Recreación de Tenochtitlán realizada por el artista
mexicano Tomas Filsinger.
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El altiplano
mejicano es un lugar habitado desde tiempos remotos. Las favorables condiciones
ambientales del Valle de México posibilitaron
una temprana presencia humana que culminaría con la creación de las primeras
ciudades centroamericanas. La primera que mereció esa consideración fue la modesta
Cuicuilco, pero el espíritu urbano de
la región se consolidaría con la subyugante
y sorprendente Teotihuacán. Lamentablemente
ambas fueron abandonadas y son en la actualidad sitios arqueológicos (Teotihuacán recibe miles de visitantes
cautivados por la espectacularidad de sus pirámides).
No obstante,
la gran referencia prehispánica mesoamericana sería Tenochtitlán, el centro del
universo azteca, que se construyó sobre una de las islas del gran sistema de
lagos que caracterizaba el valle. En un islote del lago Texcoco, los aztecas (mexicas según su propia denominación) edificarían
su capital a partir de 1325. Cuando en 1521, los españoles conquistaron Tenochtitlán, levantarían sobre ella, una
nueva ciudad colonial que, desde entonces, sería conocida como México.
En este
artículo nos aproximaremos a la cultura
urbana prehispánica de la Ciudad de
México que, quinientos años después, se ha convertido en una de las
mayores metrópolis que existen en el mundo actual, con una extensión cercana a
los mil quinientos kilómetros cuadrados y una población que sobrepasa los
veintiún millones de personas.
La urbanización temprana
del altiplano mejicano (Valle de México).
En el
altiplano mejicano, la Cuenca de México
es una región cerrada por diversas cadenas montañosas que, en un sentido amplio,
serían las siguientes: por el sur, el Cinturón
Volcánico Transmexicano (Eje Neovolcánico); por el oeste, la Sierra Madre Occidental; por el este, la
Sierra Madre Oriental; y, por el norte, la confluencia de ambas
sierras. Este territorio forma una planicie deprimida respecto a sus elevados límites
que se encuentra surcado por varias cordilleras de menor rango que las
anteriores y que independizan, más o menos, cuatro valles interiores (valles de
México, Cuautitlán, Tizayuca y Apán). Destaca la particular hidrología
de la región que, antiguamente, presentaba en su zona oriental un sistema de
lagos que se nutrían de las aguas procedentes de las vertientes contiguas y que
ocupaban una buena parte de los actuales valles de México y de Cuautitlán.
Nuestro
interés se centra en el Valle de México,
donde el altiplano se sitúa a unos 2.200 metros de altitud, quedando
delimitado por el oeste con las cumbres volcánicas de la Sierra de las Cruces, que superan en muchos casos los 3.500 metros
de altura; por el sur está enmarcado por las elevaciones de la Sierra del Ajusco-Chichinauhtzin, que
separa el valle de México del valle de Cuernavaca con elevaciones
cercanas a los 4.000 metros; por el norte surge la Sierra de Guadalupe; y por el este, la sierra de Santa Catarina, una cadena montañosa con emergencias
destacadas como el Cerro de la Estrella
(2.460 m.) o el extinto volcán Guadalupe
(2.820 m.), y también por la Sierra
Nevada que forma parte del Eje Neovolcánico.
El valle
estaba caracterizado por el particular sistema
acuático formado por cinco grandes lagos unidos (Xochimilco, Chalco, Texcoco, Xaltocan y Zumpango) que
abarcaban una extensión de dos mil kilómetros cuadrados. Los dos primeros se
nutrían de manantiales de agua dulce mientras que los otros tres tenían sus
aguas saladas.
Hipótesis de la conformación del antiguo sistema de
lagos. A la derecha esquema de las diferencias de agua y ubicaciones de
marismas y chinampas (con la ubicación de Teotihuacán y Tenochtitlán).
