13 feb. 2016

El modelo original de la ciudad-jardín (Garden City).

Letchworth Garden City fue la primera ciudad-jardín.
El siglo XIX fue prolífico en la proposición de modelos alternativos a la denostada ciudad industrial y posliberal. El último de ellos, nacido con el cambio de centuria, protagonizaría la siguiente.
Ebenezer Howard presentó su idea de la ciudad-jardín en 1898. En ella recogía parte de la tradición residencial inglesa para fundamentar sobre la misma un modelo urbano y territorial para el futuro de las ciudades, aunque su objetivo principal era la reforma de la sociedad. Howard, que no era arquitecto, reivindicó una nueva organización social, planteó diagramas y distribuciones, propuso fórmulas de gestión y financiación, y definió una estrategia de implantación; pero, no se limitó a establecer sus bases teóricas, él era un hombre de acción y se puso en marcha para hacer realidad su sueño. Para ello contó con la trascendental colaboración inicial de Raymond Unwin y Barry Parker, quienes materializarían la utopía: en 1904 se inició, en el norte de Londres, Letchworth, la primera ciudad-jardín.
La difusión internacional y el éxito de la idea fueron formidables. Y, a pesar de que se fueron produciendo hibridaciones con otras visiones e interpretaciones que desvirtuaron el original, la ciudad-jardín se convertiría en uno de los modelos urbanos esenciales en la ciudad del siglo XX.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Los problemas urbanos del Londres de la segunda mitad del siglo XIX.
Londres ya era una gran ciudad a mediados del siglo XIX, pero durante la segunda mitad de la centuria, su crecimiento demográfico fue explosivo. Pasó de 1.995.846 residentes en 1851, a 4.670.177 en 1901, duplicando su población; y si nos fijamos en las cifras del “Gran Londres”, el aumento fue desde los 2.286.609 habitantes hasta los 6.226.494, prácticamente el triple.
El Imperio británico y su Londres victoriano habían alcanzado la cúspide. La capital de la principal potencia mundial había fundamentado su predominio en una industria innovadora y floreciente que le permitió erigirse como centro financiero internacional y referente del comercio mundial. Todo ello conllevó una gran prosperidad que atrajo a una ingente masa de emigrantes de muchos lugares, como reflejan las cifras comentadas anteriormente.
La primera consecuencia fue la inevitable expansión urbana, ya que la mayor parte de los nuevos residentes tuvieron que aposentarse en las periferias de la ciudad, ampliando considerablemente el área londinense. Los transportes públicos (principalmente el ferrocarril, tanto de superficie como subterráneo) facilitaron que la ocupación territorial de la capital británica pasara de tener un radio de cinco kilómetros a contar con uno de quince. Pero hubo una segunda derivada trascendental producida por ese hecho: la imperiosa necesidad de viviendas. La gran demanda puso en marcha un proceso de construcción acelerado que mezcló, en muchos casos, el desarrollo especulativo con una baja calidad de los edificios, principalmente en los casos destinados a alojar a la clase obrera. Ciertamente hubo urbanizaciones exteriores bien ejecutadas, pero su destino eran las clases pudientes (como Bedford Park). Desgraciadamente, esa no fue la norma, y las urbanizaciones precarias (con problemas de muchos tipos, entre ellos de salubridad) se convirtieron en focos de enfermedades que propagaron epidemias variadas por toda la ciudad. Esto creó una situación general de alarma que hizo que las autoridades tomaran cartas en el asunto para intentar reconducir la situación.
En 1888 se constituyó el London County Council (LCC) entre cuyas atribuciones estaría la de velar por el desarrollo urbano de la capital y su entorno. En paralelo, la ciudad se convertiría en un tema de discusión en círculos intelectuales y artísticos que alumbrarían desde la denuncia social (la literatura de Dickens es un ejemplo) hasta propuestas de todo tipo para mejorar el modo de vida (entre las que destacarían muchas que reivindicaban la vida en el campo como alternativa). En este contexto comenzarían a cuajar ideas y proyectos, entre los que destacaría la reflexión de un polifacético personaje, Ebenezer Howard, quien publicaría en 1898 un estudio en el que explicaba su solución para los problemas de las ciudades y la forma de abordar el crecimiento urbano: las denominadas “ciudades-jardín”.
Publicidad de la década de 1920 sobre Welwyn Garden City expresando las bondades de la ciudad-jardín.

