15 mar. 2014

Cuando París se convirtió en París: Las transformaciones del Barón Haussmann (2. La estructura urbana)

“L'homme au balcon, boulevard Haussmann”. (Gustave Caillebotte, 1880).
Continuamos con el análisis de la gran transformación de París durante el Segundo Imperio francés. En un primer artículo repasamos los antecedentes de la ciudad sobre la que operaron el Barón Haussmann y el emperador Napoleón III.
En esta segunda entrega, nos acercaremos a la reestructuración de la ciudad, tanto desde el punto de vista administrativo como urbano. En 1860, la ciudad amplió su superficie desde el recinto de los Fermiers Généraux hasta las murallas de Thiers levantadas pocos años antes, y reorganizó su territorio en 20 distritos (arrondisements) que siguen vigentes en la actualidad. Además, el trazado de los imponentes bulevares haussmanianos, arterias anchas, rectilíneas y arboladas que se sobrepusieron a la trama medieval preexistente, cambió la fisonomía de París aportando uno de sus principales rasgos de identidad.

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La gran transformación parisina de mediados del siglo XIX tuvo un competente equipo de artífices entre los que destacan el propio emperador Napoleón III, inspirador e impulsor de las reformas, y el Barón Haussmann, quien desde su cargo como Prefecto del Sena fue un ejecutor implacable.
Charles Louis Napoleón Bonaparte (1808-1873) fue un personaje controvertido, que destacó como un gran agitador con tendencias sociales y que se presentaba como el heredero del añorado bonapartismo. En su actividad política se vio involucrado en varios intentos de golpe de estado que le llevaron a la cárcel y al exilio en Londres. Tras la caída del rey Luis Felipe en 1848, Luis Napoleón regresó a Francia y resultó elegido como miembro de la Asamblea que constituiría la Segunda República francesa, alzándose como Presidente de la misma al obtener una abrumadora victoria en las elecciones celebradas en diciembre de ese mismo año. En 1852 dio un golpe de estado desde el poder, dando origen al Segundo Imperio y proclamándose emperador con el nombre de Napoleón III. Comenzó entonces un periodo de gobierno autoritario que concluiría casi veinte años después, cuando en 1870 fue depuesto con la proclamación de la Tercera República francesa. El emperador derrocado volvería al exilio en Inglaterra donde fallecería tres años después.
Napoleón III, continuando con el propósito iniciado por su tío Napoleón I, deseaba convertir a la capital francesa en la “ciudad más maravillosa del mundo”. Encontró su inspiración en el Londres vivido durante su primer exilio. El emperador trazó sus “ideas básicas” en un plano-esquema director: esponjar y “sanear” los viejos barrios medievales abriendo calles amplias sobre los mismos, configurar una gran cruz viaria (norte-sur/este-oeste) en el centro de la ciudad, enlazar las estaciones ferroviarias,  y convertir París en una ciudad mucho más verde con la creación de grandes parques y plazas ajardinadas distribuidas por toda la ciudad (como había visto en su admirada capital británica).
Cuando Luis Napoleón se convirtió en presidente de la Segunda República, pretendió arrancar su ambiciosa transformación de la ciudad pero topó con la resistencia del entonces prefecto de París, Jean-Jacques Berger, quien mostró reticencias ante los riesgos financieros que implicaba. Por eso, una vez proclamado emperador y dotado de poderes absolutos, destituyó a Berger y nombró a Haussmann, quien se lanzó sin reservas a ejecutar el sueño napoleónico.
El Baron Haussmann fotografiado por Pierre Petit hacia 1857.
Georges Eugène Haussmann (1809-1891) fue un alto funcionario, cuya carrera pública progresó rápidamente hasta que fue designado en 1853 como Prefecto del Sena. Desde ese puesto, puso en marcha el conjunto de reformas que proporcionarían la fisonomía del París central que hoy conocemos. Premiado con el título de Barón, mostró siempre una voluntad férrea (y a veces temeraria) para desarrollar las intervenciones que el emperador quería acometer.
No obstante, es conveniente reivindicar la figura del Conde de Rambuteau, oculta bajo la gran sombra de Haussmann. Rambuteau sembró las principales ideas que el barón desarrollaría en las décadas siguientes (ver los antecedentes). El conde modernizó equipamientos como hospitales, prisiones, llegando a proponer el nuevo mercado de Les Halles. También instaló aceras y plantó árboles en los bulevares históricos, urbanizó plazas, colocó mobiliario urbano y comenzó a rectificar calles. Por lo tanto, Haussmann no partía de cero ya que, durante la “monarquía de julio”, Rambuteau había iniciado el camino. Aunque es cierto que la actuación de Haussmann fue mucho más ambiciosa y tuvo una visión de conjunto e integradora. Además, disfrutó de un contexto político y financiero más favorable.
Haussmann emprendería la titánica labor escoltado por un gran plantel de técnicos (mayoritariamente ingenieros) entre los que destacaron Eugène Belgrand (1810-1878) responsable de las infraestructuras hidráulicas (abastecimiento de agua y alcantarillado) y Jean-Charles Alphand (1817-1891) quien se encargó inicialmente de la estructura verde de la ciudad (paseos y plantaciones) hasta que se ocupó de la Dirección General de los trabajos desde 1869, cargo en el que continuaría tras la destitución de Haussmann.

