12 abr 2020

El símbolo del paso en la ciudad histórica (1. Concepto de Puerta y Arco de triunfo)


La puerta como símbolo de paso espacial y conexión entre dos mundos distintos puede tener tintes mágicos, pero también expresiones muy reales. La Puerta de Brandemburgo fue, en el Berlín doble de la Guerra Fría, un acceso prohibido. Con la reunificación, se convirtió en uno de los símbolos más poderosos del reencuentro entre las dos Alemanias y pasar por ella conserva una significación muy especial.
La que llamamos “ciudad histórica” es también nuestra ciudad, porque vivimos en ella. Ciertamente se concibió desde otro orden social, pero la hemos recibido como herencia y, con algunas adaptaciones, forma parte de nuestro espacio habitual. Algunos de sus elementos más importantes han podido conservarse, aunque hayan perdido su misión original, como sucede con las Puertas de las murallas o los Arcos de triunfo. Ambas construcciones, cada una con sus particularidades, materializaron la noción de transición espacial en las antiguas urbes (si bien no fueron las únicas)
Puertas urbanas y Arcos triunfales resultan anacrónicos para nuestra mentalidad, obstinada en el pragmatismo de lo funcional, pero, a pesar de ello, la noción de Puerta sigue siendo una referencia fundamental en el código expresivo de la Arquitectura.
Para profundizar en ello, nos aproximaremos al símbolo del paso en el espacio y a estas construcciones singulares que lo manifestaban. El artículo consta de tres partes: en esta primera nos acercaremos a sus claves conceptuales y formales; en la segunda, analizaremos las Puertas urbanas; y dejaremos para la tercera las consideraciones sobre los Arcos de Triunfo.

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Transiciones en el tiempo y en el espacio.
El tiempo y el espacio son nuestros ejes de coordenadas vitales. La vida humana transcurre entre esos dos vectores definitorios, experimentando cambios: tanto transiciones de un periodo hacia otro nuevo (evoluciones en el tiempo) como traslados de un lugar a otro (movimientos en el espacio). En ambos casos, esas alteraciones pueden ser importantes y determinar nuestra existencia.
Las sociedades suelen destacar los saltos relevantes en la línea temporal por medio de unas ceremonias muy particulares: los ritos de iniciación (también llamados “de paso”). Son unas celebraciones que articulan el antes y el después con un significado trascendental para la persona y también para la comunidad. Estos rituales se concretan en un conjunto de actividades protocolarias y solemnes que pretenden subrayar la relevancia de esa transición vital. Entre estos acontecimientos pueden citarse el momento de dejar atrás la infancia o la juventud para comenzar la vida adulta, el abandono de la soltería para iniciar una vida conyugal, o también la culminación de los estudios para iniciar la vida profesional. En estos casos se realizan eventos que señalan el cambio, quedando como jalones en el recuerdo: fiestas de mayoría de edad, ceremonias de matrimonio, graduaciones universitarias, etc. Algunas culturas son especialmente proclives a celebrar estos momentos de variación tan cruciales para sus miembros.
El caso de los cambios en el espacio es, por lo general, menos impresionante, pero también cuenta con su propia escenificación. El paso de un lugar a otro puede servirse de diferentes elementos, aunque su expresión arquitectónica más común es la Puerta (ciertamente, la transición espacial puede tener otras materializaciones, como el Puente que une dos orillas). Nos centraremos en la noción de Puerta y utilizaremos la mayúscula cuando nos refiramos a su concepto general, dejando la palabra en minúscula para indicar sus materializaciones concretas, que cuentan con una gran diversidad formal.
Las transiciones en el tiempo y en el espacio se remarcan con eventos en el caso temporal (como la ceremonia de matrimonio) o con elementos singulares en el caso espacial (como son las Puertas). Ambas situaciones expresan un mismo hecho esencial: el acto de dejar algo atrás para adentrarse en lo desconocido.
En el fondo, las dos transiciones, tanto si hablamos de sucesos (acontecimiento/experiencia) como de desplazamientos físicos (objeto/lugar), expresan un mismo hecho esencial: el acto de dejar algo atrás para adentrarse en lo desconocido. Desde luego, puede quitarse toda trascendencia al tema, pero también magnificarla. Hay quienes no celebran fechas señaladas y quienes son entusiastas de la conmemoración. Hay comunidades que olvidan y otras que recuerdan fervorosamente ciertos aniversarios. Sucede lo mismo respecto al espacio. Para algunos, atravesar una puerta o un puente es un acto más de los muchos que se realizan cotidianamente al moverse por el espacio. Otros en cambio sacralizan el momento de acceder o salir de determinados edificios (particularmente de los templos) o de cruzar un rio, por ejemplo.
La arquitectura y la ciudad suelen ser el escenario de muchos de esos ritos de paso, individuales o colectivos. Vamos a profundizar en lo que consideramos el símbolo por excelencia del paso espacial: la Puerta, con el ejemplo de sus manifestaciones urbanas, concretadas en las puertas de las antiguas murallas y en los Arcos de triunfo. Lo haremos en tres partes: en esta primera nos acercaremos a sus claves conceptuales y formales; en la segunda, analizaremos las Puertas urbanas; y dejaremos para la tercera las consideraciones sobre los Arcos de Triunfo (unas “puertas” muy singulares)
La puerta de los Leones de Micenas, construida hacia el siglo XIII a.C. es una de las muestras mas antiguas conservada.

