20 ago. 2016

Cómo convertir una ciudad musulmana en otra cristiana: los casos de Zaragoza y Belgrado (2. La occidentalización de Belgrado en los siglos XVIII y XIX)

La occidentalización de Belgrado tuvo una expresión fundamental en la regularización del trazado urbano.
Tras analizar el ejemplo de la “cristianización” de Zaragoza ocurrida en la Edad Media, nos aproximaremos al caso de Belgrado que, en otro tiempo más reciente (siglos XVIII y XIX) y, por lo tanto, con otros mecanismos urbanísticos, buscó un objetivo similar: borrar la huella de su pasado musulmán. Belgrado, bajo el dominio del Imperio Otomano, había olvidado la regularidad de sus trazas romanas y se había transformado en una ciudad oriental, presentando los rasgos típicos del modelo urbano islámico. Pero con los interrumpidos intentos austriacos y, sobre todo, tras la independencia conseguida, Belgrado puso en marcha un ansiado cambio radical de identidad para aparecer como una ciudad occidental europea.
No obstante, la herencia nunca desaparece del todo. Es recurrente la metáfora que relaciona la ciudad con los palimpsestos, aquellos antiguos manuscritos que reutilizaban pergaminos anteriores que, aunque hubieran sido borrados, todavía conservaban rastros de las tintas previas. La ciudad no es una hoja en blanco y ofrece la posibilidad de indagar en su memoria, aunque en ciertos momentos, una determinada sociedad haya hecho esfuerzos por eliminar cualquier rastro anterior indeseado.


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La base a transformar: Belgrado antigua y Otomana.
En la antigüedad, los grandes ríos eran como mares y parecían tener una sola orilla. Así, los extensos cauces, como era el caso del Danubio, proporcionaban fronteras casi infranqueables entre territorios. Por eso, en la Europa Central, la desembocadura del río Sava en el Danubio fue un punto singular. La confluencia entre los dos grandes ríos se convertiría en un lugar estratégico, remarcado todavía más por la existencia de un promontorio, el Kalemegdan, desde el que se dominaba fácilmente el entorno. El Kalemegdan, que se eleva unos 125 metros desde el nivel de las aguas, dispone de una posición tan privilegiada que no extraña que estuviera habitado desde el neolítico, como han descubierto las excavaciones arqueológicas. Desde entonces, el solar de Belgrado sería codiciado por muchos pueblos, cuestión que llevó a la ciudad a sufrir innumerables cambios a lo largo de la historia.
La primera fortaleza constatada sobre la cima del cerro habría sido construida por los celtas. Los romanos, tras conquistarla en el siglo I a.C., la reformarían siguiendo los criterios de los castros romanos y la denominarían Singidunum. Singidunum adquiriría relevancia a partir de la instalación en ella de la Legio IV Flavia Felix en el año 86. Su posición fronteriza entre el Imperio Romano y los “bárbaros” del norte (sobre todo hunos y godos) le llevaría a ser escenario de numerosas batallas que acarrearían la destrucción en varias ocasiones del fuerte romano. Años después, con el paso a la reserva de los veteranos, que se quedaron en la zona, el cuartel fue ampliado con una colonia que se extendería por la ladera sureste del monte Kalemegdan. Esa base colonial romana subyace en calles como Uzun Mirkova o Kralja Petra, que dan testimonio de la retícula original, o en la Plaza de los Estudiantes (Studentski Trg) donde se encontraba el foro central. A poca distancia, aguas arriba del Danubio, sobre una planicie elevada junto al río, los romanos construirían otro campamento (Taurunum) que serviría de puerto para Singidunum y, que con el tiempo se convertiría, en la ciudad de Zemun (hoy integrada en Belgrado).
Singidunum (Belgrado) y Taurunum (Zemun), los asentamientos romanos en la confluencia de los ríos Sava y Danubio.
Singidunum tendría dos zonas: la fortaleza en lo alto de la colina Kalemegdan y la colonia-ciudad que se extendería hacia el sureste. El foro romano sería ocupado siglos después por la Studentski Trg (plaza de los Estudiantes).
Con la división en dos partes del Imperio Romano realizada en el año 395, Singidunum se convirtió en ciudad-borde del Imperio Oriental (Bizancio). En 535, Justiniano la rodeó con unas potentes murallas. Parece que en ese tiempo pudo haber un puente que cruzara el Sava y conectara Singidunum y Taurunum, facilitando la conexión entre la órbita oriental y occidental (Taurunum quedaría dentro del Imperio de Occidente).
