12 mar. 2016

Burdeos y Toulouse: capitales del sur de Francia y rivales legendarias.

Burdeos, ciudad de piedra. Toulouse, ciudad de ladrillo.
Burdeos (Bordeaux) y Toulouse son las dos ciudades principales del Mediodía francés. Su rivalidad es legendaria y cuenta con múltiples manifestaciones (culturales, deportivas, sociológicas, económicas, históricas, etc.). Las divergencias pueden comenzar por la orientación atlántica de Burdeos o la vocación mediterránea de Toulouse, para continuar en su diferente base económica, en los distintos materiales (y colores) que configuran las ciudades, etc. Pero también existen muchos paralelismos como, por ejemplo, que ambas ciudades se encuentran bañadas por el mismo rio, el Garona (Garonne), uno de los ríos importantes del sur de Francia, o que las dos cuentan con puertos fluviales (aunque a una escala muy diferente).
Analizar Burdeos y Toulouse en paralelo, nos permitirá descubrir con mayor nitidez las características que conforman la identidad de cada una de ellas.


-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Toulouse y Burdeos son las dos ciudades principales del sur francés y mantienen una rivalidad ancestral que tiene múltiples manifestaciones. Cada ciudad tiene su personalidad y sobre ella fundamentan sus discrepancias, pero también tienen muchos puntos de común. Analizar las ciudades en paralelo nos mostrará oposiciones y confluencias diversas, permitiéndonos descubrir con mayor nitidez las características que conforman la identidad de cada una de ellas.
Toulouse es la capital del departamento de Haute Garonne y de la región de Languedoc-Roussillon-Midi-Pyrénées. El municipio cuenta con 440.000 habitantes que ascienden en el área metropolitana hasta las 1.117.000 personas. Por su parte, Burdeos (Bordeaux) es la capital del departamento de la Gironde y de la región Aquitaine-Limousin-Poitou-Charentes. Cuenta con 250.000 habitantes en su núcleo urbano, que ascienden a un millón en su área metropolitana. Toulouse y Burdeos son, respectivamente, la cuarta y sexta ciudades francesas por población. El rio Garona une ambas urbes y esta unión proporciona el nombre otorgado a los encuentros deportivos entre los equipos de ambas ciudades: el Garonnico, o derby del Garona.

El rio Garona (y sus canales vinculados).
El rio Garona (Garonne) es uno de los grandes cauces del sur de Francia, aunque nace en España. Sus fuentes se encuentran en los Pirineos centrales, en el Valle de Arán, y desde las cumbres inicia un recorrido de 647 kilómetros hasta su desembocadura en el océano Atlántico.
En su curso recoge el agua de muchos afluentes que van aumentando su caudal.  Entre ellos pueden destacarse el río Ariège, el río Tarn o el río Lot. Ya cerca de su desembocadura, aguas abajo de Burdeos, el Garona recibe la contribución del rio Dordoña (Dordogne), creando un estuario muy amplio y largo, de unos 100 kilómetros de longitud y que tiene un nombre propio: la Gironde.
Recorrido del rio Garona, desde los Pirineos hasta el Atlántico.
El Garona une nuestras dos ciudades: Toulouse recibe al rio en su curso alto, mientras que Burdeos lo hace en su parte final. Pero no es el único cauce fluvial que conecta las dos urbes, porque el sur francés cuenta con una red de canales que fueron construidos con la intención de unir el mar Mediterráneo con el océano Atlántico. Este sueño había sido una aspiración desde hacía mucho tiempo: unir las costas francesas de los dos mares, evitando el largo y peligroso viaje que cruzaba el estrecho de Gibraltar.
