10 may. 2019

Cómo diseñar una ciudad renacentista (en versión española): recursos escenográficos en Alcalá de Henares.


Alcalá de Henares cuenta con un amplio catálogo de recursos de diseño urbano renacentista, empleados para conseguir determinados efectos escenográficos. En la imagen, la calle Santa Úrsula que va ensanchándose progresivamente para remarcar la entrada de la iglesia del convento de monjas agustinas de Santa María Magdalena. 
La etiqueta “renacentista” es controvertida y suele acompañarse de una serie de precisiones espaciales, temporales y también estilísticas, porque el Renacimiento no se extendió universalmente, ni su aceptación fue concurrente, y tampoco fue un movimiento monolítico, al verse particularizado por diferentes tradiciones regionales.
Las divergencias se acentúan si nos referimos al urbanismo, circunstancia que se acusó todavía más en la versión española de la ciudad renacentista. Para comprobarlo, en este artículo nos acercaremos a ciertos recursos de diseño urbano empleados entonces en nuestro país para conseguir determinados efectos escenográficos, aplazando para otra ocasión el análisis sobre trazados y estructuras urbanas.
Algunos de esos recursos fueron identificados por el arquitecto e historiador Luis Cervera Vera, que tomó Alcalá de Henares como campo de investigación. Los presentó en el libro “Resumen histórico del Urbanismo en España” escrito en colaboración con maestros como García Bellido, Torres Balbás, Chueca y Bidagor. Los ejemplos señalados, dejando al margen su interés didáctico, también pueden servir de guía particular para recorrer y comprender mejor el núcleo histórico de Alcalá, que por algo es patrimonio de la humanidad.

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El urbanismo renacentista y sus “versiones”.
En el norte italiano, durante el Quattrocento, se gestó una corriente de pensamiento, artística y política que influiría decisivamente en otros países del entorno europeo: el Renacimiento. Pero la etiqueta “renacentista” es controvertida y suele acompañarse de una serie de precisiones espaciales, temporales y también estilísticas, porque el Renacimiento no se extendió universalmente, ni su aceptación fue concurrente, y tampoco fue un movimiento monolítico, al verse particularizado por diferentes tradiciones regionales.
Un ejemplo de todo ello fue la “versión española” de la arquitectura renacentista. Primero porque la influencia italiana no se apreciaría con nitidez en nuestro país hasta bien entrado el siglo XVI, asentándose en su segunda mitad y buena parte de la siguiente centuria, cuando Italia caminaba hacia el Barroco. Segundo porque, si bien buscaba sintonizar en lo general, la influencia de las arraigadas prácticas hispanas, como por ejemplo lo mudéjar, generó una interpretación muy peculiar, que en pocos casos alcanzaría la sofisticación y las sutilezas originales.
Las divergencias se acentúan si nos referimos al urbanismo. La ciudad renacentista tardó en consolidarse como modelo y, aunque su conceptualización fue bastante rotunda, su implantación real, fue escasa, limitada y no tan pura como abogaban los tratados, difuminando mucho el prototipo teórico. Esta circunstancia se acusó todavía más en la interpretación que se hizo en la península ibérica de la ciudad renacentista, que no tuvo su primera experiencia importante hasta 1561 en Valladolid.
Para comprobar lo anterior, en este artículo nos acercaremos a ciertos recursos de diseño urbano empleados entonces en España para conseguir determinados efectos escenográficos, aplazando para otra ocasión el análisis sobre trazados y estructuras urbanas. Algunos de esos recursos fueron identificados por el arquitecto e historiador Luis Cervera Vera (1914-1998), que tomó Alcalá de Henares como campo de investigación. Los presentó en el libro “Resumen histórico del Urbanismo en España” escrito en colaboración con maestros como García Bellido, Torres Balbás, Chueca y Bidagor (Ed. IEAL, Madrid, 1954, con una segunda edición ampliada en 1968 y una tercera en 1987). En él, Cervera se encargó del “Urbanismo de los Austrias”, prestando atención a ciertas técnicas de creación de “escena urbana”, con la que, de alguna manera, homenajea a Camilo Sitte y su “Construcción de ciudades según principios artísticos”.
Esquemas de Luis Cervera sobre calles, publicados en el libro “Resumen histórico del Urbanismo en España”.
