15 mar. 2013

Buenos Aires: Fundaciones e “infancia” urbana de una ciudad europea que no está en Europa.

El Gran Buenos Aires nocturno, según las fotografías realizadas por los satélites de la NASA.

El nuevo Papa Francisco I ha dicho que han ido a buscarlo al “fin del mundo”. Esto depende del punto de vista adoptado, porque Buenos Aires es un nodo internacional que cuenta con una población cercana a los 14 millones de personas (es la segunda aglomeración sudamericana tras Sao Paulo que supera los 20 millones). Esta inmensa conurbación tuvo unos orígenes difíciles y modestos, e incluso necesitó dos intentos para consolidar su fundación, que finalmente se realizó en 1580.
La historia de la conquista española de América ofrece muchas claves para aproximarnos a las razones que llevaron a crear ese asentamiento: desde el peculiar “reparto” territorial del continente sudamericano, a los esfuerzos por encontrar la vía de unión entre los océanos Atlántico y Pacífico, la rivalidad entre portugueses y españoles  y, sobre todo, las expectativas creadas ante extraordinarias riquezas.
El planteamiento urbano de Buenos Aires respondió a los criterios de las ciudades de colonización española de la época: un damero de manzanas cuadradas. Pero la ciudad, que era la puerta atlántica del imperio español en Sudamérica, no tuvo un desarrollo significativo hasta que se convirtió en capital del Virreinato del Rio de la Plata en 1776 y especialmente desde la capitalidad del nuevo país, Argentina, surgido tras la declaración de independencia de 1816.
Desde entonces, la evolución de Buenos Aires ha sido espectacular y muchos opinan que es una ciudad europea que no está en Europa.


El “reparto” de Sudamérica: las Gobernaciones de 1529 y 1534.
La codicia y el ansia de poder pronto sustituyeron al afán de aventura y la búsqueda de oportunidades de los primeros descubridores. Esto obligó a la Corona española a “repartir” los nuevos territorios entre sus exploradores, más aún cuando éstos comenzaron a financiar, con sus propios recursos, las expediciones y, lógicamente, buscaban rentabilizarlas.
En el caso de Sudamérica hubo una primera distribución realizada con la conocida como Capitulación de Toledo que se celebró en 1529. Entonces, se reservó el norte denominado “Castilla de Oro”/"Nueva Andalucía" (aproximadamente las actuales Colombia, Venezuela y parte del istmo centro americano) y se fijaron dos grandes territorios para sus descubridores. Francisco Pizarro, el conquistador de los Incas, recibió un territorio de 200 leguas (más de mil kilómetros) medidas hacia el sur desde la boca del río Santiago (aunque finalmente recibió 70 leguas suplementarias). En él se constituiría la Gobernación de Nueva Castilla. También se entregaron a Simón de Alcazaba los territorios que iban a continuación, otras 200 leguas hacia el sur (inicialmente denominados Nueva León). Pero los acontecimientos se precipitaron forzando a una nueva distribución en 1534.
En 1534 se fijaron los límites de cuatro gobernaciones. La primera, consolidaba la Gobernación de Nueva Castilla, liderada por Francisco Pizarro. La segunda, la Gobernación de Nuevo Toledo fue para Diego Almagro, compañero de conquista de Pizarro que había sido marginado en 1529. Estas dos primeras tenían como límite oriental a la línea del Tratado de Tordesillas que separaba los territorios españoles de los portugueses.
La tercera, la Gobernación de Nueva Andalucía que no debe ser confundida con el territorio del norte que acabaría siendo llamado Nueva Granada), fue para Pedro de Mendoza, (que es la que aquí nos interesa y desarrollamos más adelante). La cuarta, la Gobernación de Nueva León fue la recibió Simón de Alcazaba que veía desplazadas sus “posesiones” hacia el sur del continente.
El “reparto” del territorio sudamericano planteado con las Gobernaciones de 1534.

