3 mar. 2013

¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Pasado, Presente y Futuro del Planeamiento de Madrid


¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Algunas de las grandes preguntas de la humanidad fueron respondidas, para el caso del Madrid reciente, en el debate organizado por MADRID THINK TANK el 27 de Febrero sobre el Pasado, Presente y Futuro del Planeamiento de Madrid reuniendo, por primera vez, a los tres directores de los planes democráticos de la capital.

Cuando Madrid se convirtió en una ciudad democrática arrancó la ardua tarea de redefinirse. En 1985 fue aprobado el primer Plan General de Ordenación Urbana de Madrid (PGOUM) que asumió el reto de “recuperar” una ciudad que se encontraba fragmentada y desorientada. Este Plan se dedicó a sanar las graves heridas de su pasado desarrollista, limitando su expansión y con una declarada voluntad morfológica adoptando el proyecto urbano como estrategia. Entre sus objetivos destacarían el deseo de completar la ciudad discontinua y reequilibrar los déficits dotacionales entre el norte y el sur.
Pero las hipótesis socioeconómicas que le sirvieron de base se quedaron obsoletas cuando la sociedad pasó de un escenario de crisis a otro de bonanza.
Había que modificar el rumbo y en 1997 se aprobó un nuevo Plan. Este nuevo modelo urbano dirigiría Madrid hacia el siglo XXI y lo hizo abandonando el espíritu limitativo del Plan anterior para adoptar una flexibilidad expansiva que le llevó a ordenar la totalidad del territorio municipal. Este Plan, que todavía hoy está vigente, nació con el deseo de procurar la gestión y el realismo de sus propuestas, asumiendo importantes crecimientos residenciales y grandes obras de infraestructura para favorecer la movilidad metropolitana.
Han transcurrido casi dieciséis años y el mundo ha cambiado. Madrid y sus ciudadanos han evolucionado y requieren un nuevo modelo urbano que oriente el futuro en el contexto actual, globalizado y tecnológico.
Ya se está trabajando en este próximo referente con el horizonte del 2015 como fecha de aprobación. La magnitud de los retos a los que se enfrenta y su repercusión directa en la vida de los ciudadanos lo sitúa en primera línea de interés para todos.

 El 27 de Febrero de 2013, en LaSede del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), MADRID THINK TANK organizó un debate que reunió por primera vez a los tres directores de los Planes urbanos de la democracia: Eduardo Leira, director del PGOUM de 1985; Luis Rodríguez-Avial, director del PGOUM de 1997; y José Luis Infanzón, director de la revisión del PGOUM (Horizonte 2015)
Cada uno de ellos intervino individualmente, para posteriormente abrir un debate conjunto que fue moderado por Bernardo Ynzenga y Joaquín Mañoso, reconocidos arquitectos urbanistas.
El acto contó con las presentaciones de José Antonio Granero, decano del  COAM y de Carlos Lahoz, director e ideador del MADRID THINK TANK.
El decano del COAM, José Antonio Granero presentando el debate. (foto MADRID THINK TANK/Juan Roldán)