El primero fue el Canal du Midi (Canal del Mediodía) que permitió a Luis XIV hacer realidad ese deseo de conexión. El canal se construyó entre 1666 y 1681 bajo la dirección del ingeniero Pierre-Paul Riquet con la denominación inicial de Canal Real del Languedoc. Unía la ciudad de Sète, en la orilla mediterránea, con Toulouse, en el interior, desde donde el camino navegable continuaba por el propio rio Garona hasta el océano. No obstante, la dificultad de mantener la navegabilidad en el rio recomendó la construcción de un nuevo canal: el canal lateral del Garona (Canal latéral à la Garonne). Este nuevo cauce, de 193 kilómetros, fue construido entre 1838 y 1856, uniendo Toulouse y Castets-en-Dorthe, cerca de Burdeos. El conjunto de los dos canales sería conocido como Canal de los Dos Mares (Canal des Deux Mers).

El Ducado de Aquitania frente al Condado de Toulouse, Atlántico y Mediterráneo.
Desde tiempos remotos, el sur de la actual Francia ha mostrado dos vertientes bien diferenciadas. El sector occidental es una región atlántica, mientras que los territorios orientales muestran una clara vocación mediterránea.
Los propios romanos en su estructuración de la Galia lo reconocieron así y crearon dos entidades diferentes: la Gallia Aquitania y la Gallia Narbonensis. La Narbonense, era territorio romano desde que en el año 123 a.C. fue conquistado e incorporado al imperio (inicialmente con el nombre de Gallia Transalpina). La Galia Narbonense se encontraba intensamente romanizada y era gobernada desde Narbo Martius (Narbona) (Tolosa era entonces una modesta colonia del interior, que no alcanzaría protagonismo hasta la caída del imperio). Esta provincia romana quedaba estructurada por la Vía Domitia, que comunicaba el norte de Italia con la provincia Tarraconensis, y por la vía que partiendo de la Domitia se dirigía hacia el norte, hacia Lugdunum (Lyon) y el limes renano. Por su parte, la Gallia Aquitania, fue constituida por el emperador Augusto en el año 27 a.C. reuniendo los territorios situados al sur del rio Garona (aunque acabaría extendiéndose hacia el norte, hasta el rio Loira). La construcción de la via Aquitania, que conectaba Narbona con Burdigala (Burdeos) a través de Tolosa (Toulouse) ejercería de eje estructurante del territorio aquitano y acabaría apoyando a Burdigala que se convertiría en su capital a partir del siglo III.
Tras un periodo turbulento de invasiones bárbaras, en el año 418, con el objetivo de mantener la paz, el emperador romano Honorio cedió a los visigodos la región occidental, la Galia Aquitana y la ciudad de Tolosa (y su entorno) que pertenecía a la Narbonense. Los visigodos acabarían desvinculando el territorio del poder de Roma (ampliándolo hasta el Mediterráneo y renombrándolo como Septimania), y designarán a Tolosa como su nueva capital.
Mapa de Francia en 1154, con el sur francés dividido entre el Ducado de Aquitania y el Condado de Toulouse.
Tolosa sería conquistada en el año 507 por los francos, dando paso a la división del territorio en dos entidades que el rey Clodoveo realizó para sus hijos. El periodo fue muy turbulento y los territorios se segregaban y anexionaban constantemente. Finalmente, en el occidente nacería el Ducado de Aquitania y en el oriente el Condado de Tolosa. Así, la distinción realizada por los romanos entre la Galia “mediterránea” y la Galia “atlántica se mantendría durante siglos.
Fundado en el siglo VIII, el Condado de Tolosa mantuvo su autonomía durante varios siglos, aunque tuviera que rendir vasallaje a diferentes reinos. Toulouse sería la capital de este territorio, a pesar de encontrarse en su extremo occidental. Por eso, aunque la ciudad estuviera en una posición central entre los dos mares, siempre basculó hacia el mediterráneo. En esa región se producirían enfrentamientos con el reino de los francos, con los ingleses o con el Reino de Aragón, allí surgiría la herejía cátara, las cruzadas albigenses y toda una serie de acontecimientos que protagonizaron la historia medieval. En el siglo XIII, concretamente en 1271, la muerte sin descendencia del último conde supuso la anexión del territorio a Francia, lo que significó un gran paso para la construcción de la nación francesa moderna.