Entre los siglos VII y VIII se produjeron las migraciones de eslavos que se asentaron en la zona y acabarían expulsando a los bizantinos, cambiando la composición étnica de la región. En esos tiempos las dos ciudades adquirieron sus denominaciones eslavas: Singidunum se transformó en Beograd (Belgrado, que significa “ciudad blanca” posiblemente por el color de la piedra de sus murallas) y Taurunum en Zemlin (posteriormente, Zemun). La Edad Media asistiría a una sucesión de conflictos que convertirían a Belgrado en escenario de violentos combates y en una ciudad húngara, turca, austriaca o serbia en una sucesión de disputas. Aunque hubo varios estados serbios que propiciaron periodos de paz, la ciudad siguió siendo una fortaleza militar hasta bien entrado el siglo XVII. La inestabilidad de la época llevaría a la población medieval a refugiarse en el interior de la Ciudadela que, además de la guarnición central, albergaría una Villa Baja (Donji Grad), al oeste de la fortaleza y en contacto con el rio Sava y una Villa Alta (Gornji Grad), situada al este de la guarnición. En consecuencia, la ciudad romana, prácticamente abandonada, entraría en decadencia.
Reconstrucciones del frente fluvial del Sava en el Belgrado del déspota serbio Stefan Lazarević (hacia 1400)
La estratégica situación del lugar volvería ser un “punto caliente” cuando se convirtió en frontera entre el Imperio Otomano y el Austriaco (luego Austro-húngaro). Los turcos de Solimán el Magnífico conquistaron Belgrado en 1521 y la incorporaron a su imperio. Belgrado y el territorio serbio comenzaron entonces una andadura bajo el control otomano que duraría tres siglos y medio. En Belgrado se encontraban Oriente y Occidente, lo islámico y lo cristiano, cuestiones que la convertirían en una etapa de gran importancia comercial en la ruta entre Viena y Constantinopla.
Grabado del siglo XVI mostrando el frente fluvial del Danubio en la Belgrado Otomana. A la izquierda se aprecia el barrio Dorćol, destacando los minaretes de sus mezquitas.
Los turcos olvidarían la ciudad romana (que no atravesaba su mejor momento, desde luego), como refleja el hecho de que el foro fuera utilizado como un cementerio periférico. Los otomanos desarrollarían, sobre todo, el entorno de la orilla del rio Danubio, donde nacería un barrio típico del urbanismo islámico, con sus calles sinuosas, sus mezquitas, baños públicos, etc. El denominado barrio Dorćol acogería las principales funciones de la Belgrado otomana. Dorćol significa “cuatro caminos” en referencia al cruce entre Kralja Petra-Dubrovacka y Cara Dušana. Esta última calle fue la principal de la Belgrado turca, albergando los comercios e indicando el camino hacia Estambul. Además, dividía el barrio entre la zona alta que llegaba desde la antigua ciudad romana, y la baja, que se extendía desde esta calle hasta la orilla del Danubio. Hoy, Dorćol (a pesar de las muchas transformaciones sufridas) es considerado el auténtico “centro histórico” de Belgrado. Al margen de la vida urbana, la Ciudadela, en lo alto de la colina Kalemegdan, vería desaparecer la componente residencial para reforzar su función militar y de gobierno. Por su parte, la población serbia y alemana (cristiana) que permanecía en la ciudad se alojó en el pequeño barrio que se fue formando en la orilla del rio Sava y, también, en el arrabal extramuros de Vračar.
La Mezquita Bajrakli es la única que se conserva de las 273 que tuvo Belgrado en la época otomana. Fue construida en 1575 (durante la dominación austriaca fue utilizada como iglesia cristiana).
La  primera mitad de la dominación musulmana fue tranquila y próspera al convertirse en destino de la migración de muchos comerciantes y artesanos balcánicos (en 1683 la ciudad alcanzaría los cien mil habitantes). Pero la segunda mitad fue muy turbulenta. Los continuos conflictos entre otomanos, austriacos y húngaros produjeron invasiones, asedios, insurrecciones y masacres que afectaron profundamente a la ciudad, mientras muchos serbios buscaban cobijo en territorios limítrofes y desde allí confabulaban para recuperar la dirección de su destino.
Entre los escasos ejemplos de arquitectura otomana que se conservan en Belgrado, destacan los pequeños mausoleos de dos de sus gobernantes. A la izquierda, tumba (turbe) de Damat Ali Pasha (en el parque Kalemegdan), y a la derecha, tumba del jeque Mustafá (en la Studentski Trg)

Belgrado, rumbo hacia occidente, o cómo convertir una ciudad oriental en otra occidental.
