21 dic. 2013

Bizancio - Nueva Roma - Constantinopla - Estambul, la ciudad como palimpsesto.

La imagen de Estambul desde el satélite muestra la extensión de su área metropolitana, muy superior a sus límites históricos.
La ciudad nunca es una hoja en blanco, siempre se construye sobre unas referencias anteriores, unas huellas preexistentes. La ciudad es como un palimpsesto, aquellos manuscritos antiguos que reutilizaban pergaminos anteriores que, aunque habían sido borrados, todavía conservaban rastros de las tintas previas.
Todas las ciudades son así, pero algunas, dado el papel que les ha otorgado la historia, lo son en grado superlativo. Estambul es uno de los mejores ejemplos. Allí han dejado su huella griegos, romanos, bizantinos, otomanos, turcos…  y cada aportación ha ido modelando esa ciudad protagonista de la historia. Nacida como la estratégica Bizancio, convertida en capital imperial como Constantinopla, luego primera ciudad de Imperio Otomano y finalmente conocida como Estambul, hoy es una inmensa área metropolitana que se encuentra habitada por casi quince millones de personas y que se extiende por Europa y Asia bordeando el Estrecho del Bósforo, la frontera entre esos continentes.
Se atribuye a Napoleón Bonaparte la siguiente frase: “Si le monde entier devait être un seul pays, Constantinople en serait la capitale” (Si el mundo fuera un único estado, Constantinopla sería la capital), sentencia que reconoce ese complejo palimpsesto territorial y su genoma multicultural.

La antigüedad nos proporciona magníficos ejemplos de reciclado. Los palimpsestos son uno de ellos. La escasez de pergaminos sobre los que escribir, obligó a la reutilización de otros antiguos que ya no se consideraban interesantes para ser conservados. Por ello, se solían borrar los textos preexistentes para reutilizar el soporte, convirtiéndolos en una nueva base para el futuro escrito. No obstante, aunque la intención expresa fuera hacer desaparecer todas las referencias anteriores, no siempre las tintas se borraban completamente, y dejaban un “rastro” de lo que allí se había escrito (esta circunstancia sería de gran ayuda a los investigadores, que descifraban los textos subyacentes obteniendo nuevos datos históricos). La palabra palimpsesto es de origen griego y era utilizada para referirse al pergamino (o tablilla) que “de nuevo” (palin, es un prefijo griego que significa “de nuevo”, “repetición”) se “raspaba” (psao, es el verbo griego para indicar “raspar”, “frotar”, “limpiar”) para borrar lo anteriormente escrito (y así poder reutilizarlo).
En los monasterios medievales se borraron muchos textos antiguos (textos paganos griegos y latinos, principalmente) para recuperar sus pergaminos (era mucho más costoso hacerse con unos nuevos) y aunque la tinta pudiera desaparecer, la punta rígida de muchos utensilios de escritura (como por ejemplo el cálamo romano) dejaban también hendiduras en el soporte, que han permitido con las técnicas modernas, recuperar lo anteriormente escrito y así disponer de muchas obras que se podrían haber perdido. No obstante, muchos palimpsestos, eran tan eficazmente borrados que no han permitido extraer de ellos información oculta.
Pero en nuestra cultura, la palabra palimpsesto ha quedado asociada a esas huellas subyacentes que no desaparecen por la adición de nuevos trazos sobre ellas. Este es el sentido que se aplica a la metáfora urbana de la ciudad como palimpsesto, en la que las nuevas formas, trazados o arquitecturas, se superponen a las tramas heredadas sin anular lo anterior y permitiendo realizar una compleja lectura de diferentes épocas.
La ciudad nunca es una hoja en blanco, siempre se construye sobre unas referencias anteriores unas huellas preexistentes. Incluso en el momento de su fundación no dispone de esa libertad “gráfica” que ofrece el papel blanco, isótropo y abstracto, ya que encuentra condiciones de relieve, claves a partir de los recursos disponibles o incluso predisposiciones procedentes de la sociedad que la impulsó.
