22 dic. 2012

La ciudad industrial de Pullman en Chicago: historia de un sueño roto.

Pullman Town y el recuerdo de sus momentos de esplendor

Como consecuencia de la Revolución Industrial, la ciudad del siglo XIX se enfrentó a una situación inédita: la irrupción de una nueva clase social, el proletariado.
El alojamiento de la clase obrera se convirtió en un tema de conflicto. Inicialmente, la élite empresarial, dentro del más puro estilo “laissez-faire”, abandonó a su suerte a un proletariado sin recursos. El resultado fue dramático: barrios de infravivienda con graves problemas de hacinamiento y salubridad en donde las condiciones de vida eran pésimas.
Como reacción, surgieron diferentes propuestas de solución, principalmente desde posiciones socialistas. Algunas fueron utópicas pero otras llegaron a construirse, como el Familisterio de Godin, aunque con escasos resultados.
Finalmente, desde el mundo empresarial, también partieron iniciativas caracterizadas por la unión de los espacios industriales con los residenciales, como las Arbeiterkolonien (colonias de trabajadores) en Alemania. Entre estas Company Towns, destaca en Chicago la Pullman Town, tanto por su tamaño (llegó a albergar a 12.000 personas), como por la difusión mediática que tuvo en su momento o por el estrépito que ocasionó su fracaso.


Pullman Town, el paternalismo interesado.
George Pullman (1831-1897) era un empresario popular en la ciudad de Chicago. Había logrado una gran reputación en el año 1859, gracias al invento de un sistema que permitía elevar los edificios construidos hasta que alcanzaran la nueva cota de calle fijada para conseguir una red de alcantarillado con pendiente suficiente para que resultara efectiva.
Pullman había nacido en Brockton (Nueva York) y dejó pronto la escuela. Tras varios trabajos comerciales, la muerte de su padre le llevó a hacerse cargo del negocio familiar de carpintería, que estaba prosperando gracias a la construcción del Canal del Erie.
Muy imaginativo y emprendedor, ideó el sistema para desplazar edificios que lo haría famoso en Chicago. Años después, en 1863, revolucionó el transporte de pasajeros en ferrocarril inventando los coches-cama, transformando los incómodos vagones en coches de lujo para dormir durante el viaje. En 1867 crea la Pullman Palace Car Company , compañía que, durante los siguientes veinticinco años, construiría, dotaría de personal y operaría la mayoría de los coches-cama de los ferrocarriles de EE.UU.
Pullman amasó una gran fortuna y utilizó parte de su riqueza para ayudar a reconstruir Chicago después del incendio de 1871. Desde esa filantropía aparente, Pullman se lanzó a poner en marcha un sueño que le venía rondando: la creación de una comunidad de trabajo ideal en la que la empresa y sus obreros pudieran formar un todo que los beneficiara mutuamente. Pullman tenía una “visión”, creía que con la creación del ambiente adecuado y la disponibilidad de los servicios necesarios, eliminando los elementos perturbadores y los lugares “de perdición” como bares y tabernas, se lograría contar con una fuerza de trabajo feliz y leal.
Pero este aparente altruismo, también escondía una visión de negocio. Quería cerrar el ciclo de producción y consumo en su propio beneficio, de forma que todas las necesidades de los obreros quedarían satisfechas por la oferta Pullman (desde vivienda hasta alimentación u ocio), lo que permitiría que el dinero pagado por el trabajo realizado revirtiera de nuevo en la empresa a cambio de los servicios prestados.
Para localizar su ciudad, Pullman buscó suelos baratos y alejados de las zonas de fricción social, en los que poder crear ese microcosmos favorable a sus intereses, ya que el aislamiento en el que se encontrarían los trabajadores los alejaría de las corrientes reivindicativas y polémicas de los movimientos obreros. Además la proximidad entre centros de trabajo y alojamiento implicaría una mayor eficacia en la distribución del tiempo. Pullman Town quería ser un modelo de organización social y de rentabilidad.