Eduardo Leira, director del PGOUM de 1985.
La primera intervención correspondió a Eduardo leira, director del PGOUM’85, que comenzó haciendo referencia a la pérdida de peso de los Planes Generales como instrumentos para la gestión de la ciudad y relativizando su efectividad para establecer un modelo de ciudad.
Leira continuó relatando cómo, cuando se comenzó a redactar el que sería el primer plan de la democracia, había una ilusión compartida por todos en solucionara las carencias que Madrid tenía en aquel entonces.
Madrid era la ciudad central de un área metropolitana que perdía población tras los excesos desarrollistas anteriores. Encontraron una ciudad que era un mosaico de tramas diferentes en muchos casos desconectadas y con graves déficits infraestructurales y de equipamientos.
El primer objetivo fue rematar, suturar, completar y conseguir que la ciudad evolucionara preparándose para recibir esa nueva economía que se intuía. De hecho, muchas de las zonas industriales se transformaron, con visión amplia, en áreas para la actividad económica. Entre sus propósitos destacó el reequilibrio territorial de una ciudad que tenía un norte relativamente bien dotado y un sur claramente deficitario en cuanto a equipamientos urbanos. También se planteó la mejora del transporte público (metro, trenes, autobuses) innovando en este asunto ya que fueron los inventores del concepto de intercambiadores de transporte. El PGOUM’85 también fue innovador respecto al establecimiento de ordenanzas particularizadas para cada una de las zonas de la ciudad o sobre el intento de monetarización de las cesiones. Para todo ello, buscaron la concertación con el sector privado, aunque agregó, que los acuerdos alcanzados terminarían por romperse.
Leira comentó que el PGOUM’85 fue etiquetado como un “plan de izquierdas”, denominación que cree inadecuada. No obstante una de sus preocupaciones fue la de tener claro, en todo momento, para quién se construía la ciudad, priorizando las demandas de los ciudadanos.
La ciudad central había sido desbordada y perdía población. Por ello se optó por la limitación de su extensión para centrarse en el adecuado desarrollo interno, completando las discontinuidades, con nuevas dotaciones y un ambicioso programa de vivienda. En este campo, se realizó una estimación de las viviendas necesarias basada, no en los datos demográficos, sino en la creación de hogares (pensando con detalle en los destinatatarios de las mismas). Se intentó que el 25% de los hogares de nueva creación se quedara en Madrid y que el 90% del suelo habilitado fuera destinado a Viviendas de Protección Oficial. Esta propuesta, que se llegó a firmar aunque a los promotores inmobiliarios no les satisfacía en absoluto, fue finalmente declarada ilegal.
Leira apuntó que sobredimensionar el suelo disponible en la ciudad es un foco de problemas, entre otras cosas por los costes del capital inmovilizado en suelo y se defendió de una de las acusaciones clásicas a su Plan diciendo que la especulación y el alza de precios que se produjo, no estaba relacionada con la limitación del suelo urbanizable. De hecho, comentó que, entre 1985 y 1989, no se desarrolló ninguno de los suelos urbanizables previstos en el Plan.
Ciertamente, a partir del Plan hubo un primer boom inmobiliario que fue producto de dos novedades surgidas en la segunda mitad de la década de 1980. La primera causa fue la aparición de una demanda nueva, que era la que buscaba la mejora de su vivienda. La bonanza económica creó una cierta “élite” que impulsó el mercado de renovación de viviendas.
La segunda causa que cambió el mercado residencia fue financiera, ya que hasta 1988 no se concedían hipotecas para viviendas usadas. Este cambio legislativo y financiero significó una convulsión para un mercado que estaba bastante estancado.  La aparición de una nueva demanda que buscaba cambiar de vivienda y la posibilidad de financiarla provocó una importante alza de precios. En aquellas fechas las mudanzas de vivienda en España se situaban en 1,1 durante toda la vida (en Estados Unidos la media era de siete). En nuestro país, la vivienda era algo “para toda la vida”. El cambio fue trascendental, con ello aumentaron considerablemente las transacciones de vivienda de segunda mano, pero no la producción de nueva vivienda. Así que, sentenció Leira, los precios subieron por este motivo y no por la limitación del suelo urbanizable.
Entre 1991 y 2001 Madrid siguió perdiendo población y solamente a partir de 1998 con la llegada de inmigrantes extranjeros, la capital presentó crecimientos demográficos. Pero fueron inicialmente desde la precarización, aunque conforme se iban asentando y mejorando sus condiciones económicas, también presionaron desde abajo hacia arriba buscando la mejora de su vivienda. Esta circunstancia sumada a las anteriores (y a la facilidad con que las entidades financieras concedían las hipotecas) está en el origen de la burbuja que acabó estallando, provocando, en palabras de Leira, el “tsunami inmobiliario” que ha sumido a nuestra sociedad en una profunda crisis. El PGOUM’85 no podía prever todas estas cuestiones.

