23 nov. 2012

Rompiendo moldes: Barcelona y Madrid se “ensanchan”: el Eixample de Cerdà y el Plan Castro (Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona, 6)

A la izquierda, el Eixample de Barcelona. A la derecha, el Ensanche de Madrid. Ambos aparecen con la misma escala y la misma orientación, con el norte hacia arriba.

Madrid y Barcelona se enfrentaron a mediados del siglo XIX al mismo problema: la incapacidad de dar respuesta a los requerimientos de la emergente sociedad industrial.
Las dos ciudades se encontraban constreñidas dentro de unas murallas levantadas siglos atrás y se encontraban congestionadas, con una densidad extraordinaria, con problemas de salubridad y con pocas opciones de futuro. Aunque hubo reformas interiores que intentaron paliar la situación, finalmente no quedó otra opción que proponer el derribo de las murallas y ampliar las ciudades de una forma considerable.
Barcelona tuvo a Ildefonso Cerdá como artífice de su Eixample. Cerdá fue un personaje de gran relevancia para la historia internacional del urbanismo. En Madrid, fue Carlos María de Castro quien realizó el proyecto de Ensanche.
Siendo el Ensanche de Madrid y el Eixample de Barcelona contemporáneos, y aparentando planteamientos similares, son en su esencia muy diferentes. Quizá la mayor de sus divergencias sea la intención conceptual de ambos, pues mientras que Carlos María de Castro cumplió ampliando la ciudad existente, que siguió siendo el centro neurálgico de Madrid; Ildefonso Cerdà, fue más allá, pretendiendo levantar una Ciudad Ideal, totalmente desmarcada de la Barcelona antigua.


En el año 1860, Barcelona era una ciudad de 190.000 personas y su término municipal ocupaba 220 hectáreas. Madrid era mayor. Contaba con una población de 280.000 residentes y una superficie de 525 hectáreas.
Las murallas llevaban cerrando Barcelona desde 1350. Habían pasado más de 500 años. No eran las mismas que levantó Pedro el Ceremonioso en aquel año porque habían sufrido muchos ajustes, se había levantado la muralla del mar en 1553 y además, junto a ellas se había construido la Ciudadela por orden del primer rey Borbón, Felipe V.
A mediados del siglo XIX ya se había urbanizado el barrio de la Barceloneta y realizado algunas reformas interiores para mejorar la funcionalidad de la ciudad interior (Plaza Real, Pla del Palau, Plaza San Jaume y carrer Ferrán por ejemplo), pero todas estas operaciones resultaron insuficientes.
La decisión de ampliar Barcelona se tomó definitivamente en 1859 tras largas polémicas entre el Ayuntamiento de la ciudad y el Ministerio de Fomento. Barcelona planificó su ensanche antes que  Madrid y, además, contó con una ventaja que la capital no disfrutó: gracias a la presencia de la Ciudadela y la exigencia militar de reserva de los terrenos del entorno, el llano perimetral de Barcelona se encontraba libre de obstáculos, ofreciendo una situación ideal para la extensión.
Las circunstancias de Madrid serían muy diferentes.  Las murallas iban a cumplir 250 años y también habían sido muy reformadas, sobre todo tras el afán embellecedor de Carlos III. También se habían hecho reformas interiores que no solucionaron el problema de la presión demográfica (se esponjó un casco densísimo con plazas nuevas como la de Tirso de Molina, la Plaza de Oriente o la Puerta del Sol y se reformaron calles y manzanas para permitir una mejor edificabilidad)
Pero Madrid tenía un entorno muy diferente.  Y no solo porque el relieve fuera abrupto e irregular, sino porque la ampliación se iba a tropezar con muchos arrabales que habían ido creciendo a partir de las murallas. Algunos de ellos se encontraban tan consolidados que el Ensanche no pudo modificarlos.
Dos protagonistas simbolizarán el proceso. En Barcelona, Ildefonso Cerdá (1815-1876), un personaje extraordinario, un visionario cuya obra servirá como ejemplo técnico e intelectual para muchos que, tras él, se responsabilizaron de la ampliación de sus ciudades. Cerdá elaboró una teoría completa de la “urbanización”, término acuñado por él y que acabaría definiendo la labor urbana, convirtiéndose en una referencia del urbanismo internacional. Uno de estos seguidores será Carlos María de Castro (1810-1893), el responsable del ensanche madrileño. Pocos años después de Cerdá, Castro seguirá, en parte, la estela marcada por el catalán. Aunque Castro tendrá muchas dificultades para consolidar sus ideas como veremos más adelante.