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Este peculiar
contexto geográfico sería el escenario principal sobre el que se desarrollaría la
cultura mesoamericana, la cultura
indígena prehispánica que se prolongó durante un largo periodo de cuatro
milenios y que se estructura habitualmente en tres fases: el Periodo
Preclásico, el Clásico y el Posclásico. El Periodo
Preclásico (2500 a.C.-150 d.C.) transcurre aproximadamente desde la fecha
de elaboración de la primera cerámica de la región hasta la caída de la ciudad
de Cuicuilco. Esta prolongada etapa, de
casi tres mil años, suele dividirse en tres: Preclásico temprano (2500
a.C.-1200 a.C.), Preclásico Medio (1200-400 a.C.), Preclásico Tardío (400
a.C.-200 d.C.). El Periodo Clásico
(200-900) está determinado por la consolidación del proceso urbano. Durante este
tiempo florece Teotihuacán, la gran
ciudad que dominó el territorio mesoamericano de aquel entonces. Por último, el
Periodo Posclásico (900-1500), caracterizado
inicialmente por unas fuertes corrientes migratorias que cambiaron las
sociedades mesoamericanas. Entre estos flujos destaca la llegada de los mexicas (aztecas) que crearán una
floreciente cultura que finalizaría con la llegada de los conquistadores españoles.
La
arqueología indica que el altiplano mejicano, y en particular el valle de México, lleva habitado más de
7.000 años. Los vestigios de una protoagricultura en la zona así parecen
confirmarlo. El lugar lo merecía ya que ofrecía unas condiciones ideales para
que se convirtiera en un paraíso. Situado en latitudes tropicales, la
temperatura es elevada pero se encuentra moderada por la cota de altitud del
altiplano. Además, ofrecía abundantes recursos. Comenzando por el agua, muy
presente en la zona, no tanto por las lluvias sino por la proliferación de
lagos y manantiales, que proporcionaban gran fertilidad a las tierras del valle
y, desde luego, eran capaces de abastecer a una población muy numerosa. También
procuraba otras materias primas como madera o minerales.
Pero la
ancestral presencia humana tardó en adoptar un carácter urbano. Una de las
primeras civilizaciones de las que se tiene constancia en el Valle de México fue Tlatilco, que se extendió
por las orillas septentrionales del lago Texcoco
(por la zona donde hoy se encuentra el municipio de Naucalpan) entre los años 1500
a.C. y 500 a.C. Los tlatilcas fueron
una de las primeras sociedades en practicar la agricultura en Mesoamérica y
crearon numerosos pequeños asentamientos que se extendieron de forma dispersa por
un territorio amplio, aunque apenas se han encontrado restos.
El primer
asentamiento que podemos considerar urbano se levantó en la zona meridional del
lago Texcoco. Se trata de Cuicuilco,
de la que han aparecido vestigios en el sur de la actual Ciudad de México D.F. (junto al anillo periférico sur) que la datan
hacia el año 550 a.C. El asentamiento se convirtió en un centro ceremonial de
primer orden para el valle y la ciudad fue creciendo a su alrededor. Se calcula
que pudo llegar a tener varios miles de habitantes en su momento de
esplendor. Cuicuilco comenzaría a decaer por la competencia de la naciente Teotihuacán, situada en el noreste del
valle. Pero su final sería producido por la erupción del volcán Xiltle (hacia el año 100 a.C.) que
destruyó la ciudad. Su población abandonó el lugar para dirigirse a otros de los centros emergentes (como Teotihuacán o Toluca)
donde influirían en su evolución. En el sitio arqueológico de Cuicuilco destaca la gran Pirámide de la
que se conserva el basamento.
Teotihuacán, la
primera gran ciudad del continente americano.