El modelo de ciudad-jardín (Howard, Unwin y Parker).
Ebenezer Howard (1850-1928), no era un planificador urbano sino un reformador social. Peter Hall, en su libro “Ciudades del Mañana”, defiende esta tesis diciendo que “el mayor error es que lo consideran un planificador físico, ignorando que sus ciudades jardín eran sólo el medio para reconstruir la sociedad capitalista convirtiéndola en una infinidad de sociedades cooperativas”. Su utopía propugnaba una “tercera vía” social y política que pretendía alejarse del capitalismo y del socialismo convencional para proponer un modelo de convivencia basado en el colectivismo, la organización local y el autogobierno. Esto se manifestaba en un nuevo modo de hábitat, otra “tercera vía” que perseguía la unión de las bondades del campo y de la ciudad, y que sistematizaba la implantación territorial de las ciudades a partir de la adición estructurada de núcleos limitados y autónomos.
Esas ideas estaban en sintonía con la tradición utopista del siglo XIX, que buscaba alternativas a la ciudad existente (desde las de Fourier, Owen, Cabet o el resto de los llamados “socialistas utópicos” hasta propuestas como la Ciudad Lineal construida en Madrid por Arturo Soria). Para concretar su visión, Howard recogió la arraigada tradición anglosajona de vida en contacto con la naturaleza (practicada sobre todo en los entornos rurales) y la reelaboró desde una óptica original. En esta línea, ya se habían producido algunas aproximaciones anteriores, más intuitivas que reflexivas, y que no fueron más allá de ser actuaciones concretas sin aspiraciones de generalidad, como Birkenhead y sus viviendas en el parque, desarrolladas en 1843 por Joseph Paxton; o Riverside, planificada en 1868 por Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux en Chicago. Por cierto, que es muy probable que Howard, que residió en Chicago entre 1872 y 1876, conociera la propuesta de Olmsted y se viera influido por ella.
Howard publicó en 1898 un libro denominado “To-morrow: A Peaceful Path to Real Reform” (Mañana: una vía pacífica hacia la reforma social) en el que exponía su propuesta habitacional y organizativa. La buena acogida de sus ideas llevó a la reedición del texto en 1902, apareciendo entonces con el que sería su título definitivo para la posteridad: Garden Cities of tomorrow. (Versión española “Las ciudades jardín de mañana” en “Orígenes y desarrollo de la ciudad moderna”, Ed. Gustavo Gili, Barcelona 1972).
Ebenezer Howard. Diagrama nº 1 de la ciudad-jardín, expresando la teoría de los tres imanes.
En su libro, Howard comenzaba desarrollando su teoría de los “tres imanes” reflejando como el primero (la ciudad victoriana), era un lugar problemático pero que ofrecía oportunidades; mientras que el segundo (el campo) ofrecía aire puro y naturaleza, pero escasas posibilidades de desarrollo. El tercero (la ciudad-campo) emergía como la cuadratura del círculo, reuniendo lo mejor de cada uno de los anteriores. Esta nueva ciudad soñada sería una entidad autogobernada y contaría con unas dimensiones limitadas (unas 32.000 personas en un recinto urbano de unas 400 hectáreas dentro de un entorno verde de unas 2.000 hectáreas).
Ebenezer Howard. Diagrama nº 2 de la ciudad-jardín. La ciudad y su entorno (32.000 habitantes para unas 2.000 hectáreas)
En la ciudad convivirían fábricas con áreas residenciales y con los equipamientos necesarios, pero todo adecuadamente distribuido para evitar perturbaciones (Howard dibujó esquemas explícitos).
Ebenezer Howard. Diagrama nº 3 de la ciudad-jardín, mostrando un sector circular con la distribución de la ciudad.
Como decimos, la ciudad solamente podría crecer hasta alcanzar el límite establecido y, en ese momento, se instaría la fundación de otra similar en otro lugar. Todas esas ciudades se ordenarían territorialmente y se conectarían a través de eficaces infraestructuras de transporte (ferroviario y por carretera).
Ebenezer Howard. Diagramas nºs 4 y 5 de la ciudad-jardín, comparando el crecimiento habitual (desordenado) con el propuesto para las ciudades jardín (ordenado).
El resultado final sería un gran sistema urbano descentralizado en gran medida (no obstante, los primeros análisis de Howard aplicaban su teoría al entorno de Londres, y planteaban las ciudades-jardín como satélites respecto a la posición baricéntrica de la capital).
Ebenezer Howard. Diagrama nº 7 de la ciudad-jardín. Esquema de implantación territorial y relación con la ciudad central.
Había nacido la ciudad-jardín como concepto. Howard, que no era arquitecto, definió los principios que debían guiar su construcción y fijó el modelo a seguir para implantarlas territorialmente. No obstante, como hemos comentado, estaba menos interesado en la forma física de la ciudad que en el proceso social que la definía. Pero desgraciadamente para él, su “revolución social” quedaría relegada y, muy pronto, cayó en el olvido, sepultada tras el éxito de la propuesta residencial. La “forma” anuló el “fondo” y la ciudad-jardín acabaría siendo gestionada como cualquier otra actuación inmobiliaria. Fue el primer golpe que desvirtuó el modelo original, pero no sería el último, como veremos más adelante. En cualquier caso, para la cultura urbanística, el gran legado de Howard fue la creación de un modelo completo, urbano y territorial, que se postulaba como alternativa al desarrollo de las ciudades, y que sería trascendental a lo largo del siglo XX: la propuesta urbana acabaría convirtiéndose un exitoso estilo de vida aspiracional y su planificación territorial influiría en la estrategia de crecimiento de muchas grandes urbes que optaron por implantar núcleos-satélite en su entorno.
Interpretación del esquema de la ciudad-jardín tipo. Estructura vial.
Interpretación del esquema de la ciudad-jardín tipo. Estructura de las zonas verdes.
Interpretación del esquema de la ciudad-jardín tipo. Estructura de la edificación.
Para promocionar su modelo, Ebenezer Howard constituyó en 1899 la Garden City Association (esta asociación sigue en funcionamiento, aunque su denominación actual es Town and Country Planning Association, TCPA). Desde esta organización, impulsaría la construcción de los primeros ejemplos. Para su materialización inicial colaboró con dos arquitectos, que habían resultado vencedores en un concurso que convocó a tal efecto, y que resultarían fundamentales para la traslación del concepto a la realidad: Raymond Unwin (1863-1940) y Barry Parker (1867-1947).
Unwin y Parker, eran cuñados y se habían asociado profesionalmente en 1896 (una relación que duraría hasta 1914). Unwin había manifestado con anterioridad su preocupación por los temas sociales, llegando incluso a colaborar con la Liga Socialista británica. Además, se encontraba muy influenciado por la lectura de las obras de John Ruskin y William Morris, siendo un fervoroso seguidor del movimiento Arts and Crafts. En sus primeros años, el equipo había ido acumulando experiencia en construcciones suburbanas, cuestión que les había permitido madurar una serie de ideas acerca de cómo abordar el diseño urbano y arquitectónico de la periferia de las ciudades. De hecho, en 1901 publicaron el libro The Art of Building a Home y, entre 1902 y 1904, proyectaron el pueblo de New Earswick. Además, su bagaje les permitió organizar, en 1903, en Manchester, una exposición titulada Cottages near a Town. Por eso, su participación en la ciudad-jardín no se limitó a aplicar las ideas de Howard, sino que supuso una importante contribución a su definición morfológica (y arquitectónica). Unwin y Parker extrajeron elementos de la arquitectura popular, gestando una propuesta ciertamente pintoresca, con tintes medievales y aderezada con las influencias artesanales del movimiento Art and Crafts y las sugerencias compositivas de Camillo Sitte (1843-1903), quien en 1889 había publicado su influyente libro “Construcción de ciudades según principios artísticos".
El modelo, más o menos abstracto de Howard, cobró vida en manos de Unwin y Parker, quienes fijarían los principios formales de la ciudad-jardín: predominio de la vivienda unifamiliar con una amplia parcela para cada una, combinaciones de las mismas creando diversas agrupaciones o “unidades vecinales” (que generaban pequeñas placitas verdes, espacios semipúblicos, muy en la línea de los closes de la tradición anglosajona), trazados que mezclaban líneas rectas con otras curvas para adaptarse a los terrenos y propiciar perspectivas limitadas, predominio de la vegetación en la configuración de los espacios públicos, etc. La construcción de la primera ciudad-jardín aportó la imagen formal que sería la referencia morfológica del modelo. Unwin expondría sus ideas y experiencias en “Town Planning in Practice”, el influyente libro que publicó en 1909 (“Town Planning in Practice”, Ed. Parker, Londres, 1909. Versión española “La práctica del Urbanismo”, Ed. Gustavo Gili, Barcelona 1989)
Con el decidido impulso de Howard y el apoyo financiero de diferentes socios, se emprendió la realización del modelo en el entorno de Londres. En 1904, comenzó la construcción de Letchworth Garden City, la primera ciudad-jardín, planificada por Unwin y Parker. A esta actuación pionera le seguiría Hampstead Garden Suburb (1906), donde estos mismos autores aplicarían sus ideas para crear, no una ciudad, sino un nuevo barrio londinense, que llamarían suburbio-jardín (en este caso promovido por la filántropa Henrietta Barnett). Pocos años después, en 1919, nuevamente Ebenezer Howard pondría en marcha su segunda ciudad-jardín: Welwyn Garden City, planificada en este caso por Louis de Soissons.
Letchworth Garden City. Plan de Barry Parker y Raymond Unwin.