De la Gobernación de Nueva Andalucía al Virreinato del Rio de la Plata
La Gobernación de Nueva Andalucía (1534-1542)
En el sur del continente americano, en su parte atlántica, el Rio de la Plata es un gran estuario formado por la desembocadura de los ríos Paraná y Paraguay.
Este estuario fue explorado por primera vez en 1516 por Juan Díaz de Solis, quien estaba buscando el paso hacia oriente. Fue bautizado como “Mar Dulce”, pero el descubridor falleció en el intento quedando la misión sin concluir.
Años después, en 1527, la misión interrumpida fue continuada por Sebastián Gaboto, quien llegó a fundar el fuerte de Sancti Spiritu aguas arriba del río Paraná (en la desembocadura del río Carcarañá). Fue entonces cuando el estuario se rebautizó como “Rio de la Plata” ya que los informes apuntaban a que era la vía de acceso a extraordinarias minas de plata (que serían encontradas en Potosí). Pero tampoco Gaboto logró consolidar las posiciones españolas.
Esa inestable situación preocupaba a la Corona española, que temía los avances de los portugueses, quienes tras el descubrimiento de Brasil progresaban hacia el sur poniendo en riesgo las aspiraciones españolas. Carlos I recibió la propuesta de Pedro Mendoza para iniciar una expedición que sería financiada por él mismo. El rey aceptó y lo nombró en 1534 “adelantado” para el territorio que le sería asignado en las Gobernaciones fijadas ese mismo año.
Un “adelantado” era un alto dignatario español que llevaba a cabo (o “adelante”) una misión militar y civil por mandato real. Las expediciones eran financiadas con cargo a su propio patrimonio y posteriormente, intentaban recuperar el capital invertido. Era en definitiva un comandante militar de la zona a conquistar con potestad para fundar fortalezas y pueblos. El cargo, que era hereditario, combinaba funciones diversas, como gobernador, jefe militar y magistrado, y ofrecía grandes expectativas económicas.
Pedro de Mendoza y Luján (1487-1537), como primer adelantado y gobernador de la entonces denominada Gobernación de Nueva Andalucía, recibió a su cargo un territorio que se encontraba comprendido entre la gobernación concedida a Diego de Almagro (situada al norte) y la gobernación concedida a Simón de Alcazaba y Sotomayor (situada al sur). Los límites se fijaron en leguas que, aproximadamente, coincidían con los paralelos 25° 31’ y 36° 56’ por el norte y el sur, mientras que por el este y oeste eran ambos océanos (Atlántico y Pacífico). No obstante las delimitaciones eran bastante imprecisas dadas las posibilidades técnicas de la época.
Esta gobernación tuvo una existencia autónoma breve, ya que en 1542 quedaría integrada en el naciente Virreinato del Perú.
Durante ese corto periodo, Mendoza realizó la primera fundación de Buenos Aires (en 1536, aunque fue fallida ya que en 1541 se abandonó el asentamiento). En 1537 Mendoza vuelve a España (moriría durante el viaje) dejando como heredero a Juan de Ayolas.
El Virreinato del Perú creado en 1542 (la línea roja señala el Camino Real que unía Lima con Buenos Aires pasando por Potosí).

El Virreinato del Perú (que incorporaba la Gobernación del Rio de la Plata) (1542-1776)
La conquista del Imperio Inca se dio por finalizada en 1535 con la toma de la ciudad de Cuzco. por parte de Francisco Pizarro. Pero la distribución territorial de 1534 no había satisfecho las ambiciones de los socios de conquista, Pizarro y Diego Almagro, cuyas desavenencias desembocaron en una Guerra Civil entre ellos por el dominio de esas regiones. Ambos murieron asesinados en la contienda que, no obstante, fue continuada por sus familiares. Para solucionar el conflicto, la Corona española anuló las divisiones de 1534 y creó en 1542 el Virreinato del Perú, reuniendo las antiguas gobernaciones bajo el mandato de un Virrey designado directamente por el Rey de España. Se fijó la capital en la Ciudad de los Reyes (posteriormente Lima), ciudad que había sido fundada por Pizarro en 1535.
El primer Virrey, Blasco Núñez Vela tuvo un difícil papel entre los beligerantes “pizarristas” y “almagristas”. De hecho, acabó siendo asesinado por Gonzalo Pizarro (que finalmente fue detenido y ejecutado). El Virreinato no consiguió la estabilidad hasta el quinto Virrey, Francisco Alvarez de Toledo, que gobernó entre 1569 y 1581 acabando con cuarenta años de desorden en la región.
La Gobernación de Nueva Andalucía, que se había mantenido bastante al margen de los conflictos acaecidos en el norte, quedó integrada en el Virreinato del Perú como una provincia del mismo. La sede del gobierno se situó en Asunción, fundada en 1541.
Desde Asunción se fueron colonizando los territorios circundantes, dándoles en algún caso autonomía provincial que los vinculaba directamente con el Virreinato (Gobernación de Tucumán, 1552; Gobernación de Santa Cruz de la Sierra, 1560)
En 1617, la Gobernación de Nueva Andalucía fue dividida en dos, creándose la Gobernación del Paraguay (que inicialmente se llamó del Guayrá) con sede en Asunción y la Gobernación del Rio de la Plata (o de Buenos Aires, ya que esta ciudad se convirtió en residencia del gobernador).
Las divisiones administrativas del territorio sur del Virreinato del Perú.