Consideraciones generales sobre los Ensanches del siglo XIX
Los ensanches del XIX suponen una transformación radical de la ciudad. Dejando atrás muchos siglos de evolución dentro de unos esquemas sociales bastante similares, los ensanches serían el escenario que una nueva sociedad, surgida de una serie de revoluciones (sociales y económicas), reclamaba.
Partiendo de una necesidad imperiosa de crecimiento, derivada del gran aumento de población, los ensanches deben responder a unas nuevas necesidades espaciales (sobre todo dimensionales derivadas de la escala del transporte y las comunicaciones); a unos nuevos programas edificatorios (especialmente desde el punto de vista residencial y de algunos nuevos equipamientos para la ciudad); a una novedosa presencia de infraestructuras urbanas (desde instalaciones de servicio como agua, alumbrado o saneamiento, hasta nuevas propuestas de transporte como tranvías o ferrocarril); a la búsqueda de una nueva identificación con el espacio (monumentos o espacios públicos representativos) e incluso, y no menos importante, a una nueva concepción de la ciudad como mercancía que se convertiría en algo susceptible de negocio en sí misma (consolidando un próspero mercado inmobiliario).
Los nuevos ensanches, tan diferentes a la Ciudad Antigua, conforman una ciudad nueva y unitaria que se yuxtapone a la vieja y heterogénea. Su formalización marca una revolución en la forma de plantear las ciudades: sus amplias vías, que facilitaban la circulación; la adecuada conexión y jerarquía entre ellas, producto de estudios previos; sus condiciones higiénicas; su escala y monumentalidad; su nueva regulación jurídica (y económica) se contraponen radicalmente a la ciudad heredada.
Los Ensanches del XIX apuestan por la trama reticular, conectando con una larga tradición planificadora, que en su aparente homogeneidad esconde una profunda segregación social en sus diferentes zonas.

