21 jun. 2011

Chicago: La ciudad mercancía y el olvido del espacio público


La parcelación de terrenos y su objetivo recaudatorio para la financiación del Illinois&Michigan Canal convirtió el primer Chicago en una mera mercancía.
No hubo planificación urbana más allá del aprovechamiento del trazado que ofrecía la retícula surgida de la Land Ordinance de 1785. La consecuencia de este proceso fue la ausencia de previsión de espacios públicos (al margen de las calles estrictamente necesarias), de equipamientos o de infraestructuras.

No se estaba pensando en el nacimiento de una ciudad sino en la venta de parcelas a colonos que deberían resolver sus necesidades de forma individual. Pero la previsión fue superada por el éxito de la convocatoria y el asentamiento inicial comenzó a crecer de una forma vertiginosa. Además las parcelas comenzaron a ser ocupadas por personas no vinculadas a actividades agrícolas y por lo tanto carentes de la autonomía que ofrece la agricultura como sucedía en otras zonas de la pradera. Los destinatarios de las parcelas comenzaron a ser, en un número importante, comerciantes que aprovechaban las posibilidades del lugar, obreros que estaban construyendo el Illinois&Michigan Canal y otros que buscaban proveer de servicios a los anteriores.
Una ciudad estaba empezando a surgir de forma espontánea. La carencia de cualquier espacio público fue denunciada rápidamente y pronto se alzaron voces reclamando una planificación urbana más completa. Los comisionados del canal reaccionaron con dos gestos elementales.
El primero quedó reflejado en el plano de J.S. Wrigth de 1834 y se concretó en un reserva genérica de “espacio público” sobre la manzana nº 39 de la ciudad original. Resulta llamativo que dicha reserva aparece grafiada en el plano con un trazo grueso sobre una manzana que ya se encontraba parcelada (aunque no vendida).
El segundo gesto se produce ese mismo año, en el nuevo crecimiento que planifica Joshua Hathaway Jr. y en el que se hace mención especial a la reserva para escuelas en sintonía con la recomendación que establecía en el artículo 3 de la Ordenanza del Noroeste de 1787 y que afirmaba que "la religión, la moral y el conocimiento son necesarios para el buen gobierno y la felicidad de la humanidad por eso se impulsarán las escuelas y los medios de la educación".

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