14 feb. 2015

De la Weissenhof (1927) a la Interbau (1957): los extremos temporales del urbanismo funcional canónico (en Europa).

Arriba, imagen de la Weissenhof de Stuttgart de 1927. Debajo, imagen de la Interbau 1957 celebrada en Berlín.
Las vanguardias arquitectónicas que alumbrarían el Movimiento Moderno fueron consolidándose en la década de 1920. El funcionalismo sería su gran credo y se mantendría vigente, dentro del marco canónico, hasta finales de los años cincuenta. Durante esos treinta años, los arquitectos racionalistas se fueron reuniendo periódicamente en los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (los CIAM), en los que se iría definiendo una buena parte de su doctrina y, en particular, las bases de la Ciudad Funcional, el modelo de ciudad más característico del siglo XX.
Aunque hubo propuestas teóricas sobre la Ciudad Funcional (como la Ville Radieuse de Le Corbusier) y se lograron construir ejemplos completos en países del Tercer Mundo, como Chandigarh, Brasilia o Islamabad, en Europa se levantaron dos “muestras” singulares. Fue en el principio y en el final del Movimiento y se convirtieron en “manifiestos construidos”. Fueron dos exposiciones internacionales de arquitectura que reunieron arquitectos afines y ofrecieron una colección de obras representativas. En 1927 se construyó en Stuttgart la Weissenhof Siedlungen, expresando los valores de la vanguardia de ese momento, mientras que tres décadas después se levantó en el barrio Hansaviertel de Berlín la Interbau 1957 que supondría el canto del cisne del Funcionalismo que, a partir de entonces, evolucionaría hacia otros horizontes menos dogmáticos.


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Las tres décadas del apogeo del Funcionalismo tuvieron dos hitos emblemáticos, que marcaron el inicio y el final de esa época. Fueron dos exposiciones internacionales de arquitectura celebradas en 1927 en Stuttgart y en 1957 en Berlín.
La Weissenhof Siedlungen de Stuttgart fue un barrio experimental que mostró los avances tecnológicos y tipológicos alcanzados por las investigaciones realizadas en Europa respecto a la renovación de la vivienda social. La exposición marcó, en cierto modo, el arranque del periodo de esplendor del Estilo Internacional y, de forma indirecta, ayudó al establecimiento de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (los CIAM) que fijaron la doctrina del movimiento.
En el otro extremo temporal se celebró la Internationale Bauausstellung (Interbau 1957) de Berlín. Esa cita, acompañada de una gran componente ideológica en el contexto de la Guerra Fría, pretendió recuperar el modelo canónico de las vanguardias arquitectónicas. La construcción del nuevo barrio Hansaviertel sobre las ruinas del anterior, que había sido arrasado durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo también un fondo reivindicativo del Funcionalismo ortodoxo frente a las propuestas de reconstrucción europea que habían desvirtuado el modelo racionalista.
En ambos casos, la arquitectura se priorizó sobre las ordenaciones urbanas, cuestión que era de hecho una de las señas de identidad del credo funcionalista.