Apunte etimológico de la palabra Puerta.
El idioma español unifica bajo el término puerta una serie de posibilidades de transición espacial que el latín original distinguía con cuatro palabras diferentes: ianua, fores, porta y ostium.
Ianua hacía referencia a la galería porticada y cubierta que conectaba dos vías en la ciudad romana. Este porche protegía el cruce de la calle y era muy utilizado comercialmente. Era un paso cuya denominación hacía referencia al dios bifronte Jano, personificando la existencia de una entrada y una salida.
Fores designaba el acceso a las viviendas particulares, separando la intimidad interior de la vida pública exterior. Lo que no pertenecía a la casa quedaba ad-fores (a-fuera, hacia el exterior). El término fores derivaría de la raíz indoeuropea *dhwer-, asociada a la noción de puerta y de exterior, a través de la transformación latina en forum (el espacio público principal de la ciudad). También de esa raíz indoeuropea procederían los significados de Puerta en otros idiomas como door en inglés, дверь (dver) en ruso, o las alemanas tor y tür.
Porta era la palabra utilizada para las puertas de la ciudad. La leyenda cuenta cómo cuando Rómulo trazó los límites (pomerium) de la primera Roma, cavando con un arado en el monte Palatino, levantó su herramienta dejando de abrir surco en ciertos lugares escogidos para que sirvieran de paso entre interior y exterior, trasladándolo (portare) unos metros para continuar cavando más allá. Esta acción respondía a que el pomerium era el foso sagrado infranqueable (de hecho, cuando Remo lo cruzó de un salto para desafiar a su hermano, Rómulo lo mató). La única posibilidad de acceso a la ciudad era en esos puntos no cavados que recibieron el nombre derivado del acto realizado por Rómulo (porta de portare). Porta y fores tenían el mismo sentido, uno urbano y el otro residencial, pero la primera acabaría finalmente imponiéndose en todos los usos. Porta se trasladaría al español puerta, al francés porte o al italiano porta.
Ostium nombraba también una apertura, pero en este caso relacionada con un río. La entrada o salida al mar en la desembocadura fluvial era también considerada una puerta. Ostia Tiberina eran las puertas del Tíber, donde se ubicó el puerto marino de Roma (que se llamó Ostia). También la palabra acabaría siendo absorbida por porta y de allí que apareciera el término de puerto, para designar esa transición tierra-mar.
En antiguo griego, para la puerta se usaba la palabra πύλη (pýle), generando derivadas como Propileos (de προπύλαιον, propylaion), utilizada para designar los monumentales pórticos previos a los templos.
Los Propileos de la Acrópolis de Atenas son los monumentales pórticos que ejercen de entrada a la “ciudad alta” de la capital griega.

