18 abr. 2015

Aproximación al círculo como estructura urbana: Ciudades circulares y otros trazados (parte primera).

Brondby (Dinamarca)
A pesar de su rotundidad geométrica y de su potencia simbólica, el círculo no ha sido utilizado con frecuencia como base estructural de las ciudades. Desde el punto de vista urbano, resulta una figura contradictoria porque además de las dificultades para su implantación, sus virtudes iniciales suelen convertirse en inconvenientes para su desarrollo.
No obstante, el círculo protagoniza algunas de las más espectaculares construcciones urbanas, tanto en modelos unitarios, como formando parte de sistemas más amplios, en racimo (cluster) o en malla. También destaca puntualmente en inmensas vías circulares o condicionando territorios a través de proyecciones radiales, así como en el diseño de paisajes y, por supuesto, en la arquitectura, aunque en este artículo nos ocuparemos de su utilización urbanística. No obstante, hay que precisar que dejaremos para otra ocasión los círculos de pequeña escala (como plazas o rotondas de tráfico) para centrarnos aquí en los grandes diagramas de planificación.
El círculo ha ofrecido su especial magia a todas las civilizaciones, como demuestra el hecho de encontrarlo en los primitivos poblados africanos o norteamericanos, en las ruinas de ciudades persas y musulmanas, en las ciudades ideales concebidas por los renacentistas europeos, en los trazados barrocos o en los mandalas urbanos hindúes y, desde luego, en las ciudades contemporáneas. Vamos a aproximarnos a sus claves morfológicas y simbólicas, categorizando y reseñando algunos de sus ejemplos más representativos, dividiendo el artículo en dos partes (de los treinta casos expuestos, en esta primera entrega abordamos los ocho primeros y en la parte segunda se presentarán los veintidós restantes).

