11 ago. 2014

La ciudad como metáfora: Berlín de Lou Reed

Junto a las ciudades materiales, de piedra, acero, ladrillo u hormigón, emergen inseparables otras inmateriales que se conforman con historias, sueños, tópicos, recuerdos y otras cuestiones etéreas. En ocasiones, estas ciudades intangibles pueden adquirir más fuerza en el inconsciente colectivo que las reales, proyectando una poderosa imagen simbólica que transforma a la ciudad en una metáfora.
Berlín, es uno de esos casos. Durante una época fue una ciudad símbolo. Dividida en dos partes enfrentadas, la ciudad doble era la herida desgarrada a la que recurrieron muchos artistas como metáfora de la desesperanza, de la decadencia, del desengaño, de la falta de futuro. Pero además contaba con un sector occidental muy atractivo para una juventud que buscaba una vida bohemia y alternativa, alimentando nuevas metáforas.
Por todo ello, Lou Reed situó en Berlín su obra más oscura, trágica y dura, donde transcurrían dos vidas condenadas, perdidas en una decadencia insoportable. En 1973, publicó su tercer álbum en solitario: “Berlin”, un disco angustioso, cuyo inicial fracaso comercial no impidió que se convirtiera en una obra de culto. Lou Reed nunca lo interpretó completo en directo, hasta treinta y tres años después, en 2006, cuando Julian Schnabel dirigió un film-concierto sobre la obra, que originaría una película y un nuevo disco.

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La ciudad como metáfora
Una metáfora es una figura literaria que consistente en aplicar una palabra o una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no se refiere literalmente, con el fin de sugerir una comparación y facilitar su comprensión. Por ejemplo cuando decimos que el átomo es un sistema solar en miniatura.
En nuestro mundo urbano, encontramos que junto a las ciudades materiales, de piedra, acero, ladrillo u hormigón, emergen otras inmateriales que se conforman con sueños, tópicos, recuerdos y otras cuestiones etéreas. Estas ciudades intangibles conviven con las palpables en una unión indisoluble y, en muchas ocasiones, sus componentes espirituales tienen más fortaleza que los concretos.
Por eso, la imagen proyectada por algunas ciudades se rodea de una aureola mítica, capaz de transmitir un mensaje rotundo que se convierte en una seña de identidad reconocible. Y en unos pocos casos, el mensaje es tan poderoso que la ciudad real casi desaparece para convertirse en una imagen simbólica, aunque a veces pueda resultar simple y tópica (sin matices o tonos intermedios), que permite convertir la ciudad en una metáfora.
La ciudad transformada en una metáfora, se convierte en un elemento significante, casi literario, que puede asociarse a otros, o incluso a sustituirlos en caso de similitud.
Berlín, es uno de esos casos. Durante una época fue una ciudad símbolo. Dividida en dos partes enfrentadas por El  Muro, que separaba oriente y occidente, el comunismo del capitalismo, la ciudad doble era una analogía de los contrarios irreconciliables. Berlín era la herida desgarrada a la que recurrieron muchos artistas como metáfora de la desesperanza, de la decadencia, del desengaño, o de la falta de futuro. Y también era una cierta Meca que atrajo a una juventud que buscaba una vida bohemia y alternativa, alimentando nuevas metáforas.