Cervera escribe que “el estudio del trazado de esta ciudad, tan española, del siglo XVII, nos enseña los recursos que utilizaron para materializar nuestro característico sentido hacia el espacio cerrado y compartimentado, que constantemente vemos en los trazados urbanos españoles. Estas soluciones consistían en ir moviendo las fachadas de los edificios, para aprovechar los esquinazos y quiebros, como fondo de pequeñas e íntimas perspectivas, producidas por ensanches, encuentros, placitas y compases recogidos, creados con un gran sentido espacial y estético. Estos bellos ambientes urbanos se consiguieron sin grandes dispendios, ya que se tenía en cuenta nuestra débil economía, y, a tenor de la sobriedad castellana, las fachadas y espacios no quedaban enriquecidos, como en las ciudades italianas, con ricos mármoles, estatuas y fuentes. Los edificios alcalaínos están construidos, en su mayoría, con materiales pobres, y en los espacios y plazas solamente plantaron árboles”.
Estos recursos históricos no son fácilmente adaptables a la ciudad actual, pero las intenciones subyacentes pueden continuar vigentes. Conviene recordar la distinción entre “principios de diseño”, que son conceptuales y generales, y “formas urbanas” que son la materialización concreta de estos y pueden ser muy variadas. Por ejemplo, un objetivo del planeamiento podría ser buscar el énfasis de determinada arquitectura. Los motivos para ensalzar un edificio concreto pueden ser muy variados, desde favorecer la legibilidad urbana o subrayar su funcionalidad, hasta proporcionar identidad y significado al entorno, o incluso destacar socialmente a sus moradores, por citar algunas de las intenciones más habituales. Para conseguir ese objetivo encontramos respuestas formales diferentes. Un primer caso puede ser la propuesta renacentista italiana, que utilizó la perspectiva como herramienta, creando ejes rectos enfocados hacia el edificio que se pretende magnificar. Así, ese fondo arquitectónico actuaba como “punto de fuga” de las fachadas de la calle que convergían aparentemente en él, engrandeciéndolo al convertirse en insistente referencia a lo largo del recorrido. Otra muestra podría ser el plan francés, que apreció sobremanera las perspectivas largas y abiertas, que no solo enfilaban un palacio (por citar un caso) sino que incluso lo llegaban a “traspasar” para perderse en el horizonte. En contraste podemos encontrar la expresión española, contraria a lo anterior, que muestra recorridos menos grandilocuentes que los galos, cerrándose con la aparición del edificio resaltado, que en ocasiones surgía por sorpresa incrementando el asombro del espectador. En definitiva, una misma intención conceptual puede ser expresada de formas diferentes al aplicarle el carácter propio de cada lugar.
La calle de San Bernardo finaliza en el Arco de San Bernardo que se abrió en la antigua muralla. Parte de la plaza de las Bernardas, presidida por el convento de las religiosas Bernardas (que aparece en la imagen)
Como hemos adelantado vamos a profundizar en estas cuestiones dirigiéndonos a Alcalá de Henares. En otro artículo de este blog atendimos a la formación de su centro histórico, con su doble naturaleza, medieval y renacentista. Por eso, aquí solo recordaremos esas dos concepciones urbanas tan diferentes. Por un lado, la trama medieval, que caracteriza al núcleo original, aunque está muy modificada por la implantación de los grandes edificios levantados durante los siglos XVI y XVII (en gran medida conventos pertenecientes a órdenes religiosas que reconfiguraron las calles y plazas contiguas). Por otro lado, la Alcalá renacentista, impulsada por su elección a finales del siglo XV para albergar una universidad, que ofreció un nuevo trazado y ambiente urbano gracias a un conjunto de edificios que ampliaron el recinto de la ciudad por su límite oriental. Su desarrollo prolongado en el tiempo iría asumiendo paulatinamente los principios del Renacimiento importado desde Italia y del barroco, todo ello condicionado por la impronta hispana y sus circunstancias, por supuesto.
Los ejemplos señalados, dejando al margen su interés didáctico, también pueden servir de guía particular para recorrer y comprender mejor el núcleo histórico de Alcalá, que por algo es patrimonio de la humanidad.