“Plano de los alrededores de la ciudad de Barcelona”, realizado por Ildefonso Cerdà en 1855, en el que se aprecia el “vacío” entorno a la ciudad antigua.   
El Eixample de Barcelona, algo más que un ensanche.
En 1838, se planteó un primer proyecto de ampliación de la muralla por el noroeste que no llegó a realizarse por dificultades económicas. Con  posterioridad se plantearon varias opciones para pequeños ensanches que pretendían conectar Barcelona con Gracia, manteniendo la fortificación existente, y que tampoco salieron adelante.
Tras estos intentos fallidos, la ciudad, aduciendo la carencia de valor estratégico de la fortificación (la evolución tecnológica de la artillería permitía la defensa de la ciudad desde el castillo de Montjuïc), acabó consiguiendo el permiso para derribarla. Puntualmente se había logrado abrir alguna puerta o derruir algún tramo parcial de muralla, pero sin tomar una determinación radical, hasta que en 1854 se autorizó la demolición de las murallas (y en 1868, tras la revolución, caería la Ciudadela)
La gestación del Ensanche de Barcelona fue compleja y polémica. Cerdá fue contratado en 1855 para levantar el plano topográfico del entorno barcelonés, pero él, excediéndose del encargo recibido, avanzó una propuesta de ensanche. Cerdá, que era ingeniero del Estado y había realizado diferentes trabajos en Madrid, contaba con el apoyo del Ministerio de Fomento, gracias a las amistades que allí tenía, resultó adjudicatario del encargo de planificar el Ensanche. Ante la imposición de Cerdá desde el gobierno central, el Ayuntamiento reaccionó convocando en 1859 un concurso público para la redacción de la ampliación de la ciudad.
El concurso (al que Cerdá acudió pero fue descalificado) tuvo una propuesta ganadora realizada por Antonio Rovira i Trias. Pero finalmente, tras fuertes polémicas y presiones, el gobierno de la nación, desoyendo la recomendación del tribunal del concurso, ordenó emprender el proyecto de Cerdá, una propuesta de una profundidad técnica e intelectual muy superior a cualquiera de las de los otros candidatos. El enfrentamiento entre el gobierno central y el municipal, no impidió que el Ayuntamiento de Barcelona aceptara definitivamente la propuesta de Cerdá.
En 1860 comenzó el derribo de la muralla, pero hasta 1864 no se iniciaron las obras de urbanización y nuevas edificaciones.
 “Plano de los alrededores de la ciudad de Barcelona  y Proyecto de su Reforma y Ensanche”, realizado por Cerdà y aprobado en 1859.                                                                                                                                            
Cerdá no se propuso ampliar Barcelona, como todos los demás. Cerdá quería construir la Ciudad Ideal, desatendiendo cualquier cuestión que surgiera del casco antiguo.
La unidad básica utilizada por Cerdá fue la manzana cuadrada, cuyas dimensiones y trazado respondían a claves geométricas y simbólicas. El trazado de Eixample, dimensiones  y su descripción simbólica ya fue expuesto en una entrada anterior en este blog.
Para la organización interna, Cerdá agrupó las manzanas en distritos, que también eran cuadrados al estar compuestos por 100 unidades de manzana (10x10). Cada uno de estos distritos recibía los equipamientos necesarios para establecerse como un sector bastante autónomo. Solamente los grandes equipamientos encontraron su sitio en una visión general.
La ciudad ideal estaba fuertemente descentralizada en su funcionamiento y, aunque privilegiaba algún punto (como la Plaza de Glorias por ejemplo), nunca pensó en la Barcelona antigua para ese papel ya que la consideraba inadecuada para la “vida moderna”. Era un “mal necesario”. Se proyectaron teóricamente 12 de estos distritos (6 x 2), pero la realidad los dejó en ocho y medio. Hubo que descontar uno que quedaba prácticamente ocupado por el casco antiguo, otro entero y medio más del contiguo que se superponían con Montjuïc y otro último que se topaba con la existencia de Hostafrancs y Sans.