El carácter fronterizo de Belgrado la convirtió en una ciudad “bipolar”. Incluso estando dentro del Imperio Otomano, al situarse en la frontera, recibía fuertes influencias del entorno no musulmán. Además, durante los siglos XVII y XVIII fue conquistada por los austriacos y recuperada por los turcos en diferentes ocasiones. Con esas circunstancias, y partiendo de la base de que una buena parte de la población de Belgrado era de origen alemán y serbio, se comprende que el rechazo a la identidad urbana musulmana apareciera recurrentemente hasta eclosionar definitivamente con las luchas por la independencia del siglo XIX.
Por ejemplo, entre 1688 y 1690, Belgrado pasó a manos austriacas y, a pesar de la brevedad del dominio, se propusieron actuaciones de modificación, que por falta de tiempo no pudieron ser puestas en marcha. Los turcos perderían de nuevo el control de la ciudad entre 1717 y 1739, así como entre 1789 y 1791. En los dos casos volvería al Imperio Otomano, pero en ambos, sobre todo en el primero, se intentó replantear la ciudad desde la visión barroca europea.
Los austriacos pretendían que Belgrado fuera su cabeza de puente para incrementar su dominio sobre los Balcanes y proyectaron una reconstrucción de la ciudad para que olvidara su pasado oriental. Para ello se pusieron en marchas todos los elementos de la arquitectura y el urbanismo barrocos. El imperio austriaco nombró gobernador de Belgrado y de la Serbia conquistada a Karl Alexander de Württemberg, quien encargó al ingeniero militar Nicolás Doxat la reconstrucción de las murallas siguiendo los criterios europeos establecidos por Vauban. Doxat elaboró un diseño para las murallas, pero también propuso la remodelación del trazado de la ciudad sobre la base de manzanas rectangulares. Aunque la pretendida transformación barroca tuvo un alcance muy limitado, sí sentó las bases de las futuras modificaciones. Uno de los logros de ese breve periodo sería la remodelación del antiguo foro romano, entonces un cementerio turco. Los austriacos darían forma (recuperando la ortogonalidad romana) a la actual Plaza de los Estudiantes, Studentski Trg, pero el retorno de Belgrado al control otomano hizo que el camposanto permanecería en ese lugar.
La dominación austriaca entre 1717 y 1739 planteó los primeros actos de occidentalización. Arriba, Belgrado hacia 1720, en donde se aprecia la extensión del barrio turco Dorćol y la modestia del asentamiento cristiano junto al Sava. Entre ambos el vacío de la ciudad romana, cuyo foro se había convertido en un cementerio. En el centro, el Plan de Nicolas Doxat de 1725 que diseñaba unas nuevas fortificaciones (tanto para la ciudadela interior como para los limites exteriores) y proponía un cambio radical en el trazado de la ciudad, superponiendo un trazado ortogonal recuperando la orientación romana sobre la irregular base otomana. Debajo, plano de 1740, en el que se aprecia que realizaron, con simplificaciones, las murallas de la fortaleza y una cierta reconfiguración de calles y plazas (como la Studentski Trg).
En 1817, tras dos violentas insurrecciones de la población cristiana, el territorio serbio logró el estatus de entidad autónoma dentro del Imperio Otomano. No obstante, aunque el conocido como Principado de Serbia (con capital en Belgrado) no conseguiría la independencia definitiva de los turcos hasta 1878, los pasos para dejar atrás el pasado islámico se fueron dando. Pero el proceso sería arduo y doloroso, especialmente para la población, que disminuiría alarmantemente, llegando en 1850 a contar con unos escasos 15.000 habitantes.
Plano de Belgrado mostrando la evolución entre 1815 y 1862. Destaca la ampliación extramuros con el barrio de Savamala impulsado por el príncipe Miloš Obrenović para acoger a la población serbia. El centro gravitacional de la ciudad se trasladaría a Terazije, una calle-plaza que desde entonces albergaría la intensidad característica de los corazones urbanos.