El Virreinato del Rio de la Plata (1776-1814)
La gran extensión que había alcanzado el Virreinato del Perú dificultaba mucho su gobernabilidad y para favorecer su administración, en 1776 se realizaron dos importantes escisiones. Una por el norte, con la creación del Virreinato de Nueva Granada y otra por el sur, con el Virreinato del Rio de la Plata (la Capitanía General de Chile mantuvo su relación con el Virreinato del Perú pero con mucho autonomía).
En el Virreinato del Rio de la Plata se integraron los territorios de las gobernaciones de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán y Santa Cruz de la Sierra, el corregimiento de Cuyo de la Capitanía General de Chile y los corregimientos de la provincia de Charcas. Buenos Aires sería su capital.
Pero desde 1810, las Guerras de Independencia de los pueblos sudamericanos acabarían con el Virreinato y darían lugar a nuevos estados (Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia) iniciando una nueva etapa en la evolución de estos territorios.
Argentina declaró su independencia en 1816.
El Virreinato del Rio de la Plata, constituido en 1776.

Primeras fundaciones urbanas en la Gobernación del Rio de la Plata.
La colonización del extenso territorio de la Gobernación del Rio de la Plata fue apoyándose en la creación de ciudades. Esta parte de Sudamérica carecía de ellas.
En el continente americano las sociedades más avanzadas antes de la llegada de los españoles fueron los Aztecas (en la parte norte de América central, actual México) y los Incas (en los Andes centrales). También destacaron los Mayas (en América Central, península del Yucatán) pero éstos no llegaron a consolidar un imperio como los anteriores ya que se organizaban en ciudades-estado. Hubo algunos pueblos menores que eran subsidiarios de los imperios descritos (como los diaguitas del norte argentino)
Las partes habitadas del resto del continente, como el Caribe, Brasil o la mesopotamia argentina, estaban ocupadas por pueblos cazadores-recolectores que se desplazaban sin fijar un asentamiento definitivo.
La Gobernación del Rio de la Plata, por tanto, no contaba con preexistencias que pudieran alcanzar el rango urbano como sucedía en los territorios situados al norte y los españoles, para consolidar sus posiciones, fueron localizando sus ciudades en puntos neurálgicos. La localización de estas ciudades se realizó a través de la selección de lugares estratégicos vinculados al transporte fluvial o al terrestre.
Las localizaciones estratégicas vinculadas al transporte fluvial darían lugar a ciudades como Asunción, Santa Fe o Buenos Aires.
Entre los recorridos terrestres destacó el Camino Real, que fue la principal vía de comunicación, transporte y comercio que a lo largo de 3.000 kilómetros unía Buenos Aires y Lima, la capital del Virreinato del Perú que necesitaba una salida hacia el Atlántico (especialmente para el  Alto Perú y Potosí). Este objetivo llevó a la creación de asentamientos a lo largo del itinerario, algunos de los cuales llegarían a convertirse en prósperas ciudades (como Córdoba, Salta o San Miguel de Tucumán).

Buenos Aires, primer intento fallido (1536)
Pedro de Mendoza fundó en 1536 en la estuario del Rio de la Plata un asentamiento esencialmente militar denominado Nuestra Señora del Buen Ayre. Pero las enfermedades y el hostigamiento de los indígenas dificultaron su mantenimiento y fue finalmente abandonado en 1541. No quedó rastro de él.
Imagen del asentamiento levantado por Pedro Mendoza en 1536 según el dibujo realizado por Ulrico Schmidl, integrante de la expedición.