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El círculo y la circunferencia no son habituales en la naturaleza, aunque, podemos descubrir, por ejemplo, superficies circulares en algunas plantas acuáticas y circunferencias en la formación de ondas al caer una piedra en un estanque. Pero ciertamente, no son formas que se prodiguen (el sol o la luna, que apreciamos como discos celestes, son en realidad esferas, lo cual no les ha impedido aportar un gran poder simbólico al círculo, como veremos). La naturaleza prefiere otras formas más útiles y eficaces (desde hexágonos, esferas, fractales o hélices, por citar algunas de las más reiteradas). Por el contrario, círculos y circunferencias son manifestaciones de la presencia humana, siendo construcciones geométricas que nos acompañan desde tiempos remotos fascinándonos por su perfección y sin dejar nunca de asombrarnos y de subyugarnos.
Al margen de su aplicación urbana, a la que dedicamos este artículo, son reseñables otras muchas apariciones circulares que tienen que ver con el territorio.
Stonehenge y Avebury (Inglaterra). Debajo, restos de la fortaleza vikinga de Trelleborg (Dinamarca)
Comenzando con los grandes círculos del Neolítico, muy característicos de noroeste europeo, tanto en alineamientos de piedras como en fosos y terraplenados, que tuvieron un papel relevante en la consolidación de su simbología trascendente. Esas grandes alineaciones pétreas (como Stonehenge, al sur de Inglaterra; Callanish en las Hébridas; Brodgar en las Órcadas; o Rollright Stones en Warwickshire), así como las extraordinarias modificaciones del relieve (ejemplarizadas en el gran foso circular de Avebury, en la campiña de Wiltshire, o en los anillos de Maumbury, cerca de Dorchester), han retado a la comprensión humana muchos siglos después de haber olvidado su función original. Estos complejos megalíticos pudieron haber sido santuarios al aire libre, recintos rituales, espacios ceremoniales, cementerios sagrados o gigantescos calendarios, pero no configuraron asentamientos urbanos.
Earthworks (Inglaterra, 2009) y círculos de irrigación agrícola (EEUU)
Más allá de la aparición de esas intrigantes construcciones prehistóricas, los paisajes también se han visto transformados por la acción humana creadora de círculos. Un caso que aporta fascinantes grupos de formas redondas es la agricultura, sobre todo por los sistemas de irrigación pivotante, que provocan contrastes radicales entre el verde del cultivo, situado dentro del regadío circular, y el yermo (pardo o amarillo habitualmente) del secano improductivo. También el diseño de paisajes, y especialmente los contemporáneos, se han apoyado en múltiples ocasiones en círculos. Los earth works o el land art han, por ejemplo, “recortado” campos de cultivo en efímeras y complejas composiciones o han colocado piedras para crear obras de arte territorial. Muchas de estas operaciones son perecederas y están vinculadas al mundo de la fotografía para dejar constancia de su existencia (más aún cuando, en la actualidad, resulta sencillo fotografiar desde el aire este tipo de intervenciones que, a ras del suelo, no pueden apreciarse en su integridad).
Burning Man Festival. Black Rock (Nevada, EEUU)
En otro orden de cosas, y relacionado tanto con la fugacidad del momento como con una cierta estructuración urbana circular, encontramos un acontecimiento sorprendente: el Burning Man, un festival que se celebra anualmente en el desierto de Black Rock en Nevada (a 150 kilómetros al noreste de Reno). Este evento, que dura una semana, culmina con la quema de una gran figura humana de madera (algo que recuerda a las Fallas de Valencia y a la romería del Rocío). El encuentro es muy concurrido (se congregan más de cincuenta mil personas) y las caravanas, tiendas de campaña, etc., se disponen siguiendo circunferencias concéntricas, alrededor del centro ritual (donde se ubica la gran escultura del futuro “hombre ardiente”). Esta asombrosa “ciudad temporal”, adopta la misma estructura circular año tras año, aunque desaparece sin dejar rastro tras finalizar la breve reunión (los asistentes se comprometen con la limpieza pulcra del lugar). El desierto recupera su esencia vacía hasta la nueva aparición al año siguiente, recuperando la misma disposición transitoria (es llamativo que en google maps queda reseñada su traza en su ubicación fija, que es lo único que permanece: 40°4713N, 119°1216W)
Por supuesto el círculo es uno de los grandes recursos en la arquitectura. Aparece en la sustentación de edificios por medio de arcos y bóvedas de cañón, igualmente como base compositiva para plantas, alzados o secciones, y lógicamente, también está presente en motivos decorativos o elementos de carpintería y mobiliario. El círculo y la circunferencia también son relevantes en la pequeña escala de la ciudad, con muchos otros ejemplos tanto en el espacio urbano, formalizando plazas o rotondas, como en pequeños sectores vinculados a disposiciones curvilíneas de las edificaciones. Dejaremos estos temas para otra ocasión.
Las disposiciones arquitectónicas circulares pertenecen a la pequeña escala urbana. Leipzig (Alemania). Rundling, proyectado por Hubert Ritter entre 1929 y 1930.
En este artículo, vamos a centrarnos en su aplicación en la planificación urbana general, es decir, en el círculo como diagrama para organizar los espacios de la ciudad, así como en los grandes desarrollos circulares, viarios en la mayoría de los casos, que asombran por la dificultad de su extenso trazado.
No obstante, es necesario hacer una precisión, ya que muchas ciudades han crecido a partir de un núcleo central, desarrollándose desde él en todas las direcciones y aparentando un crecimiento circular, que muestra, incluso, vías radiales (como es el caso, por ejemplo, de Milán, que tuvo su origen como cuadrangular ciudad de colonización romana).
Milán, planos de 1472 (arriba) y del siglo XVII (abajo), una ciudad con apariencia circular pero cuyo origen es cuadrangular.
Este hecho, que proporciona a esas urbes una apariencia de ciudad circular, no corresponde con el objeto de este artículo, ya que buscamos la existencia de una voluntad previa para crear una disposición circular con todas sus consecuencias. Es decir, el círculo “a priori” en lugar del círculo “a posteriori”.