Aunque la ciudad se encontraba todavía bajo el mandato otomano y todavía mostraba las características de una ciudad oriental, el príncipe serbio Miloš Obrenović, fundador de la dinastía Obrenović pondría en marcha los mecanismos para conseguir extirpar la huella musulmana. La autonomía creciente de Serbia haría que cada avance fuera definitivo y que la influencia islámica fuera decayendo hasta que, a partir de la independencia, desapareciera casi por completo. Una de las primeras decisiones fue la creación de Savamala (el barrio del Sava), el primer barrio construido fuera del recinto amurallado, sobre la pantanosa ribera derecha del rio Sava. Su construcción comenzó hacia 1830 y estaba destinado a ubicar en él población serbia que contrarrestara la mayoría turca que todavía existía en la ciudad. También en esos años iría consolidándose el barrio de Vračar, hasta entonces un pequeño arrabal cristiano extramuros (donde se sospecha que sufrió martirio San Sava, uno de los santos principales de la iglesia ortodoxa serbia de la que se considera fundador, razón por la que el barrio acoge el gran templo dedicado a su advocación que sería construido a partir de 1935). Vračar comenzaría a urbanizarse con el trazado de bulevares, calles anchas y parques. La zona albergaría además las nacientes instituciones del estado serbio y para construirlas fueron convocados muchos arquitectos de la Europa occidental. También entonces se comenzaría a formar, apoyándose en el antiguo camino a Constantinopla-Estambul, el gran eje vertebral de la Belgrado moderna, el bulevar kralja Aleksandra (Rey Alejandro, la vía más larga de la ciudad, con sus 7,5 kilómetros, a la que los belgradeses se refieren como “el bulevar” sobresaliendo sobre el resto). Otras actuaciones serían más parciales como cuando en 1824 se instaló junto a la necrópolis turca de la Plaza de los Estudiantes, un gran mercado (Grand Marché) cuya gran actividad acabaría forzando el traslado del cementerio en 1865. Finalmente, también el mercado sería realojado y la actual plaza-parque acoge cuatro facultades universitarias (Filosofía, Filología, Geografía y Matemáticas) y el rectorado, justificando su denominación.
Plaza de los Estudiantes (Studentski Trg), ubicada sobre el antiguo foro romano. Al fondo a la izquierda, destaca el Palacio del Capitán Miša, construido entre 1858 y 1863 (hoy rectorado de la Universidad de Belgrado). La actual plaza-parque acoge cuatro facultades universitarias (Filosofía, Filología, Geografía y Matemáticas)
Un nuevo Belgrado, ajeno a la ciudad antigua, que todavía conservaba un marcado carácter islámico, estaba emergiendo. De hecho, el príncipe Obrenović ordenó la creación de un nuevo centro urbano que tuviera los rasgos de los espacios principales de occidente. El centro gravitacional de la ciudad se trasladaría a Terazije, una calle-plaza que desde entonces albergaría la intensidad característica de los corazones urbanos.
En 1867, Emilijan Josimović (1823-1897) trazó el primer Plan urbano para Belgrado que supondría el comienzo de la transformación gradual del trazado de la ciudad oriental otomana (musulmana) en otro que respondía a los criterios de la Europa occidental (cristiana). Influido por las realizaciones de Haussmann en París o de Cerdá en Barcelona, e inspirado por aquellas propuestas barrocas de Nicolas Doxat, Josimović propuso rectificaciones de vías y ampliaciones de anchuras de las mismas, regularizaciones de manzanas y eliminación de buena parte de los antiguos edificios turcos. Aunque no todas sus propuestas se llevaron a cabo, con Josimović se inició el urbanismo moderno en Belgrado (y en Serbia).
El plan de 1867 diseñado por Emilijan Josimović fue el primer Plan urbano para Belgrado e impulsaría la transformación de la antigua ciudad oriental otomana (musulmana) en otra occidental europea (cristiana ortodoxa). Josimović propuso rectificaciones de vías y ampliaciones de anchuras de las mismas, regularizaciones de manzanas y eliminación de buena parte de los antiguos edificios turcos. En el plano se intuyen los sinuosos trazados musulmanes subyacentes.
La  reconversión de la fortaleza de Belgrado en el parque Kalemegdan fue una de las actuaciones más significativas del cambio. El castillo había sido un símbolo de la represión turca contra los serbios y su desaparición marcó un hito en el proceso. En 1867, los turcos cedieron el castillo a los serbios, y el entonces príncipe, Mihailo Obrenović ordenó la transformación de los glacis de su entorno en un parque (cuyo diseño fue también obra de Emilijan Josimović). El 1890, el ejército serbio cedió la fortaleza al municipio y, en 1931, sería integrada con el resto del parque.
La reconversión de la fortaleza de Belgrado en el parque Kalemegdan fue una de las actuaciones más significativas del cambio. El castillo había sido un símbolo de la represión turca contra los serbios y su desaparición marcó un hito en el proceso.
Los planes urbanísticos posteriores (Stevan Zarić; 1878; Jovan Bešlić, 1893; Vasa Lazarević, 1910; Alban Chambon, 1912, o el Plan General de 1923 dirigido por Grigory Pavlovich Kovalyevsky) irían recogiendo la transformación definitiva del espíritu de Belgrado.