El París que encontró Haussmann.
Michel Ragon describe en su Historia Mundial de la Arquitectura y el Urbanismo modernos cómo era el París que encontró el Baron Haussmann:
“Cuando en 1853 Haussmann tomó posesión de su puesto, París empezaba al oeste en el Arco de Triunfo. Pero la Place de l’Étoile no era aún sino un lugar campestre, con tiendas de vendedores de vino. Por el lado de Monceau, se extendía el llano, con sus tugurios y solares poco atrayentes. París estaba cerrado por una muralla de veinticuatro mil cien metros, abierta por cincuenta y cinco “barreras”. En los bulevares exteriores, establecidos a lo largo de esta fortificación, los parisienses jugaban a los bolos. Más allá surgía bruscamente el campo. Vaugirard era un grueso burgo, con merenderos donde los obreros iban a beber y a bailar los domingos. Issy estaba cubierto de viñas. En Vanves, los burgueses poseían sus casas de campo. Aubervilliers era el dominio de los hortelanos. Los hortelanos de París bastaban, por otra parte, para alimentar la capital.
La Île de la Cité antes de la transformación haussmaniana. La imagen está tomada desde Notre Dame hacia el Louvre. La iglesia que aparece en el centro es la Sainte-Chapelle.
El centro de parís continuaba como en la Edad Media. En la isla de la Cité, Notre-Dame de París, en vías de restauración desde 1846, estaba rodeada de callejas y casuchas. La flecha de la Sainte-Chapelle estaba desde hacia tiempo derribada. El acceso al Barrio Latino tenía lugar por dos largas y sinuosas calles, la Rue de la Harpe y la Rue Saint Jacques. Alrededor del Ayuntamiento, existían también callejas y casuchas en las que vivían obreros pobres, artistas bohemios y prostitutas.
París, que contaba con un millón de habitantes, estaba sobre todo poblado en su orilla derecha, donde vivían las tres cuartas partes de los parisienses. El tercio de esta población lo constituían obreros. Los mataderos, construidos bajo el Primer Imperio en la periferia, se encontraban ahora en plena ciudad. (…)
Desde 1821 París está iluminado por gas. Veinte mil aguadores suben a los pisos las raciones cotidianas. Desde 1831 los canalones y aleros son obligatorios en todos los inmuebles que bordean las calles. Antes, el agua goteaba directamente de los tejados y corría por una zanja que partía la calle por la mitad. Desde 1828 unos ómnibus de tres caballos transportaban catorce pasajeros cada uno y se detienen a petición suya. Pero este medio de transporte es demasiado caro para los obreros, que hacen sus trayectos a pie, cualquiera que sea la distancia.
Se han abierto los primeros almacenes de novedades y también la primera galería de cuadros, la galería Goupil. Desde 1820 el gran punto de animación de París son los grandes bulevares, cuyas amplias aceras para los paseantes han sido urbanizadas en 1830. En el Boulevard des Italiens, la gente se agolpa en los cafés célebres. Belleville es un pueblo, así como Montmartre, donde los molinos están en plena actividad”.
A la descripción de Michel Ragon habría que añadir la reciente incorporación de la red ferroviaria con nueve líneas radiales y la construcción de las principales estaciones (la primera, la Gare d'Austerlitz abierta en 1840, a la que seguirían la Gare St.-Lazare en 1842, la Gare du Nord en 1843, la Gare de l'Est y la Gare de Lyon, ambas entre 1847 y 1849). Muchas de estas estaciones serían remodeladas en los años siguientes.
Así pues, salvo la presencia ferroviaria que era novedosa, el París que heredó el Segundo Imperio era todavía una ciudad medieval, con un casco histórico denso y congestionado que distaba mucho de la amplitud y monumentalidad de otras grandes capitales europeas. París debía modernizarse. Como ya se ha comentado, se habían dado algunos pasos en esta dirección con las actuaciones realizadas con el rey Luis Felipe (que fue apodado el “rey albañil”) y su Prefecto, el Conde de Rambuteau, aunque nunca llegaron a alcanzar la envergadura, la continuidad y la visión global de las intervenciones haussmanianas.
En la imagen superior aparecen reflejados tres momentos de la evolución urbana de París. Por la derecha, los Grands Boulevards históricos (por debajo llega el Boulevard des Italiens que conecta en el giro con el Boulevard Montmartre). Por la izquierda discurre la Rue La Fayette, planificada en época de los borbones, continuada por Rambuteau y rematada por Haussmann. Y apareciendo por debajo, en el centro de la imagen, el Boulevard Haussmann antes de ser conectado al cruce con los Grands Boulevards (que le daría continuidad rectilínea con el Boulevard Montmartre). La imagen inferior muestra el estado actual de la estructura viaria. (El norte se encuentra a la izquierda)
Se ha hablado mucho de la “destrucción creadora” para referirse a las transformaciones parisinas del Segundo Imperio, importando para el urbanismo la noción económica de “destrucción creativa” (que se refiere al proceso por el que emprendedores innovadores y nuevos productos irrumpen con fuerza en el mercado destruyendo viejas empresas y modelos de negocio). Se consideraba que París era un “cuerpo enfermo” que debía someterse a una cirugía radical que extirpara tumores y dolencias. La analogía médica fue muy utilizada en su tiempo para expresar la necesidad de higienizar, restablecer flujos, corregir deformaciones, etc.
Las innovaciones tecnológicas permitieron la reconsideración de las infraestructuras de la ciudad. Complementariamente, los nuevos modelos urbanos que estaban surgiendo como aspiración para una nueva sociedad que emergía constituirían un influyente imaginario para la conformación de esa ciudad moderna.
Pero la gran transformación parisina, que tanto influiría en el resto de capitales europeas, no se entendería sin el autoritarismo directivo y la disposición de nuevas fórmulas de gestión y financiación. Particularmente, las leyes de expropiación forzosa y la financiación privada. Los poderes públicos comenzaban el proceso, trazaban vías, expropiaban a los propietarios afectados, demolían y desarrollaban infraestructuras (agua, gas, alcantarillado) y posteriormente, era la iniciativa privada la que levantaba las edificaciones. Las actuaciones que se iban realizando exigían entre 50 y 80 millones de francos al año y, tras consumir los fondos propios públicos, Haussmann comenzó a financiar las obras con préstamos extraordinarios. En 1858 se creó la Caisse Des Travaux de Paris (Caja de los Trabajos de París), institución financiera que prestaría las ingentes sumas necesarias para continuar los trabajos. El planteamiento era que la inversión pública se recuperaría con la venta de los solares resultantes entre los inversores privados. Con este procedimiento se llegó a invertir en la transformación urbana una cantidad anual que suponía el doble de todo el presupuesto municipal. Pero la deuda con la Caisse Des Travaux de Paris va creciendo hasta alcanzar en 1870 los mil quinientos millones de francos, y la venta llevó un ritmo más lento del previsto, por lo que la situación se hizo insostenible y acabó forzando el cese de Haussmann en ese año.
Las palabras regeneración, saneamiento, reforma fueron habituales para indicar el objetivo principal de unos trabajos que inspirarían a muchas de las grandes ciudades europeas. Los italianos asignaron un término muy expresivo para identificar este tipo de operaciones: “sventramento” (algo traducible como “destripamiento”).

