23 dic. 2011

Episodios Inmobiliarios: César Cort, arquitecto, urbanista, emprendedor y visionario

Hay épocas en las que toca inventar el futuro y trazar las sendas para llegar a él. Y en estos periodos, suelen aparecer  personas que asumen la tarea, a veces titánica, de ser ellos los que dan los primeros pasos por caminos que seguirán las generaciones siguientes.
César Cort Botí fue uno de esos singulares pioneros.
No fue un arquitecto típico. No se encerró dentro de los límites de la disciplina, sino que fue un arquitecto emprendedor que desplegó su actividad por muchos campos diversos.
Su polifacética personalidad le permitió ser el primer catedrático de Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Madrid (y de todo el país), ser escritor de libros de referencia en urbanismo o convertirse en académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Fue un gran viajero y de sus viajes a congresos y foros profesionales extrajo innovaciones que introdujo en nuestro país. Una de ellas fue la que le llevó a ser el fundador de la Federación de Urbanismo y Vivienda. También entró en política llegando a ser concejal del Ayuntamiento de Madrid.
César Cort fue, además, un empresario de éxito, desarrollando explotaciones mineras con las que amasó una gran fortuna. En otra faceta fue un promotor inmobiliario visionario sobre el futuro de Madrid a través de su estratégica toma de posiciones de suelo en la capital, y, finalmente, diseñador de la Quinta de los Molinos, uno de los espacios más extraordinarios de Madrid, que inicialmente fue su residencia privada.