Imagen aérea de la Weissenhof en 1927, año de la exposición.
La Weissenhof Siedlungen de Stuttgart.
A diferencia de otras experiencias de colonias residenciales coetáneas, que se estaban desarrollando en Frankfurt o en Berlín, y cuyo objetivo era solucionar problemas de alojamiento, la Wiessenhof Siedlungen de Stuttgart nació con la voluntad de construir un manifiesto arquitectónico que expresara la ideología de vanguardia.
La colonia Weissenhof debía ser un producto propagandístico de la Nueva Construcción que se estaba consolidando en aquellos años y por eso se concibió como una “exposición internacional de arquitectura”. El tema fue “La Vivienda” (Die Wohnung) con el objetivo de transmitir dos mensajes: se iniciaba una nueva forma de construir y una nueva forma de vivir.
La exposición (aunque luego las viviendas serían puestas a la venta) fue promovida por el Deutscher Werkbund, la asociación que había creado en 1907 Hermann Muthesius agrupando a arquitectos, artistas y empresarios comprometidos con el diseño moderno y que se dedicaba a fomentar el encuentro del arte con la industria. La coordinación de la muestra fue encargada a Ludwig Mies van der Rohe en 1925 (que era vicepresidente de la asociación) y gozaba de un creciente prestigio. La selección de los participantes no estuvo exenta de polémica, sobre todo con los arquitectos de Stuttgart. La lista final quedó integrada por once arquitectos alemanes (incluido el propio Mies) y seis extranjeros.
La ubicación escogida fue una colina situada en la periferia norte de Stuttgart sobre la que el propio  Mies van der Rohe realizó el planteamiento urbanístico. La ordenación fue muy elemental ya que no tenía como objetivo la creación de ciudad sino el dar soporte a la implantación de la novedosa arquitectura que se pretendía construir. Por eso, Mies van der Rohe se limitó a fragmentar el espacio disponible en parcelas que se ajustaron a las sugerencias de la topografía de la colina manteniendo una ortogonalidad común en casi todos los casos (siguiendo aproximadamente los puntos cardinales). La curva de la Rathenhaustrasse limitaba la intervención por el este, la Friedrich-Ebert-Strasse lo hacía por el sur, la calle Am Weissenhof por el oeste, y la pequeña Hölzelweg por el norte. En el interior, las calles Pankokweg y Brurckmannweg ayudaban a la distribución parcelaria. El único gesto compositivo de Mies fue la ubicación de uno de los bloques de viviendas plurifamiliares en lo alto de la colina (que proyectaría el mismo) mientras que el otro (diseño por Behrens) ejercía como cierre exterior de la actuación por el norte.
Se condicionaron los proyectos para que todos se resolvieran con cubiertas planas y color blanco en los acabados exteriores. Siguiendo las directrices de la exposición, los arquitectos plantearon las viviendas como prototipos experimentales, tanto desde el punto de vista tipológico como en lo referente a los sistemas constructivos, que apostaron por la racionalización de los procesos.
Los diecisiete participantes y sus obras fueron los siguientes (los números corresponden con el plano adjunto):
Plano de la Weissenhof de Stuttgart de 1927. La numeración corresponde con el listado de arquitectos y obras del  texto.

  • Viviendas 1-4: Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), Berlín.
  • Viviendas 5-9: J.J.P. Oud (1890-1963), Rotterdam.
  • Vivienda 10: Victor Bourgeois (1897-1962), Bruselas.
  • Viviendas 11 y 12: Adolf Gustav Schneck (1883-1971), Stuttgart.
  • Viviendas 13-15: Le Corbusier (1887-1965) y Pierre Jeanneret (1896-1967), París.
  • Viviendas 16 y 17 (desaparecidas): Walter Gropius (1883-1969), Dessau.
  • Vivienda 18 (desaparecida): Ludwig Hilberseimer (1885-1967), Berlín.
  • Vivienda 19 (desaparecida): Bruno Taut (1880-1938), Berlín.
  • Vivienda 20 (desaparecida): Hans Poelzig (1869-1936), Berlín.
  • Viviendas 21 y 22 (desaparecidas): Richard Döcker (1894-1968), Stuttgart.
  • Viviendas 23 y 24 (desaparecidas): Max Taut (1884-1967), Berlín.
  • Vivienda 25 (desaparecida): Adolf Rading (1888-1957), Breslau.
  • Viviendas 26 y 27: Josef Frank (1885-1967), Viena.
  • Viviendas 28-30: Mart Stam (1899-1986) Rotterdam.
  • Viviendas 31 y 32: Peter Behrens (1868-1940), Viena.
  • Vivienda 33: Hans Scharoun (1893-1972), Breslau.