Arriba, hipótesis del trazado de la Alcalá de Henares medieval. Debajo, el plano renacentista de la ampliación oriental (la ciudad universitaria de Cisneros, según el plano de Ovando de 1564) y a la derecha ortofoto con la adaptación a la realidad del trazado.

Escenografías callejeras.
En una ciudad renacentista se deseaba transmitir racionalidad y orden dentro de un ambiente bello. La perspectiva sería una gran herramienta para conseguirlo y el trazado las calles utilizó ciertos recursos de diseño basados en ella. Uno de los más característicos fue la potenciación de un fondo visual. En estos casos se trazaba la calle con una directriz recta que enfocaba a un edificio singular que presidía el horizonte (como podía ser la fachada de un palacio, de una iglesia, de una puerta de muralla, etc.). Su presencia continua proporcionaba una gran identidad a la calle, reforzada por el carácter de esa meta final que “teñía” todo el recorrido (además de lanzar otros mensajes subliminales, como el de la existencia de un “punto de vista único” como alegoría del poder).
El enfoque directo de la calle era el recurso más sencillo, pero exigía una planificación previa, condición que llevó a que no fuera el único recurso escenográfico utilizado para ensalzar las construcciones. Habría otros menos evidentes que también conseguían potenciar un “punto de interés” dentro de una calle. Los más habituales fueron las aperturas graduales de las vías (ensanchamientos progresivos) y los cierres repentinos (quiebros), que fueron utilizados en Alcalá de Henares debido a la trama irregular de su parte más antigua. Buscando esos efectos, los urbanistas alcalaínos del renacimiento (y del barroco), gracias a la implantación de grandes edificaciones (sobre todo iglesias y conventos), “corrigieron” puntualmente la trama de la ciudad medieval.
Efecto 1: ensanchamiento progresivo.
El ensanchamiento paulatino de una calle pretende lograr la focalización de un frente de edificio ante la imposibilidad de apuntarlo directamente. Eventualmente, puede disponer de un espacio previo, configurando una pequeña plaza-atrio. Nos fijamos en tres casos de Alcalá de Henares. El primero es el reseñado por Luis Cervera como “calles / longitudinales / ensanchamientos / sin quiebros”.
Arriba a la izquierda el esquema dibujado por Luis Cervera que corresponde con la calle Beatas (foto a). Debajo, interpretación de los flujos que se producen en un “ensanchamiento progresivo” de los cuales se ofrecen ejemplos en las tres fotos contiguas y que se explican en el texto. Foto a: calle Beatas. Foto b (con dos ejemplos): calle del Empecinado y plaza del Empecinado. Foto c: calle Santa Úrsula.
La apertura final de la calle Beatas es tal que la vía se transforma en una placita triangular que sirve de antesala a la gran plaza de San Diego, presidida por la extraordinaria portada del Colegio Mayor de San Ildefonso. La formalización de la pequeña plaza, además de las fachadas de la calle Beatas que se abren en ángulo, la establece la esquina de uno de los edificios universitarios (que sirvió durante un tiempo como cuartel del Príncipe). El plano de Ovando ya indica este gesto que se encuentra entre las manzanas 5 y 6.
El ensanchamiento la calle Beatas se abre hasta tal punto que la vía se transforma en una placita triangular que sirve de antesala a la gran plaza de San Diego, presidida por la extraordinaria portada del Colegio Mayor de San Ildefonso. Arriba, vista hacia la plaza de San Diego y debajo vista desde esta plaza hacia la calle Beatas.
Otro ejemplo se produce en la calle Santa Úrsula que va abriéndose hasta enfocar la entrada de la iglesia del convento de monjas agustinas de Santa Magdalena. La portada del templo se retrasa respecto al cruce del eje calle Gallo-Carmen Calzado creando un espacio previo a modo de minúscula plaza-atrio de acceso. La dirección original de la calle Santa Úrsula continúa con la calle Escritorios recuperando la anchura que, lógicamente, es mucho menor.
El ensanchamiento progresivo de la calle Santa Úrsula remarca la entrada de la iglesia del convento de monjas agustinas de Santa María Magdalena. La portada del templo se retrasa respecto al cruce del eje calle Gallo-Carmen Calzado creando un espacio previo a modo de minúscula plaza-atrio de acceso.
