestada, por ejemplo, desde asociaciones vecinales, colegios profesionales y, sobre todo, por la plataforma Pro-Cauce creada al efecto y que organizó importantes movilizaciones populares bajo el lema “el llit és nostre i el volem verd” (el cauce es nuestro y lo queremos verde). Entre todos consiguieron frenar  la planificación inicial. La idea del parque iría consolidándose, especialmente a partir de 1976, cuando se logró la cesión de la propiedad de los terrenos del antiguo cauce a la ciudad de Valencia.
Finalmente, en 1979, con la llegada de los ayuntamientos democráticos, se calificó el cauce como zona verde, parque público y dotacional. La extensa superficie disponible abría la oportunidad de crear una serie de equipamientos muy demandados que podrían cubrir los déficits existentes en la ciudad. Así pues, la idea principal de crear un parque se complementaría con la construcción puntual de varios edificios públicos, alguno de los cuales se ha convertido en imagen icónica de la ciudad moderna.
Propuestas previas para el gran parque lineal de Valencia (Plan Especial redactado por Taller de Arquitectura-Ricardo Bofill).
Acto seguido se convocó un concurso de ideas que no resultó fructífero de forma que, en 1981, se contrataría a Taller de Arquitectura-Ricardo Bofill la redacción del Avance del Plan Especial de Reforma Interior del Viejo Cauce del Turia. La presentación al año siguiente de este trabajo permitió la participación de instituciones y de asociaciones ciudadanas que realizarían diversas sugerencias. Este proceso culminaría en 1984, cuando se aprobó definitivamente el Plan Especial. Quedaron así definidos los denominados “Jardines del Turia”, que deberían ser un ejemplo de parque mediterráneo. Su propuesta espacial se vinculaba al modelo de la jardinería hispanomusulmana, con una rotunda geometría y un fuerte simbolismo. Su vegetación estaría protagonizada por pinos, cipreses, palmeras, naranjos, olivos o encinas, entre otras especies características y dispondría de la presencia del agua como recurso paisajístico. Además, en el parque se integraba un programa dotacional relacionado con el ocio, la cultura y el deporte. Poco después, el Plan General de Ordenación Urbana de Valencia de 1988, asumiría urbanísticamente todos estos planteamientos, incluso ampliando el jardín con el denominado Parque de Cabecera.
El cauce del antiguo Turia durante el proceso de transformación en parque.

Valencia y los Jardines del Turia (el rio verde)
El Plan Especial articulaba el gran parque lineal en 18 tramos que se iniciaban en Mislata y finalizaban en el barrio de Nazaret, con aproximadamente 12 kilómetros de recorrido y una superficie de unas 170 hectáreas (la anchura media se sitúa en torno a los 160 metros)
Esquema del parque “Los jardines del Turia” con sus 18 tramos y los puentes que los separan.
La distinción entre tramos se adaptó a los puentes que cruzaban el cauce y a otros que acabarían construyéndose incrementando las conexiones entre ambas orillas urbanas. A los puentes históricos, como el de la Trinidad (siglo XV), el de Serranos, el del Real, el del Mar (todos del siglo XVI) o el de San José (del siglo XVII); se le sumarían otros de nueva factura, como el Puente de la Exposición, el del Nueve de Octubre, el de las Flores o el de l’Assut d’Or (diseñados por Santiago Calatrava); el de las Artes (de Norman Foster); el del Ángel Custodio (de Arturo Piera) o el más reciente Puente de Madera (Pont de Fusta) abierto en 2012 (diseñado por José María Tomás Llavador).
Tras la aprobación definitiva del Plan Especial en 1984 se pondrían en marcha una serie de concursos de diseño que darían inicio a un largo proceso de diseño y ejecución de los diferentes sectores que se prolongarían en lo esencial hasta 2010 (porque el Parque de Cabecera se inauguró en 2014 y los tramos finales todavía se encuentran pendientes).