¿Por qué Lou Reed escogió Berlín?
Lou Reed sentía que algo no le satisfacía en su carrera, buscaba algo sin encontrarlo. El éxito del “Transformer” de 1972 lo estaba identificando como integrante del glam rock, junto a su amigo David Bowie, y esa imagen no le gustaba. Lou Reed se veía más como un cronista del lado salvaje de la vida que experimentaban seres urbanos descarriados. Añoraba sus tiempos de The Velvet Underground, y en aquel año 1973 decidió recuperar el experimentalismo que lo había caracterizado en sus primeros años.
Para ello, abordó la composición de un álbum unitario y conceptual, en el sentido de que todos los temas se hilvanan para narrar una historia (algo en la línea, aunque sin serlo, de las ópera rock o de algunas obras del rock progresivo). Y en ese nuevo proyecto, contaría una historia terrible de drogadicciones, maltratos, infidelidades y más entre dos amantes: Jim (un yonqui estadounidense) y Caroline (una prostituta alemana). Y Berlín, sería el escenario perfecto para esos dos personajes, que deambulan por la vida cuesta abajo hacia el precipicio. Ninguna otra ciudad hubiera prestado esa intensificación metafórica a dos mundos personales que luchan sin sentido y avanzan hacia la destrucción.
Berlín aportaba un plus de credibilidad al drama. En 1973 continuaba la Guerra Fría y Berlín era un símbolo, una ciudad desgarrada por un infausto muro que separaba dos mundos antagónicos y una ciudad desesperanzada en la que la reconciliación parecía imposible. Además, en su sector occidental era una ciudad escaparate que era subvencionada por las potencias aliadas y en la que resultaba fácil vivir sin esfuerzo. Esta circunstancia, de lugar donde todo se amplificaba y donde la permisividad y la libertad eran emblemas frente a los vecinos comunistas, fue atrayendo a una cierta juventud de muchos lugares, que acudían a Berlín como a una especie de Meca artística donde poder desarrollar una vida alternativa y bohemia. Berlín occidental se pobló con muchos jóvenes que buscaban una libertad que no habían encontrado en sus lugares de origen. Berlín era un mito, un símbolo y por eso era el escenario-metáfora escogido por muchos artistas para subrayar sus mensajes. No solo músicos como Lou Reed, sino también cineastas como Win Wenders, quien llevó a la capital alemana sus historias sobre ángeles y humanos, aprovechando esa capacidad metafórica de la ciudad para remarcar las ideas que quería transmitir (por cierto, en su segunda película (In weiter Ferne, so nah!, ¡Tan lejos, tan cerca!), Win Wenders incorpora a Lou Reed al reparto, como un guiño, a la obra que comentamos).

La ciudad de Berlín ya había sido una referencia locacional para una canción compuesta por Lou Reed para su primer LP en solitario. Berlin era una canción más o menos ingenua (dentro de lo ingenuo que podía ser Lou Reed) en la que tras esbozar una escena feliz se produce una añoranza de la misma.
En este tercer LP, Lou Reed  la recuperaría para centrar el escenario de la acción, pero, la canción sería transformada en un sentido muy revelador. Los seguidores del artista fueron conscientes al escucharla de que la canción original había sido amputada y arreglada de nuevo con un objetivo muy claro. La primera composición es una canción melancólica, en la que tras una breve puesta en circunstancias, el protagonista se dedica a recordar con melancolía los buenos momentos pasados junto a una chica. En la revisión de la canción, más breve porque elimina toda la referencia evocadora (y por eso la mayor parte de la letra es suprimida) Lou Reed se limita a proporcionar un lugar para el desarrollo de la obra. Y de acuerdo con el nuevo propósito, los arreglos se transforman para sintonizar con el drama que va a comenzar, impregnándose de los matices simbólicos que le llevaron a situar la acción del drama en la capital alemana.

Berlín, el disco maldito de Lou Reed
En palabras del crítico musical Rafa Cervera, “Berlin” cuenta la historia de “dos amantes condenados el uno al otro en una ciudad dividida que se convirtió en la metáfora de su propia decadencia”.
Berlin” incluye diez canciones:
  1. Berlin                                                        3:23
  2. Lady Day                                                 3:40
  3. Men of Good Fortune                            4:37
  4. Caroline Says I                                        3:57
  5. How Do You Think It Feels                     3:42
  6. Oh, Jim                                                     5:13
  7. Caroline Says II                                       4:10
  8. The Kids                                                   7:55
  9. The Bed                                                    5:51
  10. Sad Song                                                 6:55

