8 feb. 2014

El Interior en el Exterior: Terrazas en el espacio público de nuestras ciudades (1)

 “Terraza de café por la noche” (Vincent Van Gogh, 1888)
Uno de los temas controvertidos en la ciudad es la utilización de su espacio público para la actividad económica. Este asunto afecta desde a los conocidos parquímetros en las calles, hasta la instalación de kioscos o mercadillos, pasando por el arrendamiento de algún espacio singular para la celebración de eventos.
En esta línea, una de las cuestiones que más atención está suscitando actualmente es la proliferación de terrazas vinculadas a bares y restaurantes. Los ciudadanos las aprecian y desde siempre han gozado de un intenso uso en épocas favorables climatológicamente, pero algunas circunstancias sobrevenidas (como las derivadas de la ley anti-tabaco española) las está potenciando incluso en periodos teóricamente adversos. Muchas terrazas están perdiendo la temporalidad que las había caracterizado y están entrando a formar parte del mobiliario permanente de nuestras ciudades. Este hecho justifica la necesidad de repensar su implantación así como el adecuado diseño de las mismas.
El espacio público está poblado por múltiples y variados elementos que conforman un heterogéneo conjunto que conocemos como “mobiliario urbano”. Algunas de sus piezas son esenciales para la operativa del propio espacio, otras son importantes para mejorar la calidad de su uso, y también encontramos mobiliario, aparentemente menos trascendental pero con fuertes implicaciones sociales. En cualquier caso, todas repercuten en la imagen de la escena urbana. Y el diseño de las terrazas se está revelando como un reto pendiente.
Las terrazas han sido objeto de reflexión en el MADinUSAL (Máster en Arquitectura y Diseño Interior de la Universidad de Salamanca), dentro del Taller de Análisis de Tendencias dirigido por Carlos Lahoz y Luis Barrero, bajo el título “El Interior en el Exterior”.
En este primer artículo realizaremos un acercamiento general al mundo de las terrazas en el espacio público.
 

Hay un primer debate que suscita controversias. Es el que se refiere a la utilización del espacio público como generador de rentas. Las muestras son variadas, desde los parquímetros que suponen el pago por el aparcamiento de vehículos en las calles de los centros de las ciudades, hasta la implantación de concesiones para kioscos comerciales, mercadillos temporales o las propias terrazas vinculadas a cafés, bares o restaurantes. En algunos casos, y la experiencia norteamericana da buenos ejemplos, pueden alquilarse temporalmente espacios singulares de la ciudad para la celebración de determinados eventos  promovidos por empresas privadas (el Millenium Park de Chicago es todo un emblema ya que casi todos sus espacios cuentan con un “apellido “comercial y son alquilables con posibilidades muy variadas).
Los defensores de esta tesis argumentan que el arrendamiento de esos lugares genera unos ingresos complementarios a las arcas públicas que, en algunos casos, tienen importancia. Además ven en ello una importante animación de la vida ciudadana al potenciar negocios e intensificar el contacto interpersonal.
Pero también hay un sector beligerante con esa “privatización” de lugares, que opina que el espacio público debería contar con la máxima accesibilidad y libertad de uso, sin que existan cortapisas, aunque sean temporales.
En cualquier caso, hace ya mucho tiempo que los gobiernos municipales gestionan económicamente el espacio público de todos, con la aceptación mayoritaria de los ciudadanos. Por esta razón, el debate suele centrarse en los límites de esta utilización comercial. Y es un debate complejo ya que más allá de las cuestiones sobre la ocupación espacial, presenta conexiones con el mundo de la publicidad o con algunas actividades urbanas empresariales.
Pero, centrándonos en el mundo de las terrazas, también surge otro debate, que acepta su existencia, pero pone en cuestión su proliferación, su implantación concreta y su diseño, muchas veces poco meditados. La repercusión de estas instalaciones en el paisaje urbano, tanto en la dinámica de flujos urbanos como en la propia imagen del espacio, las ha situado en el centro de discusiones que exigen una atención especial a sus características. Más aún cuando muchas de ellas se están convirtiendo en una instalación permanente
El Taller de Análisis de Tendencias del MADinUSAL (Máster en Arquitectura y Diseño Interior de la Universidad de Salamanca) se ha enfrentado durante el curso actual al reto de realizar una investigación en torno a las principales problemáticas que han de abordarse para la instalación de espacios de actividad económica en el espacio público de la ciudad y establecer las bases y los criterios generales para su futuro diseño, centrando su mirada en el mundo de las terrazas.