Estambul es uno de los mejores ejemplos urbanos para visualizar la analogía del palimpsesto urbano. La historia de Estambul comienza en Bizancio, un pequeño asentamiento griego levantado en un lugar absolutamente excepcional. La ubicación estratégica le proporcionó prosperidad y relevancia, lo que llevó a que aquella antigua colonia acabara rebautizada como Constantinopla y convertida en una capital imperial (primero romana y luego bizantina). El protagonismo histórico de la ciudad es evidente hasta el punto de que la fecha de su caída en manos otomanas (1453) es considerada como el fin del Medievo y el inicio de la historia moderna. Su singular posición entre Europa y Asia también la reafirmó como principal ciudad del Imperio Otomano. Ya en el siglo XX, con el advenimiento de la República de Turquía adquirió su nombre actual, Estambul, y aunque perdió la capitalidad del país a favor de Ankara, sigue siendo referencia absoluta, no sólo de Turquía sino también internacional.
Ciertamente, otras ciudades, al igual que Estambul, tienen muchos siglos de historia (Bizancio fue fundada en el año 667 a. C.) y han visto pasar muchas culturas sobre ella. Pero en este caso, sus más de mil quinientos años ejerciendo como capital de varios Imperios (Roma, Bizancio, Otomano) le permitieron construirse con una voluntad de permanencia que no se encuentra en otras ciudades y, además, el fuerte contraste entre esas culturas ha aportado rasgos totalmente singulares, ofreciendo muestras tanto de cada una de ellas (arquitectónicas y urbanas pero también sociales) como de hibridaciones de enorme interés.
A veces las huellas urbanas acaban difuminándose, o incluso desapareciendo, pero Estambul conserva muchos restos indelebles, yuxtapuestos sin anular las anteriores, lo que la convierte en uno de los mejores ejemplos para apreciar la analogía entre ciudad y palimpsesto. Sus veintisiete siglos de historia son un orgullo para sus ciudadanos y siguen fascinando a los viajeros que se acercan a visitarla para escuchar un texto políglota escrito con un lenguaje de piedras.
Mapa del Estrecho del Bósforo hacia 1898.

El Bósforo, entre dos aguas (Mar Mediterráneo y Mar Negro) y entre dos tierras (Europa y Asia).
Los antiguos griegos, en las exploraciones de su entorno, descubrieron en el Mar Negro regiones muy provechosas para sus intereses. Era atractivo el propio mar que proporcionaba abundante pescado pero sobre todo lo eran sus territorios ribereños, de los que obtenían pieles, gran cantidad de cereales y también metales preciosos.  La leyenda narra como el héroe mitológico Jasón embarcó con sus argonautas con el objetivo de conseguir el vellocino de oro y, en ese viaje, encontraron el paso que desde el Mediterráneo oriental (el Mar Egeo) daba acceso, por el norte, a las riquezas del Mar Negro.
La conexión entre ambos mares se produce a través de un complejo sistema de comunicación acuática (canales estrechos y una amplia laguna interior) que sirve de frontera continental entre Europa Y Asia. Desde el Mediterráneo arranca el Estrecho de los Dardanelos, un sinuoso paso que se abre al llegar al pequeño Mar de Mármara. Desde allí parte hacia el norte el angosto Estrecho del Bósforo que con su característica forma de “s” aplanada llega directamente al Mar Negro.
Controlar el paso entre el mundo griego y esos ricos territorios se convirtió en un objetivo estratégico. Por eso nació Bizancio, un asentamiento ubicado en la “puerta” sur del Estrecho del Bósforo para vigilar y fiscalizar el tráfico a través de ese canal. Su idoneidad se intensificó con la constatación de otra virtud más local. En el inicio del Estrecho por el sur, desembocaba un sistema fluvial prehistórico que quedaría inundado formando un extraordinario puerto natural, el “Cuerno de Oro”. Entre esta hendidura y el mar de Mármara se había formado una península triangular cuyo vértice apunta al comienzo del Bósforo.  A Su posición estratégica para controlar el tráfico marítimo se sumaba la facilidad con la que podía defenderse el asentamiento, y allí, en el año 667 a. C., se instalaron los colonos llegados de la polis de Megara al mando de Byzas y fundaron el nuevo asentamiento que se llamaría Bizancio.

