7 feb. 2015

Crónica breve de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM).

Cartel del CIAM VII celebrado en Bérgamo.
A lo largo de treinta años, entre 1928 y 1959, los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna) reunieron a los arquitectos de vanguardia, quienes fueron levantando acta del movimiento que caracterizó el siglo XX. En esos encuentros se fue construyendo buena parte del cuerpo teórico de la arquitectura y de la ciudad racionalista.
Como todas las obras clásicas de teatro, el conjunto de los once CIAM se desarrolló en tres actos: planteamiento, nudo y desenlace. Durante los cuatro primeros se definieron las bases que culminarían en la Carta de Atenas, el manifiesto de la Ciudad Funcional escrito en 1933. Los cuatro siguientes consolidaron las claves del movimiento, a la vez que asistían a la emergencia de discrepancias internas. Los tres últimos prepararían la necrológica del movimiento. Aquel extraordinario edifico doctrinal se resquebrajaría dinamitado desde dentro por una nueva generación de arquitectos (la denominada tercera generación) que reivindicaron las emociones humanas como ingrediente ineludible de la arquitectura y de la ciudad.
En 1959, el CIAM XI cerró la historia de unos congresos que tendrían una relativa continuidad en las posteriores reuniones del TEAM X, el grupo “rebelde”.

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La década de 1920 fue consolidando las bases de la arquitectura moderna y los pioneros del funcionalismo comenzaron a materializar sus ideas. Una de las muestras más reconocidas fue la Weissenhof Siedlung, construida en Stuttgart en 1927 y que fue concebida como una exposición internacional de arquitectura moderna. Promovida por el Deutscher Werkbund y organizada por Ludwig Mies van der Rohe, el conjunto residencial acogió treinta y tres edificios de dieciséis arquitectos representativos de la vanguardia racionalista, particularmente germana, holandesa y francesa.
En ese mismo año 1927 surgió una intensa polémica con el concurso convocado para la construcción del Palacio de la Sociedad de Naciones de Ginebra. Aunque los arquitectos de prestigio presentes en el jurado estaban inclinados a favor de una propuesta moderna (presentada por Le Corbusier y Pierre Jeanneret), el resto de los miembros logró neutralizar esa proposición de vanguardia otorgando nueve primeros premios ex-aequo. En cualquier caso, el fallo del concurso acabaría siendo rechazado para ser sustituido por un encargo directo a un grupo internacional de arquitectos que generó una arquitectura neoclásica.
Los arquitectos más destacados del nuevo estilo, que habían estrechado lazos durante la construcción de la Weissenhof Siedlung, estaban indignados y pensaron en la necesidad de crear un foro para defender y promocionar la arquitectura moderna frente al academicismo imperante. La aristócrata y mecenas suiza Hélène de Mandrot prestó su castillo de La Sarraz, junto al lago Leman, para que se celebrara el primer encuentro.