Letchworth Garden City (1904), la creación de un modelo formal.
Letchworth fue la primera ciudad-jardín construida a partir del modelo propuesto por Howard e impulsada por él mismo. Para ello, en 1903, constituyó una empresa (First Garden City Limited) en la que integró a socios interesados en la operación inmobiliaria y seleccionó (y compró) unos extensos terrenos de unas 1.600 hectáreas, situados a poco más de cincuenta kilómetros al norte de Londres, que estaban bien comunicados con la capital tanto por carretera como por ferrocarril. Pero el nacimiento de Letchworth presentó enormes dificultades financieras, que impusieron modificaciones en la estrategia de inversión (y que pusieron en cuestión las ideas cooperativas de Howard), aunque, a pesar de eso, Letchworth sería finalmente una realidad.
Para el diseño de la ciudad contrataría a Raymond Unwin y a Barry Parker quienes presentaron la planificación en 1904. El plan de Unwin y Parker recogía, en cierto modo, la sugerencia de los diagramas de Howard adaptándolos a la realidad topográfica de la zona y a sus propias ideas urbanas (como hemos dicho, los arquitectos tuvieron un peso muy importante en la definición formal del modelo). El planteamiento de la ciudad es aproximadamente radioconcéntrico (parecido a los diagramas de Howard) con bulevares que convergen en el gran espacio central, todo ello con un predominio “verde”. Pero si el trazado recuerda a la hipótesis inicial, no sucedió así con otras cuestiones. Por ejemplo, no se logró cumplir con parte del programa de equipamientos principales y se incrementó considerablemente la proporción residencial (para la que Unwin y Parker diseñaron viviendas, y agrupaciones de las mismas, que marcarían una impronta para el futuro). Estas circunstancias pondrían en cuestión la pretendida fuerza de atracción de la nueva ciudad frente al campo y a la metrópoli.
Letchworth Garden City. Postal histórica.
Aunque, desde el punto de vista del modelo original de Howard, Letchworth dejaría bastante que desear, lo cierto es que acabaría siendo un desarrollo exitoso comercialmente, aunque tardó muchos años en consolidarse (su población fue creciendo lentamente y, en la actualidad, ronda los 30.000 habitantes, tal como había previsto Howard). En cualquier caso, a pesar de haber sido despojado de su revolucionario contenido social, de muchas de sus claves de gestión, y de una parte sustancial de su programa de usos, Letchworth supondría la creación de un modelo formal para la ciudad-jardín, que sería la base para los siguientes desarrollos.