El Plan de Belgrado de 1912 redactado por Alban Chambon plantea la unificación de las diferentes zonas históricas bajo los mismos criterios de diseño vigentes entonces: los de la “ciudad bella” occidental. La Belgrado otomana desaparecía definitivamente.

Apunte sobre la Belgrado “moderna”.
Como hemos visto, incluso bajo el control del Imperio Otomano, Belgrado comenzó a dar los pasos de “desorientalización” urbana. Esta aspiración irrefrenable se vería impulsada vertiginosamente cuatro años después de la independencia de los turcos, en 1882.
En ese año, el Principado de Serbia devino en el Reino de Serbia, y Belgrado se lanzaría hacia un nuevo futuro. La ciudad recuperó su papel de cruce de comunicaciones para los Balcanes, y la llegada del ferrocarril (1884) potenciaría esa vocación. Los 27.000 habitantes de 1875 se transformarían en 100.000 en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Pero esta contienda convirtió a la ciudad, otra vez, en un campo de batalla, ocupado por las Potencias Centrales, hasta que, con ayuda francesa, Belgrado fue liberada definitivamente en 1918.
La desintegración del Imperio Austro-húngaro modificó radicalmente el mapa político de la Europa Central y Balcánica. Austria y Hungría se convirtieron en dos nuevos estados muy reducidos y sus antiguos territorios tendrían diferentes destinos. Serbia, que había apoyado a la alianza franco-británica vencedora, obtendría beneficios a costa de los derrotados Imperios Centrales. Los serbios y el resto de los eslavos balcánicos, croatas, eslovenos y bosnios, que estaban vinculados al Imperio Austro-húngaro, se enfrentaron a una disyuntiva: proponer estados propios o integrarse en un gran estado eslavo del sur (que era la opción preferida por Europa). La decisión fue la creación, en 1918, del Reino de los serbios, croatas y eslovenos (que en 1929 cambió su denominación por la de Reino de Yugoslavia, reino de los “eslavos del sur”). Belgrado mantendría la capitalidad del nuevo estado, y nuevamente la prosperidad llegó a la ciudad que, en 1931 alcanzaría los 240.000 habitantes.
La calle Knez Mihailova es un ejemplo de la occidentalización de la ciudad antigua de Belgrado.
Pero la Segunda Guerra Mundial truncaría esa evolución. Yugoslavia fue invadida por las potencias del Eje y Belgrado acabaría siendo bombardeada en varias ocasiones: en 1941 por los alemanes, con severas destrucciones (como las de los puentes o la pérdida de la Biblioteca Nacional) y en 1946 por los aliados. Durante el conflicto su población fue masacrada (con numerosos fusilamientos, especialmente de población judía). Finalmente, en 1944 fue liberada por los partisanos yugoslavos comunistas apoyados por el Ejército Rojo. En 1945, su líder el mariscal Josip Broz Tito proclamó la República Federal Socialista de Yugoslavia, siendo Belgrado designada como la sede de las instituciones federales conjuntas.
Tras la guerra, Belgrado comenzaría su recuperación consolidándose como el principal centro industrial del país. La reestructuración del municipio, que había comenzado años atrás con la anexión de núcleos independientes de su entorno, como es el caso de Zemun (que fue incorporado en 1934) modificaría la estructura de la ciudad. La gran transformación urbana se produciría con la colonización de la ribera izquierda del rio Sava a partir de la década de 1950. La creación de Novi Beograd (Nuevo Belgrado) durante la segunda mitad del siglo trasformaría radicalmente los equilibrios urbanos. En 1980 la ciudad alcanzó el millón de habitantes.
La muerte del mariscal Tito en 1980 sacó a la luz las contradicciones internas del conglomerado yugoslavo. La crisis económica y el incremento de las tensiones entre los miembros (étnicas, religiosas, nacionales, etc.) originarían una sucesión de conflictos de extrema gravedad que llevarían a la disolución del país en varios estados independientes (Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia, Montenegro y Serbia, que incluye dos provincias autónomas en su interior: Kosovo y Vojvodina). Las guerras mantenidas entre 1991 y 2006 supusieron un tercer conflicto en el siglo XX, que volvería a complicar la vida de Belgrado. Sobre todo, durante la década de 1990 en la que Belgrado se vería afectada tanto por la crisis provocada por la situación como por los bombardeos que sufrió en 1999 (esta vez por aviones de la OTAN). La nueva Serbia surgida tras la paz y su capital, entraron en el siglo XXI con esperanza. Belgrado comenzaría a proponer nuevos proyectos urbanos, entre los que destacan las ambiciosas intervenciones en los frentes fluviales.

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