La simbología del círculo.
El círculo es una superficie que extrae su fuerza simbólica de la referencia ineludible a su centro y de su delimitación. Es decir, de la existencia de un punto singular (el centro), único, privilegiado sobre todos los demás, que se encuentran referidos a él;  y también de la propia esencia de la línea perimetral, una línea sin principio ni final, una línea “eterna” en su infinitud. Esa frontera es una circunferencia, una línea que se define como el lugar geométrico de todos los puntos que se encuentran a la misma distancia de uno dado previamente (el centro). Esto produce un efecto de igualdad, de isotropía en todos los puntos del límite. En ese sentido el círculo (que es una superficie) englobaría a todos los puntos ubicados a menor o igual distancia, es decir en el interior del recinto demarcado.  
De estas dos nociones (centro y límite) se desprende un conjunto de simbolismos ancestrales que han fortalecido a su ya poderosa configuración formal. No son las únicas porque, también, círculo y circunferencia se relacionan con la infinitud, con la complementariedad interna, con el movimiento, entre otras cuestiones.  Juan Eduardo Cirlot, en su Diccionario de Símbolos, recuerda que “el círculo o disco es, con frecuencia, emblema solar (indiscutiblemente cuando está rodeado de rayos). También tiene correspondencia con el número 10 (retorno a la unidad tras la multiplicidad), por lo que simboliza en muchas ocasiones el cielo y la perfección o también la eternidad”. Por otra parte, al referirse a la circunferencia apunta que es “símbolo de la limitación adecuada, del mundo manifestado, de lo preciso y regular, también de la unidad interna de la materia y de la armonía universal, según los alquimistas. (…) es la imagen de aquello en lo cual el principio coincide con el fin, es decir, del eterno retorno”.
La importancia simbólica del círculo se manifiesta por su aparición constante en culturas muy diversas y alejadas. Circulo, circunferencia o movimiento circular se manifiestan en prácticamente todas las civilizaciones con significados similares que, de una forma u otra, sugieren la perfección (de hecho, cuando algo sale bien decimos que ha quedado “redondo”). También apuntan a la totalidad del mundo (como representación del universo, la Tierra, el cielo, el sol, la luna, etc.), así como al eterno retorno (la circunferencia no tiene ni principio ni final) o a la complementariedad ideal de los contrarios (sectores que al unirse conformar una unidad perfecta en el círculo). La forma circular, más allá de su versión útil o instrumental, manifestada en la rueda, se encuentra presente como símbolo en muchas obras ornamentales e ideogramas muy variados. Hacen referencia a ello, cada uno con su mensaje, desde los diagramas yin-yang de la cultura china, las esvásticas hindúes, el crismón cristiano o la media luna musulmana. Incluso en nuestro propio lenguaje incorporamos la palabra círculo en un sentido alegórico, como referencia a su interior, a la inclusión, al sentimiento de pertenencia a un grupo, como muestran muchas asociaciones humanas que se conocen con ese término (círculo de empresarios, círculo de lectores, etc.), expresando la poderosa fuerza centrípeta del símbolo.
Símbolos relacionados con el círculo (crismón cristiano, lauburu vasco, media luna musulmana y yin-yang chino)
En lo referente a la ciudad, el círculo está muy presente en los asentamientos primitivos, tanto por cuestiones pragmáticas, como se verá más adelante, como por su sentido simbólico de reunión, inclusión, delimitación interior-exterior, incluso como nido y lugar matriz.
Por ejemplo, en la cultura india norteamericana, el círculo era un símbolo muy especial que trascendía su significado para incorporarse a sus propios asentamientos. Así lo confirmaba muy poéticamente, Alce Negro (Black Elk, 1863-1950), uno de los líderes espirituales y médico de la tribu sioux de los Lakota Oglaga, en sus conversaciones con John Neihardt:
“Habéis visto que todo lo que hace el indio lo hace en un círculo, y esto es así porque el Poder del Mundo siempre actúa en círculos, y todas las cosas tienden a ser redondas. En los días de antaño, cuando éramos un pueblo fuerte y feliz, todo nuestro poder nos venía del círculo sagrado de la nación, y en tanto el círculo no se rompió, el pueblo floreció. El árbol florido era el centro vivo del círculo, y el círculo de las cuatro direcciones lo nutría. El Este daba la paz y la luz, el Sur daba el calor, el Oeste daba la lluvia, y el Norte con su viento frío y potente, daba la fuerza y la resistencia. Todo lo que hace el poder del mundo se hace en un círculo. El cielo es circular, la tierra también, y las estrellas son redondas; el viento en su fuerza máxima se arremolina, los pájaros hacen sus nidos en forma de círculos. El Sol sale y se pone en un círculo, la Luna hace lo mismo, y ambos son redondos. Incluso las estaciones, con sus cambios, forman un círculo y siempre regresan a donde estaban. La vida del hombre es un círculo de infancia a infancia, y así en todas las cosas en que se mueve el poder. Nuestros tipis eran circulares como los nidos de los pájaros y estaban siempre dispuestos en círculo, el círculo de la nación, un nido hecho de muchos nidos en el que el Gran Espíritu quería que cobijásemos a nuestros hijos”.
Neihardt, John G. “Black Elk Speaks. The Complete Edition” Ed. University of Nebraska, 2014, 1ª ed.1932. (17. The First Cure)