Weissenhof 1927. Edificios proyectados por Ludwig Mies van der Rohe (nº 1-4).
Las viviendas de la Weissenhof mostraron, efectivamente, una nueva forma de construir. Esto era apreciable, por ejemplo, en la estructura de las edificaciones. El hormigón armado (utilizado por Le Corbusier) o la estructura de acero (presente en las propuestas de Mies, Rading, Bruno y Max Taut o Gropius) fueron la opción predominante. No obstante, también hubo algún caso más convencional en el que se escogió una estructura de madera que quedaba oculta (casos de Poelzig y Döcker), aunque igualmente se experimentó con los revolucionarios prefabricados de hormigón (como hicieron Behrens, Gropius o Bourgeois). 
Los acabados interiores mostraron una gran diversidad de opciones, aplicando materiales novedosos (tableros de madera, contrachapados, corcho o morteros de áridos ligeros) mientras que los acabados exteriores fueron más comunes: fachadas estucadas en blanco y cubiertas planas. La racionalización de los sistemas constructivos fue uno de los objetivos perseguidos, buscando la rapidez de construcción con productos industrializados y mecanizados frente a la artesanía tradicional. Se pretendía conseguir además un abaratamiento de la vivienda. El caso de las viviendas prefabricadas de Gropius fue, quizá, el más radical, primando el objetivo constructivo sobre el de la concepción espacial de la vivienda. Los parámetros de confort, eficacia y austeridad determinaron las propuestas, que atendieron con detalle a temas novedosos en ese tiempo, como el aislamiento, tanto del ruido como térmico.
Weissenhof 1927. Edificios proyectados por Le Corbusier y Pierre Jeanneret (nº 14-15). Resulta llamativo el contraste de la arquitectura con la evolución del diseño automovilístico.
Las tipologías fueron también variadas. Se construyeron diecisiete casas unifamiliares o pareadas, dos conjuntos de viviendas adosadas en hilera (Oud y Stam) y dos edificios en bloque de pisos (Mies y Behrens). La concepción de la viviendas pretendía expresar una nueva forma de vida, el habitar moderno, cuyo diseño reflejaba los nuevos criterios  imperantes, como la importancia de una buena orientación, la búsqueda de la luz, de la ventilación, la eficiencia de los espacios, etc. Esto se reflejaba, por ejemplo, en la propuesta de ventanas mayores (más anchas, gracias a las nuevas técnicas). La vivienda debía adaptarse a la filosofía funcionalista (como dijo Le Corbusier al definirla como una machine à habiter, máquina de habitar). Por eso, la eficacia del funcionamiento interno de las viviendas fue una preocupación y las propuestas fueron novedosas en este sentido. Se buscó la reducción de circulaciones y pasillos, la agrupación de espacios afines (por ejemplo, dormitorios por una parte, cocina y comedor por otra). En algunos casos se pretendió presentar una nueva forma de vida (como en las propuestas de planta libre con espacios polivalentes de Le Corbusier o en la distribución flexible de los apartamentos de Mies en los que solamente cocina, baño y aseo son fijos). Le Corbusier propuso dos alternativas, una casa unifamiliar (en la línea de las casas “Citrohan” que estaba ensayando desde los primeros años veinte) y dos casas pareadas en las que experimentó con la vivienda mínima y una innovadora distribución interior.
Weissenhof 1927. Edificios proyectados por Josef Frank (nº 26-27), arriba y, debajo, por J.J.P. Oud (nº 5-9).
Finalmente, para conseguir esa visión integral de la nueva vivienda, los arquitectos también se preocuparon por el mobiliario, buscando la coherencia de estilo entre la vivienda y los elementos interiores.  La presentación de las viviendas totalmente equipadas y decoradas pretendía influir en el gran público buscando la aceptación de la nueva arquitectura. En general, las propuestas de amueblamiento eran austeras, ligeras y estilizadas en consonancia con el credo funcionalista. Algunos, como Mies, Le Corbusier, Oud o Stam, diseñaron sus propios muebles, otros los seleccionaron entre el catálogo existente primando los muebles modernos, como hizo Gropius con los diseños de la Bauhaus (de Marcel Breuer). En general, los mobiliarios antiguos fueron rechazados, salvo la aceptación en algún caso de los diseños de Thonet. Novedosas resultaron las propuestas de mobiliarios abatibles y escamoteables, armarios empotrados, etc.
Weissenhof 1927. Edificios proyectados por Peter Behrens (nº 31-32), izquierda y, derecha, por Hans Scharoun (nº 33).