Teotihuacán fue la primera gran ciudad del
continente americano. Hoy, Teotihuacán
es un sitio arqueológico impresionante por la espectacularidad y el misterio
que encierran sus restos. La antigua ciudad se encuentra algo alejada del
actual núcleo de la capital mejicana (el sitio arqueológico dista unos cuarenta
y cinco kilómetros al noreste del centro de la Ciudad de México), pero durante el Periodo Clásico, ejerció como
foco principal del Valle. Su ubicación le permitía controlar las comunicaciones
del valle y se convirtió en la referencia política, comercial, religiosa y
administrativa de un “imperio” de unos 25.000 kilómetros cuadrados, llegando a
tener una población que, según los historiadores, se situaría entre las 125.000
y 200.000 personas en su momento de apogeo (hacia el año 600).
El lugar
tenía un reconocimiento ancestral como espacio sagrado. Parece que allí existía
una gruta que atraía un considerable peregrinaje de los habitantes de la zona.
Esta circunstancia había impulsado la aparición de algunas viviendas en el
entorno y sobre todo la creación, sobre la citada gruta, de la gran Pirámide del Sol, que sería el hito
extraordinario que marcaría la singularidad del lugar.
Teotihuacán. Plano estimado general y plano de detalle
de la zona central.
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Teotihuacán vinculó su actividad a la fértil
agricultura de las riberas del lago Texcoco
(situadas a unos quince kilómetros) y asentó su influencia gracias a la
construcción de las edificaciones vinculadas a los ceremoniales religiosos. La
actividad fundamental de Teotihuacán
fue agrícola. Se estima que dos tercios de la población estaban dedicados a los
cultivos y por eso sus habitantes lograron un gran conocimiento de las técnicas
de canales y regadíos, aprovechando las aguas de los rios San Juan y San Lorenzo.
El tercio restante de la población se ocupaba del impresionante aparato
administrativo y de las actividades artesanales que fueron importantes (con un
gran peso en la cestería y cerámica, así como la transformación de minerales
para armas e instrumentos, principalmente de la obsidiana). La ciudad fue el
gran centro de comercio de toda la región.
Desde el
siglo I a.C. se iría conformando la estructura urbana de la ciudad con la
aparición de edificios públicos y espacios comunitarios. No se conocen bien las
razones pero hubo un importante movimiento migratorio desde la periferia hacia esta
ciudad que incrementó notablemente su población. La ciudad llegó a ocupar un
gran rectángulo de unos 21 kilómetros cuadrados que se organizó interiormente
con un trazado ortogonal que se apoyaba en dos ejes perpendiculares siguiendo
aproximadamente los ejes cardinales, ya que presentan una desviación de 15⁰
30’, característica de todas las construcciones teotihuacanas. .
Teotihuacán. Plano del sitio arqueológico.
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El eje norte-sur lo definía la vía
fundamental de la ciudad, la Calzada de los Muertos (Miccaotli, en lengua nativa), una gran
avenida a cuyos lados se fueron ubicando los edificios públicos. Tras ellos, se
implantarían las viviendas, siguiendo esa misma ortogonalidad, pero sin
conformar calles continuas. Las viviendas eran chozas de adobe que se extendían
hacinadas por toda la ciudad, aunque los artesanos prósperos disponían de
viviendas de mejor calidad y la élite construyó algunos palacios (como el Palacio
de Quetzalpapálotl en la plaza de la Luna). La Calzada de los Muertos comienza en la Pirámide de la Luna (que determina su límite norte) y se prolonga
unos dos kilómetros hacia el sur (aunque probablemente fue más larga, superando
los tres kilómetros).
El eje este-oeste se cruza hacia el sur de
la Calzada, junto al rio de San Juan, que fue canalizado y
rectificado para adaptarlo a la trama de la ciudad. En ese punto se construyó
la Ciudadela, un extenso
complejo político, religioso, militar y
administrativo que ejercía de auténtico centro urbano (en ella se encontraba el
palacio del emperador). En su interior se levantó la Pirámide de la Serpiente
Emplumada (Templo de Quetzalcóatl),
el tercer edificio de mayor envergadura de Teotihuacán.
Junto a la Ciudadela se encontraba el gran mercado de la ciudad.
Maqueta que recrea el centro monumental de Teotihuacán.