Encontramos nuevos casos en la calle del Empecinado. Esta vía se abre levemente para potenciar la entrada al convento de Dominicas de Santa Catalina de Siena que se encuentra en la misma fachada lateral remarcada por el saliente de la estrangulación producida por la recuperación de la anchura inicial. Siguiendo la misma calle se vuelve a adoptar la misma estrategia de ensanchamiento, aunque de forma mucho mayor para favorecer la visión del colegio convento de la Merced Descalza. La apertura es tal que llega a crear una auténtica plaza: la plaza del Empecinado.
Dos ejemplos de quiebro para remarcar una entrada. Arriba, la entrada queda en la fachada alineada y el cuerpo saliente frena el flujo para llamar la atención sobre ella (calle del empecinado, entrada al convento de Dominicas de Santa Catalina de Siena). Debajo, se produce un efecto similar para la entrada de la iglesia, aunque aprovechando el cuerpo saliente para otra entrada auxiliar (calle de Santa Clara, iglesia del convento de Santa Cara con sus peculiares contrafuertes cilíndricos de ladrillo). 
Efecto 2: quiebros y cierres visuales.
En la ciudad medieval, muchas calles suelen ir curvándose de forma paulatina describiendo giros que ocultan buena parte de su recorrido. En cambio, en la ciudad la renacentista esta ocultación, cuando se desea, es más radical, porque suele forzarse el cambio de dirección más drásticamente, quebrando ortogonalmente la calle, en una propuesta geométrica que crea una escena urbana muy especial. Cervera muestra dos casos: “calles / longitudinales / en ángulo / sin ensanchamiento” y “calles / quebradas / paralelas a sí mismas / cerradas”.
Ambos casos se encuentran en la ampliación renacentistas ya que no son “correcciones” de trazado como podía ser el efecto anterior, sino que están pensados antes de su ejecución y así se refleja en el plano de Ovando. El primer caso surge entre las manzanas 3 y 4, y corresponde con el quiebro de la calle Nebrija, que discurre más o menos paralela a la calle Libreros, presentando un giro de noventa grados hacia el sur para desembocar perpendicularmente en esta vía principal.
La segunda categoría tiene un ejemplo entre las manzanas 1 y 2 y la manzana 12 (aunque la previsión era que hubiera continuidad hacia el este, hecho que no se produjo). Es un zigzag viario que realiza la calle San Pedro y San Pablo, girando ortogonalmente para volver a hacerlo y recuperar la orientación con el eje desplazado.
Izquierda, quiebro de la calle Nebrija. Derecha, quiebro de la calle San Pedro y San Pablo.
Otra muestra es el quiebro de la calle Trinidad, que parte hacia el sur desde la transición entre la calle Colegios y Santa Úrsula, enfrente de la Plaza Cervantes, escoltada por el Colegio de Málaga (que alberga actualmente la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá) y el convento de Santa Úrsula (de la orden de las concepcionistas franciscanas). El quiebro es forzado por la presencia del Convento de los Trinitarios Descalzos que tras realizar el giro ofrece su entrada.
Secuencia de la calle de la Trinidad. Arriba arranque desde la plaza de Cervantes, entre el Colegio de Málaga (izquierda) y el convento de Santa Úrsula (derecha). En el centro, el quiebro radical de la calle ante la presencia del Convento de Trinitarios. Debajo, tras el quiebro, entrada al convento.

La creación de plazas.
El centro histórico de Alcalá de Henares cuenta con cuatro grandes plazas principales. Dos de ellas nacieron vinculadas a los dos edificios más importantes de la ciudad original: la catedral (Plaza de los Santos Niños) y el palacio Arzobispal (Plaza Palacio). La tercera es la mayor de todas y nació como mercado extramuros, quedando incluida en el recinto urbano debido a la ampliación universitaria de la ciudad. En la actualidad es el centro neurálgico del casco antiguo (Plaza de Cervantes). La última, también surgió vinculada a un edificio, en este caso al colegio Mayor de San Ildefonso que la preside magníficamente (Plaza de San Diego) y fue el centro de la extensión universitaria (aunque en el plano de Ovando no existía y se habilitó eliminando la manzana 9 y parte de la 8).
Plano del centro histórico de Alcalá de Henares señalando las cuatro plazas principales: 1. Plaza de los Santos Niños; 2. Plaza Palacio (con su contigua plaza de las Bernardas); 3. Plaza de Cervantes; y 4. Plaza de San Diego.
