16 jun. 2012

¡Dadme un módulo y crearé un mundo! Un análisis del Federal Center de Mies van der Rohe en Chicago.


¡Dadme un módulo y crearé un mundo! Algo parecido podría haber dicho Ludwig Mies van der Rohe parafraseando a Arquímedes.
En 1959, tuvo una nueva oportunidad para poner la frase en práctica. En ese año, recibió el encargo de desarrollar un programa de edificaciones para la administración federal en el centro del Loop de Chicago.
Su propuesta, fue más allá de la solución a las necesidades planteadas, y proporcionó un nuevo espacio público, en una ciudad que tenía carencias estanciales desde su particular fundación.
En el Federal Center, Mies trabajará con elementos arquitectónicos muy diversos (dos grandes edificaciones en altura y una de pequeño formato), que interactuaron para generar un gran espacio urbano (tripartito). A pesar de la fragmentación, el conjunto alcanza una gran homogeneidad. Esto se consiguió, desde luego, por la imagen característica de la segunda escuela de Chicago pero, sobre todo, por la implantación de un rígido módulo sobre el que se apoyaron todas las decisiones. El conjunto se diseñó con el único recurso de la geometría, sin apartarse del sistema permitido por la modulación, que marcó la definición dimensional y estructural de todos los edificios, las fachadas o los pavimentos.
El resultado final fue un magnífico conjunto, que ofreció un interesante espacio público, cuestionando la tan proclamada desatención del Movimiento Moderno a los espacios públicos.

Argumentos espaciales del proyecto
Modular el espacio como estrategia de apropiación.
Modular significa aplicar la racionalidad del orden al entorno que nos rodea, relacionar la diversidad, sistematizar el mundo. Al margen de otras consideraciones, el módulo es un instrumento para la apropiación mental del espacio, que ha acompañado al ser humano desde sus orígenes.
La creación de espacios tiene diferentes estrategias esenciales, desde la potencia de un tótem que atrae y crea espacio a su alrededor, hasta la nitidez de un recinto que enmarca estancias. Sobre estas bases, la modulación puede relacionar elementos dispersos de un conjunto, formando un todo integrado que presenta múltiples ventajas (desde la comprensión del espacio por parte de sus habitantes hasta cuestiones de carácter económico).
Una modulación es un sistema de proporciones y relaciones dimensionales. La arquitectura antigua muestra muchos ejemplos de ello. Y también la moderna. Sirve como ejemplo, entre muchos, Le Corbusier y su Modulor  que, a partir de las dimensiones antropomórficas, planteó un complejo sistema de relaciones para elementos múltiples (arquitectura, mobiliario, etc.).
Mies van der Rohe fue un gran partidario de la modulación. Su obsesiva atención a la relación entre estructura y espacio encontró en la modulación, el orden sustancial que ponía en relación ambos conceptos.
La potencia del diedro y del vértice contrario
Mies llevaba tiempo explorando la capacidad del diedro (dos planos perpendiculares) como creador de espacio.
Un plano divide el mundo en dos semiespacios, pero aunque es un elemento de referencia, su carácter lineal indefinido le impide focalizar. Por el contrario un diedro, sí muestra la facultad para generar un espacio localizado. Ni siquiera necesita que los dos planos se encuentren, ya que la mera sugerencia direccional es suficiente para crear un recinto. La utilización de dos bloques laminares perpendiculares como generadores espaciales, es una constante en la arquitectura de Mies, desde sus proyectos  europeos (como la villa Tugendhat o el Pabellón de Barcelona) hasta muchos de los americanos (860-880 Lake Shore Drive, Esplanade Apartments, etc.)
En el Federal Center, Mies se plantea la relación entre dos planos de diferente cariz. Uno de dominante vertical (menor anchura y mayor altura) y otro de dominante horizontal (mayor anchura y menor altura). La capacidad del diedro para focalizar es reforzada por un tercer elemento, puntual, que se sitúa en el vértice contrario. El diedro y el punto opuesto diagonalmente, pueden crear un recinto bien caracterizado. A partir de esta noción espacial básica, Mies conjuga sus posibilidades matizando las posiciones de los elementos hasta obtener un conjunto de una gran riqueza espacial.
La territorialidad de la arquitectura
Otro gran argumento utilizado por Mies en este conjunto fue el aprovechamiento de la territorialidad de la arquitectura. La arquitectura aporta tridimensionalidad al espacio. Ofrece interacciones volumétricas, fachadas que se convierten en su imagen más definida y especialmente, en las plantas inferiores (particularmente la baja), crea una “área de influencia” en la que se produce una relación de intercambio que es determinante tanto para el espacio exterior como para el interior del edificio. La escala, la significación, la gestión de flujos, privacidades o intimidades son claves en el diseño en ese lugar “fronterizo” tan importante para los usuarios.
El carácter público de los edificios conlleva, por lo general, consideraciones especiales en su relación con el espacio exterior.
Mies concibió el Federal Center como un conjunto de edificaciones modernas, cercanas al ciudadano, que comunicarían la transparencia del sistema y que debían ser capaces de articular un espacio público, siempre tan necesario en el centro de Chicago
Con ese objetivo, los dos edificios en altura liberan una buena parte de la planta baja, quedando los espacios interiores retranqueados respecto a la línea de fachada. Esto crea unos corredores-porches perimetrales, que introducen el espacio exterior bajo el edificio en un sutil juego espacial. Además, los vestíbulos se cierran con vidrio, en un símbolo de transparencia que, además, permite traspasar visualmente los volúmenes y crear un sistema de relaciones visuales con el entorno. Solamente los bloques de ascensores y servicios aparecen opacos para la vista en ese interior.
Si los edificios altos se abren en su planta baja, el edificio bajo no lo hace (solo tiene una planta y le resultaría imposible), pero entra en el juego de transparencias característico de todo el proyecto y determina los flujos peatonales que se generan en las plazas contiguas.