Los primeros concursos de diseño, adjudicados en 1985, atendieron a los tramos 2, 3, 10 y 11. La discontinuidad en la selección tenía una justificación, porque mientras que los tramos iniciales ofrecían un desarrollo más sencillo por la existencia de menos condicionantes infraestructurales, los intermedios (el 10 y el 11) albergarían el Palau de la Música, uno de los equipamientos estrella del nuevo parque cuya construcción se había comenzado.
Plano de los Tramos 1, 2 y 3. 
Arriba, maqueta de la propuesta para el Tramo 2. Debajo, ortofoto con el tramo 1 y 2 ya realizados.
El Tramo 2, con 120.000 metros cuadrados de superficie, desde la Casa del Agua hasta el Puente del Campanar, sería asignado al equipo Vetges Tu i Mediterrània. El proyecto proponía un homenaje al rio desaparecido recordando las técnicas de control y aprovechamiento de las aguas y rehabilitando el azud de Rovella. La personalidad de sus elementos arquitectónicos, como el laberinto, la plaza porticada o la propia Casa del Agua, vinculados al posmodernismo dominante en la época, no fue bien recibida por todo el mundo, cuestión que hizo que, por ejemplo, en 2010, la plaza porticada fuera transformada en NaTuria, un centro de interpretación del parque para albergar exposiciones divulgativas sobre el medio ambiente y la sostenibilidad.
Arquitectura en el Tramo 2: arriba la plaza porticada reconvertida en el centro NaTuria. Debajo, la Casa del Agua.
Plano de los Tramos 10, 11 y 12.
Los Tramos 10 y 11, que sumaban 135.000 metros cuadrados de superficie, entre el Puente de las Flores y el Puente del Ángel Custodio (junto al Palau de la Música que se abriría en 1987), serían encargados a Taller de Arquitectura-Ricardo Bofill. Bofill, que había diseñado la filosofía general del parque en el Plan Especial, tuvo la oportunidad de desarrollar sus ideas, proponiendo un proyecto de parque mediterráneo en el que los ritmos, la geometría, la regularidad o la simetría, determinaban el diseño. En él abundan las referencias a los conceptos romanos del espacio público como lugar de encuentro o al jardín árabe como arquetipo autóctono. Se reivindicaba en el nuevo parque la memoria histórica de los jardines de Ruzafa, frente a los modelos de jardín francés o jardín inglés.
Tramos 10 y 11. A la izquierda plano de la propuesta de Bofill y a la derecha ortofoto del resultado final.
Así, Bofill propondría un espacio dotado de un fuerte simbolismo que llegaría a convertirse en el icono formal de todo el conjunto. Este sector convive con el Palau de la Música, hecho que quedaría enfatizado por la instalación de un gran estanque que potencia la exposición visual del auditorio. A lo largo de 1987 se fueron inaugurando tanto el Palau de la Música como los sectores 2, 10 y 11 (aunque no se encontraban totalmente concluidos).
Imagen de los tramos 10 y 11 diseñados por Ricardo Bofill, en el momento de su inauguración (junto al Palau de la Música)
Imagen de los tramos 10 y 11. Sobre la silueta arbolada emergen el Palau de la Música y el teatro de la ópera, el Palau de les Arts Reina Sofía.
El último de los tramos iniciales, el Tramo 3, de algo más de 80.000 metros cuadrados, entre el Puente del Campanar y el de las Glorias Valencianas (Puente de Ademuz), sería concedido al equipo de arquitectos formado por Juan de Otegui, José Luis Gisbert y Juan Francisco Noguera (Otegui/Gisbert/Noguera). Su planteamiento fue diferente a los anteriores ya que nacía con una fuerte vocación deportiva, aunque encontró grandes escollos en su camino (tanto políticos como ciudadanos), dificultades que obligaron a reconfigurar los elementos del programa (por ejemplo eliminando la piscina prevista). Finalmente, tras muchos avatares, el sector incluiría un estadio de atletismo (Estadio del Turia), así como un campo de fútbol 7 (de césped artificial). La propuesta paisajística intentó integrar esas instalaciones dentro del planteamiento de continuidad de los espacios verdes del parque, que con sus calles laterales o el gran estanque circular que se diseñó bajo el Puente de Ademuz, pudieron concluirse en 1992 (las obras se habían iniciado en 1986).