Por su parte, el Ducado de Aquitania nacería vinculado a los reyes francos en el siglo VII. En 1152, el matrimonio de la duquesa Leonor de Aquitania con Enrique de Plantagenet, duque de Normandía y conde de Anjou, supondría un cambio radical para el Ducado, porque en 1154, Enrique se convirtió en Enrique II, rey de Inglaterra. En consecuencia, el Ducado quedaría integrado en la Corona inglesa durante varios siglos, concretamente hasta 1453, fecha en la que concluyó la Guerra de los Cien Años (1337-1453), que enfrentó a Francia e Inglaterra, con la victoria francesa. El Ducado quedaría anexionado a Francia perdiendo definitivamente su autonomía.
La gran reforma administrativa del territorio francés realizada en 2014 (que ha entrado en vigor desde el 1 de enero de 2016) vuelve a confirmar esta doble realidad. En el occidente meridional se ha constituido la región denominada provisionalmente L'Aquitaine-Limousin-Poitou-Charentes mientras que el territorio suroriental se ha agrupado bajo el nombre de Languedoc-Roussillon-Midi-Pyrénées.
La reforma administrativa de Francia realizada en 2014 recupera las dos vertientes del mediodía francés (en color las regiones modificadas y en gris la que permanecen sin cambios)

Burdigala y Tolosa, ciudades romanas.
El sur de Francia estuvo habitado desde tiempos ancestrales como demuestran los descubrimientos arqueológicos (en Lascaux, por ejemplo). En los entornos de Burdeos y de Toulouse se crearon modestos asentamientos galos, alguno de los cuales estaban destinados a ser los núcleos principales de cada territorio: Burdigala y Tolosa. No obstante, ambos cayeron en poder de los romanos, quienes los refundarían con su característico modelo de colonización.
La Tolosa romana se trazó como una ciudad colonial nueva, rechazando los asentamientos galos preexistentes y seleccionando otro emplazamiento. Hay que tener en cuenta que el rio Garona, después de recibir las aguas del rio Ariége, reduce su velocidad favoreciendo el depósito de bancos de arena y grava que afloran en esa zona. Esta circunstancia facilitó el vado del rio, y favoreció la aparición de pequeños poblados galos en su entorno, aunque los romanos buscaron su propia ubicación.
Toulouse. Trazas de la Tolosa romana sobre el plano actual de la ciudad.
La Tolosa romana se trazó como una ciudad colonial, un damero apoyado en sus dos vías principales: el cardo y el decumano. El cardus maximus la recorría de norte a sur enlazando la puerta norte (Porterie, en la Place du Capitole) y la puerta sur, la Puerta Narbonesa (        que se encontraba en la zona del Palacio de Justicia). El decumanus maximus conectaba la puerta oriental (Saint-Étienne) con la occidental (de la Daurade). El conjunto formaba un rectángulo cuyas dimensiones eran de 33 actus (entre las puertas norte y sur) y de 26 en la perpendicular, aunque el cruce no se producía en la mitad sino en el punto 10/16 (10 actus a la Porte de la Daurade y 16 a la Porte de Saint-Étienne). El cruce de las dos vías principales marcaba la ubicación del, centro urbano, del fórum (en la actual Place Esquirol). Durante el periodo medieval las vías rectas romanas fueron deformándose. Hoy el cardus queda recordado por el trazado de las calles Saint-Rome, des Changes y des Filatiers. En cambio, del decumano principal queda poco rastro, más o menos paralelo a la actual rue de Metz.
Burdigala fue conquistada por los romanos hacia el año 60 a.C. y comenzó a florecer una ciudad que llegaría, en el siglo III, a ser la capital de la Galia Aquitania, momento a partir del cual se reconfiguró con un importante desarrollo urbanístico y monumental de la ciudad.
Burdeos. Delimitación de la ciudad romana (Burdigala) en el siglo III y su pequeño puerto sobre una ortofoto actual.