La estructura administrativa (la ampliación de París).
Las primeras intervenciones haussmanianas se limitaron al recinto de París, encerrado dentro de la muralla de los Fermiers Généraux. Pero Haussmann comprendió pronto que era necesario considerar también el territorio que entonces circundaba la ciudad. El futuro de la capital debía trascender su perímetro y ampliarse hasta la nueva muralla que unos años antes se había levantado por iniciativa del entonces primer ministro de Luis-Felipe, Adolph Thiers. (Para un detalle mayor sobre la muralla de Thiers ver Cuando París se convirtió en París: Las transformaciones delBarón Haussmann. 1. Antecedentes)
A mediados del Segundo Imperio, en 1860, el prefecto Haussmann ordena la demolición de la antigua muralla de los Fermiers Généraux, de la que solamente se mantendrían cuatro de las barrières que levantó Ledoux como puertas aduaneras. (Para un detalle mayor sobre esta época ver El París deEsnauts y Rapilly: llevando la ciudad en el bolsillo)
Plan de anexiones de 1860 para la ampliación de París. En gris aparece el París anterior y en colores los diferentes municipios vecinos. La línea violeta marca el límite municipal de aquel momento y las divisiones de los 20 arrondisements, mientras que la línea roja indica el perímetro actual (que se ampliaría con el Bois de Boulogne, el Bois de Vincennes y el espacio exterior a las murallas de Thiers).
Este traslado de los límites administrativos de la ciudad hasta la muralla de Thiers, obligó a la anexión de los municipios (o parte de ellos) que se encontraban en esa corona que envolvía la capital. Esta redefinición del término municipal supuso un gran cambio para París. La absorción implicó a 24 municipios vecinos. Cuatro de éstos fueron integrados totalmente (La Villette, Belleville, Vaugirard et Grenelle) y veinte lo fueron parcialmente. De esta veintena, siete desaparecieron (Auteuil, Passy, Batignolles-Monceau, Montmartre, La Chapelle, Charonne y Bercy), divididos entre la parte que se anexionaba a París mientras que el término sobrante quedaba agregado a otros de los municipios del entorno. Los trece restantes, aunque perdieron una parte de su territorio en favor de París, continuaron existiendo como municipios independientes de la capital más allá de las murallas (Neuilly, Clichy, Saint-Ouen, Aubervilliers, Pantin, Le Pré-Saint-Gervais, Bagnolet, Saint-Mandé, Ivry, Gentilly, Montrouge, Vanves y Issy)
Hasta entonces, dentro del ámbito que marcaba la muralla de los Fermiers Généraux, París organizaba su territorio en doce arrondisements (distritos). Con la ampliación del territorio, los antiguos distritos fueron reconfigurados y renumerados. Desde ese momento, París se reestructuraría en 20 distritos que se numeraron siguiendo una espiral que comenzaba en el centro histórico e iba girando en el sentido de las agujas del reloj. Posteriormente, cada arrondisement se dividiría a su vez en cuatro quartiers (barrios), resultando 80 en total.
Los actuales distritos de París delimitados durante el Segundo Imperio: 20 arrondisements ordenados en espiral.

