24 feb. 2012

Berlín, el laboratorio urbano y arquitectónico del siglo XX. La experiencia de la IBA 87.

Plano de la IBA 87 con las zonas Tiergarten-Süd y Südliche Friedrichstadt
Berlín es una ciudad joven. En 1987 cumplió sus primeros 750 años.
Pero su juventud no le ha evitado ser escenario de experiencias urbanas intensas y, en ocasiones, crueles. Particularmente durante el siglo XX, periodo en el que Berlín sufrió las consecuencias devastadoras de la Segunda Guerra Mundial o la división de la ciudad en dos partes, con la construcción de un Muro que separaba dos concepciones políticas y socio-económicas antagónicas (el capitalismo occidental y el comunismo soviético).
Afortunadamente, entre las experiencias también figuran realidades urbanas positivas, como  las innovadoras siedlungen (colonias de viviendas) de la década de 1920 o la Interbau de 1957. Éstas y otras propuestas, convirtieron a Berlín en un laboratorio urbano y arquitectónico del siglo XX.
Quizá por eso, en la década de 1980, las ideas emergentes sobre la construcción de la ciudad encontraron en el Berlín occidental una plataforma para su expresión.  Con la excusa del “cumpleaños” se organizó una exposición internacional de arquitectura que, de paso, permitiría recualificar algunas zonas degradas por la presencia del muro. Esta exposición se denominó Internationale BauAusstellung Berlin (IBA).
Las propuestas de la IBA 87 tuvieron una gran repercusión e influencia durante esos años, pero fueron perdiendo vigencia desde que, en 1989, cayó el telón de acero. Este hecho, que cambió el mundo, también provocó una revolución urbanística en la ciudad. Berlín recuperó al año siguiente la capitalidad de la Alemania reunificada y recobró el impulso perdido que animó las espectaculares realizaciones de los años siguientes. Con ello se cubrieron con un velo anacrónico los esfuerzos disciplinarios de la IBA 87.

Berlín, campo experimental
Berlín había destacado como innovador laboratorio urbano y arquitectónico, especialmente en el campo de la vivienda.
Entre los ejemplos más sobresalientes se encuentran las grandes siedlungen propuestas en la época de la República de Weimar. Estas colonias de viviendas revisaron el alojamiento popular desde los criterios racionalistas. Las propuestas de Martin Wagner (1885-1957), Bruno Taut (1880-1938), Ernst May (1886-1970) o Walter Gropius (1883-1969) se convirtieron en referencias que sobrepasaron los límites de la arquitectura con importantes aportaciones de carácter social y económico. 
El barrio Hansaviertel en la Interbau de 1957
También es reseñable la Interbau de 1957 en la que se escenificaron las propuestas de un movimiento moderno en fase de revisión. Arquitectos como Alvar Aalto (1898-1976), Jacob Bakema (1914-1981), Jo Van der Broek (1898-1978), Oscar Niemeyer (1907), Egon Eiermann (1904-1970), Arne Jacobsen (1902-1971), Pierre Vago (1910-2002) o nuevamente Walter Gropius construyeron el nuevo barrio de Hansaviertel, en la esquina noroeste del Tiergarten. La ordenación fue propuesta por Willy Kreuer (1910-1984), Gerhard Jobst y Wilhelm Schiesser. También Le Corbusier (1887-1965) participó en la muestra construyendo la Unité d’ Habitation de Berlín, aunque en otra localización (Charlottenburg). Eran los años previos a la construcción del muro, una época de gran tensión política producida por la guerra fría que mantenían los dos grandes bloques políticos, y la Interbau supuso un escaparate del modo de vida occidental.
Pero en 1961, la constante fuga de ciudadanos de la parte oriental llevó a las autoridades de la República Democrática de Alemania a levantar un muro que cerrara definitivamente las fronteras. Berlín, que había dejado de ser la capital alemana en 1949 a favor de Bonn, acabó dividida en dos zonas y el sector occidental se convirtió en una isla dentro de la RDA.
El muro de Berlín en la zona de Potsdamer Platz y Leipziger Platz (1962)
Berlín en la década de 1980
Berlín era una ciudad doble y sus partes fueron evolucionando dándose la espalda. El sector occidental, negando en cierto modo la existencia del muro, fue creando nuevos centros urbanos apartados de él. Hay que recordar que el centro histórico de la ciudad había quedado incluido en el sector oriental.
Los barrios próximos al muro, que eran céntricos en la ciudad anterior, pasaron a ser periféricos en la nueva etapa. Esta situación derivó en un abandono que provocó su deterioro. El olvido que la ciudad occidental había mantenido con estos barrios, se intentó corregir con la IBA 87, que propuso la actuación en esas zonas para reestructurar una trama que, en algunos casos, se mantenía tal y como quedó tras la Segunda Guerra Mundial.
Planteamiento de la IBA 87
Siguiendo la tradición experimental berlinesa, en 1978, se propuso la realización de otra exposición internacional de arquitectura en la que reflexionar sobre la ciudad y el tema de la vivienda social en el final del siglo XX. La Internationale BauAusstellung Berlin (IBA), que inicialmente se planteó para 1984, sufrió retrasos que aconsejaron vincularla al 750 aniversario de la ciudad y acabó siendo reconocida como la IBA 87.