Leira continuó reflexionando sobre qué es lo que se podía esperar del futuro Plan General de Madrid.
En primer lugar, rematar, remodelar, siguiendo con la filosofía establecida en 1985, y encontrando áreas de oportunidad. Para ello debe revisarse la ciudad sin prejuicios, desechando temas que no han funcionado, localizando enclaves con potencial e incluso, si es necesario, transformando las previsiones anteriores. Puso como ejemplo la operación “Campamento”, pendiente de desarrollo, a la que no dudó en calificar de “descabellada” ya que la hipótesis sobre la que se sustentaba, una “Castellana del Sur” no va a ser posible.
Por ello, apuntó que habrá que revisar zonas en las que seguramente será necesario realizar “quitas” de vivienda que la sociedad no está demandando. Apostó por remodelar las periferias repetitivas (como por ejemplo San Chinarro) y por concentrar, trasladando derechos de un área a otra si era conveniente.
Una de las ideas que lanzó como opciones de futuro fue la de revisar el suelo público como destinatario de otros usos. Puso como ejemplo la edificación sobre algunas paradas de metro de forma que su acceso se realizaría por el interior de edificios (algo parecido a lo que ya sucede en Londres en ciertos casos). También propuso revisar el carácter de los centros comerciales, que podrían recibir nuevos usos adosados a sus fachadas.
Leira apostó por buscar lugares no previstos, dejando actuar a la imaginación, mezclando e integrando usos y espacios.
También se refirió a la necesidad de favorecer las viviendas en alquiler, creando “incubadoras” de alquiler para personas jóvenes (o no tanto) que puedan utilizarlas durante periodos cortos. Estas “incubadoras” deberían situarse en posiciones centrales de la ciudad, “incrustadas” en las zonas más atractivas. Se preguntó el por qué no se realizaban apartamentos mínimos, que fueron tan criticados cuando una ministra de un gobierno anterior lo propuso. La vivienda pequeña, y por lo tanto asequible, destinada a gente joven es lo que más se demanda. Y por supuesto, debe estudiarse como aprovechar los muchos edificios vacíos que existen en la ciudad. También lanzó otras sugerencias como la peatonalización de la Gran Vía o la reestructuración de las líneas de autobuses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) creando líneas de barrio que alimentaran a otras troncales.
Eduardo Leira finalizó su intervención recordando que las circunstancias actuales tienen bastante similitud con el contexto en el que nació el PGOUM’85, aunque ahora Madrid es una ciudad madura. “La historia vuelve al presente”, dijo. En cualquier caso Leira terminó diciendo que un Plan debe incentivar más que prohibir.
Eduardo Leira, Joaquín Mañoso y Bernardo Ynzenga. (foto MADRID THINK TANK/Juan Roldán)


Luis Rodríguez-Avial, director del PGOUM de 1997
Luis Rodríguez-Avial, director del PGOUM’97 intervino a continuación y comenzó a describir los rasgos más característicos de su actuación.
El Plan, como el anterior, continuó el esfuerzo de reequilibrar la ciudad, pero planteando propuestas de futuro que convirtieran a Madrid en una gran capital europea.
Uno de los temas más significativos (y criticados) del Plan es que éste se llevó hasta el límite de la capacidad territorial, ordenando todo el término municipal. Comentó que la limitación del plan anterior había sido negativa y que la investigación realizada entonces sobre cuál debería ser el límite razonable de acogida con la calidad urbana exigible, les llevó a la decisión de ordenar todo el territorio (citó como colaborador a Fernando Nasarre, Director Técnico del Plan).
El PGOUM’97 propuso varias operaciones estructurantes de la periferia, desarrolladas a partir de la creación de nuevas centralidades que se caracterizaron con una adecuada mezcla de usos.
También se profundizó en la protección del patrimonio, donde programas como el “Plan Villa de Madrid” ya habían marcado el camino. Se individualizaron los elementos, se catalogaron con una triple idea fundamental: Rehabilitar, Recuperar y Revitalizar (identificadas por su autor como la “política de las tres R”).
El PGOUM’97 fue pionero en un tema que en aquel entonces estaba comenzando: la sostenibilidad. El Plan fue innovador en cuestiones medioambientales.

Rodríguez-Avial hizo hincapié en los que, según él y tras el paso del tiempo, eran los principales aciertos del PGOUM’97:
Destacó inicialmente la puesta en marcha de los grandes proyectos emblemáticos que han marcado los últimos años de Madrid. Se refirió a tres grandes operaciones que calificó como “ilusionantes”. En primer lugar, preparar el camino para recibir unos Juegos Olímpicos (tras varios intentos, en la actualidad se está pendiente de la posibilidad de Madrid 2020). En segundo lugar, los logros en la rehabilitación del Casco antiguo. Y en tercer lugar la potenciación del gran eje cultural Prado-Recoletos.
Insistió en que fue positivo para Madrid el hecho de llevar la planificación al límite de la capacidad territorial para atender una importante demanda insatisfecha de suelo urbanizable.
También consideró que fueron un logro del Plan las determinaciones para el suelo urbano, tanto en cuanto a ordenación como a criterios de gestión. No obstante, Rodríguez-Avial comentó que se han detectado algunos errores puntuales a lo largo de los años por falta de precisión en la información.
Finalmente se refirió a la protección del patrimonio histórico a través de planes especiales que han regulado diferentes zonas de gran interés, como el Casco antiguo, el Ensanche de Castro, diez núcleos históricos de la periferia, cuarenta y dos colonias e incluso los cinco cementerios históricos de la ciudad.