Planteamiento: hacia la Ciudad Funcional (los cuatro primeros congresos, I-IV).
En 1928, veinticuatro arquitectos de ocho nacionalidades se reunieron en el castillo suizo de La Sarraz, dando inicio a los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna), aunque no recibirían oficialmente ese nombre hasta el segundo encuentro. Le Corbusier, junto al historiador Siegfried Giedion, sería el gran impulsor del encuentro y lideraría esa primera convocatoria en la que hubo alguna ausencia destacada (como la de Walter Gropius o la de Ludwig Mies van der Rohe, que tendrían relevancia en convocatorias posteriores). La presidencia del congreso se asignó al veterano arquitecto suizo Karl Moser, quien no participó en las sesiones, y la secretaría recayó en Giedion, cargo que ocuparía durante toda la existencia de los CIAM.
Sin un plan previo, aunque con una gran coherencia ideológica entre los participantes, las intervenciones desembocaron en una Declaración de Principios con vocación de manifiesto. También se confirmó la continuidad de los encuentros.
Foto de “familia” del primer CIAM celebrado en el Castillo de La Sarraz.
La Declaración de La Sarraz fue la conclusión del CIAM I. El escrito comenzaba manifestando que “los arquitectos abajo firmantes, representantes de los grupos nacionales de arquitectos modernos, afirman su unidad de opinión sobre los conceptos fundamentales de la arquitectura y sobre sus obligaciones profesionales hacia la sociedad” y se estructuró sobre la base de cuatro temas:
      I. economía general (tratando de la producción industrial y la estandarización)
      II. urbanismo (desde la escala urbana a la territorial)
      III. la arquitectura y la opinión pública (buscando la aceptación de los principios modernos por 
      parte de la ciudadanía), y 
      IV. la arquitectura y sus relaciones con el Estado (exhortando al compromiso del poder con la                 arquitectura moderna). 
Los firmantes fueron: Hendrik Petrus Berlage (La Haya), Victor Bourgeois (Bruselas), Pierre Chareau (París), Josef Frank (Viena), Gabriel Guevrekian (París), Max Ernst Haefeli (Zurich), Hugo Häring (Berlín), Arnold Höchel (Ginebra), Huib Hoste (Brujas), Pierre Jeanneret (París), Le Corbusier (París), André Lurçat (París), Ernst May (Frankfurt), Fernando García Mercadal (Madrid), Hannes Meyer (Dessau), Werner Max Moser (Zurich), Carlo Enrico Rava (Milán), Gerrit Rietveld (Utrecht), Alberto Sartoris (Milán), Hans Schmidt (Basilea), Mart Stam (Rotterdam), Rudolf Steiger (Zurich), Henri-Robert von del Muhll (Lausana) y Juan de Zavala (Madrid).

La preparación del siguiente congreso, el CIAM II (1929), corrió a cargo de Ernst May quien estaba experimentando en el Nuevo Frankfurt la construcción económica (Frankfurt sería la sede del nuevo encuentro). El tema, en correspondencia con esas propuestas, sería el análisis de la “vivienda mínima”. El congreso acogió una exposición sobre diferentes experiencias sobre ese punto que se estaban desarrollando en diferentes partes de Europa. Se pretendía ofrecer una alternativa moderna a las exiguas e miserables propuestas que se estaban construyendo dentro de los modelos edilicios de los ensanches de la ciudad postliberal (como las Mietkasernen del ámbito germánico). Se reclamó el planteamiento de viviendas dignas y habitables dentro de la economía superficial, e incluso se sugirió la necesidad de creación de una normativa que impidiera la construcción especulativa.

El CIAM III (1930) abordó el tema de la agrupación de viviendas para formar “barrios” bajo el título “Métodos constructivos racionales. Casas bajas, medias y altas”. La preparación corrió a cargo de Victor Bourgeois y el grupo belga (Bruselas sería la sede del encuentro). Bajo la presidencia de Cornelius van Eesteren (que había sustituido en el cargo a Moser), se presentaron propuestas sobre la interrelación entre los esquemas de viviendas y sus agrupaciones, así como opciones volumétricas, distancias óptimas entre bloques o su conexión con los trazados viarios. Las conclusiones se centraron en recomendar una planificación urbana científica, basada en previsiones demográficas, datos estadísticos y cálculos técnicos.
Otra cuestión abordada en el congreso fue la densidad urbana. Le Corbusier lideró los partidarios de la concentración frente a los que defendían los paradigmas de ciudad jardín. El arquitecto francés opinaba que el gran reto de la modernidad era dar satisfacción a los problemas de las grandes aglomeraciones urbanas, sobre todo en lo que respecta a los transportes y a la distribución de los equipamientos y las viviendas. En esa línea presentó las trazas básicas de su proyecto de Ville Radieuse como el modelo a seguir (que completaría en los siguientes años y publicaría en 1935). En una onda más política, Le Corbusier argumentó que para conseguir un verdadero urbanismo moderno debería cuestionarse la propiedad del suelo, y defendió su carácter público.
La Ville Radieuse, la ciudad ideal propuesta por Le Corbusier.