La traza del burdeos histórico todavía recuerda la de aquella lejana Burdigala e incluso el modesto puerto interior de la misma se reconoce en la disposición de las calles. El recinto seguiría aproximadamente las actuales Cours de l’Intendence (aunque las murallas estaban entre esta vía y el eje paralelo Rue de la Porte Dijeaux/Rue Saint-Rémi), Rue des remparts, Cours d’Alsace-et-Lorraine y el rio. El puerto romano es “recordado” por el trazado de calles como Rue Parlement Sainte-Catherine o Rue du Cancera. No sucede lo mismo con los restos arquitectónicos, quedando escasos restos del anfiteatro o Palais Gallien como único testimonio de aquella época.

Ciudad de piedra (Burdeos) frente a ciudad de ladrillo (Toulouse).
Hasta que los sistemas de transporte se convirtieron en un medio ágil, capaz, seguro y suficientemente asequible, el traslado de mercancías era complicado y el desplazamiento de pesados materiales de construcción era prácticamente inviable. En consecuencia, hasta ese momento, la arquitectura utilizaba los materiales de su entorno próximo. Esto, además de abaratar costes, facilitó la integración arquitectónica dentro del paisaje circundante y favoreció la creación de identidades rotundas, proporcionadas por la homogeneidad de los elementos utilizados.
Piedra y ladrillo son algunos de los materiales más frecuentes de la arquitectura tradicional, pero mientras que la piedra es ofrecida por la naturaleza, el ladrillo es un material producido por el ingenio humano, espoleado por la ausencia de aquella. Afortunadamente, las regiones carentes de piedra suelen contar con la presencia de arcillas, base para la fabricación de ladrillos.
Toulouse, la ciudad roja, es una ciudad de ladrillo.
Toulouse es una ciudad de ladrillo. De ladrillo rojo. De ahí procede su apelativo como “la ciudad roja”. El entorno de Toulouse es uno de esos lugares en los que no abundaba la piedra, aunque las llanuras aluviales del rio Garona proporcionaban una gran cantidad de arcilla. Toulouse dispondría de numerosas tejerías en las que se modelaban las piezas y se secaban. La arcilla tolosana dota de un característico color rojizo a los ladrillos que, por otra parte, tienen unas dimensiones particulares (42 x 28 x 5 cm.) e, incluso, un nombre propio, brique foraine, o brique toulousaine.
Burdeos es una ciudad de piedra. La piedra de Burdeos (“pierre de Bordeaux” o Calcaire à Astéries”) es una roca caliza que se formó en el Oligoceno, hace treinta millones de años (en el periodo Terciario Rupeliense). En aquella lejana época, la región aquitana estaba bajo un mar de aguas cálidas y poco profundas que propiciaron una gran diversidad de formas de vida. En la gran cuenca sedimentaron los esqueletos minerales (carbonato cálcico) de los organismos, para formar una gran base pétrea que, tras la desaparición de los mares, presentó abundantes afloramientos. Gracias a ello, en la región bordelesa, se fueron instalando numerosas de canteras, dando origen a una industria de extracción, tanto a cielo abierto como subterránea, especialmente en la zona de Entre-Deux-Mers.
La piedra de Burdeos (“Calcaire à Astéries”) y su color amarillo pajizo (con la evolución contaminada hacia gris) identifica a la ciudad.
Como todas las calizas, la piedra es sencilla de tallar por lo que es una buena base escultórica además de ser un gran material de construcción. Pero, además, esa piedra es un tanto particular. Su color original varía entre rubio claro y crema, pero, con el tiempo, conforme envejece expuesta al aire (y a la contaminación atmosférica), va evolucionando hacia tonos superficiales grises de diferente oscuridad, que le proporcionan una personalidad muy identificable. Ese color amarillento claro es el color característico de Burdeos, aunque mezclado con la evolución a grises. No obstante, el Ayuntamiento está promoviendo la limpieza de la piedra para recuperar los colores originales de la ciudad.

Toulouse medieval, Burdeos ilustrado.
Las dos ciudades divergen en sus momentos de esplendor. Toulouse destacaría en la época medieval y en la moderna, mientras que Burdeos lo haría durante el periodo ilustrado y también durante el siglo XIX. En ambos casos, los monumentos dan testimonio de ello.