Plano de los Tramos 4, 5 y 6. 
A pesar de los problemas (algunos técnicos y otros muchos políticos) que dificultaban el avance de la construcción del parque, a partir de 1990, se impulsaría la realización de nuevos tramos de los Jardines del Turia. El Tramo 4, que se proyectaría como un “bosque urbano”, y el Tramo 5, en el que primaría la componente deportiva (con un campo de rugby y otro de entrenamiento), serían desarrollados por la Consellería de Agricultura de la Generalitat Valenciana. 
Propuestas del Plan Especial redactado por el equipo de Ricardo Bofill para el Tramo 6 y ortofoto de su realización final.
De forma similar, el Tramo 12 (concebido por Rafael Rivera y Manolo Martín) tendría también un enfoque forestal, aunque asociado a juegos infantiles, con la inclusión del emblemático Parque Gulliver, cuya principal atracción es la figura gigante del personaje literario creado por Jonathan Swift. La gran escultura yacente, que representaba su encuentro con los pequeños liliputienses (que serían los niños), se convertía en un juego de diferentes rampas, toboganes y escaleras. La propuesta lúdica se completaba con otros elementos como tableros de ajedrez gigantes, pistas de mini golf y de monopatín, etc.
Imágenes del Parque Gulliver en el Tramo 12.
En el año 1995 se abrió el nuevo Puente de la Exposición (el antiguo había sido derribado por la riada de 1957 y se había realizado la instalación de una modesta pasarela-puente a la espera del cambio). Bajo el nuevo puente (conocido popularmente como “de la peineta”) se construyó la Estación Alameda del Metro de Valencia. En ambos casos (puente y estación) el diseño corrió a cargo de Santiago Calatrava. La conclusión de estas infraestructuras permitiría la puesta en marcha de los tramos 8 y 9. Tramo 9 (entre el Puente de la Exposición y el Puente de las Flores, que se construyó en 2002), había estado ocupado durante mucho tiempo por las obras del referido Metro de Valencia, y sería receptor en 2001 de un nuevo jardín con espacio reservado para la realización de eventos al aire libre y ferias diversas. Este tramo, así como el Tramo 6 y Tramo 8, serían diseñados bajo la dirección de Ángel Zurilla. No obstante, el 6 y el 8 serían el resultado de diversas campañas ciudadanas del Día del Árbol (lo que les proporciona cierta aleatoriedad de diseño) y, además, compatibilizarían los espacios verdes con un programa deportivo que acoge varios campos de fútbol o un campo de béisbol (en el sector 6).
Plano de los Tramos 6, 7, 8 y 9.
Otra de las propuestas emblemáticas de la Valencia de la década de 1980 fue la prolongación del Paseo de la Alameda, el gran salón urbano de la burguesía valenciana. La ubicación del Palau de la Música había sido seleccionada previendo la continuación del paseo por la margen izquierda del Turia, renovando un sector caracterizado por instalaciones industriales que se encontraban obsoletas. Esta actuación así como el proyecto de Ciudad de las Artes y de las Ciencias (al que nos referiremos más adelante) condicionaron el desarrollo de los Tramos 13, 14, 15 y 16, que serían tratados como un conjunto.
Plano de los Tramos 13, 14, 15 y 16, que integran la Ciudad de las Ciencias y de las Artes.
La relación del parque con la ciudad es diferente en esa zona por la inexistencia del pretil de contención de aguas (y por la escenografía arquitectónica propuesta). Hubo una primera versión desarrollada por el equipo Vetges Tu i Mediterrània en 1992, aunque acabaría construyéndose entre 1997 y 2002 un parque natural más convencional (diseñado por Jacobo Ríos-Capapé, Rafael Narbona y Ángel Palomar).