La estructura urbana (los bulevares haussmanianos).
La evolución de las ciudades puede identificarse a través de los cambios producidos en su viario interior. La creciente importancia del tráfico muestra como el diseño de las ciudades va atendiendo cada vez más a los vehículos que a los movimientos de las personas. En la ciudad moderna, la circulación se alzó como el objetivo prioritario de la planificación urbana, relegando el papel de los edificios y de los espacios urbanos estanciales. En este sentido, los trazados geométricos desplazaron a los orgánicos, que aunque se adaptaban mejor al terreno, ofrecían sinuosidades que dificultaban enormemente el desplazamiento del tráfico. Por eso, la línea recta será el gran símbolo de la ciudad moderna y Haussmann recurrirá a ella como su gran instrumento de planificación.
Las grandes arterias haussmanianas pensaban en el tráfico y en la ventilación y salubridad general de la ciudad, pero también contaban con un objetivo menos urbano. En unos tiempos tan agitados social y políticamente como aquellos, las calles sinuosas y estrechas se podían obstruir fácilmente con barricadas y dificultaban enormemente el movimiento del ejército que debía sofocar las sublevaciones. En cambio las grandes avenidas facilitaban las cargas de caballería y no eran tan fáciles de interceptar. Las grandes arterias rectas también fueron muestra de un “urbanismo militar” que pensaba en la ciudad como su campo de batalla. En este sentido la ubicación del inmenso cuartel del Príncipe Eugenio, en la actual Plaza de la República, era muy significativo ya que permitía la disposición inmediata de las tropas en los bulevares (este edificio acoge en la actualidad a la Guardia Republicana).
A la mencionada línea recta como instrumento planificador se le sumará la confirmación del monumento como foco de la perspectiva. Los grandes edificios públicos, que antiguamente se integraban en la trama urbana, comienzan a proyectarse como entidades exentas, aisladas, rodeadas de un espacio urbano que los magnificaba como puntos de mira de la ciudad. Había, en primer lugar, un deseo de proporcionar legibilidad a la ciudad, ya que estos monumentales inmuebles establecían pautas de orientación, pero no se desdeñaba la posibilidad que ofrecían como puntos altos para los francotiradores del gobierno ante la necesidad de sofocar eventuales sublevaciones ciudadanas.
Aunque la transformación de París actuó en frentes muy diversos, los bulevares son el emblema de la reforma de Haussmann. Estas grandes vías, con la característica arquitectura que recibieron, lograron proyectar internacionalmente una nueva imagen de la capital francesa con una identidad muy poderosa
París. Boulevard Voltaire.

