8 jul. 2012

África, multiverso urbano. Consideraciones iniciales sobre las ciudades africanas.


Hay quienes plantean la expresión “ciudades africanas” como un oxímoron, como un concepto imposible debido a la contradicción e incompatibilidad entre sus términos.
Algunos de los defensores de ese argumento, se apoyaban en la amplia mayoría rural del continente (que en el año 1950 superaba el 85%). En la actualidad, están admitiendo su error ante el vertiginoso ritmo de crecimiento de la población urbana (se espera que ésta supere el 60% en 2050).
No obstante, otros analistas, siendo conscientes de este hecho, defienden que la ciudad africana (o al menos la centroafricana) nunca será, ni representará, lo mismo que la occidental. Según éstos, los extensos asentamientos humanos que se están produciendo en África, no pueden ser llamados ciudad, en el sentido que nuestra cultura otorga a esta palabra. Aunque también reconocen que, quizá, algunas claves del futuro urbano próximo se estén definiendo en ellos.
Estas apreciaciones, como todas las generalizaciones, son injustas con algunas realidades africanas plenamente urbanas, particularmente en las costas mediterráneas. Pero, en cualquier caso, estamos asistiendo a un fenómeno que sigue unas pautas muy diferentes a las de los países desarrollados.
Las ciudades africanas forman un multiverso urbano, donde encontramos modelos originales frente a ciudades occidentalizadas, asentamientos inmensos e informales junto a nuevas ciudades planificadas, ó lugares míticos de nuestra memoria colectiva a la vez que ciudades desconocidas.