Las terrazas, un espacio de éxito.
Aunque la utilización del espacio público con fines comerciales es algo habitual desde tiempos muy remotos, resulta curioso comprobar cómo las terrazas, en cierto modo, son consecuencia de de los hábitos generados por el consumo de un determinado producto: el café.
El árbol del café tiene su origen en la región abisinia (en la actual Etiopía) y la bebida elaborada a partir de sus frutos, con su peculiar sabor y efecto estimulante, gozaría (y goza) de un extraordinario éxito que la llevaría a ser extendida por todo el imperio musulmán. Uno de los aspectos más sorprendentes es que el café promovió su consumo acompañado, intensificando la costumbre de charlas más o menos reposadas entre personas, lo que requirió la creación de locales particulares para compartir dicha bebida. Estos locales son las cafeterías, que ya eran numerosas en el Estambul del siglo XVI y en El Cairo, ciudad que llegó a contar en esa época con centenares.
Café Florian. Venecia.
A lo largo del siglo XVII, el consumo de café fue introducido  en Europa por mercaderes venecianos y poco a poco fue consolidándose una nueva tipología de local comercial inspirada en los ejemplos del mundo musulmán. Venecia comenzó a ofrecer espacios para el consumo de café desde 1645, y a partir de su extensión europea fueron abriendo lugares pioneros (y exclusivos) como el Queen's Lane Coffee House de Oxford en 1654 o el Café Procope  en 1686 en aquel París de Luis XIV. En Venecia la tipología evolucionaría desde aquel ocio selecto de las clases altas y de la burguesía, para convertirse en lugar de encuentro multisocial. En 1720, abrió en la Piazza San Marco el popular Café Florian. Aunque no se sabe a ciencia cierta si este establecimiento fue el primero en hacerlo, el caso es que el Café Florian prontó amplió” su superficie ocupando los soportales de las Procuradurías Nuevas en los que colocó mesas y sillas para disfrutar del espectáculo urbano de las vistas a la Basílica de San Marcos y el Campanile, sin olvidar también el interés social de la observación del devenir de los ciudadanos. Finalmente, dado el éxito de la iniciativa, también colonizaría parte del espacio exterior de la plaza. El interior de los cafés se expandía y creaba pequeños “salones” en el espacio público. El interior se trasladaba al exterior.
Posteriormente, ya en el siglo XIX, cafés históricos como los parisinos Les Deux Magots o  el Café De Flore popularizarían la terraza como un lugar de socialización gracias a las célebres tertulias que protagonizaron intelectuales de diversas épocas. Hay quien atribuye a aquellas cafeterías, unos papeles de información y comunicación social tan poderosos como el de la propia prensa.
No obstante, dado el atractivo que tenían para los ciudadanos, otros comercios hosteleros, como cervecerías o restaurantes, recogieron la iniciativa cafetera y fueron colonizando los espacios exteriores contiguos para dar servicio en sus terrazas.
Café Les Deux Magots. París.
En Madrid, la moda del café y su prolongación exterior nacería al amparo de una operación urbana que tuvo gran impacto comercial en la ciudad de la segunda mitad del siglo XIX: el Pasaje Matheu (la primera galería-calle comercial madrileña, inicialmente cubierta, que seguía la inspiración de otras europeas y que fue analizada en este blog dentro de la serie dedicada a la Puerta del Sol). En las dos entradas al Pasaje se ubicaron hacia 1870 dos cafés que, según parece, se encontraban enfrentados ideológicamente. Mientras que el Café de París acogía a monárquicos y conservadores, el Café de Francia, era el lugar frecuentado por revolucionarios y republicanos. Los dos establecimientos colocaron en su exterior sendas terrazas que iniciaron un camino que sería seguido por otros muchos cafés, bares y restaurantes hasta configurar uno de los rasgos característicos de la ciudad. Porque Madrid dispone de un clima favorable que permite una temporalidad prolongada y también cuenta con una sociedad que aprecia en gran medida las actividades al aire libre.
Más allá de esa prolongación natural de cafés, bares y restaurantes en sus accesos, las terrazas han ido evolucionando hasta constituir, en algunos casos, una tipología independiente que se desvinculaba de la existencia de un local interior al que daría servicio. Este modelo, estrechamente vinculado con el acto de “tomar copas” (actividad que evita instalaciones complejas de cocina y normativas mucho más estrictas) marcó una tendencia en el Madrid de los últimos años del siglo XX, con la instalación de múltiples terrazas, por ejemplo en el Paseo de la Castellana, que llegaron a caracterizar un estilo de vida y ocio nocturno que proyectó a la ciudad como un lugar de gran vitalismo en las últimas horas del día y parte de la noche.