Un bulevar es una gran vía, de considerable anchura (sobre todo en comparación con las vías urbanas anteriores). Inicialmente su rasgo distintivo era su ubicación sobre los espacios vacios dejados por las murallas que se iban derribando (o sus rondas) (de hecho, la palabra boulevard tiene un origen holandés a partir del significado de “baluarte”). Finalmente perdería esa asociación con las fortificaciones para convertirse en una tipología de espacio urbano autónomo. Además de su anchura y longitud, los bulevares suelen constituir un sistema de continuidad que se caracteriza también por estar arbolado y disponer de amplios espacios para el paseo peatonal.
París ya contaba con bulevares, que habían surgido con la urbanización de los terrenos disponibles tras el derribo de las antiguas fortificaciones de Carlos V y Luis XIII. Son conocidos como los Grands Boulevards y estructuran la margen derecha del rio Sena. Constituyen un sistema perimetral formado por los bulevares de Beaumarchais, des Filles-du-Calvaire, du Temple, Saint-Martin, Saint-Denis, de Bonne-Nouvelle, Poissonnière, Montmartre, des Italiens, des Capucines y de la Madeleine. Este “nouveau cours” fue construido entre 1668 y 1705 según el diseño del arquitecto Pierre Bullet y comenzó a ser muy frecuentado por los ciudadanos hasta convertirlos en los bulevares parisinos por excelencia.
Todavía surgirían dos cinturones de bulevares más vinculados a las fortificaciones urbanas. El segundo nacería con la desaparición de la muralla de los Fermiers Généraux y el tercero, que circunvalaría completamente París por el interior de la desaparecida muralla de Thiers, conocido como los boulevards des Maréchaux (bulevares de los mariscales), se construiría a partir de 1920.
La novedad de los bulevares haussmanianos es que no surgirán sobre vacios producidos por la desaparición de murallas sino que tendrán trazados propios superpuestos a la ciudad buscando conexiones urbanas determinadas. Los bulevares haussmanianos mantuvieron la imagen tipológica de los anteriores pero no fueron tan apreciados, porque provocaron numerosos derribos de edificios (se demolieron unas 20.000 casas del antiguo París para construir más de 40.000 entre 1852 y 1870, mientras que los construidos sobre las rondas de las murallas no ocasionaban este tipo de tensiones). Las nuevas arterias que servirían a la ciudad serían anchas vías de 20 y 30 metros, flanqueadas por flamantes edificaciones que aportarían el estilo característico a ese París del siglo XIX que identificamos actualmente.