La deriva paulatina hacia los planteamientos urbanos se hará más patente en el siguiente congreso, el CIAM IV (1933) en el que se establecieron los “puntos doctrinales” de la “Ciudad Funcional”. Inicialmente estaba previsto que el encuentro se celebrara en Moscú, pero los inconvenientes puestos por las autoridades soviéticas obligaron a que la reunión se produjera a bordo de un barco que salió de Marsella para recabar en Atenas. La involución cultural ocurrida en la Unión Soviética, y la que se estaba comenzando en la Alemania nazi, mostraba un fuerte rechazo a la visión de las vanguardias.
Las dificultades para acudir al congreso de los arquitectos soviéticos y germanos (nuevamente se produjo la ausencia de Gropius) se vio compensada por el incremento de mediterráneos y nórdicos. Si en los dos congresos anteriores fueron los arquitectos alemanes los que marcaron la impronta, en éste encuentro (y en buena parte de los siguientes) sería Le Corbusier el que adquiriera el protagonismo.
Le Corbusier provocó un cierto revuelo al proponer la noción de armonía como superación de la de función. No obstante, se rechazaron esas propuestas para reforzar la visión del urbanismo funcional. Las conclusiones del encuentro quedarían reflejadas en la Carta de Atenas, el documento-manifiesto sobre la ciudad moderna en el que se codificaban los aspectos esenciales que debían regirla. Entre sus determinaciones destacaron aspectos como la zonificación o las cuatro funciones primarias  sobre las que fundamentar la planificación urbana: habitar, trabajar, recrearse y circular. La doctrina funcional se presentaba como un método de trabajo, no como un modelo morfológico (como era el caso de la Ville Radieuse corbusierana que se presentaba como referencia espacial, aunque había mucha coincidencia entre esta ciudad ideal contemporánea y las indicaciones de la Carta de Atenas).
El CIAM IV fue la culminación de una etapa en la que las reflexiones y las propuestas alcanzaron un gran nivel de consenso entre los participantes. Pero las circunstancias históricas (el ascenso de los regímenes totalitarios, que desembocaría en la Segunda Guerra Mundial) afectarían a la cohesión del grupo y, en consecuencia, los siguientes congresos tendrían otro cariz.

Nudo: Los debates internos entre razón  y emoción (los cuatro congresos intermedios, V-VIII).
En un ambiente enrarecido, marcado por el exilio de muchos arquitectos fuera de Europa, en 1937 se reúne el CIAM V. El encuentro se celebró en París para reflexionar sobre el tema de la vivienda y el tiempo libre (Logis et Loisir). Las discusiones se centraron en profundizar en los principios del Carta de Atenas y en su adaptación a las ciudades industriales contemporáneas. La ciudad, según las conclusiones alcanzadas, debía ser entendida como parte de un conjunto económico, social y político, articulado con la complejidad de las actividades humanas. La noción de ciudad-región protagonizó buena parte del debate que, por otra parte, no resultó demasiado fructífero.
Portadas de los libros de Le Corbusier y Josep Lluis Sert
La Segunda Guerra mundial interrumpiría las citas durante una década, pero los miembros del CIAM se mantendrían activos. En pleno conflicto bélico, Josep Lluis Sert edita en Estados Unidos la obra “Can Our Cities Survive?”  (1942) en el que frente a la visión oficialista se matizan algunas cuestiones sobre la ciudad funcional y, un año después, Le Corbusier publica su versión de la Carta de Atenas en el libro “La Charte d’Athènes”. También en 1943, Sert junto a Giedion y el pintor Fernand Lèger lanzan el manifiesto sobre la Nueva Monumentalidad en cuyos nueve puntos se expresan cuestiones como que  “la gente quiere que los edificios que representan su vida social y colectiva les ofrezcan algo más que una satisfacción funcional. Desean satisfacer sus aspiraciones de monumentalidad, alegría, orgullo y esperanza”. Esa llamada de atención hacia la representatividad y a la emoción, solicitando una arquitectura más significativa, será la primera alarma que salte en el colectivo de vanguardia.