Asunción (1541)
En 1541 se fundó el asentamiento que recibió el nombre de Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora Santa María de la Asunción en el lugar donde ya se encontraba un fuerte militar que había construido en 1537 Juan de Salazar. Su primer gobernador fue Domingo Martínez de Irala.
Asunción se convirtió en el punto de partida de varias expediciones que tenían la misión de fundar otros asentamientos. Por eso llegó a ser conocida como “madre de ciudades”. De Asunción partieron los fundadores y colonos de ciudades como Santa Cruz de la Sierra (1561), Santa Fe (1573), Buenos Aires (en su segundo intento definitivo de 1580) o Corrientes (1588) y algunas otras que con el tiempo serían abandonadas, como Concepción del Bermejo, Santiago de Jerez o Ciudad Real del Guayrá.
San Miguel de Tucumán (1565)
En 1565 se fundó otro asentamiento interior que recibió el nombre de San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión. El sitio escogido por su fundador Diego de Villarroel, fue abandonado en 1685, parece que por la baja calidad de las aguas, trasladando la ciudad a la localización actual, unos 60 km hacia el noreste, cerca del río Sali, y que además estaba mejor relacionado con el Camino Real.
Córdoba (1573)
El Virrey del Perú, Francisco de Toledo nombró gobernador del Tucumán a Jerónimo Luis de Cabrera y le encargó colonizar el Valle de Salta, para establecer núcleos intermedios seguros en los viajes por ese territorio. Cabrera fundó la nueva ciudad en 1573 con el nombre de Córdoba de la Nueva Andalucía. En 1577 se trazó el plano definitivo siguiendo las claves de las ciudades de colonización.
Santa Fe (1573)
En 1573, el Gobernador de Asunción, encargó al capitán Juan de Garay una expedición por el río Paraná.  La exploración tenía como objeto la fundación de un asentamiento que facilitara la salida al mar de la ciudad y en consecuencia la comunicación con España, la metrópoli colonial. En ese año, Garay funda Santa Fe en la confluencia de los ríos Paraná y Salado (o Saladillo).
Buenos Aires, segundo intento definitivo (1580)
Años después, Garay recibe un nuevo encargo similar.  Debía encargarse de la “segunda fundación” del desaparecido asentamiento que  creara Pedro de Mendoza en 1536 en la boca del Rio de la Plata. El motivo de esta refundación fue la necesidad de darle una salida al Atlántico a todo el territorio que existía desde Potosí hacia el sur. Garay denominó al nuevo asentamiento Ciudad de La Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre.
Corrientes (1588)
La "Ciudad de Vera de las Siete Corrientes" fue fundada por Juan Torres de Vera en 1588. Su misión era servir como estación intermedia entre Asunción y Buenos Aires.