La exposición fue un éxito registrando una notable afluencia de visitantes (se superó el medio millón de personas) y tuvo mucha repercusión en los medios de comunicación (aunque tuvo aceradas críticas desde parte de la profesión arquitectónica por considerarlas propuestas “lujosas” alejadas de las concepciones de vivienda social).
La Weissenhof siedlungen se convirtió rápidamente en un “santuario” de la arquitectura moderna y como tal comenzó a ser un lugar de peregrinaje. Los arquitectos acudían con fervor (y en menor medida siguen haciéndolo todavía) para beber en la fuente del Funcionalismo.
Pero aquella colina “sagrada” situada en la periferia de la ciudad, perdió su aislamiento, absorbida por el crecimiento de la ciudad. Por otra parte, la involución cultural promovida por el régimen nazi intentó vilipendiar su valor. Es muy conocida la imagen que circuló en aquella época mostrando un fotomontaje en el que la arquitectura blanca y de cubierta plana era interpretada como un pueblo árabe (con lo que esto significaba en 1940 en pleno “auge” de la “raza aria” alemana).
Arriba imagen de la Weissenhof y debajo interpretación de la misma como poblado árabe, realizada en 1940 como parte de la campaña anti-vanguardias realizada por el régimen nazi.
No obstante, lo peor estaba por llegar. Los bombardeos sufridos por Stuttgart durante la Segunda Guerra Mundial afectaron a parte de las viviendas, algunas de las cuales quedaron destruidas. Tras la guerra, las ruinas de las diez viviendas más afectadas fueron eliminadas para dejar lugar a otras construcciones convencionales que desde entonces acompañarían a los famosos iconos del Movimiento Moderno que habían sobrevivido al conflicto.
Aunque la Weissenhof actual es solo un reflejo de la exposición de 1927, sigue testimoniando los tiempos heroicos del Estilo Internacional y las viviendas originales que permanecen (de la 1 a la 15 y de la 26 a la 33) han sido restauradas en los últimos años. Dos de ellas, las viviendas pareadas 14 y 15, obra de Le Corbusier y Jeanneret, albergan actualmente el Museo de la Weissenhof.