Lo esencial del concepto Puerta.
Una Puerta requiere la existencia de una barrera física, casi siempre artificial y constituida por un muro separador (sea un vallado, una muralla urbana o la pared de un edificio, por citar los casos más habituales). Frente a ese impedimento, la puerta rompe la limitación, ejerciendo, en el punto donde se ubica, una excepción al obstáculo. Así pues, su principal misión funcional es permitir el paso, pero sin perder de vista la opción de filtrar el acceso entre los dos ámbitos aislados, porque la puerta puede encontrarse abierta o cerrada, en cuyo caso continúa la dificultad establecida por la barrera restrictiva. Esta posibilidad de consentir o impedir el paso no es estrictamente necesaria para la definición más canónica, pero si es habitual. La frontera que aísla ámbitos potencia el efecto que produce la puerta cerrada, magnificando el misterio que provoca el desconocimiento del “otro lado” (cuando la puerta es transparente o tiene un cierto calado, como sucede en muchas rejas, ese enigma se desvanece).
La existencia de una barrera es imprescindible para la expresión de la Puerta. En la imagen, la Puerta del Sol de Ciudad Rodrigo (Salamanca)
No obstante, hay más tipos de barreras físicas que los muros o vallados aludidos y que también son superadas mediante la utilización de elementos específicos. Es el caso de los ríos, que pueden ser cruzados gracias al tendido de puentes, construcciones que, como ya hemos comentado, son otra de las referencias importantes vinculadas al paso espacial urbano. Los puentes están generalmente abiertos, aunque hay ejemplos de acceso restringido (al revés de lo que ocurre con la Puerta). También sucede con ellos que, si son muy largos y no ofrecen constancia de la otra orilla, pueden despertar sentimientos de intriga (como la Puerta). Otro tipo de barrera pueden ser los acantilados y, de la misma manera que en los casos anteriores, los hombres han producido inventos para superarlos con sistemas de escaleras más o menos esforzados.
Los puentes son otro de los elementos que además de su funcionalidad, son símbolos de la transición en el espacio. En la imagen el Millennium Bridge de Londres.
En ocasiones, las puertas pierden su funcionalidad en favor de aspectos simbólicos o representativos. Por ejemplo, el gigantesco Gateway Arch de St Louis en Estados Unidos, que se erige como una “puerta” de entrada al oeste norteamericano, indicando el figurado punto de conexión entre mundos distintos donde comenzó la carrera para conquistar el desconocido y prometedor Far West. Tampoco fue utilitario el sentido que el Imperio romano le dio a la forma esencial de Puerta cuando la convirtió en un palio honorífico para homenajear a los ejércitos victoriosos. El hecho de atravesar una puerta era la metáfora de la toma de una ciudad, lo que era considerado como la representación ceremonial del éxito de la misión. Este el origen de los arcos triunfales, otro de los grandes elementos relacionados con el símbolo de paso en el espacio. Esa misma idea llevó a Napoleón a ordenar la construcción del archiconocido Arco de Triunfo parisino (que, además, entonces remataba el Eje histórico de la capital francesa). De este emblema de la ciudad surgiría la inspiración para otro edificio próximo que, en el siglo XX, continuaría el Eje retomando el símbolo de Puerta de entrada (sin serlo): el Arche de la Défense, que en realidad es un edificio de oficinas.
Puertas simbólicas: arriba, el Gateway Arch de St Louis en Estados Unidos, que se erige como una “puerta” de entrada al oeste norteamericano; debajo, el Arche de la Défense, “entrada” al eje histórico de París que en realidad es un edificio de oficinas.
Hay algún caso de “puerta” natural, pero reciben ese nombre por el parecido formal con el caso que nos ocupa, más que por ser una puerta real. Podemos pensar en ejemplos de sistemas montañosos lineales que se ven horadados por un rio, habilitando en ese punto un paso que comunica las dos vertientes y que suele recibir el calificativo de “puerta” por su cierto parecido al concepto más esencial de Puerta. Hay otras muestras más forzadas, como el espectacular hueco que se abre en la montaña Tianmen en la provincia Hunan de China. Sus grandes dimensiones, así como su elevada posición han llevado a que sea conocido con el apelativo de “la puerta del cielo” (eso es lo que significa Tianmen) y se haya convertido en una atracción turística de primer orden.
El espectacular hueco que se abre en la montaña Tianmen en la provincia Hunan de China, con sus grandes dimensiones y su elevada posición han llevado a que sea conocido con el apelativo de “la puerta del cielo”.
Adelantando contenido de la segunda parte del artículo, podemos decir que, físicamente, la discontinuidad en la barrera que supone la Puerta se manifiesta en un hueco en la misma ubicado en el mismo nivel de la marcha y que se ve complementado por una serie de elementos que pueden abrir o cerrar el orificio, permitiendo o impidiendo el paso. Como veremos puede ser algo tan sencillo como una simple cortina que se descorre o un tablero de madera que gira sobre unos goznes (es decir, una simple y común puerta funcional) o algo tan complejo como algunas puertas-edificios de murallas históricas, portadas grandiosas de templos o accesos monumentales a recintos (basta pensar en los Propileos de la Acrópolis ateniense).