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La Pirámide del Sol fue el primer edificio
y el de mayor envergadura de todas las construcciones teotihuacanas. Es una
gran pirámide truncada (de 63,5 metros de altura y 223,5 metros de lado en su
base cuadrada) que fue levantada a partir del siglo I a.C. y se terminó hacia
el año 225. También sería muy representativa la posterior Pirámide de la Luna que se terminaría hacia el año 450. Estas
espectaculares construcciones no son monumentos funerarios (como las del Valle
del Nilo) sino basamentos para templos que se situaban en su plataforma
superior obligando a un protocolario ascenso ceremonial hasta la misma. Normalmente,
las pirámides eran grandes montículos de tierra recubiertos de piedra,
construidos por etapas y cuyos cuerpos podían presentar diferente inclinación.
Teotihuacán. Imagen hacia la Pirámide del Sol desde la
Pirámide de la Luna.
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La cronología teotihuacana suele dividirse
en diferentes periodos:
- 150 a.C. -1 d.C. Periodo Patlachique, etapa fundacional del asentamiento teotihuacano en la que se fue consolidando su carácter urbano. Se calcula que pudo alcanzar los cinco mil habitantes (en parte por la emigración procedente de la desaparecida Cuicuilco). Se comenzó la construcción de la gran Pirámide del Sol.
- 1-150. Periodo Tzacualli, en el que se fijaron las bases de la planificación urbana, trazando su trama ortogonal y los dos ejes principales de la ciudad, que serían monumentalizados años después.
- 150-250. Periodo Miccaotli, en el que Teotihuacán se erige como la ciudad hegemónica de la región. Se construyó la Calzada de los Muertos, así como la Ciudadela y el Templo de Quetzalcóatl, que supusieron el desplazamiento del centro urbano desde el Templo (Pirámide) del Sol hacia el sur. Fue una etapa de fuerte expansión comercial.
- 250-400. Periodo Tlamimilolpa, durante el cual se fue consolidando la ciudad y su preeminencia en el valle, con un aumento considerable de población y la construcción de alguno de sus edificios representativos (como la Pirámide de la Luna). La ciudad se asentó como gran nodo comercial de la región.
- 400-550 Periodo Xolalpan, que supone el apogeo de Teotihuacán. Se calcula que la ciudad tuvo una extensión cercana a los veintiún kilómetros cuadrados y una población de entre cien y doscientos mil habitantes.
- 550-650. Periodo Metepec, en el que comienza la decadencia de la ciudad, y durante el que perdería la supremacía regional, quedando gravemente afectada por incendios y saqueos.
- 650-850 Periodos Oxtotípac y Xometla, que asistirían a la decadencia definitiva de Teotihuacán hasta su completo abandono.
No se conocen
con exactitud las causas que condijeron al final de la civilización
teotihuacana. Se cree que pudo haber alguna catástrofe ecológica en forma de
sequias que afectaran a la productividad de la región. También se especula
sobre que el gran crecimiento de población pudiera haber ocasionado dificultades
de abastecimiento y, en consecuencia, la falta de agua potable o la deficiente
alimentación habría provocado diversas enfermedades y una elevada mortalidad,
especialmente infantil. Además, la sobrexplotación de los recursos de la zona pudo
pasar factura en términos de erosión de los terrenos y baja productividad de
los suelos. También se cree que la ciudad comenzó a sufrir ataques de otros
pueblos que perjudicaron las rutas comerciales y generaron una grave crisis
económica que, paralelamente complicó el mantenimiento del costoso aparato administrativo
y ceremonial de la ciudad. La tensión derivó en rebeliones y luchas internas
demoledoras para la ciudad, ya que serían causa de diversos incendios que destruirían
el centro monumental. Con todo, la inseguridad se adueñó de la ciudad y los
habitantes acabarían por abandonarla. El declive de la ciudad se hizo
imparable. Se calcula que a mediados del siglo VIII, la ciudad no contaba con
más de 30.000 habitantes y a finales de la centuria la ciudad quedó
prácticamente desierta y expuesta a múltiples saqueos.