El círculo como diagrama de planificación urbana.
Pero a pesar de su rotundidad geométrica y de su potencia simbólica, el círculo no ha sido utilizado con frecuencia como base estructural de las ciudades. Desde el punto de vista urbano, resulta una figura contradictoria porque además de las dificultades para su implantación, sus virtudes iniciales suelen convertirse en inconvenientes para su desarrollo.
Para su formación, los grandes círculos exigen una serie de requisitos previos, comenzando por la propia geografía del lugar (factores naturales) ya que necesita planicies sin obstrucciones en los que poder ser desarrollado adecuadamente. También demanda una voluntad específica de la comunidad puesto que su trazado obliga a un acuerdo (factores humanos) que acepte las ventajas e inconvenientes de la forma.
Entre las propiedades geométricas más apreciadas en la antigüedad destacaba el hecho de que sea la figura que encierra una mayor superficie para un menor perímetro. Es decir, el círculo proporciona una economía de recursos para la delimitación de un espacio. Si hablamos de cercar un lugar, obtendremos que, para una misma superficie, la valla circular será la de menor longitud y por lo tanto la que menor consumo de recursos realiza (cuestión muy importante en tiempos pretéritos donde los recursos escaseaban). Por eso, cuando los pueblos primitivos deseaban acotar un lugar, el vallado circular era el más eficaz. Y, en las ciudades, la rotundidad de la circunferencia perimetral (base de una empalizada o una muralla que ofrecía protección) conseguía la nitidez de la separación entre el espacio interior y el exterior con la máxima economía.
El muro circular, además, apuntaba un centro, otra de las cuestiones fundamentales en aquellos antiguos asentamientos (en muchos casos, el centro era realmente el origen fundacional y el límite se fijaba en función de las necesidades de superficie estimadas). El centro podía ser el lugar vacío de reunión, como en las tribus indias que rodeaban el fuego común; o el lugar para proteger el ganado como en los kraal característicos del sur de África, en los que las chozas se disponían circularmente reservando el centro para encerrar el ganado. Así los poblados del tipo kraal constaban de dos empalizadas concéntricas: una interior, donde se agrupaban los animales, y otra exterior, disponiendo las chozas (también de planta circular) entre ambas.
Kraal africano y poblado indio.
Ahora bien, esta ventaja inicial, apreciable en esos poblados primitivos faltos de recursos, se convierte en complicación cuando se trata de desarrollar su interior y, especialmente, al proponer el desarrollo del recinto circular, puesto que una forma tan cerrada no convive bien con otros tipos de geometrías. Ni resulta sencillo articular el crecimiento de una forma tan cerrada. El cuadrado puede crecer y convertirse fácilmente en rectángulos, o algo parecido sucede con muchos polígonos, pero el círculo perfecto ofrece dificultades.
No obstante, a pesar de que esas primeras ventajas de eficacia perdieron importancia y se advirtieron sus inconvenientes de desarrollo, el círculo no desapareció del imaginario urbano.  Es más, en algunos casos adquirió prestigio como representación de la perfección, lo cual sumado a su isotropía, lo convertía en la estructura apropiada para las propuestas de ciudad ideal que proliferaron, por ejemplo, en el Renacimiento europeo.
Por eso lo encontramos en todas las civilizaciones y en todas las épocas, como en los primitivos poblados africanos o norteamericanos, en ciudades persas y musulmanas, en las ciudades renacentistas, en los trazados barrocos o en los mandalas urbanos hindúes y, desde luego, en las ciudades contemporáneas. Vamos a aproximarnos a sus claves morfológicas y simbólicas, categorizando y reseñando algunos de sus ejemplos más representativos.
Podemos agrupar los múltiples ejemplos en dos grandes categorías:
  • Modelos unitarios (ciudades planificadas como circulares), en los que un único círculo es la base estructural de  la ciudad.
  • Modelos sistemáticos, en los que el círculo es la “célula” base de agrupaciones mayores, que se conectan linealmente formado sistemas.
Al  margen de los modelos de planificación, la circunferencia también protagoniza casos urbanos puntuales, como grandes estructuras viarias, o incluso sus radios, que pueden ser capaces de organizar distribuciones territoriales. También nos aproximaremos a algunas de estas realizaciones.
      