Consideraciones iniciales sobre implantación, usos y regulaciones.
Habitualmente las terrazas están vinculadas a establecimientos interiores a los que complementan, convirtiéndose en una extensión exterior de los mismos. Su implantación es uno de los primeros temas a considerar. De partida, esto implica a la selección del lugar, por lo general contiguo, o al menos próximo, al local matriz del que dependen. A continuación  afecta a sus dimensiones de ocupación, que deben ser compatible con el uso normal del espacio público. Y más allá de esta convivencia con la propia calle o plaza donde se instalan, también es importante atender a la repercusión que tienen en el paisaje urbano (sobre todo en cuestiones de imagen, ruidos, etc.)
Las terrazas pueden reducirse a una modesta instalación de unas pocas mesas y sillas en una acera de una calle, delante del establecimiento al que sirve. A veces se instalan en estrechas aceras que ofrecen condiciones de dudoso atractivo por la proximidad de los coches que circulan por la calzada, pero a pesar de eso, funcionan. Estas sencillas “colonizaciones” pueden ir acompañadas de sombrillas para la protección solar. En algunas calles y plazas, la presencia de múltiples bares o restaurantes hace que estas instalaciones básicas se unan sin solución de continuidad con la única distinción de un determinado tipo de mesa, silla, o color. Esta situación en continuidad es habitual en muchas de las grandes plazas y calles de nuestras ciudades, creando áreas de gran atractivo ciudadano para el ocio.
Pero frente a las instalaciones elementales encontramos también terrazas mucho más sofisticadas en la delimitación de su espacio, que puede estar cubiertas, ofrecer música, climatización, iluminación propia, disponer de mobiliarios complementarios o incluso servicios de aseo propios. Hay terrazas que se implantan en construcciones prefabricadas, a veces modulares o con diseños específicos. Las posibilidades se van multiplicando.
Las terrazas suelen ser instalaciones temporales, porque cuentan con un horario comercial y también porque aparecen en las épocas de buen tiempo climático. Esta temporalidad ha sido uno de los rasgos que las han definido, pero en la actualidad, la duración de su estancia se ve alargada tanto en sus horarios, debido a la gran variedad de oferta (desde restauración hasta ocio nocturno), como en su estacionalidad, ya que algunas de ellas se han convertido en una instalación permanente en el espacio público.
Las terrazas acogen actualmente una gran variedad de propuestas de uso, lo cual supone un incremento de las necesidades tradicionales y una mayor variedad dentro de las posibilidades de su diseño. En ellas se suele beber, pero también comer. Se fuma (especialmente como consecuencia de la ley anti-tabaco promulgada en España) y también se lee, se charla, se observa o simplemente se espera a una cita. También ahora se puede descubrir gente trabajando con sus ordenadores o dispositivos móviles, o disfrutando con ellos de su tiempo de ocio (aprovechando la Wi-Fi gratuita que ofrecen muchos locales) pero, en general, las terrazas suelen acoger el ocio socializado, concretado fundamentalmente alrededor de la conversación. En definitiva, las terrazas mantienen las señas de identidad de aquellos antiguos cafés, aunque trasladadas en este caso, al espacio exterior de la ciudad.
Todo ello lleva a que la regulación de las terrazas sea uno de los temas que preocupan. Su éxito suele ir acompañado de la crítica del vecindario que suele sufrir la intensidad de uso, particularmente por la noche. El horario, el ruido o incluso el aforo y, por supuesto, la imagen o la necesidad de un decoro en su mantenimiento suelen ser temas regulados por ordenanzas municipales que pretenden compatibilizar el disfrute ciudadanos del espacio público con la vida ordenada de los vecinos.