César Cort nació en 1893, en Alcoy (Alicante). Estudia Ingeniería Industrial y Arquitectura (títulos a los que añadirá otros como perito mecánico o aparejador).
Un pionero del urbanismo
En 1918, comienza su labor docente universitaria para convertirse en 1922, con veintinueve años, en el primer catedrático de Urbanismo (de Urbanología según el neologismo que inicialmente utilizó Cort) de la Escuela de Arquitectura de Madrid y de toda España. Durante esos años, dedica su esfuerzo a concretar el contenido de la disciplina que debía definir el futuro de las ciudades. Acude a Congresos Internacionales (satisfaciendo otra de sus grandes pasiones, los viajes) y promueve el I Congreso Nacional de Urbanismo (dentro del IX Congreso Nacional de Arquitectos) en noviembre de 1926.
Una de las bases de sus reflexiones es la imperiosa necesidad de que las poblaciones cuenten con un instrumento técnico, un Plan, que ordene su desarrollo futuro. En 1928 recibe  el encargo de diseñar el futuro de Murcia y encuentra la oportunidad de aplicar su filosofía urbana. Todo el proceso quedará expuesto en su primer libro, Murcia un ejemplo sencillo de trazado urbano (1932), que se convertirá en un “manual” para la naciente disciplina urbanística.
Su interés en la construcción real de la ciudad le lleva a participar en la política municipal. Durante la Segunda República, fue concejal monárquico en el Ayuntamiento de Madrid (por esa razón será, años después, durante la Guerra Civil, encarcelado por las milicias del Frente Popular)
En 1934, César Cort enviuda. Su esposa Mercedes Gómez-Tortosa Navarro fallece con treinta y cuatro años dejando tres hijos: César, Mercedes y Juan Luis. Se habían casado en 1921 en Novelda (Alicante) lugar de procedencia de Mercedes, que era hija del Conde de Gómez-Tortosa (la familia Cort conservará fincas en Novelda durante las siguientes generaciones). César Cort no se volvería a casar.
Tras la Guerra Civil, y representando al Servicio de Administración Local del Ministerio de la Gobernación, acude al Congreso de la Federación Internacional de la Habitación y del Urbanismo, celebrado en el verano de 1939 en Estocolmo. En este evento se basará para constituir, en diciembre del mismo año, la Federación de Urbanismo y de la Vivienda de la Hispanidad como foro para el análisis de las doctrinas urbanas, sus propuestas y soluciones, especialmente las aplicables a las viviendas, con una clara vocación divulgativa que se manifestaría en la celebración de congresos periódicos.
Su actividad urbana se irá concretando en la redacción de los Planes urbanísticos para ciudades como Valladolid (1938), Badajoz (1940) o La Coruña (1942-1948), entre otras.
En 1940 ingresó como miembro de número en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, leyendo un discurso sobre la morfología de las grandes ciudades. Ocupó el cargo de tesorero de la Academia entre 1967 y 1971.
En 1941 publica su segundo libro Campos urbanizables, ciudades ruralizadas donde expone su filosofía urbana, en una amalgama diversa que mezcla teoría de la planificación con práctica de los servicios urbanos, política de vivienda e incluso recomendaciones constructivas para las infraestructuras. En 1943 solicitaría la excedencia voluntaria de su cargo de catedrático numerario de Salubridad e Higiene y Urbanología de la Escuela de Arquitectura de Madrid.
Pero la personalidad de Cort no se queda en sus logros urbanísticos. También fue un emprendedor exitoso.
El empresario de éxito
Las Minas de Fontao, en Pontevedra, son una antigua explotación minera de estaño a partir de la casiterita, explotada desde mediados del siglo XIX. Tras muchas vicisitudes, que llevaron a la suspensión de la extracción en 1921, la actividad fue reactivada por la empresa francesa Societé des Étains de Silleda en 1927 gracias al alza temporal del precio de estaño. No obstante, el mercado del estaño volvería pronto a tener problemas.
Finalmente, será el wolframio, un producto residual que suele acompañar a la casiterita y que hasta entonces no había sido comercializado, quien impulsará de nuevo las minas. La razón de ello fue el incremento de demanda de este material debido a la Segunda Guerra Mundial. Con el wolframio se conseguía endurecer las piezas del armamento bélico, como las planchas de los barcos o los tanques. El ejército alemán descubre esta propiedad y el wolframio, que hasta entonces había sido un material desechado, se va a convertir en la estrella para los siguientes años ya que el ejército nazi (y también los aliados) demandaban grandes cantidades.
Fernando Cort, el hermano de César, que era ingeniero de minas, había tomado contacto con las minas de Fontao, al hacerse cargo de la gerencia de la mina en 1937. Pocos años después, en 1940, se hace con la Dirección Técnica y César, advirtiendo las posibilidades del wolframio, logra en ese año el control accionarial, aprovechando las leyes promulgadas durante la guerra civil que impedían a los extranjeros poseer más del 40% de las acciones de empresas mineras. Esta “nacionalización” de los recursos mineros estratégicos permitirá a Cort adquirir la propiedad de las minas de la sociedad francesa para crear posteriormente la empresa que inicialmente se llamaría “Wolfram Hispania, S.A.” (y que en 1945 pasaría a denominarse “Fomento Hispania, S.A.”).
La extraordinaria demanda de wolframio llevo a una gran necesidad de trabajadores, que llegarían a ser 3.000 (incluyendo muchos presos políticos dentro del programa de redención de penas). La demanda continuará con la Guerra de Corea.
Fernando se desvinculará de la empresa que quedará en manos de César Cort Botí quien pondrá al frente de ella a su hijo, César Cort Gómez-Tortosa, también arquitecto. En la década de 1950 se construirá un poblado para 120 trabajadores (un conjunto de viviendas y equipamientos, proyectado por César Cort Gómez-Tortosa, que lo había presentado como Proyecto Fin de Carrera, y que fue desarrollado finalmente por su compañero Joaquín Basilio Bas, que dirigió las obras entre 1955 y 1958). Este poblado es un ejemplo relevante de la arquitectura del Movimiento Moderno (se encuentra referenciado por la Fundación Docomomo Ibérico).
Las minas asentarán la base de la fortuna económica para la familia Cort. Y aunque, en 1963 las minas se cerrarán, siguen actualmente dentro del patrimonio de la familia Cort.
El visionario sobre el futuro de Madrid
Buena parte de los réditos mineros fueron invertidos por César Cort Botí en suelo en las afueras de Madrid.
Su implicación en la ciudad se produce también desde la empresa privada. César Cort se convierte en gestor y promotor de suelo y edificios de viviendas impulsando diversas iniciativas.
Una de las primeras es la “Ciudad Satélite de las Mercedes” en Madrid (su mujer y su hija se llamaban así) como intento de crear un nuevo hábitat en el que los obreros pudieran vivir a poca distancias de sus lugares de trabajo. La idea no se desarrolló completamente, ya que solamente se construyó la parte industrial y comercial. La “ciudad satélite” derivó en el conocido Polígono de las Mercedes, en la Avenida de Aragón madrileña.
Cort fue adquiriendo suelo en la periferia de aquel Madrid y particularmente en la zona Norte de la ciudad. Un ejemplo de ello es Valdebebas.