Tras presentar los que a su juicio habían sido los principales éxitos del Plan, realizó un ejercicio de autocrítica, reconociendo algunos errores en los planteamientos del PGOUM’97.
El primero de ellos, que calificó de involuntario, fue el exceso de documentación y de regulaciones al que fueron conducidos por su deseo de dejar todo “atado y bien atado”. El Plan se concretó en un documento con 4.500 planos y más de 35.000 páginas y, esto no debe ser un Plan General, apostilló Rodríguez-Avial.
Además las normas urbanísticas son prolijas y excesivas y han obligado a matizar demasiadas cosas posteriormente. Como ejemplo se refirió a algunas cuestiones cuya aplicación le había producido insatisfacciones, en particular la ordenanza de miradores (que al no consumir edificabilidad han sido mal utilizados generando una imagen negativa en la ciudad) o el esponjamiento de manzanas (el denominado “patio azul”) que no ha resultado operativo.

Desde la experiencia adquirida, Rodríguez-Avial transmitió unas conclusiones:
Un Plan General es hijo de las circunstancias políticas, técnicas, socioeconómicas, legislativas, etc. de cada momento. En este sentido calificó al PGOUM’85 como producto de un periodo de crisis en el que además se era pesimista sobre la evolución futura. Con este contexto, ese plan fue un instrumento muy contenido, que se limitó a actuar sobre lo existente y, reconoció Rodríguez-Avial, haciéndolo con acierto. De hecho, en el 97 se profundizaron en muchas de las cuestiones planteadas en el 85.
Pero los escenarios cambiaron, especialmente a partir de la entrada de España en la Unión Europea desde 1986, cuestión que animó el contexto económico provocando una importante especulación sobre el suelo, con especial relevancia durante el periodo 1986-1988.
Rodríguez-Avial comentó que el contexto en el que fue generado su Plan también fue de crisis (la hubo entre 1991 y 1996) pero que la visión hacia el futuro era optimista. Esto convirtió al PGOUM’97 en un plan desarrollista y más liberal que el anterior.
Pero en ninguno de los dos casos, con estrategias diferentes, se supo frenar la fuerte especulación del suelo, que solo se ha visto paralizada por la intensa crisis actual.
Su segunda conclusión fue que es fundamental la existencia de un plan supra-municipal, de índole regional. Algunas comunidades lo han conseguido pero Madrid no. En 1985 no se propuso porque no era el momento político. En 1997 tampoco se acometió porque la Comunidad de Madrid todavía era muy reciente, y en 2013 sigue sin plantearse. Rodríguez-Avial hubiera deseado tener esas directrices territoriales que le hubieran evitado muchos problemas además de servir de base para que las propuestas hubieran sido más ajustadas metropolitanamente.

Finalmente, Rodríguez-Avial se refirió al futuro de Madrid. El suelo de la capital se encuentra agotado, aunque advirtió que todavía quedan algunos “retales” de borde sin ordenar, que en su conjunto pueden sumar aproximadamente cuatro millones de metros cuadrados.
Cree que hay que orientar el foco hacia la mejora de la ciudad existente, corrigiendo alguno de los planteamientos erróneos del PGOUM’97 e incluso reorientando alguna de las piezas previstas en ese plan y que no se han desarrollado todavía.
Insistió en la necesidad de disponer del planteamiento supra-municipal, aunque fuera a nivel de Avance, que debería ser vinculante en cuestiones muy básicas.
Enlazando con una idea expuesta anteriormente, Rodríguez-Avial dijo que un Plan General era producto de la legislación de cada momento y que en nuestro país, desde la Ley del Suelo de 1956, los planeamientos son rígidos y complicados. Esta legislación está desfasada e impide evolucionar al planeamiento. La sociedad ha evolucionado conceptualmente y demanda flexibilidad. Recordó que en el 97 no se fijó un número máximo de viviendas como ejemplo de una cierta flexibilidad.
Rodríguez-Avial acabó su intervención recordando la filosofía compartida con uno de sus grandes maestros, Fernando Terán. Ambos urbanistas creen que se debe actuar sobre todo lo que no sea protegido, que no se debe ser determinista, y que el planeamiento debe ofrecer esquemas indicativos, una ordenación estructural con gran libertad de movimiento interno. La ciudad debe resolverse fragmento a fragmento, pero respetando esas coordenadas generales e infraestructurales planteadas en el Plan General.
La legislación de hoy no permite esto, por eso debe evolucionar para poder revisar y simplificar los criterios de gestión urbana.
José Luis Infanzón, Carlos Lahoz y Luis Rodriguez-Avial (foto MADRID THINK TANK/Juan Roldán)