La concepción del Federal Center de Chicago
La General Services Administration (GSA) del Gobierno Federal de los estados Unidos necesitaba nuevos espacios para prestar sus servicios judiciales y administrativos. En 1959 realizó el encargo de su diseño a Ludwig Mies van der Rohe. El solar escogido ocupa una manzana y media del Loop (18.611 m2), definida por W Adams St. (por el norte), W Jackson Boulevard (por el sur), S Clark St. (por el oeste)  y contando con la travesía intermedia de S Dearborn St. (el resto de la manzana hasta S State St. fue comprado por la GSA en 2005 para futuras ampliaciones)
Mies distribuyó el programa en tres edificios, muy diferentes, y en un espacio público diverso, pero el conjunto debía ofrecer una imagen unitaria, representativa, monumental.
Para conseguirlo, Mies implantó un módulo director para todos los elementos. Escogió un cuadrado de 28 pies de lado (8,53 metros). Los lados de este “módulo principal” podrían subdividirse en 6 partes, resultando cada una de ellas de 4 pies y 8 pulgadas (1,42 metros). La división en seis le permitiría establecer particiones en mitades y tercios exactos. El “módulo principal” sería la base de los edificios y de su estructura, mientras que la “unidad modular” se manifestaría en pavimentos y fachadas.
El proceso de diseño a partir del módulo
Mies comprobó la adaptación del módulo a la distancia entre las aceras de W Adams St. y W Jackson Boulevard (420 pies, 128,02 metros) en la que encajaban 15 módulos, y a la anchura de la media manzana disponible al este de S Dearborn St. (5 módulos, 140 pies, 42,67 metros).
Desde este lugar, el módulo comenzó a extenderse. Allí se ubicaría el primer edificio, el U.S. Courthouse and Federal Office Building (denominado posteriormente Dirksen Federal Building). Su implantación marca la clave del desarrollo del conjunto. Sus 13 módulos de longitud dejan uno libre a cada lado (en el norte y en el sur) y sus 4 módulos de anchura obligaron a repartir el módulo restante en dos tercios frente a la calle (4 “unidades de módulo”) y un tercio para el retranqueo con la medianera del edificio contiguo (2 “unidades de módulo”).
La retícula construida con el módulo de 28 pies marca los cruces sobre los que se ubicarán los pilares de las edificaciones.
La fachada sur marcaría la alineación de la del próximo edificio, el Federal Office Building (denominado Kluczynski Federal Building). La requerida dominante vertical para éste, hizo que la longitud de su base se acortara hasta los 8 módulos (manteniendo los mismos cuatro de anchura marcados por el anterior).
Estos dos edificios forman el diedro que recoge los flujos procedentes del norte del Loop, el “centro” del centro.
Quedaba por ubicar la tercera pieza arquitectónica, el edificio de correos (Loop Station Post Office). Los ejes de simetría de los edificios precedentes marcarían la alineación interior de sus fachadas y el cruce de ambos situaría el vértice de inserción. A partir de ese punto se construiría un edificio de una sola planta y de base cuadrada, con 7 módulos de lado.
El Dirksen Building y el Kluczynski Building
El Dirksen Building es el edificio pantalla, con menor altura y mayor desarrollo horizontal, que queda separado de los otros dos por la travesía de la S Dearborn St. Como se ha comentado, la planta se estructura con 4 módulos de anchura y 13 de longitud. Sus dimensiones son, por lo tanto, 112 pies (34,14 m.) por 364 pies (110,95 m.). (Estas son las dimensiones entre ejes, las reales, contando grosores de pilares y desplazamientos de fachada son 118 x 369 pies, 35,97 x 112,47 metros)
La planta baja cuenta con una altura igual al módulo del proyecto. Sobre ella se elevan otras 26 +3, éstas con distinta imagen exterior (remate superior). Los 30 niveles del edificio, con sus 398 pies (121,31 metros) componen una fachada prácticamente cuadrada.
Planta Baja del Dirksen Building