Modelos unitarios (ciudades planificadas circulares).
El modelo unitario utiliza un único círculo como estructura matriz. Este gran diagrama estructural determina algunas condiciones fijas en la forma de la ciudad, pero admite un conjunto de sub-categorías organizadas en función del planteamiento de la estructura interior. La principal incluye ciudades cuya estructura respeta las reglas geométricas de la curva (radios y orbitales). Este caso de geometría curva es también conocido como modelo radioconcéntrico (aunque esta denominación se aplica igualmente a otras estructuras poligonales o a ciudades que han tenido crecimientos circulares aparentes sin una planificación a priori). Pero hay otros planteamientos posibles para resolver el recinto interior, apareciendo tramas ortogonales, poligonales y también irregulares.

Geometría curva  (modelo radioconcéntrico)
La geometría curva del modelo radioconcéntrico implica la aceptación de las reglas intrínsecas del círculo, es decir la planificación en su interior de radios, diámetros y circunferencias concéntricas sobre los que se apoyarán las calles de la ciudad. Su definición es la más pura y la que propone una mayor eficacia y simbolismo. Por ejemplo, las calles radiales son las conexiones más rápidas entre perímetro y centro y, además, potencian el valor del núcleo como lugar principal de la ciudad.
Este modelo fue muy utilizado en la antigüedad por la fusión de eficacia y simbolismo. Mesopotamia ofrece un buen número de ciudades, sobre todo vinculadas a la Persia sasánida, aunque actualmente son sitios arqueológicos.

• Al-Rawda (Siria), el actual sitio arqueológico de Al-Rawda (situada a unos 80 kilómetros al este de Hama) fue descubierto en 1996 y en 2002 comenzó una excavación que está sacando a la luz los primeros restos de una antigua ciudad mesopotámica que, según se calcula, estuvo habitada entre los años 2400 y 2000 a.C., fecha en la que habría sido abandonada. Las prospecciones magnéticas realizadas han permitido anticipar lo que se encuentra bajo el túmulo de tierra que la oculta. La cartografía obtenida por esos medios presenta una ciudad circular de casi 16 hectáreas (unos 450 metros de diámetro), con una estructura que sigue las directrices dictadas por la geometría, es decir calles radiales y orbitales. Su centro estaría ocupado por el palacio de gobierno.
Al-Rawda (Siria). Plano magnético.