Toulouse fue una importante ciudad medieval. Pronto saltaría las murallas romanas e iría creciendo más allá del recinto con la aparición de varios arrabales próximos a las puertas. Por el norte se fue conformando el arrabal de Saint-Sernin, por el sur el arrabal de Saint-Michel, por el este el de Saint-Étienne, y por el oeste, al otro lado del rio, surgiría el suburbio de Saint-Cyprien. El primero de todos sería el más importante, sobre todo gracias a la construcción de la iglesia de Saint-Sernin, la segunda iglesia románica más antigua de Francia y uno de los emblemas de Toulouse, que se convertiría en una referencia del Camino de Santiago.
Basílica de Saint Sernin de Toulouse.
En 1140, Toulouse integró dentro de su recinto urbano el consolidado arrabal de Saint-Sernin. Esta ampliación medieval de la muralla recorrería los actuales bulevares de Strasbourg, Arcole, Lascrosses (parcialmente) y Armand Duportal (inicialmente sería de madera y desde el siglo XVI sería de ladrillo). También, en la otra ribera del rio el barrio de Saint-Cyprien sería protegido por un muro durante el siglo XIV, que se reforzaría en el siglo XVI. Con esta nueva fortificación, Toulouse tuvo tres recintos amurallados, el original galo-romano, el del siglo IV durante las invasiones bárbaras, y el definitivo recinto medieval.
Toulouse conserva el recuerdo de su esplendor medieval.
Además de la basílica de Saint-Sernin, Toulouse cuenta con otros grandes edificios medievales como el Convento de los Jacobinos de la Orden de los Hermanos Predicadores, que se comenzó a construir en 1230; la catedral de Saint-Étienne, que, iniciada en 1272, prolongaría su construcción hasta el siglo XVII; o el edificio del Capitole, sede del ayuntamiento se arrancó en 1190 (aunque su fachada neoclásica se incorporó en 1750).
Muralla medieval de Toulouse.
Respecto a Burdeos, la caída del imperio y los sucesivas saqueos y dominios alternos de diferentes pueblos medievales (vándalos, visigodos, merovingios, etc.) sumieron a la ciudad en un largo periodo de oscuridad. Tras una próspera etapa en la que el Ducado estuvo incorporado a Inglaterra, el territorio volvió a frenarse tras la reconquista francesa, pero a partir del siglo XVI, principalmente gracias al negocio del vino y al comercio con América, la ciudad iría recuperándose y en el siglo XVIII Burdeos alcanzaría su “edad de oro”.
Gran Teatro de Burdeos, inaugurado en 1780.
Durante esa centuria y gracias a la riqueza acumulada, los gobernantes de Burdeos iniciaron un proceso de “embellecimiento” de la ciudad que será modélico (de hecho, un siglo después, el Barón Haussmann, que fue prefecto de Burdeos, sería llamado al gobierno de París, donde aplicaría las ideas urbanas aprendidas en la ciudad del Garona). Así pues, la remodelación urbana de Burdeos y la arquitectura que se construyó en esa época se convertirían en una referencia para el resto del país. Intendentes como Claude Boucher y Louis-Urbain-Aubert de Tourny acometerían la gran transformación de una ciudad medieval en otra moderna. La ciudad, encerrada en sus murallas rompe definitivamente con su pasado. Nuevos espacios urbanos comienzan a definir la ciudad moderna, como la place Royale (actual place de la Bourse, plaza de la Bolsa, diseñada por Ange-Jacques Gabriel, entre 1730 y 17751, dotada de la espectacular arquitectura que serviría de modelo al resto del frente fluvial); la place Dauphine (actual place Gambetta); la de Saint-Julien (hoy Place de la Victoire); o la plaza de la Puerta de Bourgogne (Place Bir-Hakeim). Igualmente se trazan los grandes bulevares y avenidas como lugares para el paseo (destacando las Allées de Tourny, trazadas entre 1743 y 1757), o se levantan nuevas puertas, fuentes y jardines. La fortaleza de Burdeos, el Château Trompette, se demuele y su lugar se cede a la ciudadanía (la grandiosa Place des Quinconces). La ciudad se llena de arquitecturas suntuosas, como el Gran Teatro (Grand-Théâtre, obra de Victor Louis, construido entre 1773 y 1780), el Palais Rohan (Richard-François Bonfin, 1771-1784) y otros muchos “hoteles” particulares que van a consolidar la nueva identidad de la ciudad.