Para la grabación de “Berlin”, Lou Reed contó con unos colaboradores de lujo, comenzando por Bob Ezrin, que se situó al piano y se encargó de la producción del disco (aportando un cierta opulencia “wagneriana”), y siguiendo con Jack Bruce (el mítico bajista de Cream), Aynsley Dunbar (batería entre otros de Frank Zappa, Journey, Jefferson Starship o Whitesnake), Steve Hunter (qué decir del guitarrista capaz de crear la Intro del Rock’n’Roll Animal de Lou Reed), Tony Levin (el extraordinario bajista que participó en King Crimson y que es un fijo en las formaciones de Peter Gabriel), o el mismo Steve Winwood entre otros.
El resultado fue impecable, pero quizá el público no estaba preparado para una obra tan cruda. Quizá estaban sorprendidos de que aquel Lou Reed, al que recordaban maquillado junto a David Bowie paseando su imagen manierista y afectada del glam, fuera capaz de virar el rumbo tan radicalmente y mostrara esa  oda a la degradación y a la autodestrucción que es “Berlin”.
En “Berlin”, Lou Reed reelaboró algún material previo logrando sintonizarlo con el espíritu dramático de la obra. Es el caso, por ejemplo, de la ya comentada primera canción de la obra, Berlín, que había aparecido en su primer LP y es quizá, con sus amputaciones y cambios sonoros la que anuncia el diferente rumbo de este tercer álbum. El caso de Oh, Jim es similar, ya que su inspiración se encuentra en Oh, Gin composición (aunque no grabada) de la época de The Velvet Underground.  Lo mismo sucede con Caroline Says (II) y su antecedente Stephanie Says (un descarte grabado en 1968 que sería incluido en el álbum recopilatorio que se editó en 1985: “VU”). También con las canciones Sad song y Men of Good Fortune que no llegaron a aparecer en discos de The Velvet Underground pero si fueron tocadas en directo (de lo que queda alguna prueba “pirata”)
Pero si en la época de The Velvet Underground, Lou Reed visitó los lugares oscuros con una música distorsionada, oscura (“terrorismo sonoro”, según algunos, que ven en temas como White Light / White Heat de 1968 una Biblia Negra del rock), en “Berlin”, la visita al lado salvaje se realiza desde el lirismo. Las canciones del disco tienen estructura, ritmo, melodía y cuenta con grandes arreglos que las convierten en piezas memorables. El caos enfrentado con orden, quizá la única forma de realizar una incursión en los infiernos con éxito, pudiendo volver para contarlo.

La obra arranca con ese Berlin, revisado (amputado y ennegrecido) como un fondo sonoro caótico en el que una ruidosa reunión, con gritos, va dejando paso a un coro lejano que canta el “happy birthday”. Una supuesta reunión feliz, que realmente indica un amargo comienzo para la tortuosa relación entre los dos protagonistas: Jim es un estadounidense, drogadicto, proxeneta y maltrador;  Caroline es una prostituta alemana, también enganchada a las drogas y con varios hijos a su cargo. El cumpleaños intuido en esos primeros compases de la obra se entenderá después como el comienzo del fin.
Con Lady Day comienza la acción, presentando  a los personajes. En este tema se describe a la protagonista, que se nos revela como una mujer de personalidad inestable y con problemas (“Lady Day” era el nombre con el que también se conoció a la cantante de jazz Billie Holiday, cuya vida no fue precisamente un camino de rosas). Acto seguido, Men of Good Fortune hace lo mismo con Jim, un desheredado de la vida, que la mira con desidia desde su drogadicción.
En  Caroline Says (I) se muestra la difícil relación establecida entre esas dos almas perturbadas. Ella humilla e insulta a Jim, quien acepta el trato desde una dependencia que puede tener más que ver con la indolencia que con el amor. A pesar de ello, es una canción relativamente vital y, hasta cierto punto, alegre. How do you think it feels relata los cambios de humor de Jim, quien apoyado en las drogas se rebela contra la situación anunciando la violencia doméstica que se evidenciará más adelante. La caída a los infiernos continúa con Oh, Jim donde se narran los reproches, los odios, los maltratos, que marcan la deriva fatal de la relación.
Caroline Says (II) señala el inicio de la debacle vital. El contraste con la primera parte resulta evidente, aquella alegría contenida se transforma en tristeza desbordada. La violencia doméstica, la drogadicción, la prostitución van apareciendo como el relato del fracaso, en una secuencia de impotencia y desgana. (Es conocida la historia que narra como una inconformista adolescente llamada Olvido Gara, que se movía por el Madrid alternativo de finales de los setenta, escuchó en esta canción que “todos sus amigos la llaman Alaska" y escogió este nombre como nueva identidad artística, con la que haría historia dentro de la música española).
Con The Kids, se alcanza un dramatismo sobrecogedor, cuando Caroline pierde la custodia de sus hijos. No es una buena madre, porque le achacan su drogadicción, su promiscuidad  (con numerosos amantes, incluso del mismo sexo) y en general al caos que rodea su vida. Los hijos son llevados por las asistencias sociales. Los gritos y lloros de los niños son desgarradores y la apatía del desbordado e incapaz Jim hace presentir el trágico destino de la protagonista. Con esta canción el álbum llega a su clímax de angustia infernal, presagiando el terrible futuro que se avecina, con una Caroline derrotada.
En un salto sobre la secuencialidad de los hechos (el suicidio de Caroline, sobrepasada por las circunstancias), The Bed es el retrato de la ausencia dolorosa y terrible. Jim observa la cama que compartían, sobre la que ella se cortó las venas y en la que aún persisten restos sanguinolientos.
Y finalmente, Sad song insiste en el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue, desde la más absoluta derrota de un Jim desazonado y sobrecogido por las circunstancias.