La construcción de la Pullman Town.
Para levantar su Ciudad Pullman, en 1880, adquirió una gran extensión de terreno, algo más de 1.600 hectáreas al sur del centro de Chicago, cerca del lago Calumet. Estos terrenos se encuentran situados entre las actuales calles 103 y 115 y con los límites por el Este del ferrocarril (Illinois Central Railroad) y del lago Calumet por el Oeste.
Sobre el plano de Chicago de 1910, en rojo Pullman Town, en verde South Park, donde se celebró la Exposición Universal de 1893 y en  azul el sistema Chicago River-Illinois Canal
Allí se levantaría la sede principal de su empresa, con sus edificios administrativos y sus naves de producción, y acompañada de una urbanización completa para sus empleados, con todas las dotaciones que pudieran necesitar.
Pullman contrató a Solon Spencer Beman (1853-1914), entonces un joven arquitecto que sería uno de los representantes de la Primera Escuela de Chicago (aunque de los menos conocidos)
Es destacable también la aportación del paisajista Nathan Franklin Barret (1845-1897) en los espacios públicos (parques y jardines) y del ingeniero Benezette Williams (1844-1914) que se encargó de las infraestructuras.
El diseño la ciudad partía de las necesidades de la nueva planta industrial. Las conexiones con el exterior condicionaron parte de la estructura, tanto por vía terrestre a través del ferrocarril contiguo, como por vía marítima saliendo desde el Lago Calumet, que se encontraba conectado con el Michigan y desde éste, a través del sistema Canal del Erie-rio Hudson, con el mar.
Planta general. Las avenidas están orientadas al norte (a la izquierda aproximada de la imagen)
El centro dotacional con Arcade Park, el Mercado y el Hotel Florence. La parcelación residencial es similar en toda la urbanización. 
El trazado era una retícula que seguía las directrices marcadas por la planificación de Chicago, aunque se veía distorsionada en sus límites por la presencia de la línea de ferrocarril y del Lago Calumet. En su interior, las naves de producción y los principales edificios dotacionales ocupaban una posición central, quedando las viviendas en los extremos de la urbanización. Los espacios públicos fueron tratados con un alto componente paisajístico destacando  Arcade Park como lugar central. También se construyeron zonas comerciales y de ocio, iglesias, teatros, parques e incluso un hotel y una biblioteca. Todo presidido por el gran edificio central de la compañía. De la mano de Beman salieron los principales edificios y los modelos para las 1.300 viviendas iniciales.
Las primeras unidades se ocuparon en 1881 quedando la ciudad completada en 1884.
Arcade Park en una imagen histórica.

El año 1893 marcó el punto álgido de la ciudad. Chicago, con motivo de la Exposición Universal  celebrada ese año, se había convertido en el escaparate internacional de las nuevas ideas. Además de los avances tecnológicos y artísticos, desde allí también se mostraron al mundo tanto los planteamientos de la ciudad bella-ciudad blanca impulsados por Daniel Burham, como el nuevo modelo de asentamiento urbano-industrial, que representaba la ciudad de Pullman. Su proximidad a la Exposición hizo que fuera muy visitada, como una atracción más. La comunidad diseñada por Pullman se presentaba como una anticipación del futuro, innovadora e ideal, siendo muy elogiada y causando sensación en todo el país. Pullman recibió grandes aplausos por parte de la prensa del momento que alabó su visión y filantropía.
La población (los empleados de la compañía y sus familias) fue seleccionada con criterios de eficacia laboral y moralidad demostrada (hay que tener en cuenta el exacerbado puritanismo de Pullman). La ciudad llegaría a contar con 12.000 habitantes en 1893.
Las viviendas de Pullman Town, en sus primeros años y en la actualidad.
Pero tras esa fachada idílica se escondían fuertes tensiones que acabarían por explotar.
La ciudad imponía unas fuertes limitaciones a la libertad personal de los obreros, inmiscuyéndose también en las cuestiones privadas de su vida cotidiana. Pullman gobernó su ciudad como un señor feudal que la entendía como un nuevo negocio complementario, prohibiendo cualquier acción que pudiera plantearle conflictos. Se impidió la celebración de reuniones y discursos públicos o la existencia de periódicos independientes. Se revisaba regularmente el estado de las viviendas, su limpieza o su decoro, y el incumplimiento de las normas podía originar la rescisión de su uso. Los trabajadores abonaban regularmente el alquiler, así como los operadores que trabajaban en la ciudad. Todo era Pullman, y su omnipresencia quedaba manifestada en declaraciones de algunos de sus empleados: “nacimos en una casa Pullman, comemos lo que adquirimos en los comercios Pullman, aprendemos en la escuela Pullman, estudiamos catecismo en la iglesia Pullman, y cuando morimos, vamos al infierno Pullman”.
El edificio administrativo (Clock Tower)