La reestructuración viaria fue realizada en tres etapas. Estos tres periodos coincidirían aproximadamente  con tres niveles o redes de circulación (réseaux) que irían desde el centro hasta la periferia. Durante la primera fase, el gobierno fue muy autoritario y abordó las actuaciones centrales. Fue la más difícil debido a que conllevaba mayor número de expropiaciones. En la segunda etapa, el gobierno mostraría una mayor flexibilidad que dificultó alguna de las operaciones por el rechazo ciudadano. La última etapa fue en realidad desarrollada durante la Tercera república aunque gran parte de sus intervenciones se habían planificado al final del Segundo Imperio.
En la imagen superior, las tres redes, “reseaux”, de Haussmann con las vías principales de cada una de ellas. En violeta la primera, en naranja la segunda y en gris la tercera. Debajo la ubicación completa de los aperturas viarias de Hausmann (las vías marcadas en azul corresponden a la planificación del segundo Imperio y desarrolladas durante la Tercera república)
La primera red viaria (le premier réseau) se desarrolló entre 1852 y 1859, cuando el gobierno imperial disfrutó de mayor autonomía y autoridad. Una de las primeras actuaciones fue la continuación de la “croisée” de Paris, que suponía la realización de una gran cruz de vías perpendiculares que dotarían de orden al centro de la ciudad. Esta operación había sido comenzada tiempo atrás, durante el Primer Imperio, cuando se comenzó la urbanización de la rue Rivoli. Los ejes que conformarían la cruz son los siguientes. En dirección norte-sur, desde la estación ferroviaria Gare de l’Est por el boulevard de Strasbourg, el boulevard Sébastopol, el Pont Au-Change, el boulevar du Palais, el Pont Saint-Michel  y el boulevard Saint-Michel, hasta el Observatorio. En dirección este-oeste, incluía la mencionada rue de Rivoli, que fue alargada más allá del Louvre, y la  rue Saint-Antoine hasta llegar a la Bastilla.
No obstante durante esta primera etapa también se acometieron otras obras relevantes como los bulevares de Port-Royal y de Saint-Marcel que daban continuidad al boulevard de Montparnasse  y el comienzo del boulevard de Saint-Germain. Diversas calles como  rue de Rennes, rue Monge, rue Gay-Lussac, o la rue Claude Bernard.  También la gran avenida Foch que conectaba la Place de l’Étoile con el Bois de Boulogne.
Esquemas de la Île de la Cité en 1850 y 2000 en los que se aprecian los profundos cambios de la isla a partir de las intervenciones del Segundo Imperio.
La remodelación de la Île de la Cité fue otro de los objetivos iniciales, aunque tardaría años en ir materializándose. La isla en la que había nacido París había tenido una evolución que dificultaba su papel de referencia principal en la ciudad. Abarrotada de viviendas de baja calidad y surcada por callejuelas estrechas, Haussmann puso en marcha una intervención que supuso una metamorfosis casi total para devolverle su papel representativo e institucional. Todas las edificaciones situadas entre Notre Dame y el Palacio de Justicia fueron derribadas, incluido el antiguo hospital Hôtel-Dieu, lo que supuso la expulsión de más de veinticinco mil personas que residían en la isla y la demolición de varias pequeñas iglesias. En el gran vacío resultante se irían construyendo algunos de los grandes edificios institucionales de París, como el Tribunal de Comercio (1860-1865, proyectado por Antoine-Nicolas Bailly) o la Prefectura de Policía (1863-1867, proyectada por Pierre-Victor Calliat). El hospital Hôtel-Dieu fue reconstruido en la misma isla (1864-1876, según proyecto de Emile Jacques Gilbert y Arthur-Stanislas Diet) aunque liberando el espacio frente a Notre-Dame para convertirlo en una gran plaza previa, una antesala urbana a la catedral, mucho mayor respecto a la anterior. Finalmente también se remodeló y amplió el Palacio de Justicia (Palais de Justice) que integraría la Sainte-Chapelle y la Conciergerie (dos de los testimonios conservados de la arquitectura medieval parisina)
Las calles sinuosas desaparecieron a favor de nuevas vías más anchas y rectilíneas (boulevard du Palais, rue de la Cité y rue d’Arcole), que obligaron a modificar los puentes que unían la isla con ambas riberas del Sena para alinearse con ellas. Tal es el caso del Pont d’Arcole (1854-1856) que sustituía a la pasarela peatonal que cruzaba el rio en esa zona o los reconstruidos Pont Notre-Dame (1853), Pont Saint-Michel (1857) y Pont au Change (1858-1860). El Petit-Pont sería construido en 1853. Solamente se mantuvieron invariados el Pont de l'Archevêché, el Pont Neuf.