Teotihuacán devino en una ruina, aunque
conservaría su aura mística a lo largo de los siglos posteriores.
Teotihuacán. Pirámide del Sol.
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Tenochtitlán, el centro del universo azteca, una ciudad en un lago.
En el siglo
XII, comenzó el protagonismo de una tribu cuyos miembros se autodenominaban “mexicas” y que habitaba un territorio
mítico llamado Atzlán (que la leyenda
sitúa hacia el norte de Centroamérica). Esta tribu, a la que los historiadores se
referirán como “aztecas” en referencia
a su lugar de origen, comenzó un éxodo hacia el sur. Su dios Huitzilopochtli había
ordenado a sus sacerdotes que dirigieran a su pueblo hacia un lugar que les
sería señalado por la visión de un águila devorando a una serpiente sobre una
chumbera ó nopal (imagen que recoge el actual escudo nacional mexicano).
La tradición
indica que el camino fue largo, ya que los aztecas vagaron durante más de un
siglo hasta localizar el lugar indicado. Esa “tierra prometida” fue descubierta
en 1325, en el altiplano mexicano, en un islote del lago Texcoco. En ese lugar fundarían su nueva ciudad, a la que
bautizarían como Tenochtitlán. Así pues, la capital del impero azteca nació como una
ciudad en el interior de un lago.
El lugar
ofrecía unas magníficas condiciones, aunque también acabaría mostrando una cara
adversa. Desde luego se disponía de agua, de suelos fértiles para la
agricultura, y otros muchos recursos (madera, minerales, etc.). Además su
carácter insular facilitaba enormemente su defensa. Pero, el agua también
mostraría su lado desfavorable. Las eventuales inundaciones producidas por
lluvias torrenciales, su condición insular y también la diferente calidad de
las aguas del sistema lacustre obligaron a la creación de un complejo sistema
de infraestructuras hidráulicas. Los
mexicas-aztecas dominaron las técnicas hidráulicas e inventaron innovadoras
técnicas de cultivo que posibilitaron una elevada productividad agrícola
que permitió, a su vez, mantener a la creciente población de la ciudad
Entre las
innovadoras técnicas agrícolas, destaca la creación de chinampas, una especie de
balsas de madera cubiertas con tierra fértil en las que cultivaban y de las que
solían obtener hasta siete cosechas anuales. Las chinampas estaban a veces soportadas por pilotes clavados en el
fondo del lago, ya que no tenía demasiada profundidad, pero habitualmente eran
verdaderos campos “flotantes” que lograron alimentar a una población muy
numerosa.
Complementariamente
también mostraron un gran dominio de las infraestructuras de control de las
aguas (lo que no les evitó sufrir algunas inundaciones graves). Por ejemplo
constituyendo una red de acequias y
canales que organizaban riegos, abastecimientos y transportes (la canoa era
el medio habitual y diariamente circulaban varias decenas de miles). Igualmente
idearon un sistema de diques y
presas reguladoras, bien vinculados a las calzadas que conectaban la isla con
tierra firme y bien de manera autónoma, en cuyo caso se construían unos
complejos entramados de troncos, junto con rocas, que podían alcanzar un grosor
de 3,5 metros y alturas de ocho metros
desde el fondo del lago (como es el caso del
Albarradón de Nezahualcoyotl). Con
todo ello, los aztecas lograban separar las aguas de diferente calidad (como se
ha comentado, parte del sistema lacustre eran las aguas dulces de los lagos Xochimilco y Chalco, mientras que el resto presentaba una elevada salinidad). No
obstante, las aguas de la laguna no resultaban potables, fuera por el grado de
salinidad o por el mal sabor de la dulce, y fue necesario construir varios acueductos (como el de Chapultepec) para abastecer a la población. Estos acueductos eran grandes
obras de ingeniería que recorrían muchos kilómetros desde los manantiales de
origen.