Bizancio-Nueva Roma-Constantinopla-Estambul.
No sería la primera fundación griega en la zona, ya que pocos años antes había sido fundada en la ribera asiática la vecina ciudad de Calcedonia, también por colonos de Megara. Pero, tras una cierta rivalidad inicial, Bizancio emergería como la llave (o cerrojo) definitiva del trigo póntico (de los territorios del Mar Negro).
Bizancio ocupó una pequeña parte de la punta peninsular (aproximadamente hasta el emplazamiento del actual Palacio de Topkapi, que era donde se encontraba al Acrópolis, y de Santa Sofía). Pero, la ciudad, como toda Grecia, acabaría formando parte del Imperio Romano, y aunque inicialmente obtuvo diversos estatus con más o menos libertad, perdería su independencia definitivamente en el año 100 a.C.
El siglo III fue un periodo de crisis dentro del Imperio Romano hasta que Diocleciano, para superar el caos, estableció como fórmula de gobierno, la tetrarquía. Pero este sistema acabó dividiendo el Imperio en dos (Oriente y Occidente) y degenerando en una guerra civil entre augustos y césares que finalizó con la victoria de Constantino en el año 324.
La historia de Bizancio cambiará radicalmente desde entonces, cuando el ya emperador único, Constantino el Grande (272-337), decide embellecerla y convertirla en la capital del Imperio Romano en el año 330. Entonces pasaría a ser conocida Nueva Roma, aunque todo el mundo acabó por denominarla la “ciudad de Constantino”, Constantinópolis, Constantinopla.
Cuando en el año 395 el Imperio se dividió definitivamente en dos, Constantinopla se convirtió en la capital del Imperio Romano de Oriente, el Imperio Bizantino, papel que mantuvo más de mil años (hasta la caída en 1453 frente a los turcos). Entonces se convertiría también en la capital del nuevo Imperio Otomano (hasta su desaparición en 1922). La naciente República de Turquía (1923) trasladaría su capital a Ankara, en el centro de la península de Anatolia y Constantinopla acabaría siendo rebautizada como Estambul en 1930.
El análisis de Bizancio-Nueva Roma-Constantinopla-Estambul es una tarea intensa. En este artículo solamente nos acercaremos a algunos de sus rasgos más destacados.
Topografía del territorio triangular de Constantinopla con indicación de sus siete colinas (mapa basado en el mapa interactivo realizado por Emanuel Nicolescu y Laura Safran)
La conversión de Bizancio en la Nueva Roma, la renovada ciudad que se convertiría en la capital del Imperio Romano de Oriente, se acompañó de mitos que pretendían confirmar la adecuación del lugar para un papel tan relevante. Uno de ellos fue la comparación de las siete colinas de Roma con las siete que presentaba Constantinopla. No obstante, al igual que sucedía en Roma, ese número es discutible. En este caso porque Constantinopla presentaba, realmente, tres alturas diferenciables (que podían ser  cuatro contando con el punto álgido existente en la muralla de Teodosio junto a Kosmidion). Pero esa realidad fue algo idealizada para mostrar esas siete colinas de Constantinopla equiparables a las de la Ciudad Eterna.
Constantinopla fue una refundación en toda regla, dada la comparación entre las dimensiones del núcleo original y el trazado de Constantino, quien levantó unas nuevas murallas que ampliaban considerablemente la superficie de la ciudad.