El Kluczynski Building es el edificio de directriz vertical, con mayor altura y menor desarrollo en su horizontalidad, y por lo tanto, el edificio más alto del conjunto. La planta tiene 4 módulos de anchura y 8 de longitud. Al igual que en el edificio Dirksen, la planta baja es de una altura igual al módulo y a partir de ella se desarrollan las diferentes plantas, marcando una franja intermedia que deja 12 niveles inferiores y 26 superiores (los mismas que el contiguo edificio Dirksen). Los 42 niveles equivalentes alcanzan los 562 pies (171,29 m).
Las fachadas de ambos edificios también están compuestas a partir del módulo. Los travesaños verticales reflejan la “unidad modular”, es decir, la sexta parte del módulo escogido. Las divisiones horizontales, de chapa metálica, quedan determinadas por el conjunto pavimento superior-forjado-falso techo inferior.
La fachada de los vestíbulos sigue la misma composición (con montantes cada doble unidad) que será comentada más adelante.
La delicadeza de los detalles de Mies se manifiesta, por ejemplo, en la solución de las esquinas. El mantenimiento del módulo en los extremos de las fachadas, no permite envolver los pilares, generando aristas abiertas en las que se revela el pilar allí ubicado. Todo ello con una maestría constructiva de gran belleza.
El Post Office Building
Este edificio es un volumen de una sola planta. Su base es un cuadrado cuyos lados abarcan 7 módulos (resultando 196 pies, 7 x 28, 59,74 metros) y su altura es de uno, 28 pies (8,53 metros).
El cuerpo bajo del Post Office Building, desde la plaza central.
La particularidad de este edificio se encuentra en el juego de relaciones entre el 2 y el 3. Mies dividirá cada fachada en tres partes. Los siete módulos laterales ofrecen un conjunto de 42 unidades (recordemos que cada lado del módulo principal se podía subdividir en 6 “unidades”). Por otra parte, estas 42 unidades son divisibles de forma entera por 3, resultando 14 unidades para cada tramo de fachada. La altura, de un módulo, es por lo tanto equivalente a 6 “unidades”. Así pues cada tercio de fachada tiene una proporción de 14 x 6 unidades modulares.
Esquemas compositivos de un tramo de fachada del Post Office Building (14 unidades de longitud por 6 de altura)
La composición de la fachada es un ejercicio de sutiles relaciones geométricas (ver esquemas adjuntos). En cada tramo las unidades se agrupan en parejas para formar una “unidad doble” igual a los vestíbulos de los otros edificios (obteniendo así 7 de longitud por 3 de altura). Esto ocasiona dos cuadrados laterales de 3 x 3 y un elemento intermedio “sobrante” de 1 x 3. Los cuadrados laterales se dividen por la mitad. En su mitad inferior, nuevamente se dividen por dos, marcando el travesaño que ejerce la labor de dintel para las puertas. La mitad superior se divide en tres partes, dando origen a un “entablamento” de cubierta que remata la parte superior de la fachada. Entre este entablamento y el dintel corrido de las puertas, queda el resto, una superficie nítida de vidrio, jalonada por los montantes verticales que pautan las parejas de unidades.
El espacio urbano: plazas y una escultura sobresaliente
La disposición de los volúmenes genera tres estancias, la plaza principal y dos laterales, que si bien son partes del mismo espacio, tienen una cierta autonomía. Las estancias laterales albergan las rampas de acceso al aparcamiento subterráneo.
La pavimentación de la plaza, con losas de granito Rockville, sigue la misma modulación del conjunto y se introduce en el interior de los edificios como solado de su planta baja, incrementando la sensación de continuidad (el mismo granito, aunque flameado, es el que reviste las cajas de ascensores y servicios).
En la plaza principal, destaca una de las esculturas icónicas de la ciudad, el Flamingo que Alexander Calder concibió en 1973 y se instaló a finales de 1974. Las orgánicas curvas de esta gran pieza metálica, pintada de un intenso color rojo, ejercen un interesante contrapunto en un paisaje urbano caracterizado por la ortogonalidad.
El Flamingo de Alexander Calder.