El CIAM VI (1947) es el primer congreso celebrado tras el conflicto bélico. El encuentro se produjo en Bridgwater (Inglaterra). El ánimo de muchos de los participantes había cambiado y particularmente el del grupo anfitrión, los arquitectos británicos, que funcionaban coordinadamente como grupo desde 1932 bajo la denominación MARS (Modern Architecture Research Group, Grupo de Investigación de la Arquitectura Moderna). En las reuniones preparatorias no hubo acuerdo sobre el tema principal a tratar y finalmente se decidió que la cita debía servir para el reencuentro tras la guerra y la puesta en común de la situación de cada país para poder así consensuar un programa de trabajo para el siguiente congreso. Quizá fuera la irracionalidad de la guerra la que hizo recapacitar a los técnicos sobre la necesidad de tener en cuenta, además de las cuestiones materiales, las expectativas emotivas del ser humano. Las cuestiones estéticas, que habían sido proscritas expresamente desde el primer congreso, resurgen y comienzan a tenerse en cuenta aspectos como el carácter simbólico del espacio. El CIAM VI sería un congreso de transición, en el que además se produciría el relevo en la presidencia de los CIAM: Cornelius van Eesteren cedería el puesto a Josep Lluis Sert.

En 1949, el CIAM VII se concentra en Bérgamo (Italia) y empiezan a atisbarse síntomas de crisis. El congreso defraudó las expectativas puestas en él, entre otras cosas porque el impulso y la intensidad de los congresos de preguerra se estaban desvaneciendo y los conflictos entre delegaciones comenzaban a aflorar. No obstante el congreso se iniciaría con dos temas principales “La Carta de Atenas en práctica” y la “Síntesis de las artes mayores”. La organización corrió a cargo de ASCORAL (Assemblée de Constructeurs pour una Renovatión Architecturale, Asamblea de Constructores para la Renovación Arquitectónica) grupo que había sido fundado en 1942 por Le Corbusier y en el que se reunían profesionales muy diversos, miembros del sector de la construcción, y también sociólogos, filósofos y gente común. Su objetivo era establecer una doctrina instrumental sobre arquitectura y urbanismo, difundirla entre la opinión pública, conseguir su adopción por parte de las autoridades y velar por su correcta aplicación. Con un claro liderazgo de Le Corbusier, el Congreso de Bérgamo sancionaría ese nuevo instrumento de pensamiento y acción propuesto. En este congreso, también se presentó la conocida CIAM Grille (Trama CIAM), un sistema gráfico de organización de la información para proyectos urbanos desarrollado por Le Corbusier y ASCORAL.
Con la CIAM Grille se pretendió unificar el sistema de análisis urbano.

El CIAM VIII (1951) se realizaría en Hoddesdon (Inglaterra) y plantearía como tema “el corazón de la ciudad”. El tema era muy pertinente en una Europa que había sido devastada por la Segunda Guerra Mundial. Los arquitectos vuelven su mirada hacia los centros históricos de las ciudades. Hasta entonces, la arquitectura moderna se había visto obligada a desarrollarse en las periferias urbanas, y tras el desastre bélico, se abría el desafío de proponer soluciones para los centros destruidos. Algunos de los participantes veían en esa destrucción la oportunidad de realizar la utopía de la “tabula rasa” sobre la ciudad histórica para levantar sobre su solar la nueva arquitectura.
Pero el sueño moderno de construir un nuevo espacio sobre un suelo colectivo chocó frontalmente con la realidad. A pesar de las destrucciones sufridas, los ciudadanos reclamaban su antigua identidad y, sobre todo, conservar la propiedad del suelo preexistente (los dueños exigieron el mantenimiento de las delimitaciones previas de fincas y solares). Identidad y Propiedad emergieron como condiciones inevitables cuestionando el ideal moderno. La constatación de la fuerza de la realidad sobre las idílicas ensoñaciones vanguardistas  comenzó a quebrar la unidad de los congresistas. Se empezó a manifestar entonces, aunque todavía de forma tímida, un enfrentamiento entre los defensores radicales del funcionalismo maquinista y los que exigían un replanteamiento atendiendo a las nuevas circunstancias.