Delimitación del Anteproyecto de Ensanche de Madrid aprobado en 1860, sobre la ortofoto de la ciudad. (fuente: “Plan Castro, 150 años. Ayuntamiento de Madrid, 2010”)                                                                  
La generación del Ensanche de Madrid.
Aunque ya en 1846 se había estudiado la posibilidad de un ensanche de la ciudad (Plan Merlo), no fue hasta la promulgación de un Real Decreto en 1857 cuando se ordenó la preparación de un plan de desarrollo (Proyecto de Ensanche) de Madrid.  El crecimiento de la población y la previsión del futuro papel como centro mercantil y financiero de España, así como punto de confluencia del sistema de comunicaciones, lo hacían imprescindible. El ingeniero Carlos María de Castro redactó el plan en 1859 siendo aprobado en 1860.
El Plan Castro siguió los esquemas de crecimiento característicos de Madrid, que hasta entonces habían conformado círculos tangentes en el punto de ubicación del Palacio Real. La dificultad topográfica existente en el oeste (la “cornisa de Madrid”) había impedido el crecimiento concéntrico.
Tras levantar el necesario plano topográfico, Castro fijó un nuevo perímetro para la ciudad que quedaría delimitado por un Paseo de Ronda. Este Paseo se encontraría con el Rio Manzanares por el noroeste y por el sureste. Estaba compuesto por diferentes calles sucesivas que iban cambiando la orientación para adaptarse a ese “esquema circular” comentado.  La primera avenida prevista, que partía del noroeste y llegaba a Cuatro Caminos fue una misión imposible (la actual Avda. Reina Victoria no sigue aquel trazado), pero las siguientes fueron realizadas y corresponden con las actuales, calle Raimundo Fernández Villaverde (aunque ésta sigue la ortogonalidad, cosa que la proyectada por Castro no hacía), calle Joaquín Costa, calle Francisco Silvela y  Doctor Esquerdo.
En el interior del Paseo de Ronda se estableció una trama en damero con las calles perfectamente alineadas con los ejes cardinales Norte - Sur y Este - Oeste. Las arterias principales serían de 30 m. y las calles secundarias de 15 m.
Castro planteó un Ensanche muy segregado socialmente, estableciendo una zonificación que basó en las tendencias observadas en los crecimientos urbanos exteriores a la muralla. Estas indicaciones, que aunque tenían un carácter orientativo y no vinculante, tuvieron una gran repercusión en la futura distribución de la población.
Aproximación gráfica a la división en zonas sugerida por Castro en la Memoria del Ensanche (fuente: “Plan Castro, 150 años. Ayuntamiento de Madrid, 2010”)              
Los siguientes textos en cursiva están extraídos de la Memoria Descriptiva del Anteproyecto del Ensanche de Madrid.
En esa línea, se proponía un barrio fabril e industrial (Barrio de Chamberí)
“…entre los Campos Santos y el paseo alto de Chamberí que desde la puerta de Santa Bárbara conduce a la carretera de Francia, se ven hoy varias fábricas y grandes talleres, y no es dudoso que dispuesta la población por aquella parte de una manera conveniente, resultaría con el tiempo un extenso barrio fabril e industrial,…”
Un barrio exclusivo y elegante, para la clase alta y la aristocracia, situado a ambos lados de la Castellana.
“…desde el camino alto de Chamberí hasta más allá del paseo de la Fuente Castellana, vemos, en la mayor parte de las construcciones hoy existentes, la tendencia a formar un barrio de edificios aislados entre sí, rodeados de parques y jardines, y en este concepto y admitiendo la idea, dividimos el terreno en mayores o menores porciones por anchurosas alamedas, …Este barrio que pudiera llamarse aristocrático, porque resultando los terrenos a gran precio, no estarán al alcance de las pequeñas fortunas los edificios aislados que en ellos se construyeran, seria indudablemente bello por su aspecto y llenaría el vacío que hoy se nota en Madrid de habitaciones independientes para nuestra grandeza y altos funcionarios,…”
Un barrio de clase media para la burguesía (Barrio de Salamanca)
 “En el tercer grupo, que comprende hasta la carretera de Aragón, hemos creído poder procurar también, a la clase media de la sociedad madrileña, alguna mayor holgura de la que en el día goza en las reducidas y apiñadas viviendas de la villa, y al efecto dividimos todo aquel grande espacio en manzanas separadas por anchas calles, colocando en plazas situadas entre varias de aquellas, jardines que, cerrados por verjas, serán sólo del disfrute particular de los vecinos fronterizos.”
 Un barrio para la clase menestral y obrera  al sur de la calle Alcalá.
 “…pasada la carretera de Aragón se presenta aun el terreno favorable a la edificación, …aprovechando esta circunstancia y la de ser aquella parte de la zona de ensanche la mejor ventilada, sin duda alguna, concebimos el pensamiento de proponer en ella la creación de un gran barrio compuesto de edificios expresamente construidos para la clase menestral y obrera.”
Complementariamente a los sectores residenciales, Castro proponía una zona agrícola al sur, entre Embajadores y el puente de Toledo, así como una previsión de parques (Parque del Norte, parque del Depósito del Canal, ampliación del parque del Retiro y otros menores). Distribuyó los equipamientos y edificios públicos, con especial atención a los temas militares (al noroeste) y de mercancías (entre Embajadores y Atocha hacia el sur) y a los temas de recreo, en continuidad con el Parque del Retiro.
La disposición de las manzanas tuvo también su regulación, tanto en la altura máxima de la edificación, que se limitaba a tres plantas (bajo, principal y segundo), como en la ocupación de la edificación y las condiciones higiénicas generales, ya que “las manzanas se distribuirán de modo que en cada una de ellas ocupen tanto terreno los jardines privados como los edificios, dando a estos dos fachadas por lo menos”. Como las generaciones posteriores conocemos, estas previsiones quedaron en papel mojado.

Comparación entre ambos ensanches.
Los dos ensanches, coetáneos y con similitudes aparentes, son en realidad muy diferentes. A continuación se comparan diversos temas para expresar sus paralelismos y divergencias.