Burdeos. Edificaciones en el borde fluvial (con la vaporización procedente de la fuente de la Plaza de la Bolsa)
La revolución francesa y las guerras napoleónicas serían muy perjudiciales para la ciudad y no sería hasta la Restauración, cuando Burdeos volviera a prosperar. El siglo XIX, el siglo burgués volvería a posicionar a la ciudad en los puestos de privilegio.

Ciudades portuarias (aunque de diferente escala).
Se dice que Burdeos es una ciudad marítima con un mar de agua dulce, ya que su puerto es fluvial (aunque dispone de una gran amplitud de cauce). Ese calificativo puede sorprender porque la ciudad se encuentra a unos 100 kilómetros de la desembocadura, pero el rio es navegable para grandes buques hasta la propia Burdeos. Por eso es una ciudad atlántica, aunque no esté en la costa. Burdeos es, pues, un puerto de estuario, cuya actividad se remonta a tiempos lejanos, ya que su emplazamiento (en un cruce de vías terrestres, fluviales y marítimas) sedujo a numerosos pueblos. Allí se instalaron romanos, visigodos o normandos y la prosperidad de la ciudad y de su puerto, iría sufriendo altibajos en función de los periodos de paz o de conflicto. La incorporación de Aquitania a la Corona de Inglaterra en 1154 y, gracias a ello, la exportación de vino a las islas británicas, inició una brillante etapa para el puerto. Pero, a mediados del siglo XV, la reconquista francesa cortó los lazos con las islas y supuso un freno para el desarrollo portuario y urbano. El comercio colonial relanzaría su actividad. Con Luis XIV se crearían líneas regulares con Norteamérica y las Antillas, y Burdeos se convertiría en el primer puerto francés (y segundo del mundo tras Londres). A sus muelles llegaba café, cacao, azúcar o algodón que eran distribuidos a toda Europa. Y, por supuesto, estaba el vino, la estrella comercial del puerto (aunque también es reseñable su papel como importante puerto negrero durante aquella época).
Burdeos y la parte norte del antiguo Puerto de la Luna (en la imagen, el puente levadizo Pont Jacques-Chaban-Delmas, inaugurado en 2013, y las dársenas de Bassins á flot, que se encuentran en proceso de renovación)
Tras un periodo de estancamiento, a partir de 1860 el puerto de Burdeos relanzó su actividad y durante el siglo XX se iniciaría la modernización del mismo, con nuevos muelles y el acondicionamiento del canal de la Gironde. Durante la Segunda Guerra Mundial, la ocupación alemana convirtió al puerto de Burdeos en un puerto militar estratégico en el que, por ejemplo, se construyó una base submarina (en el barrio Bassin à flots). En la actualidad, el puerto de Burdeos (Bordeaux Port Atlantique), cuenta con siete terminales ubicadas a lo largo del estuario, desde la capital aquitana hasta la desembocadura (Le Verdon, Pauillac, Blaye, Ambès, Grattequina, Bassens y Burdeos), y que mueven entre 8 y 9 millones de toneladas de mercancías al año. Mientras tanto, el antiguo puerto urbano recibe escasos barcos y, los que atracan van llenos de turistas y no de mercancías. Por eso, los antiguos almacenes y espacios portuarios se han convertido en locales de ocio y espacio público para la ciudad.
Bordeaux Port Atlantique. Imagen de terminal de Le Verdon, junto a la desembocadura del Garona.
