20 oct. 2012

Madrid y Barcelona, criterios fundacionales contrapuestos (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 1)


Madrid y Barcelona se han encontrado, en su larga historia urbana, con retos similares, y en algunas ocasiones, las soluciones adoptadas han resultado paralelas, pero, en otras, las respuestas presentan divergencias radicales.
El primer acto de esta evolución comparada es su propia fundación.
Las sociedades antiguas, cuando iban a levantar una nueva ciudad, se planteaban dos decisiones fundamentales: la elección del sitio donde ubicarla y la forma de la ciudad, es decir, el modelo urbano a implantar.
Enfrentadas al mismo reto, aunque cada una en su contexto, Madrid y Barcelona, tomaron esas decisiones de una manera radicalmente opuesta. Separados por casi mil años, los romanos que crearon Barcino y los musulmanes que iniciaron Mayrit, abordaron su acercamiento al lugar y al trazado de sus ciudades con criterios totalmente distintos.
Las diferencias de carácter entre Madrid y Barcelona comienzan a manifestarse desde su más “tierna infancia”. Pero esto es sólo el principio de una larga historia de paralelismos y divergencias.



La Elección de sitio:
Mientras MADRID BUSCA, BARCELONA ENCUENTRA.
Respecto a la elección del sitio, los romanos fundadores de Barcelona ENCONTRARON un territorio tan excepcional que quedaron subyugados ante él. En cambio, los musulmanes creadores de Madrid BUSCARON, buscaron y buscaron hasta dar con el solar que se adaptaba a las exigentes condiciones que ellos mismos se habían fijado.
Es decir, Barcelona surgió desde el LUGAR, un emplazamiento tan extraordinario que estaba “esperando” a que lo urbanizaran. Podríamos llegar a decir que la elección del sitio de Barcelona fue, en cierto modo CASUAL, no siguió un planteamiento prefijado, sino que fue el feliz encuentro entre los colonizadores romanos y la excepcionalidad del territorio (en lenguaje urbanístico, más técnico, diríamos que Barcelona surgió desde criterios contextualistas, que operan a posteriori)
En cambio, Madrid surgió desde la IDEA que dirigía una intensa búsqueda hasta que se encontró la ubicación que reunía las características exigidas. Podríamos decir que la elección del sitio de Madrid fue CAUSAL, siguió una causa (lo que significa que Madrid fue producto de criterios idealistas, que fijan referencias a priori)

A la izquierda el Llano Barcelonés entre las sierras y el litoral, atravesado por los ríos Llobregat por el sur y Besós por el norte. A la derecha el entorno madrileño con las estribaciones que se encuentran entre el rio Manzanares por la zona occidental y el rio Jarama por la oriental.




Los “solares” de Barcelona (izda.) y Madrid (dcha.). El de Barcelona es llano o con poca pendiente y presenta la particularidad de la evolución de la línea de costa a lo largo de los siglos. Madrid presenta un relieve muy accidentado y especialmente por su parte occidental con las escarpadas laderas del rio Manzanares.
Barcelona, el ENCUENTRO de un lugar excepcional.
La naturaleza había creado un enclave privilegiado. Una de las sierras integradas en la cordillera litoral catalana, había sido horadada en dos puntos por los ríos Llobregat y Besós, separando el macizo del Garraf que quedaba al sur, la sierra de Collserola en el centro y la sierra del Montnegre por el norte.
La sedimentación de las desembocaduras de los ríos, apoyada por la presencia de una estribación solitaria (Montjuïc) fue creando una llanura muy favorable para el asentamiento humano.
Esta llanura (el Plà Barcelonés), encerrada entre montes, era fácilmente defendible de las tierras del interior, ya que solamente debían protegerse las entradas de los dos ríos que accedían a ella. Presentaba, además, una gran facilidad para convertirse en un puerto natural, ya que la línea de playa de entonces creaba un pequeño golfo en las proximidades del Montjuïc. Contiguo a este “puerto natural” se elevaba un pequeño y suave promontorio (el Mons Taber, de 15 metros de altitud) que permitía dominar toda la zona desde allí. Sin olvidar la ventaja que suponía la presencia de Montjuïc, cuyas escarpadas laderas podían suponer un refugio en caso de peligro proveniente del mar.
A esta extraordinaria condición natural se unía la existencia de recursos naturales (agua de dos ríos, vegetación intensa en las laderas de la sierra, potencialidad agrícola de la llanura) y un clima adecuado.
El solar de la futura Barcelona presentaba todos los requisitos para convertirse en un lugar estratégico dentro del Mar Mediterráneo, el gran ámbito del comercio de la antigüedad y, por ello, estaba llamado a servir de soporte a una gran capital comercial.