La Bizancio original fue transformada en el complejo palaciego y administrativo imperial. Junto al Hipódromo que había ordenado construir el emperador Septimio Severo en el año 203 (ampliando también el recinto amurallado de la antigua Bizancio) se levantó el Gran Palacio Imperial (330) y entre ambos la iglesia principal de la ciudad (Hagia Sophia, Santa Sofía en el año 360).
El complejo imperial de la Constantinopla romano-bizantina: arriba a la izquierda el hipódromo, a su lado el conjunto palaciego y arriba a la derecha emerge Santa Sofía.
La estructura urbana principal de Constantinopla era como una “Y” griega tumbada que arrancaba en el complejo imperial. Su base era un eje este-oeste que se dividía en dos ramas en el lugar ocupado por el Foro Amastrianum, una partía en dirección noroeste y la otra hacia el suroeste, para terminar ambas en puertas abiertas en la muralla. Entre ambas ramas de la “Y”, discurría el rio Lycos, un arroyo estacional que desembocaba en la bahía que acogía el Puerto Eleuterio (el mayor puerto sur de la ciudad) para llegar al Mar de Mármara, tras un recorrido de unos seis kilómetros intramuros (parte de los cuales, los finales, eran subterráneos). La estructura en Y era completada por una red de vías paralelas que se unían a las principales formando ángulo (casi como una espina de pez).
Constantinopla en el periodo Bizantino. Las líneas rojas marcan los ejes principales de la ciudad. Las líneas discontinuas de puntos amarillos indican los trazados de las murallas de la ciudad previas a la gran muralla de Teodosio.
Esta “Y” urbana se constituía en la gran avenida (doble) de Constantinopla que se denominaba Mese (calle del “medio”). La base de la “Y” y la rama sur articulaban los cinco foros que fueron construyéndose entre el núcleo original y el límite amurallado de Constantino. Sus nombres fueron: Foro de Constantino (inicialmente Forum Tauri), Foro de Teodosio, Foro del Buey (Forum Bovis), Foro Amastrianum y Foro de Arcadio.
Los romanos y luego los bizantinos fueron dotando de importantes infraestructuras a la ciudad destacando los acueductos (como el Acueducto de Valente construido en el año 368 entre la tercera y cuarta colina) y los grandes depósitos para el abastecimiento de agua. Otra de las grandes construcciones fue el Mausoleo de Constantino, posterior Iglesia de los Santos Apóstoles (335-339) que se levantó en la cima de una de las colinas de la ciudad (la cuarta).
La ciudad sería nuevamente ampliada en tiempos del emperador Teodosio, quien ordenó el levantamiento de una compleja línea defensiva formada por una muralla doble y un gran foso. Los lienzos, construidos entre los años 412 y 447, recorrían los seis kilómetros que separan en ese punto el Mar de Mármara del Cuerno de Oro. La ciudad también contó con murallas en los frentes acuáticos.
La conquista de la ciudad por parte de los turcos en 1453 la convirtió en la capital del Imperio otomano que a lo largo de de casi quinientos años añadiría una nueva capa al palimpsesto urbano. Por ejemplo, cuando el núcleo original cambió su fisonomía. Desaparecería el Gran Palacio Imperial romano-bizantino y en su lugar se levantaría la gran Mezquita Azul (1609-1617), la catedral de Santa Sofía se transformaría en la Mezquita de Santa Sofía (1453) y se construiría el Palacio de Topkapi (1459-1465) que se convertiría en el centro de poder del Imperio Otomano (hoy es un museo). También se construiría la primera fase (1461) de lo que acabaría siendo el Gran Bazar de Estambul, otro de los hitos de la ciudad o se levantaría la Mezquita del Conquistador (1469) sobre el solar de la iglesia de los Santos Apóstoles.

Las cinco ciudades históricas de la región de Estambul: Constantinopla, Kosmidion, Pera, Skutari y Calcedonia (hacia 1453, según el Atlas de Shepperd)
Las ciudades históricas del entorno que se convirtieron en Estambul.