Paradójicamente, Toulouse, una ciudad de interior, también es una ciudad portuaria (aunque de otro nivel) y también sus muelles son fluviales apoyados en el rio Garona y en varios canales. Cabe insistir en la diferente escala con Burdeos que todavía se acentúa más cuando en la actualidad las instalaciones tolosanas son, prácticamente, un sistema vinculado al ocio.
Toulouse dispone de cuatro puertos. Los dos primeros están vinculados al rio Garona, uno en cada ribera. En la margen derecha está el Port de la Daurade, que cambió sus servicios de estibado por convertirse en el punto de partida de los barcos de paseo que realizan un recorrido por el rio y los canales contiguos. En la ribera izquierda, junto al barrio de Saint Cyprien se construyó el Port de la Viguerie que daba servicio al arrabal que fue creciendo en esa orilla desde la Edad Media (en la actualidad tiene prevista su remodelación según un proyecto del arquitecto Joan Busquets que se presentó en 2015 y prevé su conclusión en 2019). Los otros dos puertos forman parte del Canal du Midi. El Port de l'Embouchure se proyectó en 1861 como tramo final del canal antes de su desembocadura en el Garona, consistente en un gran estanque con descargaderos a ambos lados. El segundo puerto ubicado en el Canal del Mediodía es el Port Saint Sauveur y también disponía de muelles para el tránsito de mercancías, aunque hoy es uno de los aparcamientos de las barcas que recorren turísticamente el canal. El canal llegó a tener otros dos puntos de carga y descarga (el Port des Minimes y el Port Saint-Étienne) que han desaparecido.
Plano del Port de l’Embouchure.
Postal histórica del Port de l’Embouchure.

Agricultura frente a industria: El vino de Burdeos y los aviones de Toulouse.
Aunque las dos ciudades cuentan con industria y agricultura, el peso de estos sectores económicos es muy diferente en cada una de ellas. Burdeos fundamentó su prosperidad en la producción vitivinícola, mientras que Toulouse, sobre todo desde mediados del siglo XX, cimentaría su poder económico en la industria aeronáutica e informática.
Parece que el cultivo de la vid llegó a la región bordelesa con los romanos y que en el siglo I se producía vino con regularidad. No obstante, era una producción para el consumo local. La situación cambiaría con la incorporación del ducado de Aquitania a la Corona inglesa, ya que el vino de Burdeos comenzaría a exportarse a las islas con un enorme éxito. Aunque la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra frenó el comercio, el final del conflicto supuso el impulso definitivo para la internacionalización de los vinos de Burdeos (vins de Bordeaux). A ello contribuyó principalmente el considerable aumento de la actividad del puerto que llegó a ser una de las principales puertas francesas de comercio con el Nuevo Mundo. Así, la producción vitivinícola se convertiría en uno de los motores económicos de la región y particularmente de la ciudad. El paisaje del entorno de Burdeos se caracteriza por la intensa presencia de viñedos y châteux, nombre que reciben las bodegas, de las existen unas 9.000. La producción total alcanza unos 700 millones de botellas de vin de Bordeaux (que van desde vino corriente de mesa hasta los caldos más caros y prestigiosos del mundo).
Paisaje de viñas en Saint Emilion, en el entorno de Burdeos.
Toulouse, como otras muchas ciudades situadas en la vega de un rio, dispone de un notable desarrollo hortofrutícola, pero la base económica principal de la ciudad moderna es la importante industria que fue consolidándose a lo largo del siglo XX. La implantación se aceleró especialmente desde la década de 1960, ya que, dentro de la estrategia de equilibrio territorial iniciada por el gobierno francés, Toulouse se convertiría en una métropol d’équilibre, y se beneficiara de la localización de empresas e instituciones públicas (que comenzarían a forjar su orientación aeronáutica-electrónica) iniciando un periodo de gran prosperidad. No obstante, la relación de la ciudad con la aviación venía de antes. Ya en 1917 acogió sus primeras empresas aeronáuticas (de allí partió la primera línea regular francesa). La actividad de aquellos pioneros se iría incrementando hasta convertir a la ciudad en una referencia de la industria relacionada con la aviación, con presencia de diversas compañías y numerosas empresas subsidiarias, destacando el hecho de ser una de las sedes principales de Airbus, la gran empresa aeronáutica europea, que ocupa en Toulouse a 21.000 trabajadores. Sobre esa base se creó un importante nodo de actividad aeroespacial (por ejemplo, con los centros de investigación de los satélites Galiléo o de Météo-France). También otras industrias como la química y farmacéutica, o la informática y las telecomunicaciones son motores poderosos de la economía tolosana, llevando a la ciudad a ser reconocida como la más dinámica de Francia.