• Firuzabad (Irán). Hay dos Firuzabad, una junto a la otra. Una viva y otra muerta. La primera es la ciudad actual, el asentamiento que comenzó a levantarse a partir del siglo XII, cuando fue abandonada la Firuzabad antigua (que también fue conocida como Gur y habría sido fundada en el tercer milenio a.C.). Esta ciudad ya no existe, quedando el recuerdo de lo que fue en el testimonio de un espectacular círculo perfecto de 1.950 metros de diámetro, que era su recinto. Las investigaciones arqueológicas descubrieron un preciso sistema geométrico que dividía el interior amurallado en veinte sectores, separados por veinte calles radiales que accedían a un extenso centro (también circular y de unos 450 metros de diámetro) donde se encontraba el complejo de gobierno. La estructura urbana se completaba con varias calles concéntricas.
Firuzabad (Irán)
• Darab (Irán). Otra de las ciudades redondas, que confirma el modelo sasánida es Darab, ó Darabgerd, que también es actualmente un sitio arqueológico, aunque, como en el caso anterior, hay otra Darab nueva unos kilómetros al norte de la antigua. Con un diámetro de 1.900 metros, la ciudad estuvo ocupada hasta el siglo XII en el que sería abandonada y sustituida por el nuevo asentamiento. La mayor peculiaridad de Darab es la presencia de un pequeño cerro central que presidía la ciudad y que reforzaba su carácter de fortaleza. Aunque todavía no se tienen certezas acerca de su planteamiento interior, si están identificados los dos ejes perpendiculares y sus cuatro puertas correspondientes.
Darab o Darabgerd (Irán)
• Arkaim (Kazajistán). En 1987 fue descubierta otra de las antiguas ciudades circulares, en este caso en las estepas de Kazajistán. Se estima que podría haber sido fundada hacia el año 2000 a.C. Los vestigios encontrados en el sitio arqueológico han permitido recrear como serían aquellas ciudades de los arios que habitaron la región de los Urales rusos hace cuatro mil años. También se ha vinculado el asentamiento a prácticas religiosas y astronómicas.
Arkaim (Kazajistán)
• Bagdad (Irak). La tradición persa de ciudades de estructura circular sería continuada muchos siglos después por los musulmanes con la fundación de Bagdad. Corría el año 761 cuando el califa abasí Al-Mansur fundó la ciudad destinada a ser la capital del imperio islámico. Se escogió un lugar cercano a las ruinas de la antigua Ctesifonte, la principal ciudad del imperio sasánida, y se planificó como una estructura circular que contaba con un triple anillo de murallas. Entre el muro exterior  (cuyo diámetro era de 2,7 kilómetros) y el intermedio se situaba el glacis defensivo. En la corona circular situada entre el muro intermedio y el interior se ubicaron las viviendas, los zocos comerciales y bazares cubiertos, con cuarenta y cinco calles radiales y dos concéntricas. El espacio interior, un inmenso círculo de 1.500 metro de diámetro, era un parque en el que se levantaban la mezquita, el palacio califal y el cuartel de la guardia. Bagdad contaba con cuatro grandes puertas situadas en las bisectrices de los puntos cardinales (noroeste, noreste, sureste y suroeste). No obstante, el crecimiento de Bagdad obligaría a desbordar la ciudad circular original con construcciones exteriores que no seguían la traza curva. Pero la historia de aquella “Bagdad redonda” fue trágica porque diversas luchas internas por el poder la destruirían parcialmente y la disgregación del imperio islámico la llevaría a una decadencia que sería confirmada por la llegada de los mongoles, quienes arrasaron la ciudad en 1258. Lamentablemente, no quedan vestigios de la ciudad circular de Bagdad, que conocemos por las descripciones maravilladas de los escritores árabes de la época.
Bagdad (Irak). Debajo, recreación de la ciudad circular.
• Bram (Francia). En el Languedoc, al sur de Francia, encontramos la villa medieval de Bram, una particular estructura circular creada en el siglo XI. El centro está ocupado por la iglesia (de Saint-Julien et Sainte-Basilisse) que se ve protegida (física y simbólicamente) por el caserío residencial, que adopta esa forma circular envolvente. Los diversos círculos concéntricos fueron surgiendo como capas de cebolla a lo largo de los siglos. El primero, de 75 metros de diámetro, con su fundación; mientras que el segundo duplicó la ciudad llegando a los 150 metros un siglo después, en el XII. Una tercera ampliación, hasta los 195 metros, se realizaría en la Baja Edad Media (conllevando el traslado de la muralla y el foso hacia la nueva delimitación). Aún habría una cuarta, en el siglo XIX, sobre los espacios resultantes del derribo de la muralla y el foso eliminado (que se había producido en el siglo XVII). Esta sería la última, que completaría el diámetro final de unos 230 metros.
Bram (Francia)

A partir de la Edad Media, las ciudades crecen y se encuentran con los problemas de desarrollo que conllevan los planteamientos circulares puros. La delimitación precisa y económica del asentamiento ya no era una prioridad y la ineficacia en su extensión haría que estas estructuras cayeran en desuso. Salvo algunas propuestas ideales renacentistas (que serán mayoritariamente poligonales) y ciertos ejemplos puntuales en el Barroco y la Ilustración, los círculos serán escasamente utilizados como diagrama urbano. Ya en el siglo XX, la forma será recuperada relativamente. El modelo unitario sería muy utilizado como base para las propuestas utópicas (como las garden cities o las ciudades teóricas de Paolo Soleri), pero en la realidad, los círculos que se materializaron lo harían principalmente como “células” de un organismo mayor.