Aproximación a la simbología de la Puerta.
La leyenda de la fundación de Roma y el origen de la palabra porta nos conduce hacia el poderoso simbolismo que adquiriría la noción de Puerta en la antigüedad. Mitos y religiones convirtieron el dentro y el afuera, lo conocido y lo desconocido, lo terrenal y lo celestial, en significaciones trascendentales que se expresaron a través del símbolo Puerta. La consideración actual es muy diferente, obstinada en el pragmatismo de lo funcional, aunque, a pesar de ello, la Puerta sigue siendo una referencia fundamental en el código expresivo de la arquitectura y la ciudad. De hecho, los proyectos suelen presentar composiciones que subrayan y dirigen hacia esos puntos tan singulares de la “epidermis” de los edificios.
La Puerta sigue siendo una referencia fundamental en el código expresivo de la arquitectura y la ciudad. Las Torres de la Plaza de Castilla en Madrid, fueron bautizadas como “Puerta de Europa” y su inclinación magnificaba el simbolismo de entrada en la capital española desde el norte.
La etimología indica como el significado principal de la Puerta está vinculado a la noción de umbral, de tránsito entre dos “mundos” diferentes. Jean Chevalier en su Diccionario de Símbolos hace hincapié en esta valoración simbólica de la puerta, exponiendo su transversalidad cultural con ejemplos extraídos tanto de las civilizaciones orientales como de las occidentales. Además de esta representación de la transición entre dos ámbitos, el investigador francés comenta que la Puerta se abre a un misterio y lo hace de una manera dinámica, porque además de indicar el paso, invita a recorrerlo, a viajar a ese “más allá” ignoto (particularmente en el acceso del mundo profano al sagrado, citando pórticos cristianos, torana hindúes o torii japoneses). 
El acceso del mundo profano al sagrado es uno de los puntos con mayor simbolismo en todas las culturas. En la imagen, arriba torana hindú (de la gran Estupa de Sanchi) y, debajo, torii japonés (del santuario sintoísta Fushimi Inari-taisha de Kyoto)
Al ser la puerta un “pasaje” hacia otro mundo de iniciados (o creyentes) solía ser el lugar de ciertos rituales, por lo general de purificación, que remarcaban esa importancia (por ejemplo, el hecho de descalzarse en el umbral de una mezquita o de una casa japonesa). Es más, en algunas culturas las puertas se veían acompañadas por representaciones de figuras protectoras, con muestras tan dispares como los feroces guardianes en los templos indios, cuya misión era impedir la entrada a las fuerzas maléficas; o en la tradición cristiana, con la presencia en muchos tímpanos de la figura de Cristo glorioso como declaración de su mensaje “Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo” (Jn, 10:9)
Puerta del Sarmental de la catedral de Burgos, ejemplo de iconografía cristiana en las “puertas del cielo”.
Pero este simbolismo no es el único. Juan Eduardo Cirlot, en su propio Diccionario de Símbolos, apunta alguno más. Por ejemplo, psicoanalíticamente, la puerta sería un símbolo femenino, incorporando el significado del hueco, de lo que permite el paso y es, por lo tanto, lo contrario al símbolo del muro. También apunta como en algunas culturas, la puerta llega a asumir la representación de la idea de casa, de patria, de mundo. Cirlot cuenta cómo, en la antigua Escandinavia, las personas exiliadas se llevaban las puertas de su casa y que, en algunos casos, las lanzaban al mar para seguirlas, abordando en el lugar donde las puertas encallaban. Parece que ese fue el origen de la fundación de Reikiavik en 874.
Esta asunción de la parte por el todo, en el que la puerta es la representación de la casa, sucede también con una de las piezas vinculadas a la propia puerta respecto a ella: la llave (que atenderemos en la segunda parte de este artículo). La llave, que abría y cerraba, era la “clave” y podía sustituir a la puerta al simbolizar la casa. Un ejemplo entrañable de este caso procede de la cultura judía sefardí. Tenemos constancia de una familia que se vio obligada a abandonar Sevilla en 1492. Entonces, cerraron la puerta de su casa y se trasladaron a Tánger. Dejaron atrás su casa, pero se llevaron la llave y la conservaron con la secreta esperanza de volver algún día. La llave fue pasando de generación en generación, siendo un preciado legado para quienes la recibían. Era un recuerdo del pasado y un signo de unión intergeneracional. El regreso a España no ocurrió y la casa ya no existe desde hace mucho tiempo, desaparecida por las transformaciones urbanas. Pero aquella llave sigue siendo una herencia que enlaza a los miembros de la familia del siglo XXI con aquellos exiliados del siglo XV y todos los vivieron entre ellos.
La llave, que abría y cerraba la puerta, era la “clave” y podía sustituirla al simbolizar la casa.
En otro orden de cosas, resulta interesante la simbología que en las ciudades antiguas se asociaba con la ubicación de las puertas de las murallas, muchas veces solamente cuatro y orientadas siguiendo los puntos cardinales, lo que les asignaba misiones diferentes en función de esa situación respecto al universo (no profundizamos aquí en esta cuestión porque trasciende el concepto Puerta para dirigirse hacia cuestiones cosmológicas y mágicas que, aunque comparten el lenguaje simbólico, pertenecen a otra órbita de significación)