Desenlace: La crisis y la disolución (los tres congresos finales, IX-XI).
En el siguiente encuentro se reveló con fuerza el dilema entre la continuidad y la crisis, que había quedado larvado en el anterior congreso. Organizado bajo el lema “Hábitat humano”, el CIAM IX (1953) celebrado en Aix-en-Provence (Francia) asiste a una revuelta en toda regla protagonizada por jóvenes arquitectos (de la llamada tercera generación). La revolución, liderada por el holandés Aldo van Eyck y los ingleses Alison y Peter Smithson, proponía una revisión en profundidad de la “dogmática” Carta de Atenas. Reclamaban que las necesidades “psíquicas” debían incorporarse a la planificación de la ciudad, de forma que los planes urbanos recogieran las expectativas socio-emotivas de sus habitantes. Por ejemplo, atendiendo a la identidad y al sentimiento de pertenencia, que la arquitectura moderna no había conseguido transmitir a la ciudadanía. El grupo crítico propuso, frente a las abstracciones de la “vieja guardia”, una nueva forma de abordar el hecho urbano, partiendo de una investigación sobre los principios estructurales del crecimiento de la ciudad a partir de la célula familiar. Para ellos la Carta de Atenas era un modelo simplista que requería una nueva formulación más compleja.
Surgió el enfrentamiento entre los modelos habitacionales tecnocráticos y los espontáneos deseos colectivos, entre el intelectualismo elitista y el populismo. Las espadas quedarían en alto para el próximo congreso.

La organización del décimo congreso correría a cargo del grupo de jóvenes arquitectos que se habían rebelado en el encuentro anterior. Por eso, en sus reuniones de preparación adoptaron la denominación de TEAM X (Equipo 10). Los miembros más activos del grupo fueron los holandeses Jaap Bakema y Aldo van Eyck; los ingleses Alison y Peter Smithson; el griego afincado en Francia, Georges Candilis; el italiano Giancarlo De Carlo; y el norteamericano afincado en Francia, Shadrach Woods. A éstos se les sumarían otros componente entre los que cabe destacar al español José Antonio Coderch, el japonés Kenzo Tange, el británico afincado en Suecia, Ralph Erskine, el francés de origen serbio, Alexis Josic, el finlandés Reima Pietilä, el alemán Oswald Mathias Ungers o el también holandés  Herman Hertzberger.
En 1954, los miembros principales del TEAM X publicaron el Manifiesto de Doorn, en el que  rechazaban las cuatro funciones urbanas del CIAM como categorías de diseño,  y en su lugar proponían unas nuevas referencias, basadas en las fórmulas de “asociación humana” y en la relación de los edificios con entorno. El ambiente para el próximo congreso se iba calentando.

El CIAM X (1956) reunió en Dubrovnik (Yugoslavia, actual Croacia) a los arquitectos para continuar debatiendo sobre el tema del “hábitat humano” enunciado en el anterior congreso.  El encuentro evidenciaría las posturas irreconciliables y se disolvió con la sensación de que sería el último. De hecho, muchos de los pioneros se dieron de baja (Le Corbusier ya había declinado su presencia desde 1955). Los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna quedarían al borde de la desaparición.
Los miembros del TEAM X certificaron (con humor) la defunción de los CIAM en Otterlo

No obstante, todavía se convocaría un nuevo encuentro, el CIAM XI (1959), que se celebraría en Otterlo (Holanda) con la ausencia de los grandes maestros. Hay que tener en cuenta que, al margen de las profundas discrepancias, muchos ya eran ancianos. El CIAM XI sería el último congreso y su cometido sería certificar la defunción de esos encuentros. Los miembros presentes del TEAM X apostarían por volver a reunirse pero renunciando al nombre CIAM por su vinculación a una época y a unos arquitectos con los que no se identificaban. Sus reuniones se prolongarían a lo largo de las décadas de 1960 y 1970 como las de una “pequeña familia” de arquitectos, en palabras de Alison Smithson.