Hampstead Garden Suburb (1906), la renuncia a la autonomía urbana.
Poco después del arranque de Letchworth, Henrietta Barnett, una filántropa de la alta burguesía inglesa, que llevaba tiempo como benefactora de diferentes instituciones y que soñaba con la creación de una comunidad ideal, decidió promover un nuevo barrio en Londres, que se apoyaría en la ciudad-jardín.
La extensión del metro londinense hacia el noreste (hasta Golders Green) proporcionó una gran accesibilidad a unos terrenos de su propiedad que, además, fueron ampliados con la compra de varias fincas del entorno. Su primera intención era cederlos al LCC para la creación de un parque, pero cambió de idea gracias, en parte, a la lectura de los escritos que Raymond Unwin había ido publicando sobre su trabajo, en los que reflexionaba sobre las posibilidades de las nuevas comunidades, en las que habría mezcla de clases y se posibilitarían adecuadas relaciones de vecindad entre personas. Convencida de ello, Henrietta Barnett constituyó, en 1906, una compañía (Hampstead Garden Suburb Trust Limited) que promovería las aproximadamente 100 hectáreas de las que disponía en los altos de Hampstead, en el Londres septentrional.
Hampstead Garden Suburb. Plan inicial de Barry Parker y Raymond Unwin.
Hampstead Garden Suburb pretendía ser un escenario ideal de integración social para todas las clases. Su planteamiento debía alejarse de las monótonas extensiones que caracterizaban las periferias de las principales urbes industriales inglesas de finales del siglo XIX y, por supuesto, no debía tener nada que ver con las congestionadas e insalubres áreas centrales. La planificación del nuevo barrio sería encargada también a Raymond Unwin y a Barry Parker, quienes aplicaron sus ideas a un marco diferente, porque Hampstead Garden Suburb no nacía como una ciudad autónoma, sino como un crecimiento en continuidad, como un nuevo barrio de la capital, cuestión que sería una diferencia fundamental con el modelo de Howard.
El nuevo barrio residencial tomaría la apariencia formal de ciudad-jardín, con una densidad edificatoria que pretendía garantizar el carácter urbano sin perder el contacto directo con la naturaleza, dando prioridad a los espacios libres verdes y desarrollando un extenso catálogo de agrupaciones de vivienda, que se convertiría en referencia para el futuro.
Hampstead Garden Suburb. Detalle del centro urbano.
Hampstead Garden Suburb. Ortofoto actual del centro urbano.
El modelo original recibió nuevos “golpes” (ya había perdido su carácter revolucionario) porque la pretendida autonomía urbana se desvanecía y se demostraba que la filosofía formal de la ciudad-jardín era perfectamente aplicable a los crecimientos suburbanos residenciales, sin necesidad de plantear limitaciones. No serían los últimos, ya que, además, su carácter, casi exclusivamente residencial, también negaba la deseada programación de usos mixtos y, por su fuera poco, el éxito comercial de la operación impidió el cumplimiento de la motivación social inicial, ya que Hampstead se fue consolidando como residencia de clases acomodadas.
Despojada de su visión territorial, de su autonomía, de su limitación, de su programación de usos o de su orientación social, la ciudad-jardín caminaba hacia su reducción conceptual, que la llevaría a convertirse simplemente en sinónimo de un estilo de vida vinculado a la vivienda unifamiliar con parcela, integrada en conjuntos de baja densidad caracterizados también por el predominio de la vegetación en los espacios urbanos.