1. Sobre el Territorio-Soporte Físico     
Barcelona: Barcelona se encontró con un territorio casi perfecto para extenderse. A su facilidad topográfica (llanura con ligera pendiente hacia el mar) se sumaba el hecho de encontrarse prácticamente vacío gracias a la reserva exigida por los militares.            
Madrid: Madrid se topó con un territorio lleno de dificultades. A los inconvenientes topográficos que ocasionaba un relieve muy movido, se le sumaron las complicaciones de los arrabales preexistentes, alguno de los cuales fue imposible de modificar impidiendo aplicar el esquema del Ensanche.
2. Sobre la Intención Conceptual                           
Barcelona: Cerdá no se planteo ampliar la ciudad, sino crear una ciudad ideal que albergaría a la moderna sociedad industrial emergente. Fijó trazados y dimensiones con una gran componente simbólica para expresar sus intenciones. Distribuyó usos y conexiones en función de un programa que se apartaba mucho de los requisitos iniciales. En definitiva, Cerdá quiso crear una comunidad perfecta olvidándose de los requerimientos de la ciudad antigua.
Madrid: En cambio, Castro siempre respetó la idea de ensanche. Por eso su Plan es una ampliación pragmática que seguía considerando a la ciudad antigua como el corazón del nuevo conjunto, y que se adapta a todos los requisitos preexistentes. 
3. Sobre el Trazado General      
Barcelona: El trazado de Barcelona es una malla reticular (ortogonal) de gran pureza y rigidez conceptual. La malla principal está formada por cuadrados de 133 metros de lado (que discurren por los ejes de las calles).
Madrid: También en Madrid se recurre a la malla reticular (ortogonal), pero en este caso con una  gran variedad morfológica y flexibilidad en la aplicación de la misma.
4. Sobre las Distorsiones de la Malla    
Barcelona: Las tramas en damero suelen incluir vías que se apartan de la retícula para facilitar conexiones y proporcionar ciertas irregularidades que enriquezcan la escena urbana. En  el caso de Cerdá, estas distorsiones eran, al menos sobre el papel, de carácter interno, diseñadas por el autor, como la avenida Diagonal o la Meridiana.
Madrid: En el caso madrileño, la mayoría de las perturbaciones a la retícula tienen procedencia externa, ya que surgen del necesario cosido viario con el centro y la adaptación de caminos existentes, como es el caso de la calle de Alcalá.
5. Sobre la Extensión del Plan  
Barcelona: El Eixample es aparentemente una malla de extensión ilimitada, que podría desarrollarse hasta el infinito. Pero no era así, al menos conceptualmente, dado que Cerdá fijo una proporción muy concreta para su Ciudad Ideal. La ciudad debía tener una extensión (teórica) muy precisa de 60 x 20 manzanas (aunque ni el propio Cerdá llegó a dibujarlo así por la imposibilidad que le planteó Montjuïc). En la práctica, el Eixample se extendió hasta donde pudo bien por límites físicos (sierras, municipios) o económicos (zonas que no se desarrollaron según lo previsto)
Madrid: El Ensanche madrileño nace con una delimitación muy concreta, dado que se estableció un Paseo de Ronda que actuó como una “muralla virtual” marcando el límite entre el Ensanche y el extrarradio. Este paseo de Ronda, estuvo muy determinado por cuestiones topográficas, al menos en su parte este ya que marcaba el inicio de las laderas que caían hacia el arroyo Abroñigal (actual Calle 30)
6. Sobre la Relación con la Ciudad Preexistente             
Barcelona: El Plan Cerdà negaba el centro en su propia concepción, por eso la existencia del casco histórico era un “accidente” que se integraría en la medida de lo posible dentro de la gran trama. De hecho, la propuesta presenta tres grandes avenidas que “rasgan” el casco histórico para conectar las zonas del Ensanche que lo envuelven.
Madrid: El Plan Castro seguía considerando el núcleo antiguo como el centro de su Ensanche, que no era sino una corona casi circular (excepto por el oeste) que envolvía al casco viejo. De hecho,  las vías y caminos que surgían del Centro marcaron al Ensanche, al contrario que en el caso de Barcelona en donde el Ensanche condicionó al Centro. 
7. Sobre la Distribución Interna de Usos             
Barcelona: El programa de usos distribuido por Cerdá parte de la estructuración en distritos de su Plan. Cada uno de ellos disponía de los suficientes equipamientos con una distribución equilibrada, de forma que los diferentes barrios tenían un funcionamiento muy descentralizado. No hubo planteamientos de segregación social de partida, aunque la realidad se encargaría de diferenciar zonas nobles y obreras por ejemplo, por medio de la localización y la arquitectura.
Madrid: Castro partió de una sectorización de la población según su clase social (barrios para clases altas, medias o bajas; barrios obreros, industriales, etc.). Por otra parte los grandes usos se agrupan en lugar de ser distribuidos (zona de recreo, militar, etc.).