Primeras consideraciones geográficas: un continente diverso (y casi simétrico)
África es un continente muy heterogéneo geográficamente. La visión del mapa de los biomas africanos lo constata. Estos hábitats tan diversos, han sido la base para modelos de civilización muy diferentes. Cada contexto ha definido grupos sociales particulares y, como consecuencia, estrategias urbanizadoras muy distintas. Analizar las singulares relaciones entre los ecosistemas y las respuestas ofrecidas ante cada caso, será un objetivo de la investigación.
Podemos comenzar un rápido recorrido por las regiones biomáticas africanas por el máximo paralelo terrestre, el ecuador, que atraviesa el continente por su parte central y lo divide en dos, actuando, en cierto modo como un eje de simetría medioambiental.
En el entorno del ecuador se encuentran las selvas y bosques tropicales y las montañas orientales (como el macizo etíope o la meseta keniata).
A partir del ecuador, tanto en dirección norte como sur, van configurándose otras franjas biomáticas características.
Aparecen a continuación las sabanas, extensas praderas que definen el paisaje propio de las zonas de clima tropical seco, como es el caso del Serengueti. Tras éstas, las regiones semidesérticas (como el Sahel hacia el norte), que realizan la transición con los desiertos, destacando el Sáhara en el norte o, en dirección sur, el Kalahari. Y finalmente las costas de clima mediterráneo, tanto en el norte, con la que propiamente es el litoral del Mar Mediterráneo, como en el sur en las costas del gran cabo sudafricano.
Primeras consideraciones histórico-políticas.
También los acontecimientos históricos han tenido diferente intensidad a lo largo del continente.
El norte mediterráneo es un territorio de gran densidad histórica desde hace miles de años. Muchas civilizaciones han dejado allí su impronta, desde el Antiguo Egipto, las tribus bereberes nativas o los griegos, fenicios, romanos, vándalos, bizantinos, árabes, otomanos y europeos. Todos fueron creando un palimpsesto de gran riqueza cultural y con importantes manifestaciones urbanas.
Pero esta presencia, se desvanecía hacia el sur, entre las arenas del Sáhara. Tras este inmenso desierto se escondía un mundo inadvertido (para los occidentales).
Esa África subsahariana, estuvo poblada de forma dispersa por tribus negras más o menos organizadas, pero que no desarrollaron estados a la manera occidental. Se mantenían dentro de los límites del tribalismo primitivo, al margen del desarrollo que se iba produciendo en latitudes septentrionales.
Desde la era moderna, los europeos, fueron recorriendo el litoral atlántico e índico del continente, estableciendo puertos en sus costas. Estos puertos evolucionaron en ciudades que, aunque inicialmente cumplían la misión de servir de escala en los viajes hacia oriente, acabaron por convertirse en puntos importantes de suministro de los dos principales recursos extraídos del continente africano: esclavos y materias primas.
Durante siglos, África se definía como una costa conocida y un interior ignoto. Pero cuando, a partir de los descubrimientos realizados por intrépidos aventureros que se adentraron en el interior, las naciones europeas fueron conscientes de las potencialidades económicas del continente, África pasó a ser objeto de la codicia colonial, lo cual transformó radicalmente su evolución.
La colonización de África, durante el siglo XIX y XX, será determinante, hasta el punto de convertirse en la base política del continente actual. Los estados africanos se han formalizado a partir de un reparto colonial que se realizó sin considerar las realidades étnicas, culturales e incluso geográficas subyacentes. Esto fue una de las causas de las despiadadas guerras que siguieron a las declaraciones de independencia proclamadas tras el final de la segunda guerra mundial.
Todavía hoy, décadas después de la descolonización africana, se mantienen conflictos sin resolver.
Primeras consideraciones demográficas: del continente rural al continente urbano.
África ha sido un continente rural hasta finales del siglo XX, pero en la actualidad, se constata una transformación acelerada hacia el mundo urbano.
Fuente: Elaboración propia y World Population Prospects: The 2010 Revision and World Urbanization Prospects: The 2011 Revision ( Population Division of the Department of Economic and Social Affairs of the United Nations Secretariat. )
Los datos demográficos de 1950 ofrecían un panorama general de carácter rural. Entonces, el continente estaba habitado por unos 230 millones de personas, de los cuales solamente el 14,40% lo hacía en las ciudades (33 millones de personas para todo el continente).
Las estimaciones realizadas por las Naciones Unidas para el año 2050 (un siglo después) muestran un horizonte radicalmente distinto. El crecimiento demográfico es espectacular, previendo que se acercará a los 2.200 millones de personas (¡un aumento de casi dos mil millones, cercano al mil por cien!). Este aumento se instala fundamentalmente en las ciudades, que superarían los 1.250 millones de ciudadanos (un incremento del 4.000 por cien), llevando el porcentaje de población urbana hasta el 61,60%.
Estas estimaciones son proyecciones bien asentadas en la evolución que ha conducido a la situación actual. Según los datos elaborados por el Population Division of the Department of Economic and Social Affairs of the United Nations Secretariat, y publicados en sus World Population Prospects: The 2010 Revision and World Urbanization Prospects: The 2011 Revision, África acaba de superar los mil millones de habitantes, cuatrocientos de los cuales ya habitan en ciudades (el 39,19%)
Las prolíficas sociedades africanas cuentan con un crecimiento vegetativo muy elevado. Las altas tasas de natalidad y el descenso de la mortalidad están propiciando una pirámide demográfica muy joven. A pesar de que el hambre y algunas enfermedades siguen siendo factores limitativos, las circunstancias, respecto a las de siglos anteriores, son muy diferentes y están favoreciendo esos crecimientos vertiginosos.
El traslado masivo hacia los ámbitos urbanos está provocado por el excedente poblacional de los entornos rurales que, además, vieron agravadas sus posibilidades de desarrollo agrícola o ganadero por los conflictos bélicos sufridos en muchos países. Estas guerras, bien civiles o bien entre vecinos, arruinaron el medio rural, provocando una emigración sin precedentes hacia las ciudades. Este éxodo desbocado solo puede entenderse como una búsqueda desesperada de supervivencia, buscando las oportunidades que pudieran ofrecer las ciudades.
Pero estas ciudades no eran, como había sucedido en Europa, centros industriales con capacidad para satisfacer las expectativas y necesidades de los inmigrantes. Todo lo contrario, las defraudaron, y una gran parte de la población urbana vive en la miseria. Este hecho ha reducido los movimientos migratorios, pero el crecimiento vegetativo sigue siendo muy alto y las ciudades siguen aumentando imparablemente su población.