José Luis Infanzón, director de la revisión del PGOUM (Horizonte 2015)
José Luis Infanzón, director de la revisión del PGOUM (Horizonte 2015), comenzó su intervención aludiendo a los planes históricos de Madrid (El Plan Castro, el Plan Zuazo, el Plan Bidagor y el Plan de 1963) puesto que los planeamientos nunca son rupturistas con los anteriores, sino que se construyen sobre ellos.
También insistió en la idea de que los Planes  son producto de su tiempo y de las circunstancias que lo definen (políticas, técnicas, socioeconómicas etc.)
Advirtió al auditorio de que mientras los anteriores ponentes se habían referido a planes reales, el solamente podía comentar intenciones ya que el proceso de revisión del planeamiento madrileño se encuentra en marcha y todavía queda mucho trabajo hasta alcanzar ese horizonte de aprobación previsto para 2015.
Infanzón quiso caracterizar el contexto actual con varias ideas:
1.  La legislación que tenemos es de carácter desarrollista (ha sido así y sigue siéndolo). Las leyes que definen el planeamiento se concibieron para crear nueva ciudad, fijando los derechos y deberes correspondientes. Pero actualmente esto ya no debe ser así, estas leyes no son operativas cuando de lo que se trata es de recuperar y de regenerar.
2. Ausencia de planeamiento territorial. Este hándicap dificulta enormemente las respuestas necesarias a procesos que exceden el ámbito municipal. De hecho, se producen tensiones entre municipios, a veces irracionales,  que impiden propuestas correctas y eficaces. Basta pensar en temas como la movilidad, donde sería imprescindible disponer de unas directrices, aunque fueran básicas, para ordenar, al menos, el área metropolitana.
3. Excesiva pormenorización. Infanzón criticó el PGOUM’97 por invadir excesivamente la escala inferior y defendió que un Plan General se debe limitar a la estructura fundamental.
4. Instrumentos poco flexibles. La rigidez del planeamiento actual dificulta enormemente la adaptación de los modelos a las nuevas necesidades. Hace imposible un planeamiento dinámico. Y cuando se ha propuesto alguna innovación en esta línea, los equipos jurídicos siempre la han frenado aduciendo “inseguridad jurídica”. Para Infanzón, los Planes Generales deber ser “tableros de juego” con unas reglas claras y deben evitar la propuesta de proyectos muy definidos.
5. Ausencia de planificación estratégica. Las ciudades no se terminan por el hecho de que no dispongan de suelo para crecer. Las transformaciones internas son tan evolutivas como los crecimientos en extensión. Infanzón utilizó el ejemplo de Manhattan como espacio colmatado pero con un dinamismo enorme. Es necesaria un planificación estratégica global, que cada vez es más difícil dada la disgregación de las competencias municipales en múltiples departamentos, que a veces pueden resultar incluso contradictorios.

Tras estas reflexiones previas, José Luis Infanzón pasó a referirse a los rasgos del Preavance que ya se encuentra aprobado desde 2012. Los documentos se encuentran disponibles en la página web del Ayuntamiento.