Toulouse. Nave de ensamblado del Airbus A330.

Patrimonios de la Humanidad: El Puerto de la Luna en Burdeos y el Canal del Mediodía en Toulouse.
Las dos ciudades cuentan con el privilegio de pertenecer a la lista de lugares “patrimonio de la humanidad”, que elabora la Unesco. Ahora bien, con una diferencia, porque mientras Burdeos está por si misma; Toulouse participa de forma compartida con un extenso territorio.
La antigua ciudad portuaria de Burdeos estaba situada en uno de los meandros del curso final del rio Garona. Esta situación originó la peculiar forma de la ciudad histórica, en forma de luna creciente (croissant). Esa analogía sería la causante del sobrenombre que recibiría el puerto: el Puerto de la Luna (Port de la Lune) y que por extensión se atribuiría a toda la ciudad. En el año 2007, la Unesco reconoció el valor patrimonial del casco bordelés y lo incluyó en su preciada lista. El conjunto es extenso (unas 1.810 hectáreas) y abarca la zona interior de los bulevares que definen el centro histórico de la Burdeos. La Unesco dice de Burdeos que “el centro histórico de esta ciudad portuaria del sudoeste de Francia posee un conjunto urbanístico y arquitectónico excepcional creado en el Siglo de las Luces, cuyos valores han perdurado hasta la primera mitad del siglo XX. Burdeos es, después de París, la ciudad francesa con más monumentos históricos protegidos. Fue un centro de intercambios culturales a lo largo de más dos milenios, sobre todo a partir del siglo XII, época en la que se estrecharon sus vínculos con la Gran Bretaña y los Países Bajos. El trazado urbano y los conjuntos de edificios construidos desde principios del siglo XVIII no sólo hacen de esta ciudad un ejemplo excepcional de la arquitectura neoclásica, sino que además le confieren una coherencia y unidad extraordinarias. El urbanismo de Burdeos refleja el triunfo de los ideales de los filósofos del Siglo de las Luces, que aspiraban a hacer de las ciudades verdaderos crisoles del humanismo, la universalidad y la cultura”.
Burdeos. Delimitación del área Patrimonio de la Humanidad “Puerto de la Luna” que engloba el centro histórico de la ciudad.

Toulouse, como decíamos, se incorpora a la lista en 1996 pero lo hace de forma compartida, ya que el lugar seleccionado es el Canal du Midi, que conecta la ciudad con el mar Mediterráneo atravesando otros núcleos urbanos. El Canal de Mediodía es una infraestructura acuática extraordinaria sobre la que la Unesco comenta que “construida entre 1667 y 1694, esta red de 360 km de canales navegables enlaza el Mediterráneo y el Atlántico gracias a 328 obras de ingeniería diversas: esclusas, acueductos, puentes, túneles, etc. Es una de las realizaciones de la ingeniería civil más extraordinarias de la era moderna, precursora de la Revolución Industrial. El interés por la estética arquitectónica y paisajística que animó al autor del proyecto, Pierre-Paul Riquet, hizo de este canal una proeza técnica y una auténtica obra de arte”. El Canal du Midi fue utilizado para el transporte de pasajeros, correo y mercancías. Inicialmente, los barcos eran arrastrados por caballos que seguían los caminos paralelos al curso del agua. Luego llegarían los barcos autopropulsados. En la actualidad, el canal del Mediodía cumple misiones turísticas, de ocio e incluso como vivienda.
El Canal du Midi en su llegada a Toulouse (plano de la Unesco)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

urban.networks.blog@gmail.com