Primeras consideraciones territoriales: la desestructuración territorial.
Las ciudades forman sistemas que estructuran los territorios, y para que éstos gocen de buena salud, deben encontrar una adecuada articulación de sus elementos. Para ello, es imprescindible una adecuada gradación de escala entre las grandes urbes y los pequeños núcleos rurales, a través de una estructurada oferta de ciudades medias.  Esta categoría intermedia se convierte en clave para garantizar un correcto equilibrio territorial en el que puedan interactuar y convivir los procesos urbanizadores con el medio ambiente (tan singular y sensible en el caso africano)
En general, África cuenta con una red urbana desestructurada que produce graves desequilibrios territoriales.
Esto se manifiesta en dos fenómenos que, en el fondo, responden a la misma causa. El paso acelerado del ámbito rural al urbano ha producido un gigantesco crecimiento de algunas ciudades, una o dos en cada país, y no ha permitido asentar una base de ciudades medias que articulen el sistema. El panorama ofrece una macrocefalia exagerada, teniendo en cuenta que algunas de estas ciudades ya se encuentran entre las más pobladas del mundo. La ausencia de ciudades intermedias que faciliten la transición social y equilibren el uso del territorio es el otro rasgo asociado al fenómeno urbano africano. Hay alguna excepción en países que si disponen de una red de ciudades medias. Las encontramos en el norte, particularmente Marruecos, y en el sur, en el caso de Sudáfrica.
Fuente: ONU-HABITAT. Estado de las Ciudades Africanas 2010
Los países están realizando grandes esfuerzos para reequilibrar esta situación. Por ejemplo, se han propuesto nuevas ciudades en ubicaciones estratégicas para compensar regiones, e incluso algunas de éstas recibieron la misión de convertirse en capitales del estado para facilitar la atracción de población. También se ha intentado potenciar otros núcleos ya existentes que pudieran acoger polos de desarrollo en una búsqueda planificada de ordenación territorial.
Pero, pese a todo, todavía no se han logrado resultados satisfactorios.
Primeras consideraciones urbanas: entre lo formal y lo informal
El vertiginoso crecimiento de la población urbana ha desbordado la capacidad de absorción de las ciudades y está generando un nuevo hábitat: los cinturones suburbiales de infravivienda. Este hecho es de tal magnitud, que los slums, bidonvilles, favelas, etc. se están convirtiendo en uno de los rasgos más significativos de las ciudades africanas en este arranque del siglo XXI.
Estos slums, en algunos casos inmensos, son un mal endémico de las ciudades africanas. El continente rural se está convirtiendo en urbano aceleradamente, sin dar tiempo a la creación de las infraestructuras e instituciones que, por ejemplo, Europa tardó siglos en producir.
Tampoco las ciudades africanas han contado con el apoyo de un sector industrial que ofreciera las oportunidades que surgieron en Europa. De hecho, muchas de las ciudades africanas se han convertido en centros de servicios (comerciales, personales y turísticos) que no disponen de capacidad para acoger esas mareas humanas que buscan mejorar sus condiciones de vida. Los recién llegados se ven obligados a autoorganizarse en arrabales informales, carentes de los servicios básicos y ajenos a cualquier idea de planificación y legalidad.
Es destacable la situación de la región central frente a los extremos norte y sur.
No obstante, tampoco este hecho se da con la misma intensidad en todo el continente. El África del norte y del sur, cuenta con unas bases urbanas que les permite abordar el problema de una forma diferente a las ciudades del gran área central, en las que los slums dominan mayoritariamente las extensiones urbanizadas.
El África actual muestra un variado catálogo de ciudades. Desde ejemplos formales con planificaciones rigurosas hasta extensiones enormes de asentamientos espontáneos e incontrolados y también la yuxtaposición de ambos casos. En una primera aproximación elemental, podemos encontrar en la mayoría de las ciudades con cierta base histórica, un tejido urbano con una estructura tripartita. Un núcleo original (que puede ser desde una medina musulmana hasta un puerto colonial europeo), unas ampliaciones occidentalizadas (ensanches creados durante la colonización de los siglos XIX y XX, implantando la idea europea de ciudad) y los crecimientos extraordinarios que se alojan en los informales suburbios exteriores de infravivienda (fundamentalmente surgidos desde la independencia de los países). 

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