Imagen aérea del barrio Hansaviertel, sede de la mayor parte de la Interbau 1957.
La Internationale Bauausstellung (Interbau) 1957 de Berlín.
Berlín, en la década de 1950, era un centro de máxima tensión como consecuencia de la Guerra Fría. La ciudad estaba segregada en dos zonas políticamente irreconciliables: el sector oeste (pro-occidental) y el este (pro-soviético). Berlín era una ciudad bipolar, aunque todavía no se había levantando el muro que formalizaría esa diferencia convirtiendo a la capital alemana en una Ciudad Doble, (quedando el Berlín occidental como una isla rodeada por la Alemania socialista, la DDR, Deutsche Demokratische Republik, ó RDA, República Democrática de Alemania). Los intentos de reconstrucción conjunta de la ciudad tras la guerra habían fracasado y cada sector tomaría sus propias decisiones respecto a la planificación urbana.
El sector oriental fue el primero en abordar su reconstrucción, optando por métodos que  rechazaban el valor autónomo de la arquitectura y buscaban recuperar los valores históricos (y reconocibles) de la ciudad compacta europea, proponiendo calles, plazas y espacios públicos formalizados, que habían sido denostados por el Movimiento Moderno. De hecho frente a l Carta de Atenas, el bloque soviético estableció los “Principios de Urbanismo”, 16 puntos que orientaban la construcción de la ciudad “socialista”. La intervención más destacada fue la apertura de la Stalinallee (actualmente Karl-Marx-Allee) sobre el viejo trazado de la Frankfurter Strasse. La gran avenida fue comenzada en 1952 según el diseño de los arquitectos Hermann Henselmann, Richard Paulick, Hans Hopp, Karl Souradny y Kurt Leucht. No obstante, poco después, el Berlín Este abandonaría este modelo urbano configurando sus periferias con bloques de vivienda repetitivos y espacios urbanos residuales que crearon barrios muy deshumanizados.
La intervención de la Stalinallee fue un acicate para el sector occidental, que pondría en marcha su propia reconstrucción. Una de las actuaciones en esta línea sería la celebración de una Exposición Internacional de Arquitectura (Internationale Bauausstellung, Interbau en su versión reducida) cuyo planteamiento se opondría al seguido inicialmente por el Berlín oriental. El sector oeste apostaría por la “modernidad”, por el seguimiento de los criterios urbanos de vanguardia que habían quedado definidos en la Carta de Atenas, aplicándolos como muestra de identidad contemporánea. El lema escogido para la exposición fue “La Ciudad del Mañana” (die Stadt von Morgen). La operación comenzó en 1953, previendo su terminación para 1956, aunque por diversas circunstancias hubo retrasos que obligaron a que se celebrara en 1957.
En esos años, el debate sobre la Ciudad Funcional estaba en plena efervescencia. Los arquitectos de la “vieja guardia” moderna, defensores de la ortodoxia funcionalista, se encontraban enfrentados a las nuevas generaciones que reclamaban una revisión en profundidad de la Carta de Atenas. A pesar de esas discrepancias internas, la decisión fue seguir los dogmas del racionalismo como expresión de que Berlín Oeste “miraba hacia el futuro” frente a un sector oriental, que según los occidentales, se encontraría “anclado en el pasado”.
Para la realización de la exposición internacional de arquitectura se escogió el barrio de La Hansa  (Hansaviertel) que había quedado totalmente arrasado durante la Segunda Guerra Mundial  con los bombardeos sufridos en 1943 por la ciudad. Hansaviertel había sido un barrio construido hacia 1870, con densas manzanas residenciales, ubicado en el noroeste del parque Tiergarten, junto al rio Spree.
Comparación de la trama urbana del barrio Hansaviertel antes de la guerra con la propuesta urbana de la Interbau. La estructura en cruz de las dos grandes avenidas históricas sería, en cierto modo, respetada.
El primer paso fue la convocatoria de un concurso para la ordenación general. La competición fue ganada por Gerhard Jobst y Willy Kreuer con una propuesta, que tras varias versiones acabaría reflejando los principios canónicos del funcionalismo. El planteamiento seguía la idea de una “ciudad en un parque”, concretada en una colección de edificios autónomos, de tipologías diversas, sobre un continuo verde. Las diferentes arquitecturas se convertirían en edificios-escaparate de los logros del Funcionalismo. Para ello fueron invitados a participar más de cuarenta arquitectos entre los que se encontraban algunas de las figuras más relevantes del Estilo Internacional. La selección fue larga y tuvo sus polémicas. Primero porque los arquitectos debían haberse distinguido por su adscripción al Movimiento Moderno, cerrando el paso a cualquier otra corriente arquitectónica y, además, porque se priorizaron arquitectos del Berlín occidental o se vetaron los que tuvieron un pasado vinculado al nazismo. En cualquier caso, estuvieron la mayoría de las figuras internacionales más reconocidas (entre los que estaban Gropius, Le Corbusier o Bruno Taut, quienes ya habían participado en la Weissenhof de Stuttgart treinta años antes). Algunos de los maestros excusaron su participación, como Ludwig Mies van der Rohe y Eero Saarinen, mientras que otros, como Otto Bartning y Hans Scharoun, se retiraron una vez comenzado el proceso.
Los participantes y sus obras fueron los siguientes (los números corresponden con el plano adjunto):