Mobiliario dentro del mobiliario (urbano).
Consideramos a las terrazas como un elemento de mobiliario urbano, y por eso puede resultar paradójico que su “interior” esté caracterizado por la presencia de mobiliario, en este caso doméstico, aunque un tanto particular.
En esencia son mesas y sillas. Eventualmente acompañadas por otros elementos que pueden dar sombra, iluminación o climatización en caso necesario. Esas mesas y sillas, con su diseño específico y con el de sus complementos de menaje (comenzando por los manteles, si existen, y sus colores hasta llegar a cristalerías, servilletas o cojines) repercuten el paisaje urbano en el que se implantan.
En el inicio, prácticamente la mayoría de las terrazas ofrecían como mesa el modesto velador, aquella mesita auxiliar de un solo pie, y habitualmente de tablero circular, que servía para apoyar las velas e iluminar las estancias de las viviendas. Con la llegada de la luz eléctrica a los hogares, el velador pasó a convertirse en un pequeño mueble de apoyo para tomar el café o el té con las visitas. Esa versatilidad le llevó a convertirse en el gran protagonista de las terrazas exteriores de bares y restaurantes. De hecho, en muchos lugares, las terrazas reciben el nombre de “veladores”.   
No obstante, el mobiliario interior de las terrazas ha tenido una gran evolución que ha conllevado una importante variedad en sus elementos. La oferta de estilos, formas y materiales es muy amplia, en muchos casos vinculada con otro campo de amplio desarrollo actual: el mobiliario de jardín. Su condición de exterioridad habitual implica unas condiciones particulares en su conformación, no obstante suelen ser comunes los diseños modulares, ergonómicos, su manejabilidad y sus posibilidades para ser apilados y ocupar menor espacio de almacenamiento (ya que son recogidos-desmontados en horario no comercial). El estilo del mobiliario suele marcar el estilo general de la terraza y de allí incluso se puede deducirse una cierta selección en la clientela que acude.
Como se ha comentado, en la actualidad muchas terrazas son espacios sofisticados en los que el mobiliario básico de mesas y sillas (o sillones) suele completarse con piezas de iluminación, climatización, delimitación, cubriciones, etc. de los que también existen amplios catálogos de posibilidades (sin entrar en el mundo de las infinitas posibilidades del menaje).

Generalidades sobre el diseño de terrazas en el Espacio Público.
Ciertamente, las nuevas circunstancias están produciendo una nueva generación de terrazas cuyo impacto en el espacio urbano es superior al de las tradicionales. Por ello se reclama una mayor atención a las propuestas de diseño, tanto por parte de los propietarios que quieren diferenciar su espacio frente a la proliferación de la oferta, como por parte de ciudadanos y gestores municipales, que priman cuestiones de calidad y compatibilidad con el uso del resto del espacio público.
La delimitación de la terraza es un tema esencial. Lo es desde el punto de vista privado del propietario, porque su ocupación determinará el canon que deberá pagar al municipio en compensación por la concesión de espacio público. Y también es importante desde la óptica del público, ya que las terrazas determinan de forma muy importante el espacio urbano en el que se instalan y sus recorridos posibles. Pero aquí nos referimos fundamentalmente a su delimitación espacial, a su configuración arquitectónica. El hecho de que las terrazas tengan un cerramiento, desde el básico con, por ejemplo, jardineras o celosías hasta propuestas más elaboradas con paneles, mamparas, cortinas en las que surgen muchas posibilidades materiales (madera, vidrio, plásticos, textiles, etc.). También el hecho de que dispongan de cubierta, e incluso de un suelo específico son cuestiones principales para la configuración arquitectónica del espacio.
La construcción modular, con madera o metal, suele ofrecer caminos interesantes para la creación de espacios en los que albergar la terraza. En algunos casos las terrazas llevan incorporados espacios auxiliares como aseos, cocinas o barra de bar. Para el diseño espacial es fundamental conocer su condición de temporalidad o de instalación permanente. De allí se deriva la importancia de conceptos como la flexibilidad.

Humidificadores para regular climáticamente las terrazas en verano
Las nuevas terrazas, que pretenden prolongar su utilización más allá de los meses favorables del verano, se plantean objetivos mucho más ambiciosos. Por ejemplo, el confort ambiental, que se está convirtiendo en otro de los objetivos del diseño de las nuevas terrazas. La protección del sol en verano se está complementando con regulaciones térmicas (tanto en verano con humidificadores como en invierno con calefactores), con protecciones frente al viento o la lluvia, etc. En esta línea algunas de las nuevas terrazas se están implicando con la sostenibilidad medioambiental regulando sus sistemas de iluminación, seleccionando los materiales de construcción o de recogida de residuos. Algunas compatibilizan su misión principal con la de convertirse en soportes publicitarios, en sus sombrillas o en sus cerramientos. El mantenimiento de las terrazas es otro de los aspectos que está potenciando, es particular temas de limpieza o de seguridad, así como la eliminación de barreras arquitectónicas.

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