• Arc-et-Senans (Francia) también conocida como las Salinas de Chaux (por su vinculación a la industria de la sal y su proximidad al bosque del mismo nombre), es uno de los escasos ejemplos ilustrados de modelo unitario que sigue las leyes de la geometría circular, proyectado por Claude Nicolas Lédoux. La edificación se sitúa cerca del perímetro y en un diámetro central, dejando grandes espacios libres interiores. No obstante, acabaría desarrollándose únicamente una de sus mitades y por esta razón, la abordaremos más adelante, dentro de las “ciudades semicirculares”.
Arc-et-Senans (Francia) también conocida como las Salinas de Chaux, proyectada por Claude-Nicolas Ledoux.
• Garden City (ciudad ideal). El modelo teórico ideado por Ebenezer Howard y publicado en 1902, que tanta influencia ha tenido en el desarrollo urbano del siglo XX, presenta una formulación circular, muy expresiva sobre las intenciones del autor. Principalmente porque contaban con una estructura interna de gran ortodoxia con la geometría circular (vías radiales y concéntricas, segmentos y sectores circulares, etc.), lo cual manifestaba el deseo de crear comunidades cerradas, que no pudieran crecer y mantuvieran la población dentro de los límites establecidos como ideales. Aunque finalmente, la aplicación de los principios a la realidad crearía ciudades no circulares (aunque las tramas más o menos ortogonalizadas recordaran la estructura original), el recurso de Howard a la geometría circular está muy relacionado con las claves que hicieron de esta forma una de las principales en los asentamientos primitivos.
Garden City, el modelo teórico ideado por Ebenezer Howard.
• Arcology  Cities (ciudades ideales). Paolo Soleri (1919-2013) fue un arquitecto singular. Italiano formado en Turín viajó a EEUU para trabajar con Wright en Arizona, región que ya no abandonaría. A partir de 1959 comenzó a elaborar una serie de utopías urbanas que planteaban una alternativa a la ciudad extensa y dispersa. Soleri buscaba preservar el entorno natural, para lo cual las ciudades debían ser compactas, y densas (muchas de ellas se desarrollaban verticalmente, tanto hacia el cielo como hacia el subsuelo). Esas ciudades teóricas eran planificadas con el objetivo principal de ahorrar energía y recursos (por ejemplo aprovechando la energía solar o eliminando el uso del automóvil, que se convertía en innecesario por la unificación de todas las actividades en ámbitos reducidos). Denominaría a su labor Arcología (arquitectura más ecología) y comenzaría a producir imaginativas megaestructuras fascinantes, muchas de las cuales adoptarían la forma circular. El círculo proporcionaba a Soleri la rotundidad de su delimitación frente al entorno natural, afianzaba su carácter cerrado no extensible horizontalmente, y también su simbolismo de perfección. Su producción fue intensa y publicaría sus “ciudades” que recibían nombres como Noah Babel, Novanoah, Asteromo, Arcollective, etc.  En 1970 puso en marcha en Arizona una ciudad prototipo, que sería un laboratorio urbano para experimentar sus reflexiones (y que preveía para unas 5.000 personas). La denominó Arcosanti y, desde sus inicios, se convirtió en un centro de atracción para estudiantes y voluntarios que comenzaron a trabajar en su materialización (y que sigue desarrollándose).

Algunos ejemplos de las ciudades circulares ideales de Paolo Soleri.
• Sun City, cerca de Phoenix (Arizona, Estados Unidos) es uno de los casos modernos que rehabilitó la estructura circular. Aunque realmente es un caso sistemático con varios círculos integrados (y por eso nos ocuparemos de ella al referirnos a la construcción de sistemas), alguno de esos núcleos, por su autonomía y por el uso de las reglas canónicas de composición, con sus vías radiales y orbitales o la potenciación del centro, responde a las claves radioconcéntricas.

Sun City (Arizona, Estados Unidos)

(continua en la segunda parte).

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