La Place de L’Etoile es uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad. A partir del gran eje existente de los Campos Elíseos y tomando como referencia el gran Arco de Triunfo se proyectó una estrella de la que partían 12 bulevares.
En 1859 el autoritarismo del Imperio, forzado por las presiones políticas y sociales, dio paso a un periodo más liberal. Esta dulcificación del régimen permitió a los ciudadanos contestar alguna de las intervenciones y expropiaciones, logrando paralizarlas o modificarlas en los tribunales. Desde entonces, las operaciones requirieron un mayor consenso. La segunda red (le deuxième réseau) fue implementada entre 1859 y 1867, y tuvo un mayor alcance que la primera, pasando de los 9,5 kilómetros de ésta hasta los 26 kilómetros. Esta segunda red pretendía regular la circulación de la primera corona central, actuando en lugares como la Place de l'Etoile o la actual plaza de la République. También se reajustaron algunas topografías como en la colina de Chaillot, que fue renivelada, o de la Montagne Sainte-Geneviève con unos nuevos accesos. Se crearon nuevos barrios como el Quartier Monceau que envolvería al parque del mismo nombre. Se siguieron abriendo nuevas vías en la trama, como los bulevares Voltaire y Magenta o el sistema al sur de los Campos Elíseos con la Avenida George V, Président Wilson o las calles François 1er, Pierre Charron, Marbeuf o Marignan. También la rive gauche recibió nuevas aperturas como los bulevares  Arago o Raspail.
Avenida de la Ópera, trazado y realidad actual. El norte tal como indica la flecha. La avenida focaliza el gran edificio de la Ópera que está situado a la derecha (aunque no aparece en la imagen).
La tercera red (le troisième réseau) fue planteada en 1867 pero ya no sería el Segundo Imperio quien la culminaría ya que en 1870 nacería la Tercera República. El emperador fue derrocado ese año, aunque Haussmann había sido destituido meses antes. La Tercera República continuaría con la labor comenzada hasta rematarla hacia 1925. Hay que tener en cuenta que tras el cese de Haussmann, su principal colaborador en la estructura verde de la ciudad, Jean-Charles Alphand, se mantendría como director de los trabajos en París. Esta tercera red pretendía conectar los territorios anexionados en 1860 (la petite banlieu) con la ciudad central. Muchas de las actuaciones anteriores fueron acabadas durante esta etapa, como la finalización de la avenida de la Ópera (1877), del boulevard Henri IV (1879), la avenida de la República (1889) o del boulevard Raspail (1907). Se prolongó el boulevard Haussmann, desde la  place Saint-Augustin para conectar la zona de la Ópera con la Place de l’Etoile. Se continuaron calles como la rue Caulaincourt, o la rue de Maubeuge y se completó la rue La Fayette. También se creó la plaza Victor Hugo con las aperturas de las avenidas Malakoff y Bugeaud y de las calles Boissière y Copernic, o la plaza del Trocadero. Por otra parte, es en esta última etapa cuando se construyen los principales edificios institucionales (que abordaremos en un artículo próximo) como la Ópera, la Biblioteca Nacional, les Halles o los “ayuntamientos” de distrito.  


El último tramo del siglo XIX fue un periodo efervescente para París, y la Tercera República, además  de rematar los trabajos anteriores planteó sus propias intervenciones para una ciudad que estaba emergiendo definitivamente como capital mundial. Este nuevo rumbo era constatable en todos los ámbitos, por ejemplo en la cultura con las revoluciones pictóricas (comenzadas por los Impresionistas), en la tecnología y en el comercio con la celebración de nuevas Exposiciones Universales (ya se habían celebrado dos y se iban a realizar otras como la que levantó la Torre Eiffel), o en la liquidación emocional del pasado con el derribo de las últimas murallas, aunque todo esto ya pertenece a otra historia… 

(el acercamiento a las transformaciones haussmanianas continúa en próximos artículos:
Cuando París se convirtió en París: Las transformaciónes del Barón Haussman (3. La estructura verde)
Cuando París se convirtió en París: Las transformaciónes del Barón Haussman (y 4. Arquitectura y otras cuestiones)

3 comentarios:

  1. El blog está magnífico. Me encanta haber dado con él, gracias por compartirlo.

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