Welwyn Garden City (1919), hacia la codificación del modelo.
Welwyn sería la segunda ciudad-jardín impulsada por Ebenezer Howard, a unos veinte kilómetros al norte de Londres. Howard crearía otra sociedad específica (inicialmente Second Garden City Limited y, a partir de 1920, Welwyn Garden City Limited) que reuniría capital de numerosos accionistas para promoverla, siendo la mayoría hombres de negocios que buscaban rentabilidad económica.
Welwyn Garden City. Plan inicial de Louis de Soissons.
El arquitecto Louis de Soissons (1890-1962) sería el responsable de planificar la nueva ciudad. Soissons planteó un trazado aprovechando parte de los caminos existentes, adaptándose a las peculiaridades topográficas de los terrenos, e incluso protegiendo algunos de los árboles más significativos. Su propuesta inicial tendría cierta inspiración beauxartiana, aunque la realidad final presentaría diferencias respecto del plan original. Son particularmente interesantes las múltiples disposiciones que Soissons diseñó para las agrupaciones vecinales. El carácter de las propuestas de Unwin y Parker (más cercanas a la reinterpretación del espacio entre casas de campo) se convirtieron en Welwyn en ejercicios más sofisticados y variados, mostrando las posibilidades, más “urbanas”, de agregación de las viviendas pareadas y en hilera.
Welwyn Garden City. Detalle del plan inicial para el área de “The Quadringle” y “Handside Walk”
Welwyn Garden City. Variaciones sobre el tema de la agrupación de viviendas desarrolladas por Louis de Soissons.
Welwyn iniciaría el proceso de “codificación” del modelo de ciudad-jardín que quedaría reducido a la sistematización de unas cuantas claves, principalmente formales, que se repetirían en las numerosas urbanizaciones residenciales de baja densidad realizadas, sobre todo, en el periodo entreguerras.
(Welwyn volvería a la primera plana urbanística cuando, en 1948, se designó su ampliación dentro de la estrategia de las New Towns de posguerra).