“Berlin” fue, inicialmente, un fracaso comercial. Buena parte de la crítica y del público no comprendieron el golpe en la mesa que Lou Reed había querido dar y su carrera se llegó a poner en cuestión. Pero en diciembre de 1973, actuaría en el  Howard Stein's Academy of Music de New York y con parte de dicho concierto se editaría, en febrero del año siguiente, “Rock 'n' Roll Animal”, obra que alcanzaría un gran reconocimiento internacional (que incluía el Lady Day del “Berlin”). En paralelo, la discográfica RCA le estaba presionando para que preparara un nuevo álbum de estudio, con material que pudiera ser mejor aceptado por el público. Lou Reed volvió la vista a sus composiciones de la época Velvet y el resultado fue ”Sally Can't Dance”, publicado en agosto de 1974. Con esas dos obras volvió a situarse en la senda del éxito.

Berlín de Lou Reed: un film-concierto y un disco en directo.
En 2006, 33 años después de la grabación original de Berlín, Lou Reed presenta por primera vez la obra completa en directo. En esta ocasión cuenta con la dirección escenográfica del pintor y director de cine Julian Schnabel que quiere realizar una película sobre la obra y ha convencido al músico.
Durante varias noches de diciembre de ese año, los conciertos dados en el St. Ann's Warehouse de Brooklyn (Nueva York) fueron grabados y acabarían tomando forma en la película “Lou Reed’s Berlin” dirigida por Schnabel y en un disco en directo, “Berlin: Live at St. Ann's Warehouse”
(La película puede verse completa en youtube)
Schnabel va incorporando capas visuales sobre la base principal que aporta la música interpretada por Lou Reed y el amplio elenco de colaboradores. La puesta en escena tiene como telón de fondo una representación simbólica de la sórdida habitación de hotel que compartían Jim y Caroline, definida a partir de una deteriorada pintura de texturados rodillos chinos. Sobre esa pared, a veces oscura, se superponen imágenes agitadas, a veces parpadeantes, a veces sólidas, en las que la hija del director, Lola Schanabel proyectó secuencias mudas con escenas inconexas de los protagonistas, con Caroline, interpretada por una estupenda Emmanuelle Segnier. Alejandro Garmendia (cuñado de Schnabel) aportó también imágenes de una de sus obras para complementar la canción The Bed, a partir de unos surreales muebles “voladores”.
Lou Reed contó con diferentes músicos para la interpretación en directo, particularmente con el excelente Steve Hunter a la guitarra (quien ya estuvo en la grabación original de 1973), su inseparable Fernando Saunders al bajo, Tony "Thunder" Smith a la batería, Rupert Christie en los teclados, Rob Wasserman con el bajo doble,  Sharon Jones y Antony Hegarty en las segundas voces, el Brooklyn Youth Chorus o varios instrumentistas de orquesta (y Bob Ezrin, que aparece en escena como director de orquesta).
El film-concierto va desgranando los diez temas de Berlin, con una interpretación revisada en la que Lou Reed canta, recita, o grita sobre una poderosa base musical, para finalizar con tres bises. El primero es Candy Says la canción del tercer álbum de The Velvet Undeerground de 1969, cantando a dúo con Antony (Antony Hegarty, el cantante de Antony and the Johnsons). El segundo es Rock Minuet del álbum Ecstasy, publicado por Lou Reed en 2000. Y por último, acompañando los títulos de crédito, Sweet Jane, el mítico tema que apareció en el “Loaded” de la Velvet, su cuarto disco de 1970, y que se ha convertido en uno de esos hitos inseparables de Lou Reed, especialmente desde aquel magistral “Rock’n’Roll Animal”.
La película, titulada Lou Reed’s Berlinfue presentada durante 2007 en varios festivales fuera de sus respectivas competiciones, como el Festival de Venecia (en la sección “Horizontes”), el Festival de San Sebastián (en la en la sección informativa Zabaltegi), el Festival Internacional de Cine Toronto o el Thessaloniki International Film Festival. En 2008 fue estrenada al público en general.
Finalmente, el concierto apareció en disco, también en 2008, con el título Berlin: Live at St. Ann's Warehouse”.

Cinco años después, en 2013, Lou Reed nos dejaría para siempre. Con “Berlin”, Lou Reed había ido a buscar en el fondo del pozo y con ello consiguió alcanzar la más alta de las cumbres.



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