La muestra se organizó en una doble línea. Por un lado, la denominada IBA Alt (IBA antigua) cuyo objetivo sería explorar los métodos de renovación urbana. Fue dirigida por Hardt-Waltherr Hämer (1922) quien la orientó desde el lema Behutsame Stadterneuerung (renovación urbana cautelosa o prudente). Por otro lado, se planteaba la IBA Neu (IBA nueva), que bajo la dirección de de Josef Paul Kleihues (1933-2004), pretendía mostrar las teorías emergentes sobre la construcción de la ciudad. Para ello se estableció como lema la reconstrucción crítica (Kritische Rekonstruktion), denominación que advertía sobre unos nuevos criterios alejados de los planteamientos del movimiento moderno.

La propuesta de Aldo Rossi en la IBA 87

El planteamiento de la IBA asumía la ciudad doble y seleccionó cinco áreas del entonces Berlín occidental para intervenir sobre ellas:
·         Tegeler Hafen, en el puerto del barrio de Tegel
·         Prager Platz, en el barrio de Wilmersdorf
·         Tiergarten-Süd, en el centro de la ciudad (Mitte)
·         Südliche Friedrichstadt, en Kreuzberg
·         Kreuzberg SO 36, para intervenir en el barrio de Kreuzberg
Se realizaron concursos internacionales, reuniendo una nómina de arquitectos muy destacada, como Peter Eisenman (1932), Vittorio Gregotti (1927), Herman Hertzberger (1932), Hans Hollein (1934), Arata Isozaki (1931), Rob Krier (1938), Aldo Rossi (1931-1997), Alvaro Siza (1933), Oswald Mathias Ungers (1926-2007) o James Stirling (1926-1992). Fue la gran muestra de una generación de arquitectos que se encontraba en plenitud durante la década de 1980 gozando, además, de un gran prestigio internacional.
La filosofía de la IBA 87
La IBA 87 nace como una revisión crítica de la ciudad del movimiento moderno, tanto del modelo como de los resultados que había producido. Los discursos teóricos que habían ido surgiendo en los últimos años, desde Aldo Rossi (La Arquitectura de la ciudad) a Colin Rowe (Ciudad Collage), o las propuestas que bajo una rechazada etiqueta “posmoderna” estaban alumbrando arquitectos como Rob Krier o O.M. Ungers, crearon el caldo de cultivo para los nuevos criterios con los que abordar los hechos urbanos.
La propuesta de Alvaro Siza en la IBA 87
La IBA tenía un fuerte contenido ideológico y grandes dosis de un espíritu morfológico heredado de las corrientes formales italianas de años anteriores. Su posición fue radicalmente contraria a la ciudad desfigurada del movimiento moderno y se rescató del letargo a la manzana cerrada como estrategia de intervención urbana. También la arquitectura renegó de los funcionalismos anteriores para refugiarse en un racionalismo clasicista con un fuerte contenido simbólico.
La historia recuperaba un protagonismo que el racionalismo del movimiento moderno le había negado. La nueva modernidad reclamaba la conexión directa con las experiencias anteriores al funcionalismo, pero huyendo de los ejercicios posmodernos que, sobre todo en Norteamérica, estaban dirigiendo esa revisión arquitectónica hacia un callejón sin salida caracterizado por dudosos ejercicios de estilo.