En 1964 se concluyó el Dirksen Building, el único edificio que Mies vio acabado, puesto que, tanto las obras del Post Office como las del Kluczynski Building, que se iniciaron en 1966 no concluyeron hasta 1973 y 1974 respectivamente, y Mies van der Rohe murió en 1969. Tras el fallecimiento del maestro, su oficina continuó las obras bajo la dirección de sus asociados, Joseph Fujikawa, Bruno Conterato, y su nieto, Dirk Lohan. En 1975 cambiarían la denominación del estudio por la de Fujikawa, Conterato, Lohan & Associates. En el complejo colaboraron en Joint Venture, C.F. Murphy Associates, y las ingenierías Schmidt, Garden & Erickson y A. Epstein & Sons.


Anecdóticamente, en esos mismos años, otra referencia formal, similar a los bloques laminares de Mies, se instalaría en el imaginario colectivo: El monolito, que Stanley Kubrick presentó en su película de 1968, “2001: A Space Odyssey” (realizada a partir de la novela “The Sentinel” escrita por Arthur C. Clarke en 1948). La odisea espacial  sugiere  unas particulares relaciones entre los hombres y un misterioso monolito negro, capaz de condicionar la evolución humana. Sin entrar en consideraciones extraterrestres, ese monolito, símbolo de la inteligencia, se expresa con la rotundidad abstracta de la geometría, en contraste con el caos del entorno, una estrategia  muy análoga a las exquisitas volumetrías de proporciones puras de Mies.
El monolito de Kubrick descubierto por los homínidos.

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