A pesar de la reticencia de algunos de los arquitectos (como la del propio Mies van der Rohe), los CIAM fueron unos congresos más preocupados por el urbanismo que por la arquitectura. En ellos se fue conformando buena parte del cuerpo teórico de la Ciudad Funcional, que logró materializarse en tres ejemplos desarrollados en la década de 1950 en tres países de la periferia no alineada (el Tercer Mundo): Chandigarh (India) en 1951 proyectada por Le Corbusier; Brasilia (Brasil) en 1956 diseñada por Lucio Costa y Oscar Niemeyer;  e Islamabad (Pakistán) en 1959 obra de Constantinos Doxiadis.
La “tríada” de la Ciudad Funcional: Chandigarh, Brasilia e Islamabad.
Esta tríada de la Ciudad Funcional pudo mostrar la planificación completa de una ciudad moderna, pero quedaba la asignatura pendiente de su aplicación canónica en la vieja Europa (aunque fuera en un crecimiento parcial). No servían los casos levantados con urgencia dentro de la estrategia de reconstrucción europea, porque sus promotores (Estados e iniciativa privada), que aparentemente habían adoptado las claves del funcionalismo, solo se aprovecharon instrumentalmente del mismo y desvirtuaron completamente las ideas de las vanguardias racionalistas. Por eso, los ideólogos del racionalismo canónico aspiraban a crear un ejemplo que rescatara los ideales del Movimiento Moderno. Esto se consiguió (relativamente) con una nueva Exposición Internacional de Arquitectura, que se celebraría en Berlín en 1957 (Interbau 1957). Pero la reestructuración moderna del barrio Hansaviertel berlinés (que había quedado arrasado por la guerra) significó el canto del cisne del funcionalismo ortodoxo. Los CIAM estaban heridos de muerte y el Movimiento Moderno evolucionaba hacia otros horizontes. Pocos años después, en 1961, el equipo formado por Georges Candilis, Alexis Josic y Shadrach Woods proyectaron en Toulouse (Francia) el nuevo barrio Toulouse-Le Mirail, un crecimiento urbano que expresaría las ideas del TEAM X, marcando un nuevo rumbo.

Resumen de los CIAM celebrados (fecha, lugar y tema):
1928: CIAM I, La Sarraz (Suiza). Congreso constituyente (Declaración de La Sarraz)
1929: CIAM II, Frankfurt (Alemania). “La vivienda mínima”.
1930: CIAM III, Bruselas (Bélgica).Métodos constructivos racionales. Casas bajas, medias y altas”.
1933: CIAM IV, Atenas, (Grecia). “La Ciudad Funcional” (Carta de Atenas).
1937: CIAM V, París (Francia). “La vivienda y el ocio”.
1947: CIAM VI, Bridgwater (Inglaterra). Sin tema específico, las sesiones trataron sobre la situación urbana tras la IIWW.
1949: CIAM VII, Bérgamo (Italia). “La Carta de Atenas en práctica” y “Síntesis de las artes mayores”.
1951: CIAM VIII, Hoddesdon (Inglaterra).El corazón de la ciudad”.
1953: CIAM IX, Aix-en-Provence (Francia).Hábitat humano”.
1956: CIAM X, Dubrovnik (Yugoslavia, actual Croacia). Continuación del tema del anterior congreso: “Hábitat humano”.
1959: CIAM XI, Otterlo (Holanda). Congreso extraordinario para la disolución del CIAM.

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