Los lemas de los dos caminos emprendidos apostaban por la prudencia y la austeridad, por el método proyectual analítico como disciplina, por la creación de una sólida base crítica y justificativa, por la reconciliación con una historia que se había pretendido olvidar. Se recuperaron nociones como la de tejido urbano o tipología arquitectónica y se colocaron en el centro de la producción arquitectónica y urbana. La manzana, que había sido abolida por el racionalismo a favor del bloque abierto y autónomo, recuperó su protagonismo como estrategia de intervención urbana. La arquitectura volvía a pensarse desde sus implicaciones urbanas.
La IBA Alt luchó, además, por conseguir la participación ciudadana en la construcción del espacio, sin conseguir resultados satisfactorios.
Los grandes proyectos, los grandes arquitectos y el deseo político de resonancia hicieron que la IBA Neu consiguiera una gran repercusión mediática, llenando las publicaciones europeas de la época y orientando el trabajo de muchos arquitectos. El Berlín occidental de los años ochenta se convirtió en el estandarte de la arquitectura de vanguardia de la época.
Un nuevo futuro
La nueva Potsdamer Platz
La inesperada caída del muro de Berlín en 1989 y la posterior reunificación alemana de 1990, supusieron un estallido de emociones contenidas que marcaron la transformación de la ciudad. Berlín recupero la capitalidad de la nueva Alemania y encaró un nuevo futuro.
El impulso del sector público ante la nueva situación fue extraordinario y, además, se vio reforzado con el gran empuje del sector inmobiliario, animado por las expectativas que se abrían. La inversión económica, tanto pública como privada fue enorme. La ciudad comenzó una transformación vertiginosa.  Nuevos edificios impresionantes repoblaron la ciudad renaciente. Operaciones como la Potsdamer Platz, con el Sony Center o el complejo Daimler Benz; la reorganización del barrio gubernamental, con el Reichstag a la cabeza; o la reconstrucción de plazas y ejes urbanos que habían sido interrumpidos convirtieron a Berlín en el mayor escenario en obras de Europa. Nuevamente los arquitectos más reconocidos del momento acudieron a la convocatoria y firmaron la reconversión de Berlín, destacando entre ellos, Renzo Piano (1937), Rafael Moneo (1937), Helmut Jahn (1940), Norman Foster (1935), Hans Kollhoff (1946), Richard Rogers (1933), Axel Schultes (1943) o Jean Nouvel (1945).
Algunas de las modestas edificaciones que se estaban construyendo en las proximidades del muro, y que recuperaban una posición central, fueron derribadas para dar paso a opulentos edificios. La disciplina prudente y pausada defendida por la IBA 87 quedó arrinconada por el espectáculo arquitectónico.
Berlín, en la década de 1990, se asemejaba al enfermo desahuciado que recupera la vida y se arroja vehementemente a disfrutar de la misma. La ciudad cambió su fisonomía de forma radical, especialmente en su parte central.
El gran Berlín había vuelto.

1 comentario:

  1. Una síntesis muy apretada. "La nueva simplicidad" al final se impuso al posmodernismo estilístico que estaba convirtiendo a Berlin en un escenario de exposición de las ideas podemos del momento. Los alemanes querían que Berlin más o menos a esta altura del siglo XXI sea la capital cultural del mundo desplazando a NY , Londres, París... pero le tiraron el lastre de la reunificación alemana pero siguen en ese camino.

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