14 ene. 2012

Mutaciones en la Ciudad Incierta: Del concepto de Estructura a la noción de Campo de Fuerzas

En la Ciudad Incierta, los conceptos que han venido dirigiendo las reflexiones e intervenciones urbanas están mutando hacia nuevos modos de entender nuestra forma de habitar.
Un concepto fundamental ha sido el de ESTRUCTURA. Con ella se distribuían y organizaban todos los elementos de la ciudad. Unos al lado de otros, interactuando desde la fisicidad. Pero las telecomunicaciones abrieron una primera grieta en el casco estructural y desde entonces ha ido creciendo la noción de CAMPO DE FUERZAS.
La estructura de un sistema permitía la visualización de las relaciones entre sus elementos. Con la noción de campo se admite la acción de fuerzas a distancia, pero la invisibilidad de las conexiones no impide la constatación de sus efectos.


Cuando, por ejemplo, abrimos una puerta, el gesto del brazo, que acompaña a la acción, nos indica su funcionamiento. Es la figuración mecánica tradicional, que encadena acciones y reacciones de forma evidente. Frente a este hecho, la apertura realizada con detectores presenciales, en el que electricidad y rayos infrarrojos colaboran “mágicamente”, genera una abstracción que nos introduce en otro mundo.
Con el electromagnetismo se abrió un universo de difícil comprensión, en el que se constatan interacciones efectivas pero invisibles. El paso posterior hacia la telecomunicación consolidó el desconcierto ante presencias ausentes. Frentes de ondas, términos binarios, o realidades virtuales, entre otras incorpóreas existencias, están transformando el concepto de ESTRUCTURA hasta llevarlo hacia la noción de CAMPO DE FUERZAS, un término de origen matemático-físico que define entornos, entre cuyos elementos se producen interacciones a distancia.
No obstante, muchas de estas tensiones no son nuevas, ya que la ciudad siempre se ha conformado como resultado de unas FUERZAS IDEOLÓGICAS que condicionaban su estructura. Pero además de éstas, que permanecen, aunque evolucionando sus contenidos, están surgiendo con intensidad unas FUERZAS VITALES, que apoyadas en las nuevas tecnologías están modificando las relaciones entre los elementos urbanos y los humanos.
Las Fuerzas Ideológicas (las tensiones urbanas tradicionales se renuevan)
Mientras que el pensamiento filosófico indaga en las preguntas esenciales del ser humano, el pensamiento ideológico lo hace en las respuestas prácticas aplicables a la organización social. Una ideología es una propuesta de organización y de acción para la comunidad.
La palabra “ideología” se asocia naturalmente a la “política”, entendida ésta como ciencia del gobierno y administración de la “Polis-Ciudad” ampliable a toda la Sociedad-Comunidad. Esto es así porque las propuestas ideológicas suelen servir de base a las políticas.
Pese a que se habla de su desaparición, las ideologías no han muerto. Siguen actuando como fuerzas definitorias de la sociedad y como consecuencia de la ciudad. La ciudad es un diseño político (ideológico).
En el fondo, las fuerzas ideológicas pugnan por un equilibrio entre el individuo y la colectividad, entre la persona y el grupo, que es la base esencial de la ciudad y sus conflictos. Ahora bien, cada una de ellas privilegia puntos de vista diferentes, con emotividades o pragmatismos diversos. Por eso suelen encontrarse en sus fronteras respectivas.
Las principales fuerzas ideológicas son:

·      Las fuerzas de la IDENTIDAD
Las tensiones que se generan entre el INDIVIDUO y  la SOCIEDAD son la expresión del conflicto entre lo íntimo (particular, personal) y lo colectivo (general, público). La identidad, por su alto contenido en emotividad, siempre ha sido un concepto polémico y su expresión en la ciudad ha generado disputas.
Pero la identidad es un fenómeno complejo que debe ser abordado desde dos niveles bien diferenciados. Por un lado, individualmente, trabajando internamente sobre los miembros que componen la comunidad, que deben verse reflejados en ella. Desde esta óptica personal, la identidad se relaciona con el sentimiento de pertenencia y trata de reconocer los valores y símbolos que caracterizan a un grupo y lo distinguen claramente de los demás. Por otro lado, se aborda actuando en la ciudad como cuerpo completo, reforzando la identidad del conjunto urbano, potenciando la imagen que éste proyecta sobre el exterior y la forma con la que los otros lo perciben.
Es, siguiendo esta línea, por donde se está produciendo una renovación de la tensión identitaria. Estas fuerzas suben de escala para acceder a un nivel distinto, en el que el enfrentamiento se produce entre lo LOCAL y lo GLOBAL. Las ciudades están trasladando el debate sobre su identidad, desde el sentimiento hacia el campo de la competitividad económica. Cada ciudad busca descubrir sus componentes de excelencia (valores locales) y potenciarlos para competir en el mundo globalizado. Algunas de las claves del éxito urbano residen en la adecuada canalización de estas fuerzas.
·      Las fuerzas del PODER
El poder es otra de las tensiones urbanas permanentes. La ciudad ha sido muchas veces presentada con la materialización del mismo.
En nuestras sociedades democráticas, la plasmación del poder efectivo es compleja. Y no solo porque tengamos ámbitos separados de autoridad como la legislativa, la ejecutiva o la judicial, sino porque el motor que anima todo reflejando otro tipo de poder, pertenece a otro ámbito, la Economía. POLÍTICA frente a ECONOMÍA o Administración frente a Empresa, visualizan la tensión generada por la práctica del poder. Y la ciudad no es ajena a ello.
El tradicional conflicto entre el MERCADO  frente al ESTADO ha sido uno de los definidores más clásicos de la ciudad. El mercado representa a las tendencias desreguladoras del laissez-faire, mientras que por estado debe entenderse el gobierno político (de la nación o de la ciudad) y persigue, teóricamente, el bien común. La tensión entre el liberalismo y la planificación sigue plenamente vigente.
No hay que olvidar que el Urbanismo, como ciencia y conjunto de procedimientos urbanos, nace para mediar en este conflicto entre los deseos sociales y los intereses económicos. La legislación y el planeamiento, con la acotación de sus propuestas, los términos de su control y la aplicación de la disciplina, pretenden regular los términos de este debate incesante.
La renovación de la tensión se produce con el enfrentamiento entre la COMPETENCIA y la SOLIDARIDAD. Competencia habla de rivalidad, de pugna, de flexibilidad, de la ley del más poderoso pero la ciudad es el lugar de lo colectivo donde debe primar el apoyo, la unión y en definitiva la orientación hacia un bien común. Este objetivo solo puede alcanzarse llegando a un acuerdo sobre el MODELO de ciudad. Las ciudades solo podrán conseguir un modelo urbano viable a partir de la solución de este conflicto, quizá desde la tercera vía, tan reclamada, que intermedie a través de la cooperación entre la iniciativa privada (empresa) y la pública (administración).
·      Las fuerzas de la POSESIÓN
La Propiedad es uno de los principios definitorios de nuestras sociedades hasta el punto de convertirse en un baremo de la libertad.  
Su generalización parte de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, que estableció la propiedad como un derecho “inviolable y sagrado” (art. 17), y de impulsos posteriores, como el de León XIII que abogó por transformar a los proletarios en propietarios (“las leyes deben favorecer este derecho y proveer, en la medida de lo posible, a que la mayor parte de la masa obrera tenga algo en propiedad”; León XIII, Rerum Novarum, 33).
Esto marcó un nuevo rumbo, tanto para nuestras sociedades como para nuestras organizaciones urbanas. Las ciudades se enfrentaron a una nueva dinámica que oponía, de una forma inédita, a la Propiedad PRIVADA con la Propiedad PÚBLICA, es decir, a la determinación de lo privativo frente a lo común. Esto se convirtió en una de las claves para entender la ciudad.
Pero, en nuestras urbes complejas, también debe distinguirse entre la propiedad efectiva y la realidad del uso (otra forma de posesión). PROPIEDAD y USO, por un lado, y lo Público y lo Privado, por otro, generan un catálogo circunstancial y, en muchas ocasiones confuso, en el que los espacios ven desvanecerse la nitidez de sus fronteras.
Además, la fisicidad pierde peso mientras gana terreno la levedad (e incluso la virtualidad). Es fácil determinar la posesión de lo material, pero es mucho más complicado establecerla para lo etéreo. Las dificultades de la propiedad intelectual lo constatan.
La percepción de lo público se está difuminando y, todo ello, ha propiciado la evolución de estas fuerzas. La renovación de esta tensión se produce con el enfrentamiento entre la EXCLUSION y la PARTICIPACION. La ciudad transforma el criterio de su categorización espacial y sus lugares pasan a caracterizarse desde gradientes de accesibilidad (en el más amplio sentido del término).

Las fuerzas vitales (nuevas tensiones tecnologizadas)
Puede resultar paradójico denominar fuerzas vitales a unas tensiones que presentan una clara raíz tecnológica. Pero, en estos casos, no hay contradicción entre vida y tecnología. De hecho, la tecnología está potenciando una interacción entre las personas tan intensa, extensa y frecuente que puede afirmarse que nunca antes había existido tanta sensación de libertad y vitalidad entre los seres humanos.
Hasta tal punto esto es importante, que las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación están modificando nuestro comportamiento y estamos asistiendo al alumbramiento de un nuevo ser humano reconfigurado como nativo digital. Además, la dialéctica entre el individuo y la comunidad está evolucionando hacia horizontes desconocidos (lo cual justifica e impulsa las mutaciones de las fuerzas ideológicas ya comentadas)
Estas fuerzas vitales están conformando una nueva realidad urbana. Desde la tecnología de la comunicación se está consolidando otra forma de lectura y vivencia urbana: la CIUDAD RED.
Son redes inmateriales que actúan a distancia y permiten la interacción de una forma diferente. Las nuevas tecnologías, que han posibilitado, por ejemplo, Internet y sus protocolos de actuación, están modificando nuestra forma de ver el mundo y operar en él. Ciudades sensorizadas, realidad aumentada, redes sociales, etc. son algunas de las bases sobre las que se alzan los nuevos individuos. Puede intuirse la llegada de tiempos en los que la participación ciudadana en los designios de la comunidad y su espacio será más relevante que nunca y en los que buena parte de la ciudad mineral actúe con una consciencia que la acerque a la noción de inteligencia.
Va quedando atrás, la época en la que el plano de la ciudad se limitaba a expresar su realidad física, en la que calles, plazas y edificaciones mostraban el escenario geométrico de relación. El avance hacia la percepción topológica, donde ya no importan las distancias sino las conexiones se comenzó a captar con algo, aparentemente inocente y de repercusión multitudinaria: las líneas del metro subterráneo. Desde entonces la comprensión de la realidad urbana se ha ido abstrayendo dando importancia a la nueva capa que está recibiendo el palimpsesto urbano a partir de Internet y la telecomunicación.
La ciudad está trascendiendo su realidad física alcanzando una profunda sistematización entre sus elementos. Pero los nodos de este sistema son personas, las relaciones entre ellos no son evidentes, y los efectos pueden ser de una potencia extraordinaria. La ciudad comienza a ser vivida de otro modo, sus espacios públicos y privados están mutando, y será necesario reflejarlo en sus futuras transformaciones o crecimientos.

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