Madrid, la BUSQUEDA del solar idóneo.
El empuje de la Reconquista cristiana de la Península Ibérica se detuvo, en el año 850, al llegar al sistema montañoso central. Durante los años posteriores, ambos contendientes fueron realizando un proceso de consolidación de sus territorios. Los cristianos estuvieron repoblando el Norte, debido a la desertización del valle del Duero, mientras que los musulmanes se prepararon para hacerse fuertes tras el Sistema Central.
En ese contexto, los musulmanes plantearon la creación de una línea defensiva de alcázares que protegieran Toledo y la Marca Media. Como consecuencia, por el Norte surgieron puestos militares avanzados como Madrid, Talamanca, Peña Fora o Medinaceli. Y entre todos estos, Madrid ejercería el papel de centro de referencia y suministro para el resto de posiciones avanzadas.
Por lo tanto la sociedad musulmana de la época necesitaba un enclave militar y buscaba un lugar adecuado para levantar un asentamiento que cumpliera con esa misión.
Los requisitos exigidos al sitio que debía acoger la fundación de Madrid eran claros:
  • Proximidad a los puntos de vanguardia defensiva pero ligeramente retrasado de forma que pudiera ejercer como centro de suministro y reserva.
  • Proximidad a las grandes vías de infraestructuras, pero sin la necesidad de apoyarse en ellas para facilitar una hipotética defensa.
  • Capacidad de autoabastecimiento concretada en la presencia de agua y recursos naturales (agrícolas) suficientes
  • Enclave que posibilitara su defensa con la mayor facilidad posible
Estos requisitos son los que cumple el solar escogido para Madrid, las últimas estribaciones de un cerro que caía de forma abrupta hacia el rio manzanares. Nadie podía sospechar entonces que esa minúscula posición militar acabaría por devenir en la capital de un imperio. Y aún menos que, estos requisitos fundacionales (como lo abrupto del relieve que facilitaba entonces la defensa) tendrían una influencia negativa en la evolución para convertirse en una gran capital al estilo europeo.

Comparación entre el modelo ordenado romano (izda.) y el modelo espontáneo islámico (dcha.)

La forma de la ciudad:
Mientras MADRID SE DEJA INFLUIR por las sugerencias del lugar, BARCELONA IMPONE LA RIGIDEZ de un modelo preestablecido.
Sorprendentemente, Madrid abandonó los criterios previos, “idealistas” que le habían conducido a la selección del sitio, y a la hora de determinar la forma de la ciudad, se dejó  influir por las características topográficas del terreno.
En cambio Barcelona, que antes se había se había dejado seducir por las excelencias de un terreno, dejó la espontaneidad de lado en el momento de definir la forma de la ciudad, planteando un modelo preestablecido de gran rigidez: el modelo de la ciudad romana de colonización.
Ahora Barcelona, cambia y se apunta al modelo CAUSAL, ya que la construcción de Barcino sigue las trazas de un modelo predefinido.
Pero, curiosamente, también Madrid cambia. Ahora abandonará las ideas prefijadas y se entregará a una urbanización, que casi podríamos denominar CASUAL y espontánea, ya que el modelo de ciudad islámica no sigue planes establecidos sino que se adapta a las condiciones del entorno.