Plano de la Interbau de Berlín de 1957. La numeración corresponde con el listado de arquitectos y obras del  texto
  1. 22 viviendas en 4 plantasHans Christian Müller (1921-2010), Berlín
  2. 32 viviendas en 4 plantasGünther Gottwald (1907-), Graz (Austria)
  3. 28 viviendas en 4 plantasWassili Luckhardt (1889-1972) y Hubert Hoffmann (1904-1999), Berlín
  4. 20 viviendas en 4 plantasPaul Schneider-Esleben (1915-2005), Dusseldorf
  5. Guardería. Günther Wilhelm, Stuttgart                    
  6. Iglesia St. AnsgarWilly Kreuer (1910-1984), Berlín
  7. Grips-Theater (actualmente)Ernst Zinsser (1904-1985) y Hansrudolf Plarre (1922), Hannover/Berlín
  8. 131 viviendas en 17 plantasLuciano Baldessari (1896-1982), Milán (Italia)
  9. 73 viviendas en 16 plantas.  Jo van den Broek (1898-1978)y Jaap Bakema (1914-1981),Rotterdam
  10. 76 viviendas en 16 plantasGustav Hassenpflug (1907-1977), Munich
  11. 87 viviendas en 16 plantasRaymond Lopez (1904-1966) y Eugene Beaudouin (1898-1983), París
  12. 61 viviendas en 16 plantasHans Schwippert (1899-1973), Dusseldorf
  13. Academia de ArteWerner Düttmann (1921-1983), Berlín
  14. 16 viviendas en 4 plantasOtto H. Senn (1902-1993), Basilea (Suiza)
  15. 16 viviendas en 3-4 plantasKay Fisker (1893-1965), Copenhague (Dinamarca)
  16. 19 viviendas en 3-4 plantasBruno Taut (1880-1938), Berlín
  17. 21 viviendas en 3 plantas.  Franz Schuster (1892-1972), Viena (Austria)
  18. 96 viviendas en 8 plantasEgon Eiermann (1904-1970), Karlsruhe
  19. 78 viviendas en 7 plantasOscar Niemeyer (1907-2012), Rio de Janeiro (Brasil)
  20. 69 viviendas en 10 plantasFritz Jaenecke (1903-1978) y Sten Samuelson (1926-2002), Malmoe
  21. BibliotecaWerner Düttmann (1921-1983), Berlín
  22. 78 viviendas en 8 plantasAlvar Aalto (1898-1976), Helsinki (Finlandia)
  23. 59 viviendas en 9 plantasPierre Vago (1910-2002), París (Francia)
  24. 67 viviendas en 9 plantasWalter Gropius (1883-1969) y TAC, Cambridge (Mass. EEUU)
  25. 164 viviendas en 16 plantasKlaus Müller-Rehm (1907-1999) y Gerhard Siegmann (1911-1989), Berlín
  26. Iglesia Kaiser-FriedrichLudwig Lemmer (1891-1951), Berlín
  27. 8 viviendas en 3 plantasPaul Baumgarten (1900-1984), Berlín
  28. 5 viviendas unifamiliaresEdward Ludwig (1906-1960), Berlín
  29. 4 viviendas unifamiliares.  Arne Jacobsen (1902-1971), Copenhague (Dinamarca)
  30. 2 viviendas unifamiliares. Gerhard Weber (1909-1986), Frankfurt
  31. 3 viviendas unifamiliaresAlois Giefer (1908-1982) y Hermann Mäckler (1910-1985), Frankfurt
  32. 3 viviendas unifamiliares.  Johannes Krahn (1908-1974), Frankfurt
  33. 1 vivienda unifamiliar. Wolf von Möllendorff (1908-1992)y Sergius Ruegenberg (1903-1996), Berlín
  34. 2 viviendas unifamiliaresSep Ruf (1908-1982), Munich
  35. 1 vivienda unifamiliarGünter Hönow (1923-2001), Berlín

Interbau 1957. Edificios proyectados por Raymond Lopez- Eugene Beaudouin (nº 11 , arriba y, debajo, por Gustav Hassenpflug (nº 10).
Edificios no incluidos en la Interbau 1957

   36. vivienda unifamiliar (1958)Klaus Kirsten (1929-1999), Berlín
   37. vivienda unifamiliar (1960)Klaus Kirsten (1929-1999), Berlín
   38. vivienda (1960)Bodamer y Berndt, Berlín

Edificios de la Interbau fuera del recinto de la exposición
  1. Escuela Primaria La HansaBruno Grimmek (1902-1969), Berlín
  2. Unidad de HabitaciónLe Corbusier (1887-1965), París (Francia)
  3. Palacio de CongresosHugh A. Stubbins (1912-2006), Cambridge (Mass. EEUU)