Pero la Alcalá antigua cuenta con otras muchas plazas menores, placitas recoletas, algunas encantadoras que tienen diferentes motivaciones y procesos de formación dentro de la trama. Una de las estrategias de creación de esos espacios se basa en el aprovechamiento escenográfico de la concurrencia de calles, cerrando perspectivas o enfatizando determinados edificios. Luis Cervera, en sus esquemas, muestra varios ejemplos en función de si se trata de un “encuentro” o de un “cruce”. El encuentro es aquel en el que las calles que confluyen se ven afectadas en su continuidad, desapareciendo o cambiando notoriamente de dirección. Este caso presenta dos opciones principales: la primera es un bivio que ocurre cuando dos calles se unen o una calle se bifurca, según sea el sentido de la marcha; mientras que la segunda sucede cuando las calles se interrumpen o varían su orientación. Una encrucijada es cuando las dos calles que se cruzan continúan su recorrido independiente. También este caso genera dos alternativas, dependiendo de si las calles conservan la misma directriz o si se quiebran cambiando la dirección, aunque por lo general mantienen la misma orientación.
Efecto urbano 3: plaza nacida de una bifurcación (bivio)
“Bivio” es la palabra propuesta por el profesor Chueca Goitia para designar esta reunión de tres vías que generaban un espacio triangular con dos ángulos obtusos (generados por las dos calles que confluyen) y uno agudo (en la tercera, que es la “fusión” de las anteriores). Estos bivios, tan característicos de muchas tramas medievales al acercarse a los lienzos de murallas, también se descubren en Alcalá de Henares. Una puerta era un punto de acceso muy localizado y habitualmente desde ella se abría un abanico de calles, aunque destacaban las que conectaban con el centro, que solían formar bivios.
Cervera se refiere a ellos como “plazas / encuentros / tres calles” mostrando un esquema que corresponde con la calle Siete Esquinas que reúne a la calle Santa Clara y al callejón del Vicario. En la actualidad, el carácter peatonal de este último, que se suma al espacio-plaza contiguo, modifica la jerarquía del bivio. En este caso, además, la bifurcación cuenta con un cruce previo, prácticamente perpendicular: el eje formado por la calle la Merced-Calle Cardenal Tenorio.
Imagen de la bifurcación de la calle Siete Esquinas (desde la que está tomada la fotografía) en el callejón del Vicario y la calle Santa Clara. El carácter peatonal del callejón, que se suma al espacio-plaza contiguo, modifica la jerarquía del bivio.
Otro bivio importante en la ciudad es el que se genera junto a la Puerta de Madrid, cuando las calles Cardenal Cisneros y Cardenal Sandoval y Rojas, se “funden” en la Plaza Puerta de Madrid (o parten de ella hacia el interior).
Maqueta del centro histórico de Alcalá de Henares. En primer término, la Puerta de Madrid y el bivio que se produce tras ella (las calles Cardenal Cisneros y Cardenal Sandoval y Rojas, “fundidas” en la Plaza Puerta de Madrid)
Efecto urbano 4: plaza nacida de un encuentro
El caso etiquetado por Cervera como “plazas / encuentros / calle recta y quebrada paralelamente a sí misma” lo encontramos en la calle Vaqueras que ve quebrarse su dirección paralelamente en el encuentro con la calle Seises, debido al “empuje” de esta última. La calle Seises otorga el nombre al ensanchamiento, convertido en una pequeña placita que se abre al norte, hacia la calle Postigo, enfrente de la entrada de la actual Facultad de Económicas.
Arriba esquemas de Luis Cervera para la categoría de plazas denominada “encuentros”. Debajo, materialización de los dos últimos. A la izquierda, la calle Vaqueras que ve quebrarse su dirección paralelamente en el encuentro con la calle Seises y a la derecha, el bivio formado por la calle Siete Esquinas que reúne a la calle Santa Clara y al callejón del Vicario.
Efecto urbano 5: plazas nacidas de una encrucijada
En una encrucijada, las calles son pasantes y, como hemos adelantado, plantean varias opciones en función de cómo se ven afectadas sus trayectorias tras pasar por el punto de cruce.
Arriba, plaza de la Victoria y Debajo, plaza Atilano Casado. En el centro los esquemas de Luis Cervera que representan ambas plazas como ejemplos de la categoría “cruces”.