El símbolo del paso espacial en dos elementos de la ciudad histórica: puertas de las murallas y arcos triunfales.
La que llamamos “ciudad histórica” es también nuestra ciudad, porque vivimos en ella. Ciertamente se concibió desde otro orden social, pero la hemos recibido como herencia y, con algunas adaptaciones, forma parte de nuestro espacio habitual. Algunos de sus elementos más importantes han podido conservarse, aunque hayan perdido su misión original, como sucede con las Puertas de las murallas o los Arcos de triunfo. Ambas construcciones, cada una con sus particularidades, materializaron la noción de transición espacial en las antiguas urbes (si bien, como sabemos, no fueron las únicas)
En origen, Arcos y puertas tuvieron claras sus diferencias. A la izquierda el Arco de Constantino en Roma. A la derecha, Puerta de San Vicente en Ávila. 
Aunque puedan aparentar ser construcciones similares, en realidad son muy distintas conceptualmente: las primeras son funcionales (o lo fueron en su momento) y los segundos representativos. Esto es así porque la misión principal de la Puerta es comunicar ámbitos que se encuentran separados, son “aperturas en fronteras espaciales”, en tanto que los Arcos de triunfo sacralizan lugares, conmemorando personas o acontecimientos. La existencia de una puerta responde originalmente a una necesidad pragmática (aunque pueda estar dotada de gran simbolismo), mientras que el arco de triunfo es un paso puramente simbólico (aunque puede llegar a tener cierta funcionalidad).
Originalmente, puertas urbanas y arcos triunfales tuvieron bien marcadas sus diferencias:
La esencia de la Puerta era el paso y la del Arco, el homenaje.
La misión de la Puerta era funcional y la del Arco, representacional.
La ubicación de la Puerta era perimetral y la del Arco, central.
Pero todas estas propiedades, en un principio específicas de cada elemento, llegaron a confundirse formal y funcionalmente. Las tipologías, que estuvieron muy claras en la antigüedad, vieron como los límites entre ellas dejaron de ser nítidos cuando, a partir del Renacimiento, empezaron a utilizarse indistintamente sus características.
La relación formal entre ambos se remonta al siglo XV cuando Leon Battista Alberti introdujo en la arquitectura la formalización de la puerta como si fuera un arco de triunfo. Esta asociación fue señalada por John Summerson en su libro “El lenguaje clásico de la arquitectura” mostrando como el Arco de Constantino sirvió como modelo para las portadas del templo malatestiano, que quedo inacabada, y, sobre todo, para la iglesia de San Andrés en Mantua, donde el Arco de triunfo inspiró tanto la portada como el interior del templo. Alberti utilizó el esquema compositivo del Arco triunfal para solemnizar la entrada. Desde entonces Arco y Puerta quedaron asociados, siendo su relación más o menos intensa en función del grado de aceptación del lenguaje clasicista.