Barcino, fundación romana hacia el año 10-15 a.C.
Para los romanos la fundación de una nueva ciudad no era un acto rutinario. Todo lo contrario. La ciudad no podía surgir de cualquier manera, era un acto muy importante y de gran trascendencia. Y para manifestarlo, acompañaban cada “nacimiento” con complejos rituales.
Todas las decisiones que afectaban a la ciudad estaban prefijadas. Orientación, trazados, proporciones, situación del foro, etc. todo, respondía a un plan previo. En este sentido, Barcelona (Barcino) nace con un minucioso plan de implantación.
Los agrimensores romanos, fijaban el umbilicus, el centro de la ciudad, y desde él, trazaban las dos vías principales en función de la orientación. El cardus en la dirección norte-sur y el decumanus en la este-oeste. No obstante, el carácter práctico de los romanos les llevaba a renunciar con facilidad a esta regla en función de las posibilidades que el territorio ofrecía. El caso de Barcelona es uno de ellos, la orografía del Monte Taber y las direcciones naturales del territorio, marcados por la línea de costa de aquellos tiempos y la línea de de la Sierra de Collserola, sugerían unas orientaciones más ajustadas para el máximo aprovechamiento del terreno (ejes noroeste-sureste y noreste-suroeste).
Situados los grandes ejes de referencia (cardus y decumanus) los agrimensores marcaban los límites de la ciudad sobre los que se elevarían las murallas. Se establecía el análisis sobre cuál era la proporción adecuada para la nueva fundación. Barcelona  será un ejemplo de la proporción 2 es a 3.
En el centro surgiría el Foro y la ciudad se completaba con una retícula ortogonal de manzanas que irían siendo ocupadas por los colonos.
Todavía hoy, se aprecia la elevación de este lugar fundacional. Si nos situamos en la Plaça de Sant Jaume,  podemos apreciar la pendiente hacia la Rambla, la Vía Laietana,  la Plaça Nova  y el mar.
La gran vía central, el Decumanus maximus, de aproximadamente 425 metros, atravesaba Barcino desde la Porta Praetoria (ahora Portal del Bisbe), pasando por las actuales calles del Bisbe, Ciutat y Regomir hasta la Porta Decumana (en la calle Regomir). El otro eje perpendicular al anterior, el Cardo máximo, de algo más de 280 metros, discurría por las actuales calles Llibreteria y del Call y unía la Porta Principalis Sinistra (Pl. de l'Àngel ) y la Porta Principalis Dextra (que estaba entre las calles Ferran y Call).
Superposición de la Barcino romana sobre el plano actual de Barcelona.


El centro de la Barcelona actual (la Barcino romana) marcando las coincidencias con el planteamiento inicial de la colonia romana (líneas discontinuas)
Mayrit, fundación musulmana hacia el año 850 d.C.
La ciudad islámica no es propiamente un modelo de referencia, sino la materialización espacial de una forma de entender la vida. Por eso no solían contar con planes preestablecidos sino que se desarrollaban con bastante espontaneidad, siguiendo las sugerencias del propio terreno.
La importancia de la religión en la cultura islámica, concretada en el respeto al Corán y sus preceptos, conlleva una consecuente  reducción de las relaciones sociales que determinaba las bases de las ciudades musulmanas. Por ello, la ciudad islámica, en general, presenta una gran simplicidad de planteamientos, ya que la reducción al mínimo de su espacio público, simplifica sus necesidades de estructura.
Así  pues, el espacio público se encuentra reducido a la mínima expresión. No obstante, encontramos el zoco, plaza-mercado habitualmente próxima a la puerta principal de la ciudad que se convertía en el espacio urbano principal; también la mezquita, centro vital de la ciudad o los baños, que completan los únicos espacios esenciales de carácter público de este tipo de ciudades. La escena urbana es, en general, pobre dada la abstracción determinada por el Corán.
El resto, el caserío residencial (Al medina) es un espacio de agregación, donde con un carácter orgánico, se va de lo particular a lo general (crecimiento de dentro afuera), llegando a convertirse en una ciudad laberíntica, inescrutable para los profanos, con un marcado carácter privado, de ciudad íntima, casi secreta.  Las ciudades islámicas presentan un tejido urbano muy compacto y denso, habitualmente encerrado por murallas, que dependían de las necesidades de protección que pudieran existir.
Relacionado con esto podían encontrarse los recintos militares (alcazaba. alcázar) con sus especificidades propias de este estamento, residencia de la autorizad, patio de armas, alojamientos de los guerreros, etc.
Este es el caso de Madrid que inicialmente fue en origen una fortaleza militar a la que servía el  resto del caserío, cuyos residentes cumplían con el apoyo logístico necesario para los guerreros.
El primer recinto de Madrid con el álcazar inicial y la medina (en naranja) que se desarrolló a su lado (imagen de “Madrid. Atlas Histórico”)
Superposición sobre el pano del Madrid actual de los recintos iniciales, el primero musulmán y el segundo hispano-musulmán.
  
Las diferencias de carácter entre Madrid y Barcelona comienzan a manifestarse desde su más “tierna infancia”.
Y esto a pesar de los casi mil años que separan la fundación de las dos ciudades. Hemos podido comprobar cómo las decisiones tomadas, en su momento, por cada sociedad, buscaban resolver las mismas dos grandes cuestiones: la elección de un sitio y la forma de la ciudad. Pero también hemos podido apreciar cómo, en cada caso, al escoger las respuestas, éstas fueron radicalmente distintas.
Pero esto es sólo el principio de una larga historia de paralelismos y divergencias.

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