La idea inicial de Cerdà para las manzanas de Barcelona distaba mucho de lo que al final se construyó. Perspectiva del Proyecto de Ensanche de Barcelona de 1859 (fuente: “Cerdà. Pionero del urbanismo moderno. Ministerio de Fomento, 1998”)
8. Sobre la Manzana (trazado y edificación)       
Barcelona: Se basa en un planteamiento regular y rígido (un cuadrado con esquinas achaflanadas, construido geométricamente). Los lados del cuadrado son de 113 metros y las calles de 20 m. Las excepciones se produjeron en las situaciones límite (bien con la Diagonal o con los municipios contiguos). La edificación en el interior fue prevista en general con dos bloques paralelos y un jardín central abierto. La realidad especulativa acabó con esa idea, aumentando alturas y cerrando los cuatro lados de la manzana y edificando en muchos patios.
Madrid: Se basa en un planteamiento de cierta regularidad, ya que las manzanas eran cuadriláteros, pero con un diseño flexible que los adaptaba a las circunstancias. Hubo muchas excepciones producidas por los arrabales interiores y los viarios irregulares que se respetaron. También se pensó en una edificación mucho menos densa de la que en realidad se construyó.
Diferentes disposiciones de manzanas para el Ensanche de Madrid propuestas por Castro. La realidad fue muy diferente.

9. Sobre el Resultado Final        
Barcelona: El Plan Cerdà sufrió modificaciones, pero el trazado, en lo fundamental, fue respetado. Los principales cambios afectaron a la edificación de la manzana (que acabó mucho más densa de lo previsto inicialmente por la alta presión especulativa). También se encontró con algún ajuste dimensional provocado por alguna preexistencia que tuvo que ser absorbida o por los encuentros con los municipios y arrabales contiguos.
Madrid: El Plan Castro sufrió grandes modificaciones. El proyecto original se enfrentó a preexistencias en forma de caminos y arrabales que no pudo evitar. También tuvo que adaptarse a la implantación de industrias y ferrocarriles. Pero sobre todo padeció una gran presión especulativa, que no solo afectó a la edificación en las manzanas (que se densificó de forma extraordinaria), sino que obligó a reducir anchuras de viarios, eliminar zonas verdes, o edificar en el interior de las manzanas para aumentar edificabilidad.
10. Sobre la Implementación   
Barcelona: La implementación del Eixample fue diferente en función de las diversas zonas. Por ejemplo, mientras se desarrolló con gran rapidez en su sector “noble” (Paseo de Gracia y entorno), quedó prácticamente sin iniciar más allá de la actual Plaza de Glorias. La urbanización del entorno del Poble Nou, se retrasó bastante, debido entre otras causas a una fuerte implantación industrial que desdibujó los planteamientos de Cerdá. Hay que recordar que una de las vías principales del Eixample, la avenida Diagonal no fue completada hasta el año 2000.
Madrid: El Ensanche de Madrid tuvo problemas para consolidarse. El baremo económico alejó a mucha de la población inmigrante que acababa alojándose en los extrarradios y la burguesía madrileña iba trasladándose lentamente. En cualquier caso, las partes más cercanas al caso tuvieron un desarrollo más rápido, aunque tuvieron que pasar 70 años para considerar que se había culminado el Ensanche.


La serie sobre los Paralelismos y Divergencias entre Madrid y Barcelona cuenta con las siguientes entradas:

1 comentario:

  1. Barcelona, Buenos Aires y La Plata, tienen un urbanismo muy similar. Interesantisimo para los que nos apasiona el urbanismo.

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