La actuación en Hansaviertel acogería 1.236 viviendas en diferentes tipologías (viviendas unifamiliares, torres  de 16-17 plantas, y bloques de 3-4 plantas y de 8-10 plantas) junto a varios equipamientos (iglesia, escuela, guardería, biblioteca, etc.). Complementariamente, la Interbau integró también alguna otra edificación fuera del recinto principal de Hansaviertel, particularmente la Unidad de Habitación de Le Corbusier con sus 530 viviendas o el singular Palacio de Congresos de Stubbins.
Interbau 1957. Edificios proyectados por Hans Schwippert (nº 12) , arriba y, debajo, por Jo van den Broek-Jaap Bakema (nº 9).
A pesar de la pretendida ausencia de una ordenación urbanística limitante, la planificación del nuevo barrio respondió a ciertos criterios compositivos que se alzaron como una referencia organizativa para la arquitectura. El barrio de La Hansa se encuentra limitado por el norte y el oeste por la curva de la línea ferroviaria, en tanto que por el sur y el este se abre al Tiergarten, el gran parque berlinés. Sobre esta base y, en cierto modo, recogiendo el trazado anterior, surgen los dos ejes principales. El primero (Altonaer Strasse) parte de la gran rotonda del parque (en la que se encuentra la icónica Columna de la Victoria, Siegessäule) y cruza en diagonal el Hansaviertel mientras que el segundo eje (Klopstockstrasse-Bartning Allee) discurre más o menos paralelo a las vías del tren realizando una curva similar. Esta “cruz” ordena la actuación distribuyendo las diferentes tipologías. En el cruce se sitúan las principales dotaciones (biblioteca, iglesia, teatro) mientras que en la corona exterior se ordenan los bloques de cuatro alturas (al suroeste, entre Klopstockstrasse y la vía férrea) y las grandes torres (al norte, entre Bartning Allee y el tren) proyectadas por Baldessari, van den Broek-Bakema, Hassenpflug, Lopez-Beaudouin, y Schwippert.
Interbau 1957. Edificios proyectados por Walter Gropius-TAC (nº 24), arriba y, debajo, por Pierre Vago (nº 23).
Por el lado interior del eje curvo, enfrentados a los bloque de cuatro alturas, van a apareciendo los bloques de ocho plantas (Aalto, Vago, Gropius) y, más hacia el norte, esa misma tipología “escolta” el cruce entre las dos avenidas principales (bloques de Eiermann, Niemeyer, Jaenecke-Samuelson) con una cierta voluntad de delimitación central. Más al interior, apoyándose en la vía anular trazada (Händelallee) y resguardadas por la vegetación, aparecen las viviendas unifamiliares, principalmente viviendas-patio, para solucionar el tema de la privacidad.
Como hito de entrada desde el gran eje del parque y de Berlín oeste (Strasse des 17 Juni) aparece la torre de 16 plantas diseñada por Müller-Rehm y Siegmann.
Interbau 1957. Edificios proyectados por Óscar Niemeyer (nº 19) , izquierda y, derecha, por Alvar Aalto (nº 22).

La Interbau de 1957, como muestra canónica de un Estilo Internacional que se encontraba fuertemente cuestionado, fue el blanco de muchas críticas, particularmente desde que fue perdiendo su vigencia a favor de un retorno a la concepción morfológica de la ciudad. En Hansaviertel desapareció la antigua parcelación burguesa para dar paso a un modelo urbano basado en un espacio abierto y fluido en el que emergen prototipos de vivienda de índole muy diversa, tanto en dimensiones como en altura. No hay por tanto ningún tejido conectivo que los enlace y la interrelación entre los edificios es escasa (por no decir inexistente más allá de la creación de un ambiente conjunto). Los edificios se convierten en objetos autónomos respondiendo únicamente de sí mismos;  las calles han desaparecido transformadas en espacios de circulación gracias al “dibujo” de su recorrido en el plano horizontal; o las plazas y los lugares públicos de estancia se desvanecen en un espacio continuo, verde, difuso e indeterminado (incluso en ocasiones residual).

Así pues, el resultado de Hansaviertel, tanto arquitectónico como urbanístico, fue contradictorio. A la indudable calidad de muchos de sus edificios debe confrontarse la falta de carácter de un espacio de la ciudad central que más bien parece una zona periférica (típica de la desurbanización), y al interés ambiental de sus amplias zonas verdes debe contraponerse la pérdida de la identidad respecto del tejido histórico (característico de Berlín). Hoy Hansaviertel es un extraño remanso residencial en el centro de la capital alemana, pero su planteamiento no tendría continuidad ya que supondría el canto del cisne de un movimiento que, a partir de entonces, evolucionaría hacia otros horizontes menos dogmáticos.

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