Hipótesis de Tenochtitlán (ya reunida con Tlatelolco en
una única isla) y las calzadas-dique que conectaban la ciudad con el entorno.
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La estructura urbana de la ciudad se
basa en la cosmología azteca que entendía el mundo como un cuadrado dividido en cuatro partes (cada
punto cardinal tenía su significado) y en cuyo centro se encontraba el eje del
universo. Con esta visión, Tenochtitlán
se configuró a partir de un gran centro ceremonial desde el que partían las calles
que distribuían la ciudad en cuatro sectores principales.
Ese núcleo principal
lo constituía el Templo Mayor, que era
la mayor construcción de la ciudad. Su extenso recinto (un cuadrado de unos 500
metros de lado) fue el centro neurálgico de Tenochtitlán
y albergaba otros muchos edificios de usos diversos: sagrados, escuelas,
residencias de la élite política y religiosa e incluso deportivos (como el
edificio del Juego de la Pelota). Allí confluía la vida ciudadana en sus
diferentes vertientes, económica, religiosa, política o de ocio. El gran Templo
Mayor, que presidía el conjunto, era una pirámide truncada de 45 metros de
altura, que fue construida por etapas, con una doble escalinata que daba acceso
a dos templos situados en su cúspide (uno dedicado a Tláloc, dios de la lluvia y de la agricultura y, el otro, a Huitzilopochtli, dios de la guerra y de
la muerte).
Maqueta que recrea el centro monumental de
Tenochtitlán.
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Las calles
formaban una retícula coherente con la ortogonalidad marcada por el Templo Mayor,
en el que se iban encajando las viviendas. Las vías de mayor importancia tenían
continuidad en las calzadas que
unían la isla con tierra firme a través del lago. Estas calzadas, que también
actuaban como diques, eran muros de piedra y tierra apisonada que se pilotaban
en el fondo de la laguna y contaban con algunas interrupciones (salvadas por
puentes) que permitían la circulación de las aguas. Las tres calzadas
principales fueron Tepeyacac , que se
dirigía hacia el norte (hacia la Sierra
de Guadalupe), Iztapalapa que lo
hacía rumbo al sur y Tlacopan o Tacuba, en dirección este-oeste
conectando con la ribera de poniente del lago Texcoco.
En 1338, en
un islote cercano situado al norte de Tenochtitlán,
varios nobles disidentes con el gobierno fundarían un nuevo asentamiento
autónomo. Este sería Tlatelolco, que con el tiempo
acabaría fusionado con la ciudad original y se convertiría en el gran mercado
de la ciudad unificada.
La isla
original se quedó rápidamente pequeña para el ritmo de crecimiento de la
población y Tenochtitlán iría
ampliando sus límites ganando terreno al lago con rellenos perimetrales y reuniendo
las pequeñas islas periféricas (apoyados en ocasiones en las chinampas y en las calzadas-diques que
la unían a tierra firme). La ampliación
del recinto urbano iría modificando la
delimitación original y condicionando la dirección de las calzadas, pero en líneas
generales se mantuvo el mismo criterio urbanizador inicial. Las ampliaciones,
tanto urbanas como agrícolas (las chinampas
comentadas) hizo que muchas calles fueran realmente acequias y canales (lo que
ha llevado a comparar Tenochtitlán
con Venecia).
Los aztecas también
eran un pueblo guerrero que combatió y sometió a sus vecinos obteniendo de esas
campañas, botines, tributos, esclavos y también candidatos para sus conocidos y
crueles sacrificios rituales. Estaban gobernados por un emperador (que recibía
el nombre de tlatoani) que era el
líder político absoluto. La evolución de la ciudad estuvo marcada por la
personalidad y estrategias de los diferentes emperadores aztecas.