La evolución del modelo de ciudad-jardín.
El éxito en el ámbito británico fue extraordinario, pero la ciudad-jardín también tendría una formidable propagación internacional. La intensa actividad de la Garden City Association de Howard recibió un espaldarazo con la Town Planning Conference, organizada en 1910 por el RIBA (Royal Institut of British Architects) con la intensa colaboración de Raymond Unwin. Esa reunión animaría la fundación en Londres, en 1913, de la International Garden Cities and Town Planning Association que, presidida por Ebenezer Howard, acabaría transformándose en una federación de las numerosas asociaciones y movimientos generados en torno a la ciudad-jardín en otros países. Esta institución continúa actualmente su actividad bajo el nombre de International Federation for Housing and Planning (IFHP).
Pero la exitosa difusión de la idea de ciudad-jardín conllevaría muchas interpretaciones del modelo original, que irían perdiendo buena parte de los fundamentos fijados por Howard y también de las referencias establecidas por Unwin y Parker. Garden-City se convirtió en una etiqueta de éxito comercial y fueron muchas las urbanizaciones que imitaron su apariencia formal pero no el espíritu (la denominación de ciudad-jardín adquirió un gran prestigio d impulsó enormemente la venta de viviendas). A pesar de esto, y aunque tampoco pueda hablarse de un movimiento unitario, las diferentes versiones de los núcleos suburbanos inspirados en la ciudad-jardín (mayoritariamente residenciales) sí mantendrían un denominador común expresado en una densidad media-baja, con una importante presencia de zonas verdes y un cierto pintoresquismo general
Posters publicitarios de la época anunciando las bondades de las nuevas ciudades-jardín de Letchworth y Welwyn.
La gran acogida de las ideas de Howard haría proliferar los ejemplos en otros países, particularmente fértil fueron los Estados Unidos, con muestras tan tempranas como Forest Hills Gardens en Nueva York (Queens) según el diseño que Frederick Law Olmsted Jr. realizó en 1909 o la paradigmática Radburn, en Nueva Jersey, proyectada por Clarence Stein y Henry Wright en 1923.
A lo largo de la centuria se irían produciendo hibridaciones del modelo con otras tendencias emergentes. Es particularmente interesante la revisión de la ciudad-jardín realizada por el Movimiento Moderno. En ella, los primeros racionalistas (especialmente los alemanes) incorporarían los avances estilísticos, tipológicos y tecnológicos del funcionalismo, así como la visión desde una óptica social. Pueden reseñarse significativos casos en ciudades como Frankfurt (con el “Nuevo Frankfurt” de Ernst May, desarrollado entre 1925 y 1930), Stuttgart (con la Weissenhof de 1927) o Berlín, con las siedlungen construidas durante la República de Weimar (seis de las cuales fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 2008).
Tras la Segunda Guerra Mundial, la influencia llegaría hasta las New Towns construidos en Gran Bretaña y en otros países europeos. También puede rastrearse el influjo en las urbanizaciones de viviendas unifamiliares de la segunda mitad del siglo (construidas, la mayoría de las veces, para las clases más acomodadas) e, incluso, en la filosofía suburbial del sprawl, aunque en estos últimos casos el alejamiento de las ideas originales sería cada vez mayor.

Con todo, a pesar de la adulteración del modelo original, y generalizando sus múltiples versiones, puede decirse que la ciudad-jardín se convirtió en uno de los modelos urbanos esenciales en la ciudad del siglo XX.

4 comentarios:

  1. Es muy interesante y útil. El tema no es conocido y aquí nos muestra detalles. Gracias.

    ResponderEliminar
  2. Resulta bastante interesante estos, puntos sería bueno que incluyeran ahora la intervencion de los juegos olimpicos y sus influencias y legados

    ResponderEliminar
  3. Excelente aporte y muy bien detallado. Super útil para saber uno de los principios urbanisticos posterior a la revolución industrial. Gracias.

    ResponderEliminar
  4. Excelente aporte para saber los inicios del urbanismo posterior a la revolución industrial.

    Gracias.

    ResponderEliminar

urban.networks.blog@gmail.com