La visión de Pullman se rompió en 1894 tras las violentas huelgas de sus empleados y de los sindicatos del ferrocarril.
A la Exposición Universal le siguió una depresión económica que llevó a Pullman a recortar puestos de trabajo y bajar salarios en sus empresas. Pero no hizo lo mismo con los precios de alquiler de sus viviendas o los de las tasas por los servicios prestados, llegando al caso de que si un obrero dejaba algún pago pendiente en alguna tienda, se le descontaba directamente de su sueldo. Los activistas más significados fueron despedidos para evitar su liderazgo.
Las condiciones se hicieron insostenibles y los trabajadores, que se habían integrado en un gran sindicato interestatal de ferroviarios, iniciaron una serie de huelgas que terminarían en episodios de gran violencia. La intransigencia de Pullman fue el detonante de una situación que se extendió por todo el país, aunque el centro sería Chicago. Allí se recibieron apoyos de otros trabajadores que se desplazaron desde otras partes del país. La escalada de tensión aumentó hasta tal punto que, el entonces presidente de los Estados Unidos, Grover Cleveland, decidió enviar al ejército para sofocar la sublevación. Fue una discutida decisión que acabó con más de 30 muertos y cuantiosos daños materiales.
El conflicto acabó en el Parlamento, donde una comisión federal estudió los hechos para determinar las responsabilidades. El dictamen de la comisión apuntaba al excesivo “paternalismo / prepotencia” de Pullman como una de las causas principales de la situación. Se le reprochó que se negara a negociar con los huelguistas, y más aún, cuando una investigación gubernamental posterior puso de manifiesto el tratamiento poco comprensivo que tuvieron con los empleados. Los problemas laborales de Pullman y sus consecuencias lo dejaron amargado hasta su muerte, ocurrida tres años después.
Cuando Pullman murió en 1897, todavía era objeto de fuertes rencores. De hecho, su entierro se realizó de noche, casi en secreto, y su tumba fue reforzada con plomo y hormigón para evitar que fuera profanada por los activistas laborales.
El final de Pullman Town como entidad independiente llegó un año después, cuando la Corte Suprema de Justicia de Illinois obligó a la compañía a vender sus propiedades urbanas, que pasaron entonces a integrarse administrativamente en el municipio de Chicago.
Hotel Florence

La ciudad Pullman hoy
Hoy Pullman Town da nombre a una de las Community Areas de Chicago (la número 50) y se encuentra protegida como un monumento histórico. En 2011 fue catalogada por la American Planning Association como uno de los 10 distritos históricos más destacables (Great Neighborhoods) entre todas las ciudades norteamericanas.
Algunos de los edificios originales (como el Hotel Florence o zonas de la Pullman Factory) han sido restaurados y convertidos en centros culturales donde se expone la peculiar historia de esta “ciudad”.

1 comentario:

  1. Acá te dejo un informe sobre Pullman,espero que te sirva en tu próximo viaje a Chicago

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