El cuarto tlatoani fue Itzcoal, quien gobernó
entre 1427 y 1440. Él fue quien inició la expansión territorial del pueblo
mexica-azteca y abrió el camino para la conversión de Tenochtitlán en la gran metrópoli capital del imperio. Bajo su
gobierno se construyó, por ejemplo, la calzada de Tepeyacac. Sus sucesores fueron convirtiendo la ciudad en un
espacio monumental y representativo. Aunque, Moctezuma I, que dirigió a los
aztecas entre 1440 y 1469, tuvo que enfrentarse a varios desastres naturales
como inundaciones y las hambrunas consecuentes que pusieron en aprietos al
pueblo. Pero estas adversidades no impidieron continuar la política
expansionista, obteniendo importantes victorias y ampliando notablemente los
límites del imperio. Estas conquistas ayudaron a superar aquellas dificultades
y lanzaron a Tenochtitlán a un
periodo de gran prosperidad económica y artística. Su sucesor, Axayácatl,
emperador entre 1469 y 1481, fue el responsable de la unificación entre Tlatelolco y Tenochtitlán y mejoró considerablemente las infraestructuras, en
particular, con la construcción del acueducto de Huitzilopochco. Con el gobierno del octavo tlatoani, Ahuízotl (entre 1486 y 1502), se alcanzaría el máximo
esplendor de la ciudad. Su sucesor, Moctezuma II entraría en contacto con los
españoles (a los que recibió como enviados divinos) marcando el inicio del fin
de la cultura azteca. Habría dos emperadores más (la lista es solamente de once)
que tendrían un reinado breve. El último, Cuauhtémoc, vería caer su imperio
ante el empuje de los conquistadores españoles.
La vida de Tenochtitlán duró solamente doscientos
años, pero durante esos dos siglos la ciudad se convirtió en un centro
monumental y hegemónico que dominaría extensos territorios en Centroamérica. En
1521, fue tomada por los conquistadores españoles. Pero esta circunstancia no
fue un final para la capital de los mexicas-aztecas. Solamente supuso un punto
y seguido puesto que, a partir de entonces, la ciudad daría comienzo a otra
etapa de su historia en la que se fusionarían las bases aztecas con los
criterios de los recién llegados.
Dos culturas
se encontraron y se condicionarían mutuamente para crear una nueva propuesta
hispanoamericana. Como escribe Ramón Gutiérrez en su “Arquitectura y Urbanismo en Iberoamérica”: “El español encontró un panorama absolutamente diferente cuando sus
expediciones entraron en contacto con las culturas que se habían desarrollado
en territorio mexicano. A la sorpresa de las condiciones naturales del medio
geográfico habría de sumarse ahora el impacto que el desarrollo de estas
civilizaciones produjo en el espíritu del conquistador. Ya no se trataba de
tribus dispersas que vivían de una economía de subsistencia, con organizaciones
primarias y carentes de cohesión política, militar y espiritual. El mundo
mexicano era la antítesis de la precariedad formativa que los españoles arrasaron
en La Española”.
Tenochtitlán asistiría a una remodelación
drástica, conjugando lo existente con el esquema de planificación típico de las
ciudades coloniales españolas, para renacer con un nuevo nombre: México. (Ver artículo sobre México Virreinal)
Hola y felicidades por la investigación! Me interesaria mucho poder ver la imagen de la Superposición del antiguo trazado de Tenochtitlán con la disposición del México Colonial en mejor resolución para leer lo que dice, no se si puedan ayudarme con eso, se los agradeceria. Saludos, Llehi Sol llehisol@gmail.com
ResponderEliminarHola. Tienes bibliografía de las extensión del Lago y su área de inundación?
ResponderEliminarHola a todos. Recomiendo el atlas de proyectos de la CDMX del arq. Alberto Kalach, en el viene más sobre estos temas. Saludos y gracias por subir esta info.
ResponderEliminarMéxico y mexicanos SIEMPRE se escriben con X.
ResponderEliminargracias por la informacion pero me gustaria recomendarles que revicen la ortografia ya que la palabra "mejico y mejicanos" esta mal escrita y lleva x.
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