La “infancia” de Buenos Aires (1580-1776)
La ubicación seleccionada por Juan de Garay no coincidía con la que Pedro de Mendoza escogió 44 años antes ya que Garay eligió el lugar que consideró más adecuado.
Esa parte de la costa había sido esculpida durante miles de años por las variaciones de nivel del estuario y el mar, dejando un litoral abrupto con notables desniveles (las “barrancas”). Actualmente estos desniveles casi han desaparecido por la acción combinada del rio y del hombre, siendo el encuentro entre tierra y agua, en general, suave.
Topografía del entorno de la ciudad de Buenos Aires, con los “valles de inundación” del Riachuelo y el Arroyo Maldonado enmarcando la loma fundacional.
Por otra parte varios arroyos desembocaban en el estuario creando unas zonas de menor cota que solían inundarse con las mareas (los “valles de inundación”). El terreno presentaba ondulaciones ligeras que se interrumpían por el sur en el amplio valle de inundación provocado por la desembocadura del Riachuelo. Este rio, conocido como rio Matanza en gran parte de su recorrido (y denominado Riachuelo en su parte final), es un curso de agua de poco más de 60 kilómetros, pero que tuvo gran importancia en la definición urbana de Buenos Aires (hoy sigue marcando el límite sur de la Ciudad Autónoma y su desembocadura caracteriza al barrio porteño de La Boca). Por el norte el Arroyo Maldonado (hoy entubado en su mayor parte) creaba otra depresión.
En una loma entre el Riachuelo y el Arroyo Maldonado se trazó el primer plano de Buenos Aires. Las barrancas existentes en ese lugar permitían ejercer un buen control sobre el tráfico fluvial. Además, las aguas no eran allí muy profundas dificultando el acceso a naves enemigas. Todo ello confirmaba el solar escogido para la refundación de la ciudad como una zona con buenas defensas naturales.
Plano del trazado propuesto por Juan de Garay en la refundación de Buenos Aires (1580).
No hay un acuerdo unánime entre los historiadores sobre el número de manzanas (cuadras) reales que se trazaron. El plano de Garay indica 16x9, es decir, 144 manzanas pero hay historiadores que defienden que finalmente se construyeron 15x9. Estos últimos indican que el territorio marcado por Garay se encuentra aproximadamente determinado por las actuales calles 25 de Mayo y Balcarce (por el oeste), Independencia (por el sur), Salta y Libertad (por el este) y Viamonte (por el norte).
Las manzanas fueron cuadradas, con 140 varas de lado. La vara es una medida complicada por la por la variedad de equivalencias numéricas asignadas en los diferentes lugares a este patrón  de longitud. La vara castellana tenía 83,6 centímetros pero la argentina se fijo en 86,6 cm., dando un resultado aproximado de entre 117 y 121 cada manzana/cuadra. Las calles se plantearon de 11 varas (entre 9,2 y 9,5 metros). La medición aproximada en la actualidad ronda los 130 metros entre ejes de calles.
Juan de Garay repartió entre los colonos los lotes obtenidos por el trazado de la cuadrícula. Asignó manzanas para su edificación, dividiendo alguna de ellas en cuatro para su adjudicación a colonos, y reservó otras para granjas (“chácaras”). También determinó la ubicación de los equipamientos principales, fijando la manzana libre para ubicar la plaza principal de la nueva ciudad (Plaza de Mayo) que recibiría en su contorno la iglesia, el cabildo (ayuntamiento) y la residencia del gobernador. También se asignó en esa plaza una manzana para sí mismo (la que ocupa actualmente el Banco de la Nación Argentina).
Plano de 1713 en el que aparece el Fuerte que defendía la ciudad de las agresiones extranjeras.
Un hito en la ciudad antigua fue la construcción de su fortaleza. A pesar de sus buenas condiciones naturales, la posición estratégica de Buenos Aires requería reforzar su defensa militar contra los ataques (fundamentalmente de la piratería inglesa, holandesa y portuguesa). Para ello, en 1595 se comenzó la construcción del Fuerte de Buenos Aires, en los terrenos situados al oeste de la plaza principal, entre la ciudad y el rio de la Plata. Allí residieron los Virreyes hasta 1810, cuando el último fue depuesto como consecuencia de la Revolución de Mayo. La fortaleza fue demolida en 1882 y en su ubicación se levanta actualmente la Casa Rosada, sede del poder ejecutivo.
La Catedral Metropolitana ocupa el lugar determinado por Garay para la primera iglesia de Buenos Aires, pero el edificio actual (que es el sexto a lo largo de la historia) comenzó sus obras en 1753, según proyecto del arquitecto italiano Antonio Masella. Se inauguraría en 1791 (aunque la fachada neoclásica definitiva sería posterior).
Después de la primera iglesia fueron levantándose otras que servirían de motor urbano ya que a su alrededor fueron consolidándose nuevos barrios (estirando la trama cuadrada pero sin modificar sus directrices). En 1769 se estructuró la ciudad en seis parroquias: Catedral, San Nicolás, El Socorro, Montserrat, La Piedad y La Concepción. El censo realizado en 1778, indicaba que Buenos Aires estaba habitada por unas 26.000 personas.
Plano de 1750, en el que se aprecia la extensión de la trama urbana aunque con poca densidad (salvo en los lugares centrales).

La “infancia” de Buenos Aires fue modesta y difícil. La tensión permanente con los indios de la zona y las trabas que encontraba para desarrollarse comercialmente limitaron y postergaron su crecimiento. Lima era el gran centro de referencia de esa parte del imperio y monopolizaba las rutas comerciales frenando el progreso de otros puertos. Con la creación del Virreinato del Rio de la Plata en 1776 la situación comienza a cambiar. Buenos Aires inicia el despegue que la llevará a convertirse en un centro portuario y aduanero muy importante pero, sobre todo, tras la independencia del país (declarada en 1816) al convertirse en la capital de la naciente Argentina. Buenos Aires tendrá grandes crecimientos, importantes remodelaciones, y otras muchas operaciones urbanas que la llevarían a ser la gran ciudad actual. Pero esa es otra historia.
Ortofoto actual indicando los límites del primer plano de Juan de Garay en la opción de 15x9 manzanas/cuadras.
La siguiente etapa de la evolución urbana de Buenos Aires: El complejo de Edipo de Buenos Aires: la ciudad postcolonial (1810-1930).


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