La Estambul tradicional, se identifica habitualmente con Constantinopla, correspondiéndose con el triángulo que se apoyaba por el oeste en la muralla de Teodosio y contaba con los otros dos lados definidos por el agua (Cuerno de Oro al norte y Mar de Mármara al sur). Este centro histórico, la punta peninsular, es hoy reconocido como distrito urbano con el nombre de Fatih).
Pero, hubo otros asentamientos históricos en el entorno, alguno incluso más antiguo que aquella Bizancio griega y que hoy se encuentran integrados en la gran Estambul.
Concretamente, al norte del Cuerno de Oro, se encontraba la antigua Pera que incluía el barrio Gálata como pieza singular (hoy forman parte del distrito Beyoğlu).  Al otro lado del Bósforo, en la zona asiática, surgieron  Khrysopolis y Kalkhedon (Calcedonia) (actualmente espacios centrales de los distritos de Üsküdar y Kadıköy respectivamente). Y por último, contigua  a la muralla de Teodosio por el lado del Cuerno de Oro se encontraba la ciudad-arrabal de Kosmidion, que sería rebautizada como Eyüp para luego dar nombre a otro extenso distrito de Estambul.  
Estambul. Distrito de Beyoglu. Torre de Gálata.
Pera y Gálata (Beyoğlu), al norte del Cuerno de Oro.
La ribera norte del Cuerno de Oro, hoy el distrito de Beyoğlu, es un lugar habitado desde tiempos remotos. Cuando se conformó un entorno urbano, recibió el nombre de Pera (en griego significa “al otro lado” haciendo referencia a su situación separada de Bizancio por el Cuerno de Oro). 
Desde el siglo V fue urbanizándose destacando su punta sur, que fue tomada como base por comerciantes venecianos y genoveses, hasta el punto de que la zona meridional (incluyendo su puerto) llegó a ser cedida a la República de Génova a cambio de su apoyo tras la Cuarta Cruzada, en la que los cruzados habían saqueado la ciudad. Los genoveses conservaron ese territorio (creando una ciudadela fortificada que recibiría el nombre de Gálata) hasta la llegada de los otomanos en 1453 y construyeron en él diversos palacios y edificaciones públicas entre las que destaca la Torre de Gálata, levantada en 1348 para el control de la zona.
En Gálata se asentó una importante comunidad judía, hasta que fueron expulsados durante la Cuarta Cruzada. Tras la conquista otomana, los turcos se instalaron y cambiaron el nombre de Pera por el de Beyoğlu, pero la zona no dejo de tener un buen número de residentes europeos, hecho que hizo que esta área fuera siempre la zona más “occidentalizada” de Estambul. La presencia de embajadas y otras instituciones al servicio de los europeos (como colegios) dan prueba de ello. Además, esta circunstancia favoreció que fuera el primer barrio de Estambul en recibir novedades infraestructurales como electricidad, teléfono o tranvía. Incluso el Sultan Abdülmecit I abandonó el gran Palacio de Topkapi y se construyó una nueva residencia en Beyoğlu (el Palacio de Dolmabahçe inaugurado en 1853 en un estilo neobarroco europeo).
Estambul. Distrito de Beyoglu. La ciudad de Pera y el barrio de Gálata en 1860.
No obstante, tras declararse la República de Turquía en 1923 muchos de los residentes extranjeros abandonaron Beyoğlu, dando inicio al declive en la zona. Aunque mantendría su ambiente cosmopolita hasta la década de 1950, finalmente sufriría un proceso de tugurización que se agravaría en los ochenta con la pérdida de las clases medias y altas otomanas  residentes allí que se fueron trasladando a nuevos barrios periféricos. Entonces muchos edificios serían ocupados por inmigrantes sin recursos procedentes de la Anatolia rural. Pero a pesar de estas circunstancias, la antigua Gálata sigue conservando un poderoso atractivo turístico.

Khrysópolis (Üsküdar) y Calcedonia (Kadiköy), el Estambul asiático.