En 2003, le llegaría el momento al Tramo 7, entre el Puente de la Trinidad y el Puente del Real, que se había utilizado como vivero municipal y cuya conclusión proporcionaba continuidad entre los diferentes sectores del parque urbano ejecutados hasta entonces. Su propuesta arbórea es un tanto particular y muy variada debido al mantenimiento de parte del arbolado del vivero, albergando especies de flor y de sombra, así como árboles frutales, todos entre praderas longitudinales de césped.
En 2007, bajo la dirección de Ángel Zurilla, se acondicionaría el Tramo 1, entre el Parque de Cabecera y la Casa del Agua, convirtiéndose en el arranque del gran parque lineal hasta que en 2014 se inauguró el Parque de Cabecera. Este magnífico parque (diseñado por Eduardo de Miguel, Arancha Muñoz y Vicente Corell) pretende ejercer la transición entre la configuración natural y el planteamiento urbano de los “Jardines del Turia”. Por eso, tanto el orden topográfico, basado en el antiguo cauce (con un gran protagonismo del agua y recreando los islotes centrales habituales), como su vegetación (con los característicos sauces, chopos o fresnos), intentan ejercer de charnela entre los dos mundos. El agua, con unos 24.000 m2 de lámina, se convierte en el elemento clave del Parque de Cabecera para su notable oferta lúdica. La estructura de recorridos peatonales o para bicicletas, así como la propuesta de diversos equipamientos públicos completan un programa orientado al ocio y al disfrute de la naturaleza. En la configuración del parque destaca la colina que se eleva unos quince metros sobre su entorno, ejerciendo de hito visual, de mirador y de soporte para el auditorio al aire libre, que se abre hacia el lago.
Plano del Parque de Cabecera.
Imagen del Parque de Cabecera.
Plano de los Tramos 17 y 18. La línea rosa refleja parte del circuito de Fórmula 1.
El último sector del parque, los Tramos 17 y 18, ubicados en la antigua desembocadura del río, junto al Port Vell, se encuentran pendientes de desarrollo. Este sector, denominado “Gran Delta Verde” pretendía articular el encuentro de extenso jardín con el mar Mediterráneo. En él se iban a ubicar varios rascacielos cuyo proyecto quedaría cancelado (a los que haremos referencia posteriormente) y, sirvió, temporalmente, como parte del polémico circuito urbano de carreras que acogió el Gran Premio de Europa de Fórmula 1 entre 2008 y 2012.

Palau de la Música de Valencia.
Como se ha comentado, el gran parque lineal cuenta con alguno de los iconos arquitectónicos de la nueva Valencia, como el Palau de la Música, proyectado por José María García de Paredes, o la controvertida Ciudad de las Artes y de las Ciencias, cuya gestación y resultado merece una explicación específica.
Este complejo, que ha determinado la imagen valenciana de las últimas décadas, fue ideado en 1989, con el objetivo de crear un museo destinado a la ciencia y a la tecnología, inspirándose en la Villette de París. La iniciativa partió del entonces presidente socialista de la Comunidad Valenciana, Joan Lerma, quien encargó el desarrollo del proyecto museográfico a un equipo liderado por Antonio Ten Ros, científico y profesor universitario. La ubicación escogida eran los terrenos de la parte final del antiguo río (el tramo 15 del Plan Especial). Más de cincuenta científicos, museólogos y diseñadores prepararon un programa y un anteproyecto en el que trabajaron durante casi dos años.
La idea de incluir en el complejo una gran torre de comunicaciones permitió la incorporación al proyecto de Santiago Calatrava (quien ganó un concurso internacional convocado al efecto). Calatrava era un arquitecto de origen valenciano (aunque residente en Zúrich) que estaba comenzando a destacar en el panorama internacional por sus peculiares obras arquitectónicas e infraestructurales (sobre todo de puentes y torres de comunicaciones) y que acababa de construir en Valencia el Puente Nueve de Octubre (Pont Nou D'Octubre, que se abrió en 1989).