El Parque de La Quinta de Los Molinos en Madrid

El paisaje del Mediterráneo en Madrid: La Quinta de los Molinos
La obra edificada de César Cort Botí es escasa ya que privilegió su dedicación al urbanismo y a la empresa, pero destaca entre ella, el gran capricho que fue conformando con los años, la Quinta de los Molinos, que sería su residencia privada en Madrid.
César Cort era amigo de Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno, Conde de Torre Arias, quien le vendió una primera finca en la zona este de Madrid. Cort, como pago, le proyectó el palacio en el que residía el Conde en la calle General Martinez Campos.
Esa primera finca sería el embrión de lo que llegaría a convertirse en la Quinta de los Molinos (denominada así por la existencia de dos molinos de viento, contiguos al palacete y restaurados recientemente, que ubicados sobre torres metálicas servían para extraer agua del subsuelo).
En los años siguientes, Cort comenzó a adquirir la propiedad de las fincas del entorno hasta completar una extensión cercana a las 30 hectáreas. Allí comenzó a formalizar el sueño de traer a Madrid el paisaje de su Mediterráneo natal.
En 1925, Cort comenzó la construcción del palacete que sería su residencia privada (el palacete Cort)
Con un estilo bien distinto, más cercano al regionalismo, construyó la Casa del Reloj para pasar en ella los veranos. En este edificio, César Cort residiría sus últimos años al abandonar el palacete por causa de una caída por la escalera en la que se rompió la cadera.
La Quinta de los Molinos se convirtió también en un escenario botánico de primer orden. Destacan los olivos, pinos y especialmente los almendros, aproximadamente 1.500, que se han convertido en un espectáculo cuando su floración anuncia la llegada de la primavera a Madrid. Una buena parte de la vegetación del parque fue traída personalmente por César Cort de sus viajes por el mundo.
Tras la muerte de César Cort Botí, en 1978, la familia comenzó a negociar un acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid para el futuro de la zona. En 1982, se firmó el convenio con la Gerencia Municipal de Urbanismo por el que se cedían 21 hectáreas (el 75% de las 28,7 hectáreas totales de la propiedad), que pasarían a convertirse en un parque urbano público, recibiendo a cambio la conversión del resto en suelo edificable concentrado en dos sectores no arbolados de la Quinta. Actualmente, el parque de la Quinta de los Molinos está catalogado como Jardín Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural.
La trayectoria urbanística y el pensamiento de César Cort Botí ha sido objeto de estudio en una tesis doctoral, “César Cort y la cultura urbanística de su tiempo”, presentada en 2011, en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, por María Cristina García González, profesora de urbanismo de la Universidad de Alicante.

1 comentario:

  1. Le falta decir que consiguieron su fortuna con la sangre, sudor y lágrimas de muchos hombres que trabajaron como animales en las minas de Fontao. Que además el poblado minero quedo abandonado, apenas lo habitaron los mineros que fueron expulsados sin miramientos....No todo fue tan romántico como Vd. lo describe.

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