La plaza de la Victoria muestra la morfología identificada por Luis Cervera como “plazas / cruces / dos quebradas paralelamente a sí mismas”. Este espacio se forma por el cruce de dos calles perpendiculares quebrándose ambas con el resultado de que sus directrices tras la plaza no quedan enfrentadas a las precedentes. Esta plaza está formada por la calle Postigo que continua con su quebrada calle Victoria y la Travesía Seises y su quebrada, el Callejón del Hospital. La complejidad de este cruce doblemente quebrantado genera un espacio con identidad propia: la plaza que estuvo presidida por el Colegio Convento de Mínimos de San Francisco de Paula (o de Santa Ana) que hoy está integrado en la Facultad de Económicas, Empresariales y Turismo (que ocupa toda la manzana).
En la misma categoría de encrucijadas, Cervera señala la morfología “plazas / cruces / calle recta con quebrada paralelamente a sí misma”, en la que una de las vías se prolonga invariable tras el cruce mientras que la otra ve su directriz desviada paralelamente, como sucedía en el caso anterior. Esta situación ocurre en la calle Tinte, que continua en la calle del Ángel con el eje desplazado (antiguamente extramuros). La calle recta es la Vía Complutense (que acompañaba a la muralla) y la plaza habilitada fue la actualmente denominada plaza de Atilano Casado, abierta donde se encontraba la histórica y desaparecida Puerta de Santiago, junto al antiguo hospital de san Lucas y san Nicolás.
Plaza de la Victoria. Al fondo el edificio nuevo de la facultad de Económicas y a la derecha, el antiguo Colegio Convento de Mínimos de San Francisco de Paula (hoy también integrado en dicha facultad)
Un caso similar se produce en la calle Santa Clara en su encuentro con la calle Cárcel Vieja. El “choque”, desplaza el eje de la primera hacia el este, continuando su recorrido con el nombre de Travesía Avellaneda (el otro eje mantiene invariable su dirección cambiando el nombre al de calle de la Trinidad). El desplazamiento en este caso crea la plaza San Juan de Dios, frente a la esquina del convento de las Clarisas y a la que dio frente el antiguo hospital de San Juan de Dios, hoy reconvertido en edificio de viviendas.
Plaza de San Juan de Dios, caso de encrucijada con una calle que continua y otra que se quiebra.
Efecto urbano 6: la plaza patio
Terminamos el recorrido en una plaza diferente a las anteriores. Podríamos etiquetar el caso como “plaza nueva sobre patio antiguo”. Es una plaza moderna que ocupa el interior de una manzana, surgida al convertir en espacios públicos unos que antiguamente fueron privados: las huertas del Colegio de los irlandeses o la antesala de la Sinagoga Mayor de la ciudad. El conocido como Colegio Menor de San Jorge o de los irlandeses, fundado como Colegio de San Patricio, tuvo una huerta interior que sería con el tiempo vendida para realizar una promoción de viviendas. El proyecto transformó el espacio libre central en una plaza pública porticada, la Plaza de los irlandeses, a la que se accede a través de dos pasos adintelados desde la calle Mayor y la calle Escritorios. Estos pasos mantienen aproximadamente el trazado del antiguo callejón del Peligro. Al margen de la peculiaridad de su nacimiento, el lugar cuenta con el interés visual que ofrece la fachada trasera del colegio y la cúpula de la iglesia del Convento de Agustinas Recoletas de Santa María Magdalena que surge tras ella. 
La plaza de los irlandeses es una plaza moderna surgida al convertir en espacio público las huertas del Colegio de los Irlandeses (al fondo fachada del colegio, emergiendo sobre ella la torre de la iglesia del convento de monjas agustinas de Santa María Magdalena.
Esta plaza enlaza con el espacio denominado actualmente corral de la Sinagoga Mayor, que ejercía de atrio al templo hebreo en el acceso que tenía desde la calle Mayor (que entonces era el eje principal de la Judería). Esta antesala al espacio de oración se cerraba por la noche y por eso la entrada se produce a través de un pasadizo bajo la edificación situada enfrente del Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia o de Antezana (la sinagoga contó con otro ingreso situado hacia el número 10 de la actual calle del Carmen Calzado y que desapareció en un incendio).

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