Primer proyecto de Santiago Calatrava para la Ciudad de las Ciencias con la gran Torre de Comunicaciones.
La singular propuesta formal de Calatrava para el conjunto, que se presentó en 1991, era muy diferente a los planteamientos anteriores (en los que el contenido primaba sobre el continente). La situación derivó en un conflicto con los responsables de los estudios museográficos realizados quienes, ante el apoyo prestado desde las instancias políticas hacia el proyecto de Calatrava, optaron por dimitir. La denominada entonces “Ciudad de las Ciencias”, que constaría de un museo de ciencia, un planetario y la mencionada torre de telecomunicaciones de 382 metros de altura, se comenzaría a ejecutar en 1994.
Pero en 1995, el gobierno de la Comunidad Valenciana cambio de orientación política y el nuevo presidente (Eduardo Zaplana) paralizó las obras, promoviendo una remodelación del proyecto. En la versión presentada en 1996 se eliminó la torre de comunicaciones, se mantuvieron los dos edificios iniciales y se incorporaron otros: un teatro de ópera, un umbráculo (diseñados ambos por Calatrava), así como un parque oceanográfico (l'Oceanogràfic, diseñado por Félix Candela) que colonizaría el Tramo 16 de los jardines. Con ello el complejo fue rebautizado como “Ciudad de las Artes y de las Ciencias”.
Tras muchas vicisitudes, en 1997 se reanudaron las obras con el nuevo modelo. La actuación incorporó un nuevo puente, el Puente del Azud de Oro, que también diseñaría Calatrava.
Los edificios irían siendo finalizados progresivamente: en 1998 se inauguró L'Hemisfèric, la sala de proyección en gran formato; en el año 2000 se abrió al público el gran Museo de las Ciencias (y también el Umbracle); en 2002 llegaría L'Oceanogràfic (el mayor acuario de la Unión Europea); el teatro de la ópera, bautizado como Palau de les Arts Reina Sofía, vería interpretar su primera obra en 2006; el Puente de l'Assut de l'Or, entró en funcionamiento en 2008; y en 2009 se inauguraría (a pesar de no estar completamente finalizado) el edificio/plaza cubierta denominado Ágora.
Conjunto de la Ciudad de las Ciencias y de las Artes.
Paralelamente, en 2004 fue presentado otro proyecto complementario, que preveía la construcción de cuatro rascacielos en los tramos finales del Turia (17 y 18). El proyecto, nuevamente diseñado por Calatrava, avivó la polémica existente con la Ciudad de las Artes y de las Ciencias. Se realizó una revisión del proyecto, y esos cuatro edificios quedarían reducidos finalmente a tres (de los que el mayor contaba con una altura de 308 metros). No obstante, la operación acabaría siendo cancelada, dejando pendiente la finalización del parque.
Con todo, la Ciudad de las Artes y de las Ciencias se ha convertido en un emblema con dos caras para la ciudad. Por un lado, es evidente su monumentalidad y valor icónico para Valencia (con defensores y detractores de su propuesta estilística) pero, por otro, es un símbolo de valores negativos, con una incesante polémica vinculada a sobrecostes presupuestarios, problemas constructivos, escándalos políticos, infrautilización de las instalaciones, y siendo asociado a la megalomanía de las autoridades responsables.


En cualquier caso, los Jardines del Turia han transformado Valencia. Su posición estratégica, vertebradora de la ciudad y su gran tamaño (es el mayor parque de España) proporcionan un gran protagonismo al espacio, que se ve refrendado por algunos de los importantes equipamientos que acoge (como el Palau de la Música, el Bioparc, el Parque Gulliver, o la Ciudad de las Artes y de las Ciencias). Pero es el número de visitantes (estimados en más de tres millones anuales) el que avala su éxito.

1 comentario:

  1. Thanks for sharing this research! I have been searching for the history of the transformation of the Turia River and this was by far the most informative text.
    Greetings from Brazil

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