25 jun. 2011

Chicago: la ciudad de las urgencias infinitas



Chicago tuvo unos orígenes peculiares. Nació como una mercancía, con la distribución de lotes de terreno trazados en una planificación ilimitada y poco meditada, con la consecuente desatención a toda cuestión comunitaria o simbólica y, además, asistiendo a un rápido éxito económico que atrajo a ingentes cantidades de población inmigrante con la esperanza de prosperar. El crecimiento extraordinario de la población provocó graves problemas de alojamiento. Era necesaria una actuación urgente.
La respuesta se apoyó en dos cuestiones que acabarían generando problemas: la construcción de viviendas, de dudosa calidad, pero que se levantaban rápidamente (las balloon-frame) y el olvido del espacio público y sus infraestructuras más elementales.
Las viviendas balloon-frame.
Las balloon-frame son una construcción que se desarrolló en Chicago desde sus primeros momentos. En 1833, el constructor Augustine D. Taylor levantó la primera estructura de este tipo al construir una iglesia. Su denominación, que podría traducirse por “entramado o estructura de globo”, según algunos autores se refiere a la sencillez de construcción, que resulta tan simple y rápida como inflar un globo. No obstante, los críticos apuntan a que el nombre se refiere realmente a la facilidad con la que el viento puede llevarse estas estructuras.
Una casa balloon-frame es una construcción de madera, en la que las vigas y pilares, por lo general de dimensiones similares, no se unen con los sistemas habituales de machiembrado, que aportan unidad y solidez a las edificaciones, sino con clavos (industrializados). Las casas se levantan de una forma económica y rápida pero también poco sólida y con una calidad general escasa. Sobre este entramado de madera formado por las vigas y los pilares se colocan los acabados, tanto exteriores como interiores, que solían ser planchas de madera en listones.
Estas viviendas no requerían una cimentación, cuestión que era de agradecer en un terreno tan complicado como el de Chicago. Las casas simplemente se apoyaban en el terreno. El sistema constructivo sobrepasó el mundo residencial y llegaron a construirse tanto iglesias como otro tipo de edificios.
Este sistema ha sido reconocido como una de las primeras innovaciones en la edificación que se produjeron en Chicago y anticipaban otras innovaciones arquitectónicas que surgirían en décadas posteriores.
El sistema balloon-frame sigue siendo una de las formas más habituales de construcción en los Estados Unidos actuales (aunque con unos estándares de calidad muy diferentes a los del primer Chicago), pero no es el caso de Chicago, dado que estas livianas construcciones de madera fueron la causa de que el Gran Incendio de 1871 destruyera prácticamente toda la ciudad. Las posteriores ordenanzas constructivas de protección contra incendios prohibieron este tipo de construcciones en madera en la ciudad.
Las infraestructuras ausentes
El terreno de Chicago no era muy adecuado para servir de hábitat a una ciudad, en general era pantanoso, con zonas de marisma y con niveles freáticos superficiales que dificultaban excavaciones e infraestructuras y complicaban la vida diaria. No obstante, esto puede ser solucionarse técnicamente. Los problemas surgen cuando las urgencias impiden el conveniente saneamiento del terreno, o la dotación de una serie de infraestructuras imprescindibles para que esas zonas pantanosas fueran mínimamente habitables.
El propio Chicago River pronto dejó de ser visto como tal para ser considerado una cloaca inmunda que recogía todos los desechos de la ciudad. El nivel freático, muy próximo a la superficie en muchas zonas, complicaba, e incluso imposibilitaba, la construcción de un sistema de alcantarillado subterráneo que pudiera funcionar adecuadamente. El Chicago de mediados del siglo XIX era una ciudad muy particular, generadora de riqueza, pero incapaz de proporcionar un escenario urbano digno.
En los primeros años de la década de 1850 se intentó superar esa lamentable situación. Se contrató al ingeniero de Boston, Ellis Chesbrough, para que solucionara el problema del saneamiento. La ciudad, que carecía de alcantarillado, se convertiría en la primera del país en disponer de un sistema completo. Pero hubo que disponerlo sobre la superficie del terreno, lo que impedía que los edificios pudieran evacuar la planta baja. Teniendo en cuenta que muchas de las casas eran de un único piso, la solución no pudo ser otra que elevar las viviendas. Esta sorprendente decisión, no resultó difícil en la mayoría de los casos por las características de las balloon-frame, incluso cuando en ocasiones fue necesario elevar la edificación hasta 3,5 metros. No obstante, hubo alardes de ingeniería en la elevación de algún edificio más grande y pesado. De hecho el hotel más grande de la época, el Tremont, fue alzado mientras continuaba abierto al público y no sufrió ningún desperfecto. Uno de los personajes que alcanzó fama por sus ingenios en estos sistemas hidráulicos fue Georges Pullman, quien años después triunfaría con su propuesta de coches-cama para el ferrocarril.

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