En el Preavance se ha realizado un análisis crítico del PGOUM’97 y un diagnóstico de la ciudad.
También se recogen en él propuestas estratégicas para Madrid con cuatro objetivos principales de carácter global: el impulso a la actividad económica, el respeto a la sostenibilidad, la cohesión social y territorial y la calidad de vida.
Finalmente, se anticipan propuestas de ordenación urbanística, incipientes, que son el germen del Avance que se presentará en el futuro.
Infanzón cree que uno de los problemas a los que se enfrenta un planeamiento general  es que se le pide que regule poco pero que solucione todos los problemas y eso no es posible. Por eso cree que es conveniente descargar al Plan General de reglamentaciones que debe hacer el propio Ayuntamiento desde otros instrumentos. El Plan General debe contener solamente cuestiones estructurales de carácter genérico, de forma que las determinaciones concretas se puedan desarrollar posteriormente, a través de otros mecanismos.
El Preavance inaugura un nuevo régimen de implantación de usos. El criterio es simplificar y aportar flexibilidad, siempre desde una propuesta de mezcla de usos. Para ello se está estudiando la realidad de la ciudad, se está analizando cómo está funcionando verdaderamente, al margen de cómo el Plan General vigente creía que se debería utilizar. Por ejemplo, hay zonas urbanas terciarizadas cuya actividad es imposible según el PGOUM’97 pero la realidad se impone sobre una normativa que ha quedado desenfocada. Como consecuencia se pretende difundir centralidades y dinamizar los cambios de usos.
Una de las innovaciones de la revisión del PGOUM es la apuesta por el “planeamiento dinámico”, a través de un sistema de indicadores temáticos que permitan evaluar permanentemente la ciudad. Actualmente el equipo redactor está decidiendo cuáles serán los indicadores más adecuados. Infanzón hizo referencia a uno concreto como ejemplo, el índice que permite identificar la vulnerabilidad de los espacios que, por cierto, está identificando las periferias de las décadas de 1950, 60 y 70 como lugares con ese riesgo. Estos indicadores permitirán una regulación flexible (“flotante” en palabras de Infanzón)
En el Preavance se está definiendo un sistema de “corredores urbanos”. Esta es una de las propuestas que con mayor claridad vislumbra el nuevo equipo redactor y para ello se está elaborando una red ambiental y de movilidad sostenibles. En la actualidad hay partes concretas que podrían funcionar como tales pero no forman un sistema, al encontrarse desconectadas. El establecimiento de esa red permitiría convertir al Plan en un modelo estructurante. Por ejemplo, se está trabajando en la red de bulevares actuales para transformarlos en estructuras de predominio verde, con nuevo arbolado y una priorización del tráfico peatonal, ciclista y de transporte público, relegando el transporte privado.
También se está estudiando la propuesta de operaciones singulares estructurantes como es el caso de la nueva centralidad del sur que recogería la zona Delicias-Méndez Alvaro y Abroñigal.
El nuevo Plan buscará poner en valor el patrimonio madrileño. Los planes anteriores de 1985 y de 1997 fueron muy buenos en la preservación, incluso, opina Infanzón, excesivamente defensivos. Pero en cualquier caso, la protección del patrimonio es vital ya que asegura la identidad y la memoria de la ciudad. No obstante la novedad planteada en el Preavance es que más allá de los edificios como elementos autónomos, se están fijando en espacios globales y estructuras urbanas que deben ser conservadas. Esto lleva a la realización de un catálogo diverso que recogerá también la arquitectura contemporánea de la que hay grandes muestras en la ciudad. Pero en cualquier caso, cualquier estrategia de conservación debe pasar por la de integración en la vida urbana. Es la única forma de garantizar la existencia de estos elementos tan importantes.
Para acabar su intervención, Infanzón se refirió a la utilización del soporte que ofrecen las nuevas tecnologías. Este hecho marca diferencias sustanciales entre los tres planes. En 1985 se realizó un Plan artesanal, dibujado a mano, con “tramas de Letraset”. El Plan de 1997 ya dispuso como herramienta de dibujo del Autocad (que plantea algunos problemas operativos por su sistema de definición de polígonos que generan dobles líneas provocando conflictos en la realidad). El Plan que se prevé aprobar en 2015 trabaja con el sistema GIS que permite asociar información al dibujo (y de paso soluciona ese problema de dobles líneas actuales). Se pretende tramitar el futuro plan como un expediente electrónico en el que las actualizaciones puedan realizarse “on line”.
José Luis Infanzón termino reclamando que, frente a los excesos de regulación y la sencillez de gestión, los Planes deberían simplificar sus propuestas y sofisticar sus mecanismos de gestión.
Los participantes en el debate. De pie: Joaquín Mañoso, Bernardo Ynzenga, José Antonio Granero y Carlos Lahoz. Sentados: Luis Rodriguez-Avial, José Luis Infanzón y Eduardo Leira. (foto MADRID THINK TANK/Juan Roldán)

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