En la costa asiática que bordea el Estrecho del Bósforo, los antiguos griegos de Megara fundaron una colonia a la que denominaron Chrysopolis (ciudad de oro). El gran valor de la ciudad era su puerto que mantuvo una intensa rivalidad con la vecina Calcedonia, que solía aventajarla. Con el tiempo, en la época bizantino-medieval, la ciudad cambiaría su nombre por el de Skoutarion y el puerto incorporaría instalaciones militares. La ciudad fue tomada por los otomanos en 1338 y desde allí dirigirían su largo asedio y conquista de Constantinopla. Los turcos le darían su definitivo nombre de Üsküdar propiciando su desarrollo residencial (también acompañada de grandes cementerios).
Estambul. Distrito de Uskudar. La ciudad de Skutari en 1860.
Algo más al sur, en la misma costa de Anatolia, pero mirando hacia el Mar de Mármara, otra colonia de griegos, también procedentes de Megara, habían fundado previamente en el año 685 a.C. el asentamiento de Khalkedon (Calcedonia tras su latinización). Es la fundación urbana más antigua de la región. Cuenta la leyenda que Calcedonia fue apodada “ciudad de los ciegos” ya que sus fundadores no supieron ver que, casi enfrente, existía un lugar mucho mejor para establecer una colonia (es decir, la península de Bizancio). De hecho, el Oráculo que guió a Byzas para fundar Bizancio le había indicado que debería establecerse frente de la “ciudad de los ciegos”. Byzas tardó en comprender ese oscuro mensaje pero logró entenderlo cuando descubrió que la península bizantina ofrecía ventajas muy superiores a las de la ya establecida Khalkedon. Es muy probable que este mito fuera propagado desde la propia Bizancio, en la época en la que las dos ciudades rivalizaban por el control del acceso al Estrecho del Bósforo. En cualquier caso, Calcedonia cuenta con una historia bien nutrida de hechos relevantes (en ella se celebraron varios concilios). Fue conquistada por los otomanos en 1353 y éstos cambiarían su nombre por el actual de Kadiköy.
Kadıköy, al igual que Üsküdar, pasó a formar parte del municipio de Estambul tras la reorganización administrativa realizada en los inicios de la República de Turquía.
Estambul. Distrito de Eyup. Kosmidion-Eyup hacia 1860
Kosmidion (Eyüp), el arrabal extramuros.
Kosmidion fue un asentamiento surgido alrededor del templo y monasterio de San Cosme y San Damián, que se encontraba en el extrarradio de la ciudad, sobre las laderas de una colina que se alzaba junto al Cuerno de Oro. Fue por tanto un núcleo extramuros, vinculado a la institución religiosa que se hizo famosa por  la actividad asistencial que ofrecía y sobre la que las leyendas narran curaciones milagrosas.
La zona siempre estivo asociada a lo sagrado y a lo mágico, recibiendo además uno de los más importantes cementerios del entorno. Allí se construyó la primera mezquita de Constantinopla en 1458 tras la conquista turca de la ciudad. La mezquita se edificó sobre la tumba de Abu Ayyub al-Ansari, adalid de Mahoma que murió en el primer intento de conquista de la ciudad por parte de los árabes y que acabaría dando el nuevo nombre a la ciudad de Eyüp.
Eyüp evolucionaría acogiendo buena parte del desarrollo industrial de Estambul, cuestión que modificó sensiblemente sus esencias históricas, aunque actualmente las está recuperando tras el declive de dicha actividad.


Mapa indicativo de las etapas del extraordinario crecimiento producido en Estambul durante el siglo XX.
En la actualidad, Estambul supera con creces la superficie de estos conjuntos históricos ya que con la explosión demográfica que se produjo a lo largo del siglo XX, la ciudad se ha extendido con profusión por ambos lados del Bósforo, absorbiendo otros núcleos y creando un área metropolitana que se acerca a los quince millones de personas.

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