Leon Battista Alberti se inspiró en el Arco de Constantino para solemnizar la portada y también el interior de la iglesia de San Andrés en Mantua. Desde entonces Arco y Puerta quedaron asociados.
Desde luego, la búsqueda de representatividad en las portadas era muy anterior a la propuesta renacentista, pero, desde entonces, la estética clásica del Arco de triunfo fue el lenguaje más común: las puertas comenzaron a pensarse como si fueran Arcos triunfales para incrementar aumentando su magnificencia. Por su parte, los Arcos de triunfo se transformaron en puertas, tanto por la ubicación (pasaron del centro urbano a los límites en los ejes urbanos) como por su funcionalidad (se abandonó la ceremonia ritual en favor de la cotidianeidad del paso). En el fondo, la transformación de uno en otro fue una única metamorfosis compositiva, posible porque, ciertamente, ambas formas tenían en común el hecho de ser elementos atravesables. El nuevo modelo de puerta-arco conformó muchas muestras en las que se reforzaba notablemente el valor simbólico del “paso”. No obstante, en el fondo, esta confusión tipológica no es más que una disquisición estilística que favorece el estudio de los valores más apreciados en las diferentes épocas.
Dos ejemplos de la fusión estilística entre Puerta y Arco triunfal. Arriba, la Porte du Peyrou en Montpellier, y debajo la Puerta de Alcalá en Madrid. En su momento, ambas estuvieron integradas en las murallas de cada ciudad.
La mayoría de las ciudades amuralladas derribó sus defensas, aunque algunas conservaron puertas como testimonio de su pasado. Por lo general, estas muestras históricas han perdido su funcionalidad y son mantenidas como monumentos ajenos al movimiento habitual (aunque algunas siguen inmersas en la red de circulación siendo atravesadas y aportando su carácter simbólico). Con los Arcos de triunfo sucede algo parecido, aunque por lo general no estuvieron involucrados en la estructura urbana y los que se conservan se mantienen como elementos monumentales, cuyos mensajes pasan muy desapercibidos. En la segunda parte de este artículo, analizaremos las Puertas urbanas; y dejaremos para la tercera las consideraciones sobre los Arcos de Triunfo.

2 comentarios:

  1. Gracias por compartir estos textos fantásticos. Acabo de graduarme de la facultad de arquitectura y siempre le había tenido un poco de miedo a lo urbano (tal vez porque la misma disciplina insiste en separase del urbanismo), llevo algunas semanas leyendo sus artículos y no podría estar mas agradecido de haberme topado con este blog. Mil gracias y saludos desde México.

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  2. Muchas gracias. Siempre es gratificante recibir comentarios elogiosos y más si proceden de México. Te deseamos un buen futuro arquitectónico. Saludos.

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